Mis clientes no me valoran, ¿qué puedo hacer?

Una excelente excusa para no hacernos cargo de una situación que exige nuestra atención: el perfil de diseñador debe transformarse.

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¿Quién no ha escuchado el lamento1 «los clientes no me valoran como diseñador»?

Hacernos cargo de nuestro proyecto profesional nos ubica en un lugar de privilegio: el de un aprendiz que se transforma lentamente en maestro. Entendiendo que nuestros problemas son en realidad del cliente, negamos nuestra responsabilidad sobre sus demandas. Esa no es la actitud de un diseñador a cargo de su estudio o que trabaja en forma independiente. Hoy en día, el talento no alcanza.

Aclaración: la presente conversación es ficticia, ya que nunca grabo las reuniones con clientes. Sin embargo, resume algunas dudas que se presentan en la práctica profesional cotidiana de los diseñadores que llevan adelante sus propios Estudios de Diseño, así como de aquellos que trabajan en forma independiente.

Pablo y Soledad son diseñadores gráficos y han decidido asociarse luego de algunos años de trabajo en forma independiente, para conformar un Estudio de Diseño.

Una de las actividades necesarias para llevar adelante un Estudio de Diseño es incorporar habilidades de gestión que complementen el talento y la creatividad de los diseñadores. Esas habilidades pueden desarrollarse, o incorporarse contratando otros profesionales.

Me los presenta un amigo en común (Santiago, también diseñador gráfico), debido a que —a pesar de la experiencia que tienen trabajando en forma independiente— encuentran dificultades para superar algunas situaciones en esta primera etapa del Estudio de Diseño que proyectan.

Soledad: No entiendo muy bien la forma en que funciona este tipo de encuentros, o de asesoramiento, como le gusta llamar a estas reuniones a mi amigo Santiago. ¿Se trata de comentarte nuestras dificultades como «emprendedores», como ahora se denomina a los diseñadores que ponen en marcha sus propios estudios? ¿Cómo vamos a trabajar? ¿Por dónde empezamos?

FDV: Podemos empezar por cualquier lugar. Podemos comenzar por un problema que ustedes consideren importante conversar, para identificar si se trata de un problema o no.

Pablo: Creo que cualquier cosa que te contemos va a ser un problema. (risas)

FDV: Si quieren, podemos empezar con un listado de problemas que estén teniendo hoy día, para luego evaluar las formas de enfrentarlos.

P: Bien... como nosotros empezamos a trabajar juntos hace muy poco —menos de tres meses—, creo que uno de nuestros problemas es que no nos conoce nadie como Estudio. Cada uno, por separado, tiene algunos clientes, pero entre ambos… hoy tenemos, quizás, menos de diez clientes activos.

S: Otro de los problemas es que tenemos que salir a buscar nuevos clientes. No quiero olvidarme de decir que, quizás el mayor problema que tengo —al menos que yo tengo— es que los clientes no valoran mi trabajo.

FDV: ¿Cómo que «no valoran el trabajo»? ¿Qué significa?

S: Y… significa que no nos pagan lo que el trabajo vale.

P: Exacto. Además, creen que nuestro trabajo es hacer dibujos. Otro problema es que muchas veces saben lo que quieren (o «creen saber lo que quieren»), y nos contratan para manejar la PC o la Mac.

FDV: ¿Los contratan como «operadores de diseño»?

P: Exacto. Y honestamente, eso es algo que me molesta mucho. No estudié tantos años para que me traten como a cualquiera que se llama a sí mismo «diseñador» y lo único que hizo es un curso de «cómo usar el photoshop». Al menos si tuviéramos una asociación de profesionales, estaríamos un poco más protegidos…

FDV: Quizás debamos ver ese tema de la asociación profesional en otra oportunidad. Ahora lo que me interesa es evaluar cuáles de todas estas situaciones son problemas y cuáles no.

P: ¡Todos esas situaciones son problemas!

