Diseño y vida cotidiana

Los diseñadores pueden hacer un real aporte a la calidad de vida diaria proyectando objetos de baja tecnología donde sea la propia forma la que permita la función.

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Cotidiano es todo lo que, cada día, de un modo recurrente nos acontece. De modo que cuando hablamos de vida cotidiana nos referimos simplemente, a la vida misma. Son, en efecto, pocas las ocasiones en que lo que vamos viviendo no forma parte de esta cotidianeidad. En este discurrir continuo de acciones que el vivir supone, nos codeamos, vemos, tocamos, utilizamos, todo un repertorio de cosas de factura humana ingeniadas para hacer más soportable la vida de cada día. Si según Max Frisch, «sólo un milagro permite soportar la vida cotidiana»; esas cosas útiles que amueblan nuestra vida son y han sido, desde los tiempos primitivos, ese «milagro» necesario. Un milagro que es posible por la habilidad que tiene la condición humana para crear las cosas que necesita y que la naturaleza no le proporciona. Siendo así que existimos gracias a esas muchas cosas que nos auxilian en cada momento, en cada acción que emprendemos.

A lo largo de los siglos y en la medida en que ha ido avanzando nuestro conocimiento, esas cosas, que en su inicio fueron toscas herramientas esenciales, se han ido sofisticando para aportarnos una mayor ayuda. Nuevas técnicas y materiales han permitido máquinas y aparatos que nos van sustituyendo cada vez más. No solo en las tareas más básicas y mecánicas, sino también en las de mayor complejidad intelectual. Se habla hoy de la inteligencia artificial que esos ingenios materiales van adquiriendo. En este inicio del siglo XXI son pocas las tareas que no se realizan sin la indispensable ayuda de alguna artificialidad. Desde el elemental calzador hasta el más novedoso robot quirúrgico, cada gesto que hacemos precisa para su perfecta ejecución de alguno de esos artefactos que hemos desarrollado. Sea un simple objeto o un híper-tecnificado aparato. Con sus prestaciones útiles estos ingenios nos han liberado de muchas tareas aportando un mejor servicio y una mayor calidad de vida.

Así dicho, estaríamos en los albores de un «mundo feliz» huxleyiano. Pero no es así. Nuestros conflictos no sólo existen en las relaciones humanas, también los acarrean muchas de esas cosas artificiales. Su servilismo esconde a menudo perversidad.

«Los artefactos que el Hombre ha ido creando para liberarse, acaban también por esclavizarle. Si por una parte le ayudan, por otra le constriñen. [...] Estas máquinas y aparatos que nos auxilian, se nos hacen cada vez más imprescindibles, precisamente en la medida en que nos reemplazan con mayor eficacia. Están tan ligados a nuestra propia vida cotidiana que han llegado a ser parte integrante, e importante, de ella. Existe tal simpatía entre esas cosas y nosotros que, cuando algo en nuestro entorno objetual familiar sufre una avería, la resentimos como si enfermáramos nosotros mismos. Es como si nuestro sistema vegetativo estuviera efectivamente conectado a este equipamiento externo: somatizamos sus problemas. Las cosas son una suerte de ortopedia para nosotros y nos relacionamos con ellas igual que si se tratase de auténticas prótesis».1

Pero además, una de las características de estas máquinas tecnificadas, es la vida efímera que tienen. El acelerado ritmo de los logros tecnológicos desfasan irremediablemente en pocos meses todo lo que usamos. El servicio que nos facilita un aparato está siempre pendiente de uno nuevo lo supere. Todos nacen con su muerte anunciada. ¡Y esto lo sabemos! Si por una parte este constante perfeccionamiento nos conviene, también nos incomoda. Necesitamos de un entorno menos mutante, mas estable. Los cambios en nuestro modo de vida que conllevan las nuevas tecnologías, nos obligan a un continuo reaprendizaje de los gestos de la vida cotidiana e instauran una extraña desazón que raya en la inseguridad. Las novedades, incluso aquellas que nos son más indispensables, nos inquietan. ¿Estaremos a la altura de entender y usar adecuadamente lo que nos ofrecen esas innovaciones? Todo progreso estimula solapadamente esa tensión. Cualquier nueva máquina es un ente artificial que, como un intruso, introducimos en nuestra vida cotidiana y con el que hemos de llegar a convivir satisfactoriamente. Para evitar que la tecnología pueda alienarnos en vez de ayudarnos, es necesaria una buena dosis de sensatez y de cautela.

