Cuando los objetos configuran las creencias

De cómo el Diseño Industrial, a través de sus productos, construye cultura y formas de ver el mundo.

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¿Dónde reside la cultura? Si se le hace esta pregunta al público, algunos responderán: en las bibliotecas, en los museos, en los teatros o en las salas de cine —lamentablemente cada vez más desiertos—. Seguramente otros dirán que la cultura reside en las personas, en la mente de cada uno de nosotros. Finalmente, y desde hace sólo unos pocos años, muchos asegurarán que reside en Internet, en la enorme y fabulosa red que los humanos hemos creado. Muy probablemente pocos dirán que la cultura reside también en los innumerables objetos cotidianos que nos rodean.

No es habitual ver a los objetos como creadores de cultura, sino como un subproducto menor de los avances culturales. Están ahí sólo como consecuencia de los paradigmas y las ideas dominantes, en un determinado momento de nuestra historia; y todo el mundo dirá sin titubear que lo que importa son las ideas, no su manifestación material. Pero esa es una visión parcial y equivocada, porque finalmente los objetos hacen de nosotros lo que somos.

Cuando un niño nace en un hospital, su primera impresión de este mundo es la intensa luz que proviene de la lámpara de la sala de partos, un sofisticado objeto diseñado y producido por el hombre. Unos guantes de látex le sujetan, y una pinza de color verde, fabricada en poliamida de grado quirúrgico, cierra su cordón umbilical. Desde entonces entrará en contacto con cientos de miles de objetos a lo largo de toda su vida. Estos objetos condicionarán su forma de ver el mundo, su forma de aprender, su forma de interactuar con los demás y con el entorno, sus deseos y expectativas; en definitiva sus convicciones y sus creencias.

Abraham Maslow, el psicólogo estadounidense conocido sobre todo por su pirámide de las necesidades, señalaba que «cuando la única herramienta que tienes es un martillo, todo problema comienza a parecerse a un clavo».1 Pero la cuestión es que no disponemos tan solo de un martillo, sino de una enorme cantidad de herramientas, utensilios y artefactos diferentes. Sin embargo Maslow está en lo cierto: el conjunto de todos los objetos a nuestra disposición configura de manera decisiva nuestra forma de mirar y de estar en el mundo. Cada objeto imprime una huella indeleble en nuestra cultura.

Parece que somos ciegos ante esta profunda influencia de los objetos cotidianos, pero están ahí, invisibles puntos de apoyo que configuran nuestras creencias: cuando acariciamos el disparador de nuestra cámara fotográfica mientras valoramos el efecto de la luz en un paisaje; cuando nos concentramos en el color y el movimiento de nuestras zapatillas deportivas durante una carrera de fondo; cuando escuchamos la risa de un niño que descubre que puede pintar con el dedo en la pantalla de una tableta digital. Nada de esto es posible sin ese anclaje sensorial y emocional que proporcionan las cosas.

En nuestras empresas y organizaciones también se produce el mismo efecto. Tendemos a ver los productos que lanzamos al mercado como una manifestación menor, casi accidental, de nuestra estrategia de marca. Lo importante no son los productos materiales —fácilmente adquiribles ahora en China, India o en cualquier lugar del planeta—, sino los valores, los atributos y los contenidos de la marca. Por eso muchas organizaciones ven a los diseñadores industriales como meros operadores estéticos que deben dar forma a los conceptos y las ideas generadas en otro lado: en un focus group, en un estudio antropológico o en un informe de tendencias. Sin embargo, la contribución del diseño a la hora de definir y caracterizar nuestra propuesta al mercado es realmente decisiva.

Muchos especialistas en marketing y también muchos diseñadores, nos dicen que la gente no compra productos, sino otras cosas: ideas, servicios, experiencias, narraciones, metáforas, arquetipos, mitos... la lista es extensa. Entonces siempre viene a mi mente este delicioso relato de Italo Calvino que aparece en Las Ciudades Invisibles:2

Marco Polo describe un puente, piedra por piedra.

—¿Pero cuál es la piedra que sostiene el puente? —pregunta Kublai Kan.