FDV: Bueno, veamos la forma como ustedes definen todas esas situaciones como problemas.

S: Lo que te estamos contando son problemas reales.

FDV: Miren, no existe algo así como un «problema real u objetivo», sino interpretaciones de una situación desde diferentes puntos de vista. Veamos lo siguiente: ustedes evalúan esa circunstancia como un problema, pero desde una definición que me resulta muy útil, esa situación no es un problema.

P: ¿Y entonces qué es un problema? O, utilizando tu sofisticada jerga (risas): ¿Qué es problema?

FDV: Un problema es una brecha entre una conducta o situación esperada y una conducta o situación real, cuya causa (o causas), en principio, nos resulta desconocida. Pero además, debemos agregar que el problema debe ser definido como algo que no deseamos, pero podemos controlar, interviniendo sobre alguna de las variables que lo determinan. Esto significa que, si no tenemos ninguna posibilidad de actuar o controlar una situación que definimos como problema, no se trata de un problema sino de una circunstancia desagradable de la realidad.

P: Entonces, si no lo puedo resolver, ¿no es un problema?

FDV: No me refiero a que no puedas resolverlo, sino a la posibilidad de tener algún tipo de control sobre las causas que determinan esa brecha (el problema). Si no existe forma de problematizar esa situación, lo que implica ubicarte en un lugar donde tienes la capacidad de intervenir, entonces no se trata de un problema.

P: Entonces, solo me queda sufrir y llorar… (risas)

FDV: No, de ninguna manera. La idea es encontrar algún aspecto en el cual podamos intervenir. ¿Se entiende?

P: No.

FDV: Problematizar la situación significa encontrar algún aspecto en el cual tengas algún tipo de control, para convertir esa situación en un problema.

Cambiando la forma de ver el problema que sufrimos, encontramos formas de intervenir. La primera medida, es identificar en qué aspectos de la situación tenemos algún control.

P: ¿Y cual podría ser esa situación?

FDV: Veámoslo en cuanto a la falta de valoración de vuestro trabajo por parte de los clientes.

FDV: Ustedes han dicho que: «los clientes no valoran el trabajo». Esto podría ser traducido como: «los clientes valoran mi trabajo cuando pagan el precio que solicito en una propuesta de servicios». ¿Es así?

S: Si, hasta ahora estamos de acuerdo.

FDV: Tu protesta se origina en que los clientes no pagan el precio indicado en la propuesta, lo que los lleva a comprender que el trabajo no es valorado. ¿Es así?

S: Si, siempre exigen una rebaja en el precio, no importa el monto del que estemos hablando.

FDV: Y ustedes siempre aceptan realizar esa rebaja…

S: Y… (resignada).

FDV: O sea, nunca les han pagado lo que el trabajo vale, según ustedes.

S: Así es.

FDV: De la forma en que me cuentan la situación, al ubicarse en un lugar en el cual no tienen control para modificarla, el problema son los clientes, la forma como ellos valoran el diseño y vuestro trabajo…

S: Si.

FDV: ¿Y qué posibilidad de intervenir tenemos para resolver este «problema», si lo que esperamos es que ellos —los clientes— modifiquen su conducta?

P: Así presentado, me parece que ninguna.

Si creemos que el problema se resuelve esperando un cambio de conducta del cliente (por ejemplo, que él entienda nuestras necesidades), esperaremos en vano. Es posible, pero muy improbable, que eso suceda.

FDV: Bien. Tendríamos que ver de qué forma podemos ver esta misma situación, desde una perspectiva que nos permita tener algún tipo de control. ¿Comprenden cuál es la diferencia entre precio y valor?

P: No veo diferencia. Lo que el trabajo vale, vale. Y lo que vale se mide en dinero. Punto.

FDV: Yo creo lo siguiente: ustedes cotizan un trabajo a un precio, y no importa en este momento cómo llegan a ese precio. Ese precio es la cantidad de dinero que ustedes pretenden cobrar por ese trabajo. El valor del trabajo por parte del cliente se relaciona con la sensación o apreciación que tiene el cliente —subjetiva— sobre la solución que ustedes le aportan a su problema.

