Diseño y sentimientos

Cuánto tiene que ver el diseño interior de una casa con lo que siente el que la habita. Qué agrega la intervención profesional en un ámbito donde se expresa la intimidad personal.

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Recuerdo hoy la entrevista a un galán de telenovelas en una revista del corazón. El recuerdo no vendría a cuento sino fuese que el galán, orgulloso, mostraba su propia casa y sus diversas dependencias. Sorprendía a primer golpe de vista que aquel actor, diariamente tan apasionado y efusivo en sus besos con la heroína de turno (un grosero estereotipo del latin lover), viviera en un ambiente que más parecía el de un convento, o peor, el de un quirófano.

Las diversas habitaciones de su casa, diseñadas por un interiorista siguiendo el último grito de la moda minimalista, recordaban aquella otra en donde torturaban al héroe de 1984 de George Orwell. Una alternancia de planos blancos, algún toque de cromo luminoso (algún mueble de Mies Van Der Rohe o de Le Corbusier), y mucha luz. Así dispuesto, el ambiente se identificaba mejor con un laboratorio que con un hogar. El diseño de interiores había ganado un espacio que, tras su intervención, no decía nada de su dueño.

Partamos de una definición simple: qué entendemos por hogar. Nuestro hogar es una casa, pero mucho más importante, es nuestra casa. Y lo que la diferencia de otras casas es que está llena de recuerdos. Estos pueden ser materiales: muebles, libros, discos (¡que antigüedad!), fotos, cuadros; o bien vivencias asociadas a un objeto, lugar o rincón específico. De tal suerte la distribución de objetos dentro de este capullo en el que nos sentimos protegidos del mundo exterior, tendrá una lógica ligada a los sentimientos, lo cual, aunque resulte paradójico, tiene su explicación.

Como en el interior de nuestra propia conciencia, guardaremos allí cosas que quizás podrían provocar nuestra vergüenza ante intromisiones externas. Tal vez aquel sillón desvencijado donde nos sentamos a ver películas con café en mano, no pasaría el filtro de un diseñador. Pero precisamente no lo hará porque reflejará con certeza la dimensión afectiva de los objetos. Estos están cargados de sentido, connotan significados que los exceden, que los hacen traspasar su condición de meras cosas. Acerca de esta dimensión emotiva de los objetos, Donald Norman apunta en su libro Emotional Design: Why We Love (or Hate) Everyday Things: «Un objeto favorito es un símbolo, que puede despertar una imagen positiva en la mente, un recuerdo de un momento placentero, y a veces ser también una expresión de nosotros mismos».1

Existe entonces un lazo afectivo en nuestra relación con los objetos. Ellos despiertan sentimientos en los usuarios; gustan o disgustan lejos de sus condiciones de utilidad. En la actualidad no basta con que una cosa «sirva», además tiene que seducir (bien lo sabe la publicidad). Eso deja fuera de juego el antiguo ideario racionalista donde el objeto debía solamente «funcionar» o satisfacer una necesidad. «La forma sigue a la función» (form follows function, las tres efes), aquel viejo postulado atribuido a Louis Sullivan, o antes de él al biólogo francés Lamarck, podría cambiarse hoy por el de «la forma sigue al deseo» o bien: «el lado emocional de un diseño es tal vez más importante para el éxito de un producto que su practicidad».2

¿Como crear ese objeto? No es el objetivo de este artículo dilucidar ese arcano. Sí forma parte de las ambiciones del mismo aportar algo de luz sobre el hecho de que, en cualquier hogar promedio, encontraremos conviviendo una mezcla heterogénea de muebles y objetos de diversos estilos y épocas; algunos irreconciliables entre si. ¿Se debe esto a una carencia de formación de sus habitantes en el plano estético? Quizás no.

Lo que sucede es que estos objetos tendrán una «fuerza» más poderosa que su valor en tanto que diseño. Muchos serán inamovibles (el aparador de la abuela, la lámpara de la tía Rosalía) por razones lejanas a lo estético y cercanas a lo emotivo. Y esta abigarrada combinación de fotos playeras, suvenires de bautismo y jarrones ingleses de fin de siglo, reflejarán algo más profundo que las inquietudes decorativas de los habitantes de esa casa. Serán como una extensión de su ser, un lugar (interior) que tenga que ver con su propia intimidad. Podrá quizás resultar chocante a aquel que no conozca la historia de los que allí cohabitan, pero conformará para ellos una especie de remanso de comodidad hecho a su medida.

¿Cómo podría entonces un diseñador de interiores interpretar el gradiente de intimidad de secretos sentimientos que conforman un hogar? ¿Dónde esconde el sonriente actor de nuestra revista todos sus recuerdos? ¿En qué lugar de este quirófano reluciente oculta sus miserables fotos amarillentas? ¿Dónde se descalza y duerme la siesta? ¿En ese sofá de impecable cuero blanco que no invita a sentarse? ¿En esa chaisse longue impoluta que más parece el sillón de un dentista?