—El puente no está sostenido por esta piedra o por aquélla —responde
Marco, —sino por la línea del arco que ellas forman.

Kublai permanece silencioso, reflexionando. Después añade:

—¿Por qué me hablas de las piedras? Es sólo el arco lo que me importa.

Polo responde:

—Sin piedras no hay arco.

El pensamiento occidental ha quedado atrapado en el dualismo: espíritu y materia, mente y cerebro, arco y piedras. Al igual que el emperador de los tártaros,3 tendemos a valorar tanto el mundo inteligible de las ideas, que olvidamos el mundo sensible de la materia, temporal, mudable y corruptible. Muchos expertos insisten en que en un entorno global donde los productos «ya son todos iguales, o se pueden copiar en 24 horas»,4 la marca, la estrategia o la cultura corporativa son los activos más importantes, los únicos recursos que permiten competir a las empresas. Los productos que se lanzan al mercado son secundarios y prescindibles: pertenecen cada vez más a la esfera de lo desechable.

Sin embargo, brillantes visionarios han puesto seriamente en duda esta concepción. El escritor y biógrafo Walter Isaacson recordaba recientemente que «Steve Jobs siempre puso el producto en primer lugar».5 A pesar de que Apple es el ejemplo más emblemático de marca capaz de apasionar a las personas y conseguir su lealtad incondicional, no hay que olvidar que su éxito reside en gran medida en su capacidad de crear productos extraordinarios. «El único propósito para mí en la construcción de una empresa es la creación de productos»,6 comentaba el genio de Cupertino. Sin objetos no hay marca.

La gente no compra finalmente marcas, ni mitos, ni experiencias, sino productos; productos que evocan emociones y que expresan significados relevantes para las personas. Adquirimos y utilizamos objetos materiales porque reflejan y sostienen nuestras más profundas convicciones personales. Las cosas construyen nuestra conciencia.

¿Cuál es entonces la tarea del diseñador? Me gusta afirmar que los diseñadores en realidad lo que hacemos es dar forma a objetos —libros o ciudades, sombreros o sistemas de transporte, cunas o tumbas—, porque a través de ellos damos forma a las creencias de las personas.

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  1. «I suppose it is tempting, if the only tool you have is a hammer, to treat everything as if it were a nail». Abraham H. Maslow (1966), The Psychology of Science, p. 15. Law of the instrument en Wikipedia.
  2. Italo Calvino (1972), Las ciudades invisibles, Minotauro Ediciones, Barcelona, Trad. Aurora Bernárdez, 1995, p. 37.
  3. Kublai Kan fue el quinto y último Gran Kan del Imperio mongol y primer Emperador chino de la Dinastía Yuan. Sin embargo, en su libro Il milione («El millón», conocido en castellano como Los viajes de Marco Polo o Libro de las maravillas), Marco Polo lo llamaba Gran Kan de los Tártaros, y así quedó en la tradición literaria. Italo Calvino, como él mismo explicaba en una conferencia pronunciada en 1983, siguió esta tradición en Las ciudades invisibles.
  4. Así se expresaba el publicista Fernando Ocaña, presidente de Tapsa Y&R, en una charla organizada por Esesa Escuela Superior de Estudios de Empresa. 06 Nov 2013, Málaga (España). Fernando Ocaña: «La marca España no es ni buena ni mala, es inexistente».
  5. Steve Jobs Always Put Product First: Isaacson. Aspen Institute President and CEO Walter Isaacson discusses Steve Jobs Tom Keene at Bloombergʼs «The Year Ahead 2014» summit on Bloomberg Television at the Art Institute of Chicago. Nov 20, 2013. Ver video Steve Jobs Always Put Product First: Isaacson en Bloomberg.
  6. The Three Faces Of Steve. In this exclusive, personal conversation, Appleʼs CEO reflects on the turnaround, and on how a wunderkind became an old pro. by Brent Schlender; Steve Jobs. Fortune Magazine, Nov 9, 1998.
    – You seem to enjoy building companies as much as you enjoy building products.
    – Uh, no. The only purpose for me in building a company is so that it can make products.
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Este artículo no expresa la opinión de los editores y responsables de FOROALFA, quienes no asumen responsabilidad alguna por su autoría y naturaleza. Para reproducirlo, salvo que estuviera expresamente indicado, por favor solicitar autorización al autor. Dada la gratuidad de este sitio y la condición hiper-textual del medio, agradeceremos evitar la reproducción total en otros sitios Web. Publicado el 19/03/2014