P: El cliente nunca sabe cuál es su problema.

FDV: Pero si no conoce cuál es el problema, ¿te parece que puede conocer cuál es el valor del servicio que ustedes le están cotizando?

P: No lo se… puede ser que no. Pero siempre plantean que es muy caro.

FDV: «Caro» es una evaluación subjetiva. Si el precio que presenta la cotización es mayor al valor percibido por la solución, obviamente, la propuesta será considerada «cara». Ustedes podrán decir que «el cliente no valora el trabajo, y por ello no quiere pagar esa cantidad de dinero». ¿No es cierto?

P y S: ¡Si!

FDV: Bien. Quizás el problema se encuentra en que el valor de la solución presentada en la cotización —según el cliente— es menor al precio que Uds. pretenden cobrar. ¿Cómo controlo el «problema» entonces? Veamos el siguiente caso: ¿Vieron lo que hace un mecánico cuando uno le lleva su auto para realizarle algún arreglo?

S: No tengo auto.

FDV: Bueno, entonces te cuento. Antes de decirte cuál es el precio del arreglo, el mecánico te cuenta con lujo de detalles, todo lo que tiene que hacer para dejar tu automóvil nuevamente en condiciones. Lo que hace es…

P: ¡Engañarte!

FDV: Puede ser, en algunos casos. Pero voy a lo siguiente: lo que intenta hacer es ganar autoridad sobre vos en el tema sobre el que están conversando. De esa forma, tu poder de negociación —a partir de tu menor (o nula) comprensión sobre el tema— disminuye mucho. Esa es una primera condición para poder comprender el punto sobre el cual comenzar a trabajar.

S: ¿Cuál? No llego a entender qué tengo que hacer.

FDV: Ubicarte, con la presentación de tu propuesta de servicio, en una situación de autoridad, donde el cliente no pueda compararte con «su sobrino que maneja la PC y conoce de diseño, y puede hacer este trabajo por mucho menos dinero».

P: Pero eso no significa que vaya a contratar nuestro servicio si el precio no le sirve.

FDV: Exacto.

P: Entonces estamos igual que antes.

FDV: No, porque una cosa es que te diga que entiende la propuesta pero no tiene el dinero para pagar esa cantidad (lo que no implica una desvaloración de tu trabajo), y otra muy diferente es que te diga que —como su sobrino puede hacer ese trabajo por menos dinero— te ofrece pagar una cantidad mucho menor a la que planteas en la cotización.

S: Entonces, ¿la falta de valoración del trabajo por parte del cliente es culpa nuestra?

FDV: Culpa no. Te diría que es responsabilidad de ustedes el manejar la relación con el cliente, desde un lugar de autoridad profesional, para evitar las comparaciones que llevan a una falta de valoración del trabajo y de la profesión.

Ganar autoridad en el tema significa incrementar nuestro poder de negociación con el cliente. De esa forma, intentamos que el tema de conversación sea la propuesta y la solución que plantea al problema del cliente, en lugar de hacer hincapié únicamente en el precio.

P: En definitiva, si el cliente no tiene dinero para pagar… ¿Qué debemos hacer?

FDV: Esa es una decisión comercial, y seguramente dependerá de otras cuestiones que iremos viendo con el tiempo.

S: Bien, ¿pero en qué casos deberíamos aceptar hacer ese trabajo, si es por mucho menos dinero que el de nuestra propuesta?

FDV: Dos cosas que yo me preguntaría: ¿Tomar este trabajo me permite mejorar mi portafolio? ¿Me sirve para mostrar mi trabajo antes otros potenciales clientes? ¿Es posible que me permita desarrollar una relación comercial a futuro con este cliente, en lugar de considerarlo como un único trabajo, mal pago?