La aportación del diseño en lo que se refiere a esos ingenios híper-técnicos es marginal. Las prestaciones que estos poseen son facilitadas por sofisticados mecanismos ocultos tras su carrozado, a menudo ortogonal. A esas entrañas, el diseño no tiene acceso. Su papel ha de limitarse a cuidar de la relación visual y táctil entre hombre como usuario y esa máquina que hace maravillas. En un electrodoméstico, por ejemplo, sea un microondas, o una lavadora, el diseño podrá mejorar la claridad de manejo de unos mandos o perfeccionar su forma, pero poco más. El propio concepto operativo lo deciden quienes conocen y controlan lo que los avances de la técnica pueden aportar en cada caso.

En cambio, en donde el diseño es el gran artífice es en los objetos de baja tecnología, aquellos en los que es la propia forma la que facilita la función. Enseres, herramientas, mobiliario, son las cosas en las que el diseño podrá encontrar modos de mejorarlos. Cosas que a pesar de su poca complejidad estructural no son objetos secundarios. Al contrario están muy presentes en nuestra vida cotidiana. Incluso en este siglo XXI, necesitamos aún multitud de objetos sencillos que dependen poco de las nuevas tecnologías y que, en cambio, precisan adaptarse a las necesidades cambiantes en el modo de vida de la gente. Unos cubiertos o una silla deben seguir adaptándose a la evolución del modo en que vivimos. Las nuevas familias exigen que se revise y adapte todo ese instrumental básico para que corresponda a los nuevos espacios y modos de vivir. Por ejemplo, las sillas han de ser quizás plegables o apilables para aparcarlas liberando espacio cuando no se usan. Los cubiertos colgantes para tenerlos siempre a mano y no en un cajón. Y así infinidad de cambios, pequeños en apariencia, pero que mejoran su utilidad cotidiana. Este es el territorio privilegiado en que el diseño esta a su anchas y puede hacer su mejores aportaciones.

En esas cosas básicas, esenciales, que la vida día a día necesita. Objetos simples, más humildes pero también más íntimos, que manejamos y dominamos, que conocemos bien con esa intimidad que da el manoseo del uso. Objetos que no se someten a los imperativos tecnológicos. Que cuando cambian no alteran esencialmente nuestro modo de vida, pues solo lo hacen para adaptarse a él. Cosas que no nos inquietan, pues siempre retienen un aire de familiaridad. Son cosas en las que siempre podremos confiar, incluso cuando fallan todas las redes de energía y comunicación que la sociedad civilizada ha trenzado en nuestro entorno «para servirnos mejor». Ellos seguirán siendo el último reducto de libertad y autonomía activa, una suerte de guardia pretoriana, aquella que salvaguardará una normalidad en nuestra vida cotidiana.2 

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  1. André Ricard, «La aventura creativa«, Ed. Ariel, 2000.
  2. Ibid.
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Mathew Mcvinish
Jun 2012

la forma es un modo poderoso de optimizar la función, solo necesita mas atención.

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Karim Ilian Mejia
Jun 2012

Leyendo este articulo, y apoyando lo que dice Michael F. en comentarios previos, que interesante esta postura ante el acelerado crecimiento tecnológico ya que cada día nos absorbe más haciendo nos mas dependientes de los productos de alta tecnología. Como estudiante de diseño industrial este tipo de reflexiones me hacen pensar en que no siempre tenemos que buscar innovar con conceptos vanguardistas y tratar de entrar a un mercado cada vez mas tecnológico, sino que con la simplicidad de algunos objetos y funciones «simples» podemos lograr a esa innovación que siempre se trata de llegar.