Es evidente que nuestro denostado actor, hombre que vive de su imagen, no hizo otra cosa que extender ese ejercicio de impostura a su propio hogar. Nos muestra con jactancia que es un hombre sensible a la belleza del diseño (o su interiorista lo es), pero su casa no nos dice mucho de él. Es una escenografía más por la que transita, sin sello alguno de su personalidad. Y aunque este ejemplo que traigo a colación sea quizás un caso extremo, no lo es tanto si atendemos a las lujosas ediciones sobre diseño de interiores que nutren los quioscos y librerías. Todos los ambientes allí expuestos parecen ensoñaciones, decorados con bellos diseños dispuestos para la mirada, pero no para que la gente viva en ellos. Casas de ventanales kilométricos como las de Richard Meyer, sin una triste cortina para protegernos de los rigores del sol matinal o de la inoportuna mirada de los vecinos. Pisos lustrosos donde una eventual miga de pan caída en el desayuno hace prever inminentes y sonoras alarmas. Jardines como cortados con peine y tijera que se muestran extraños a cualquier juego infantil que incluya un arco y una pelota. Hogares helados para maniquíes.

¿Demuestra esto que la apropiación de estos muebles y objetos «de diseño», en su mayoría de alto valor económico, es un movimiento simbólico con la intención de demostrar un cierto estatus social? Como lo son ciertos automóviles, vestimentas de moda o joyería. Tal vez; aunque la visión suena demasiado simple. Lo cierto es que la intervención de los interioristas, tan bienvenida a veces en los espacios compartidos (decir públicos sería demasiado): shoppings, salas de entretenimientos, cadenas de comidas, bancos, edificios de oficinas; se ve desubicada cuando pasa del espacio compartido al íntimo. Lo desdibuja, lo convierte en parte de un simulacro (como decía Baudrillard), le quita lo poco de auténtico que, sometidos a las convenciones sociales (en la vía pública, en el trabajo, en el trato tabulado por relaciones jerárquicas) todavía conservamos, malogrando un espació asistemático, íntimo, hecho a nuestra medida y con nuestros objetos; que están ligados a los sentimientos. Un hogar.

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  1. Norman, D. A.: Emotional Design: Why We Love (or Hate) Everyday Things, Basic Books, New York, 2004, p17.
  2. Ibídem. p15.
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Andrés Gustavo Muglia

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Andrea Avile
Hace 4 meses

Hola Andrés,

Creo que por más que tratamos de separar los sentimientos del diseño, en una magnitud estarán presentes de todas formas. Y, ¿a qué me refiero por separar sentimientos del diseño? Puedo explicarlo con un ejemplo que vi el otro día que le pasó a un colega. El tenía como asignación, diseñarle un logotipo a otra compañera. Pero, ¿qué pasa?... él lo diseñó según la personalidad de ella. El logo era para su marca personal de diseñadora la cual ella quería que tuviese cierto aire de seriedad. Y él le diseñó la marca toda 'tierna' y 'dulce' porque así es ella como persona. Pero a sus clientes no les importa eso, porque no van en busca de una diseñadora adorable, sino que van en busca de una diseñadora profesional y que exprese seriedad en su trabajo. Entonces, en ciertos casos, no puede haber esto del sentimentalismo. Claro, seguimos siendo humanos, así que no hay manera de 100% separar estos dos. Sin embargo, en otras situaciones como el diseño de un hogar o de una habitación, sí se busca que refleje la personalidad de quien viva ahí para que se sienta cómodo.

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Retrato de Andrés Gustavo Muglia
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Andrés Gustavo Muglia
Hace 4 meses

Hola Andrea, gracias por tu opinión. En el caso de tu compañera, quien le diseñó el logo se salteó el primer paso de cualquier diseño: básicamente informarse acerca de lo que está diseñando ya sea con entrevistas con su cliente o con trabajo de campo, creo que ese fue el inconveniente. Trabajó mal. En el caso del diseño de interiores ya el problema es más ambiguo.

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Carol Ma Sepulveda
Jun 2014

Jajajaja, pobre actor! pero creo que no está mal que el tenga ese estilo de "hogar", probablemente refleja su vida interior, un tanto superficial, vacía y fría. Hay personas que son así y se sienten cómodas en un ambiente de ese tipo. Quizás lo que está mal no es el diseñador, si no el espíritu que habita ese hogar.

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Israel Cavazos
Sep 2013

Realmente creo que existe un lazo afectivo en nuestra relación con los objetos.

Es muy interesante observar los interiores de diferentes hogares y de esa manera poder indagar sobre la historia de una familia en particular, la personalidad de un individuo o los gustos íntimos.

Para mí el diseño + sentimiento se encuentra presente, con la misma importancia que el diseño + salud, siendo el primero de mayor relevancia para los diseñadores, ya que puede ser una muy buena herramienta para vender.

¡LIKE a tu artículo! ¡Saludos!