Si el cliente comprende la solución que ofrecemos pero no tiene capacidad para pagar el precio que indicamos en la cotización, la decisión de aceptar o no el trabajo es nuestra, no del cliente.

P: OK. Antes de terminar, ¿podemos resumir lo que conversamos?

FDV: Por supuesto. Lo que vimos es que los problemas no son «objetivos» ni tienen una existencia sin tener en cuenta a quien los considera como tales. Para que un problema sea tal, tenemos que encontrar una forma en la cual tengamos algún control de la situación. En el caso del problema «los clientes no valoran nuestro trabajo», la forma de enfrentarlo es demostrar autoridad en el tema, a través de la cotización de servicios pedida por el cliente, para evitar que él nos compare con quienes no debería (lo que puede desvalorizar la propuesta y la profesión). Vemos entonces que el valor que otorga el cliente se relaciona con la autoridad que reconoce en ustedes. Si ustedes lo ayudan a que vea las diferencias entre una y otra propuesta, el valor que les otorgue será diferente. Su capacidad o disposición a pagar por ese servicio, corre por un carril diferente.

S: Bien. ¿Y respecto a nuestra decisión de trabajar con él, si no tiene capacidad de pagar lo que el trabajo cuesta?

FDV: Bien preguntado. Lo que el trabajo «cuesta». Lo que «vale», se relaciona con su evaluación de respuesta a su dificultad. Si no puede pagar lo que el trabajo cuesta, será una decisión de ustedes en función de la relación que deseen establecer con ese cliente, y de las posibilidades que realizar ese trabajo les genere.

P: Perfecto. Gracias por aclararnos estas cuestiones. Nos vemos la próxima.

FDV: De nada. Nos vemos la próxima.

Preguntas

Hugo Sosa:

¿La persona que encarga el trabajo no sería el «comitente»? En cambio, ¿no deberíamos utilizar la palabra «cliente» para referirnos al público a quien está dirigida la pieza a diseñar?

Nuestras profesiones son distintas. Probablemente allí radica la diferencia en la forma de referirnos a los diferentes involucrados en el proceso. Soy Licenciado en Administración, y estoy terminando mi Doctorado en Dirección de Empresas, especializado en gestión de empresas creativas. Durante mis años de estudio y trabajo, jamás había escuchado la palabra «comitente». La escuché por primera vez cuando me introduje en el ámbito del diseño. Es cierto que en el proceso productivo aparecen diversos «personajes«. En mi ámbito diferenciamos entre: cliente, comprador, usuario, etc.

Mi opinión personal sobre el uso del término «comitente» es la siguiente: en el ámbito del diseño, he observado una resistencia muy fuerte hacia los conceptos económicos, comerciales y financieros, es decir, conceptos asociados a los términos «empresa», «negocio», «dinero» y «cliente». Me he encontrado con diseñadores —empleadores de otros diseñadores— en su propio estudio, que me han dicho: «yo no tengo una empresa; un estudio de diseño no es una empresa». Creo que utilizar el término «comitente», le permite al diseñador alejarse de la idea de «cliente», ya que el cliente paga por un servicio, mientras el comitente aparentemente no. Sin embargo, siempre paga alguien.

Creo que al utilizar el término comitente los diseñadores mantienen a la profesión alejada de los conceptos comerciales —y para muchos desagradables— de su trabajo. En fin, aquí entonces podríamos diferenciar entre: «diseñador» (quien realiza el trabajo), «cliente» (quien realiza el encargo, o sea, cliente del diseñador) y usuario (destinatario del mensaje y que no necesariamente siempre es un cliente).

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  1. Al respecto, recomiendo leer un listado completo de protestas en «El muro de los lamentos» de Guillermo Brea. Ese texto fue la inspiración para escribir este artículo.
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Fernando Del Vecchio

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Jorge Bernardi
Ago 2016

Muy bueno, y aplicable a todas las industrias y personas.