1
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Yunuén Reséndiz
Feb 2011

Hola, yo soy estudiante de la carrera de diseño industrial; despues de leer el articulo, me dopy cuenta que es muy cierto, muchas veces nos olvidamos de las cosas pequeñas y significativas por querer alcanzar la punta de la tecnología; y en mi carrera suele pasar a menudo que la mayoria de mis compareños quieren pegarle a empresas grandes para realizar majestuosos diseños, dejando a un lado las micro empresas y los objetos de diseño básicos, sin pensar que dentro de estas empresas tenemos mucho que desarrolar y aportar

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Antonio Quintero
Ene 2011

Habiendo leido el texto de André, me siento como conversando con este personaje que ha visto más que yo, que empezó a ver antes que algunos de nosotros, que se ha fascinado con toda la novedad que hemos creado, lápices para computadores, naves que surcan las avenidas, cielos que se oscurecen por su paso y este señor nos remite a un banco en la parada del autobús, que permita esperar horas o minutos según la prisa, yo particularmente me quedaría sentado con André platicando sobre el bastón, la maraca y la mecedora ergonómica que nos mece igual que lo han hecho todas. 600 letras para El y diseÑO

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0
Mielworks! Design Team
Dic 2010

¿Podemos diseñar haciendo extraordinario lo cotidiano? Un buen diseñador tiene en cuenta siempre hacer más fácil la vida para los demás, simplificando y mejorando la técnica al servicio del humanismo.

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Abdénago Yate
Dic 2010

He de recomendar al Sr. André, que analice un poco más, si aún no lo ha hecho, los documentos: «el papel del trabajo en la transformación de mono en hombre» de Engels y «La teoría de la Evolución» de Darwin, a su vez, que revise los trabajos de Fernando Broncano y Bruno Latour, creo que dará un enfoque menos antropocentrista y romántico al discurso, y lo centrará un poco más en las reflexiones de la importancia de las redes y los sistemas sociales, donde el ser humano es sólo uno de los actores. Así, en los niveles de co-relación de existencia en el mundo: ¿qué papel tienen los diseñadores?

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Retrato de Jacobo Gavira
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Jacobo Gavira
Dic 2010

Me ha gustado mucho el artículo del Sr. Ricard y me sumo a su opinión. La relación del objeto tecnológico y el hombre es cuando menos, obtusa.

Abrir el capó de un coche, bien o mal diseñado en su aspecto exterior, y entender algo de lo que allí ocurre es imposible, no podemos relacionarnos con el si no entendemos como se comporta en su interior, sus «prestaciones» son secretos tecnológicos con nombres imposibles, pero si un día nos deja tirado no podemos preguntarnos, ¿que le pasa?, la mecánica de cualquier objeto tecnológico ya no es accesible. Buenos o malos por fuera, silenciosos por dentr

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Retrato de Sergio Héctor Barreiro Torres
1
Sergio Héctor Barreiro Torres
Dic 2010

Ciertamente resulta fascinante leer los textos de André Ricard, sin embargo considero que este texto es una muestra de un punto de vista en el que no coincido, desde mi punto de vista, dado el desarrollo de la tecnología, creo que una misión del Diseño en la actualidad es la de «Humanizar», hacer accesible la tecnología para la satisfacción de las necesidades humanas, ya sea haciendo uso de ella para lograr satisfacerlas o bien desarrollando productos que involucren variables técnicas o tecnológicas que requieran de una «traducción» o adaptación que las haga accesibles a los usuarios.

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Logotipo de Pepe Calvo
0
Pepe Calvo
Dic 2010

Estoy muy de acuerdo con André por todo lo que representa la dualidad de la función intrínseca del objeto cotidiano y la servidumbre diaria del mismo. Aunque aveces en esa relación hombre / objeto es dificil de discernir la interrelación entre el uso y función.

La rutina y el uso de determinados objetos pierden espontaneidad y se hacen nuestros perdiendo parte de su función. El uso aveces los hace obsoletos aunque no lo sean.

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Retrato de Marco Antonio Martin
0
Marco Antonio Martin
Dic 2010

Muy interesante el artículo. Igualmente, si tuvieramos determinado objeto con una tecnología muy desarrollada que pudiera facilitarnos el accionar de un proceso en nuestras vidas, pero cuyo diseño fuera precario, todo ese potencial tecnológico sería un desperdicio, ya que nadie disfrutaria usarlo, vivirlo, experimentarlo, hacerlo propio e incluirlo dentro de la cotidianeidad que aquí Ricard menciona y define. De esta manera, creo, que el diseño y la tecnología son complementarios. Van por caminos diferentes, pero son igualmente escenciales.

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