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Natalia Cruz
Ago 2013

Muy buen punto de vista, estoy totalmente de acuerdo con que el diseño tanto interior como en otras ramas, se mezclan los sentimientos, aparte lo haces mucho mas original y único. Muy buen articulo

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Retrato de Maria Catalina Ramírez Manrique
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Maria Catalina Ramírez Manrique
Jul 2013

Las decisiones de poner o no determinados objetos en casa, o la manera como nos vestimos esta 100% vinculada a los sentimientos que produce dichos objetos, a la memoria emocional, a la personalidad de cada quien y a la libre opción de expresar con objetos lo que quiere proyectar... Un actor tiene mil papeles y puede ser que ni la casa que mostró sea de el... Puede ser una simple estrategia de mercadeo. Aplaudo la reflexión que haces y también soy admiradora de Donal Norman, me apasiona el diseño de experiencias.

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Julio Ferro
Jul 2013

En SXSW se reunieron Bruce Mau, Ideo y la Fundación Hawkins para preguntarse como deben ser las casas de las personas mayores para que no tengan que terminar en un geriátrico

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12
Julián Verna
Jun 2013

Buenos días! Interesante artículo Andrés!! Dispara el debate. Tanto revista como expos, profesionales y demás deben marcar tendencias, resolver problemas (luz; espacio, etc), acercar ideas.

Lo discutible y sobretodo en el tema del diseño de un hogar, es cuando se observa que muchos de ellos , con pequeñas variaciones, parecen salidos de una fabricación en serie, que solo responde a la tendencia de turno. Soy de los que cree que el hogar debe hablar de nosotros, nuestra personalidad, historia, gustos, etc, y no nosotros hablar del hogar para mostrar que este es «chic».

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8
Angela Zamudio
Jun 2013

»un espacio interior es el reflejo del alma» Coco Chanel

Las revistas de diseño interior, como las de moda, reflejan «ideales» y aunque como sociedad criticamos a las modelos por anorexicas, por el uso indiscriminado del retoque en photoshop y demás cuestiones que generan una idea artificial de lo que «debe ser» una persona, seguimos buscando ese ideal...

El consumidor promedio no desea un espacio más habitable o saludable, desea un espacio hermoso, que los demás admiren, que le brinde estatus. El diseñador se ha convertido en un rockstar, deleznable! Cómo educar al consumidor?

2
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Juan Lara
Jun 2013

El gusto que exhibe el personaje que usted menciona responde a un fetichismo por las mercancias que va al vaivén de la tendencia de turno, tendencia que a la vez el diseñador sea gráfico, de interiores, arquitecto, de moda, apropia y vende como quien vende el utensilio, el perfume, el video, el plato de moda. Inclusive el afecto hacia lo íntimo hogareño encuentra también, y de acuerdo a Baudrillard, su razón de ser en el valor simbólico que le damos a los objetos. Difícil como individuos y como diseñadores desujetarnos de la lógica capitalista, más aún en tiempos posmodernos.

0
Retrato de Andrés Gustavo Muglia
113
Andrés Gustavo Muglia
Jun 2013

Hola Juan. Estoy de acuerdo en lo que dices. El diseñador sería entonces un mediatizador de la moda del momento, que cumple la función de brindar un servicio de «actualización» fetichista a quien lo pida. Eso en el peor de los casos, como decía Natalia más abajo. Yo también lo veo más o menos así.

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Retrato de Natalia Perez
0
Natalia Perez
Jun 2013

(continuando el comentario anterior que publiqué)El diseñador vincula a través del proyecto aquellos anhelos y deseos que conducen a la felicidad del habitante, pero es a través del concepto de belleza de la persona para la que uno desarrolla el proyecto. No es ajeno al contenido emocional que se deposita en los elementos y objetos, sino que justamente trabaja a partir de lo que permanecerá en el lugar por la importancia que tiene para quien vive ahí. Claro está que no somos la mayoría quienes se manejan de esta forma pero como en toda profesión existe el margen que equilibra la balanza.

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Andrés Gustavo Muglia
Jun 2013

No miro sólo revistas. Miro también libros de arquitectura y voy a expos de diseño, y me parece MUY importante lo que se muestra allí porque eso forma el gusto del consumidor. Me gustaría saber qué siginifica que las personas «habiten saludablemente en su hogar», como vos decís. Entiendo que muchos profesionales no trabajan como debieran y otros quizás sí, tal vez vi demasiados ejemplos de los primeros, pero es lo que se ve de ese mundo desde afuera (publicaciones, etc) vos quizás conocés, porque lo ves del lado de adentro, lo que yo no vi. Saludos y gracias por el comentario.

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Retrato de Natalia Perez
0
Natalia Perez
Jun 2013

Hola Andrés, ejemplos que pueden graficar lo que te comentaba es el dormir en un colchón finito el cual causa que uno descanse mal generando malestares corporales, o el hecho de leer sin una luz de color e intensidad correcta produce que uno esfuerce la vista, cada elemento de la casa debe tener una proporción y altura adecuada para el desarrollo de la tarea y para que las personas mantengan una buena postura, cuidando de esa forma su salud. La ergonomía es la disciplina que trabaja sobre esto y es el punto de partida del diseño, eso lamentablemente no se comunica debidamente, saludos.

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