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Ismael Godinez
Ago 2013

Un artículo con mucha precisión, puntual y asertivo, lo que yo concluyo de leerlo y con mi propio conocimiento y experiencia es que en efecto, Fernando habla de valor agregado, es decir, qué es aquello relevante que nuestros servicios le aportan al cliente y qué le soluciona. El diseñador no debe bastarse sólo con la creatividad, debe justificar su trabajo desde la autoridad que le otorga el dominio de su profesión. Alguna vez una profesora nos decía de hablar con la jerga propia del diseñador y quizá eso es a lo que el autor se refiere en parte. Gracias Fernando.

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Yureni Castillo
Jun 2013

Quede fascinada con este articulo !!! a mi me pasa algo similar, es muy dificil complacer a mi jefe en cuanto a diseño, siempre me pide cambios radicales, nunca queda conforme, y termina arruinando el diseño bien estructurado que realice. yo siento que no valora mi trabajo en cuestion de conocimiento y tecnica. no tanto en lo economico. me subestima bastante, y a pesar de que no tengo taaantos conocimientos, si tuve una formacion. pero cómo puedo hacer que el confie en lo que yo realizo sin que me tenga que comparar con sus anteriores diseñadoras o desmeritar mis conocimientos?.

0
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Ismael Godinez
Ago 2013

Como dice Fernando, y debo decirlo en lenguaje coloquial, lavarle el cerebro al cliente o al jefe pero desde el conocimiento (no sólo técnico) y bueno pues hasta donde sea posible hay que negociar defendiendo nuestro trabajo porque por eso nos contratan, por el profesionalismo con el cúal cada diseñador debiera desempeñar su labor y no a un aprendiz de Photoshop. Quizá sirva como recomendación: leer y leer mucho.

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Gabriel Meave
Feb 2013

Excelente artículo. Muy necesario y claro. Felicidades!

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Franco Henrich
Dic 2012

Muy interesante y claro con tu explicación. Por supuesto apoyo tu pensamiento!

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Maria Rici
Dic 2012

Necesitaba esta aclaración, muy buen articulo. A partir de ahora puedo focalizar el tema :)

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Inés Castro
Nov 2012

Hace tiempo que utilizo esta practica: cuando algún cliente opina que es caro o pide una rebaja, yo, tranquila y relajadamente le pregunto cuanto desea pagar por ese trabajo y por qué (indirecta y sutilmente). He descubierto que algunos lo hacen por «ahorrarse dinero» (a estos ni les hago labor de venta y mejor amablemente no trabajo con ellos), otros no conocen todo lo que implica la propuesta gráfica que les planteo (es cuando yo platico con ellos y en un lenguaje común trato de explicarles el proceso, además les ayudo a comparar calidad de diseñador vs sobrino que usa una computadora).

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Daniel Ramos
Ene 2012

Muy buen análisis y tal vez identificado en algún momento, sobre todo al inicio como cuesta saber cobrar y auto valorar tu propio trabajo a pesar de que tu sabes que es una obra de arte

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Pier Alessi
Jun 2011

Existe otro caso particular, el diseñador que trabaja en institución gubernamental, este no cobra por diseño sino un salario ya sea bueno o malo «haga lo que haga» por lo tanto no tiene clientes sino mero comitentes o grupo de comitentes (más rudo aun) porque no has terminado la primera propuesta cuando ya el sentido del diseño se ha transformado por uno de los comitentes o este cambia de rumbo inesperadamente, e incluso una vez aprobado el proyecto este está sujeto a cambios radicales girando el concepto en 180º. Y más triste aún: aman la filosofía del «como vamos andando vamos viendo».

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Fernando Vásconez
Ago 2012

Pier me parece interesante tu enfoque ya que yo tambien trabajo en institución gubernamental y lastimosamente la mayoría de veces el concepto se pierde o de plano no es apreciado, muchas cabezas pocas decisiones firmes y el producto final termina siendo cualquier cosa, mi pregunta es ¿ Cómo manejarte como diseñador en estas instituciones???

0
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24
Pier Alessi
Ago 2012

Buena pregunta, es todo un tema de foro.

0
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1
Fernando Vásconez
Ago 2012

por favor hermano hazlo porque en cierto modo se me está convirtiendo en un dolor de cabeza. mi mail edwinvasconez1@hotmail.com por si quieres compartir ideas, saludos!!!

0
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24
Pier Alessi
Ago 2012

Ok, lo tomaré en cuenta

0
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Byron Pérez
Jun 2011

Si y es la verdad en la actualidad el cliente no aprecia el trabajo de un diseñador tan solo aprecia algo que se vea bien mas no reconocerá un trabajo elaborado cualquiera que sepa usar un software de diseño para el cliente ya es un diseñador

pero en donde entra el diseñador hace unos días

el Sr. FERNANDO DEL VECCHIO visito la UTA de la que soy estudiante y nos explico que se debe innovar para mi fue un aspecto notable y sobre todo relevante para quienes recién comenzamos nuestros estudios...

0
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0
Juan Manuel Vázquez
May 2011

Genial Del Vecchio, una conversación que he tenido mil veces con colegas.

0
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44
Ivan Abbadie
May 2011

definitivamente muchas aristas se arrojan en este artículo y habría que desglosar cada una para poder comentarla, en general estoy convencido desde hace 10 años que ejerzo de manera profesional el diseño gráfico que el valor [no el precio, no el costo] de nuestro trabajo se lo damos nosotros, para después poder lograr que el cliente también lo haga, para ello debemos saber lo que como profesionistas ofrecemos, y para ello, antes que otra cosa debemos ser profesionales en lo que hacemos y volvemos nuevamente al tema de regular nuestra profesión.

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Rafael Castaño
Ene 2011

Me parece genial el ánalisis de una gran parte del rubro. Creo que todos hemos cometido los errores que menciona. Creo que nuestros peores «enemigos» a la hora de «funcionar como empresa» somos nosotros mismos.

Un saludo desde Paraná.

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Nancy Griselda Franco
Ago 2010

Yo no soy diseñadora, sino abogada, pero de alguna manera me siento, diseñadora cuando tengo que negociar, tomar un caso, contestar un interrogatorio, etc., pero en nuestro caso - tal vez es un mito - se nos dice que no debemos explicar tanto al cliente de lo que vamos hacer, porque denota inseguridad, necesitarias me aclares ese punto. Comparto el articulo que el problema esta en poder lograr tener el control de la situaciòn, cuando el cliente viene pasar los costos, y si acepta aceptara nuestro trabajo con todo lo que implica, pero a veces el temor a quedarnos sin cliente, hace que nos desv

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113
Juan Carlos Hernández
Abr 2010

Nosotros usamos el termino «participante». El «cliente» es un miembro más del equipo, también responsable de los resultados. En la medida que lo comprenda, el trabajo se vuelve más fluido y los resultados son más cercanos a lo que se puede hacer en conjunto, en vez de peticiones demasiado imposibles o demasiado mediocres. ¡Buen artículo!

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Beryâver Fega
Abr 2010

La cotizacion es clave en esto, pues le da al cliente una idea, que se supone debe de tener en cuenta con anterioridad, del valor monetario del trabajo que pide.

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4
Pepe
Mar 2010

Les suelto un caso: El cliente pide una memoria virtual institucional para su empresa, la diseñas en A.I CS4 en tu Mac, la editas en PDF te salen 74 pag y lo haces en una semana!!!!! y no HUBO tiempo para hablar de una cotización previa, presentas la factura y el cliente casi se muere, al final te propone pagarte lo q el imagina q cree q vale, por supuesto negocias y logras q te paguen el 85% de tu costo, pero no el 100% de lo q realmente vale!!! como te sientes? y encima después de q entregaste el trabajo a la semana te pide un par de cambios.... cómo la ven

Un abrazo

PPR de Perú

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Juan Carlos Rangel
Mar 2013

Por más tentados que estemos en aceptar un trabajo (en este caso un bomberazo), no hay que hacerlo sin antes haber acordado el precio; de hecho lo óptimo es hacer un contrato por escrito (hay que buscar asesoría de un abogado que nos ayude a hacer un machote de contrato), donde se describa el proyecto, los precios, plazos y obligaciones tanto para el diseñador como para el cliente. Se que es muy difícil y parece complicado en el mundo actual, pero es por esa misma razón debemos protegernos contra los estafadores.

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Sergio Gutiérrez
Mar 2010

Yo creo que el aprender a vender el diseño radica en la preparación y conocimientos que tenemos acerca de nuestra profesión. Ademas de darle a conocer al cliente quienes somos, que hacemos y por que es importante que contrate a un profesional.

Las ventajas a corto y largo plazo y beneficios que podrá obtener para su empresa o negocio. Darle ejemplos de empresas con gran presencia en el mercado y puntualizarles que el diseño fue una de las piezas pilares para poder crecer.

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Lety Escobar
Mar 2010

Yo creo que el factor principal para que los clientes valoren el trabajo que uno realiza se basa principalmente en la argumentación de la solución que se propone y cómo ésta se traducirá en beneficios para la empresa o negocio, es muy común que nos enfrentemos al cliente dudoso de pagar por algo que cree pudiera hacer el mismo o algún pariente que use la PC, hacerles ver que lo que ellos están contratando al llamar a un diseñador profesional es el conocimiento que uno tienen en el área, marca una diferencia considerable ante el técnico que unicamente aprendió a manejar el software.

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Diego Castro
Mar 2010

En mi país la situación es terrible: por el lado comercial, en cualquier garage «enseñan» «diseño gráfico»; en las papelerías está debajo del servicio de las fotocopias; en las imprentas lo enciman con la impresión y no importa si eres diseñador de modas, diseñador industrial, realizador audiovisual, siempre puedes hacer un «loguito» si manejas Illustrator. Por parte del cliente, prefiere siempre la economía y no existe un verdadero conocimiento sobre lo que es el diseño gráfico. Y el diseñador gráfico de academia muchas veces no sabe bien lo que hace.

0
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Juan Carlos Rangel
Mar 2013

En México, la situación es lamentablemente la misma, yo no hubiera podido describirlo tan atinadamente como tu lo hiciste, es muy triste la situación.

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Pablo Federico Sanchez
Mar 2010

Hacerle entender al cliente que esta contratando un profesional y no un idóneo.Que más allá del «dibujito» que le puede hacer su sobrino hay todo un seguimiento y asesoramiento del tema que se llama «producción gráfica», que es ni mas ni menos el trabajo hecho por un profesional, que cuando va a la imprenta, el ploteo, la web o el soporte que sea no «estalla en mil pedazos». Eso le va a hacer recuperar con creces el dinero que cree esta pagando de más cuando contrata a un diseñador. ¿O un edificio lo diseña un albañil que se da «maña» con la construcción? ¿Un enfermero opera o el cirujano? sds

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José Luis Aguirre Guevara
Mar 2010

CREO QUE PAR EVITAR LO DE «MIS CLIENTES NO VALORAN MI TRABAJO», SIEMPRE SE DEBE DE EMPEZAR POR ENTREGAR UNA COTIZACION DE LO QUE CUESTA NUESTRO TRABAJO PARA CON ESTO EVITAR MALOS ENTENDIDOS Y COMO VAMOS A VALORAR ESTE ENCARGO DEL CLIENTE PUES EN BASE A UN BRIFF ENTREGADO EXPROFESO POR EL CLIENTE Y ASI EVITARNOS ESTE TIPO DE CONFRONTACIONES QUE SUELEN SER MUY DESGASTANTES PARA AMBOS CASOS.

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Cómo planificar, construir y gestionar la marca de empresas e instituciones

4 semanas
21 Octubre