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Natalia Cg
Hace 5 meses

Gracias al artículo leído anteriormente, comprendimos la importancia del mundo de las ideas y el mundo material, siendo en conjunto un impacto en la vida de cada persona, pues condicionan la forma en la se percibe el mundo..

Las cosas transfieren y comunican valores entre sí, sin embargo, ningún objeto tiene valor propio, todo es asignado socialmente a la medida personal. La asignación de valor a las cosas es una huella de nuestro paso en la evolución histórica de las ideas, incluyendo nuestro cuerpo y lo que creemos son nuestras más profundas e inalterables consistencias.

El valor de ese simple sujeto amarra todo en un mismo sistema de sentidos.

Así mismo concordamos con la idea de que los productos nos evocan emociones, las cuales constituyen un papel muy importante en el momento de adquirir un producto, ya que en algunos casos nos idealizamos utilizando ese producto generando situaciones ficticias, por ejemplo, si compro esos plumones podré hacer una ilustración hiperrealista.

El diseñador tiene una amplia variedad de herramientas para resolver una situación, en cambio, relaciona esta situación con sus conocimientos para identificar lo que está viendo, permitiéndole poder actuar ante ello. Este tiene la tarea de proyectar las creencias de las personas en formas.

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Laura Airem Ramírez Martínez
Hace 5 meses

Con respecto al concepto que se abarca en el artículo sobre el porcentaje de cultura transmitido al usuario, ¿El diseñador debería considerar la influencia que tendrán los ideales emocionales, representados en el objeto y que serán compartidos al consumidor?

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Diana Gasca
Hace 5 meses

Creemos que el autor tiene mucha razón porque aunque la mayoría de nosotros nos apegamos a algún objeto, por lo general tomamos por hecho que todos los objetos que nos rodean siempre han estado ahí, sin tomarnos el tiempo de observar que todos fueron hechos con un propósito en específico y que requirieron del tiempo y conocimientos de una o un grupo de personas para que fueran posibles.

También nos parece interesante la manera que mencionas nuestra interacción con los objetos desde el momento que nacemos, ya que es cierto que durante nuestra vida vamos a relacionarnos con cientos de estos y algunos se vuelven parte de nosotros, como si el objeto trascendiera su propia función, dado que es cierto que en ellos se encuentra algo más que pura materialidad, sino que en ellos residen recuerdos, emociones y valores.

Los objetos se vuelven aún más interesantes e importantes para nosotros cuando logramos crear un vínculo emocional con ellos. En sí los objetos no significan nada por si solos, sino que nosotros les otorgamos el verdadero significado.

Los objetos representan parte de nuestra cultura y al final de cuentas es lo que nos presenta al mundo. Los objetos nos ayudan a forjar nuestras creencias. Forman parte de nuestras costumbres y hasta de los hábitos más cotidianos, pero todos, en conjunto, nos van haciendo las personas que somos.

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Perla Rocha
Hace 5 meses

Estoy de acuerdo con el artículo, ya que como se menciona, desde que nacemos estamos en contacto con los objetos formando vínculos afectivos, y nos adaptamos a ellos social y culturalmente, incluso nos ayudan a formar un carácter. Como diseñadores debemos tomar esto en cuenta porque tiene un impacto directo en las personas y eso nos otorga mucha responsabilidad.

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Luisa Sánchez
Hace 5 meses

Así como nos dice el artículo los productos que consumimos forman una parte vital en nuestra vida, consideramos que un diseñador industrial tiene la tarea de hacer que el producto que próximamente se consuma sea apto y cuente con lo necesario pero el vínculo que las personas crean con hacia ellos es el extra que le dan. Nosotros le damos a un objeto la importancia en nuestra vida.

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Cinthia Cervantes
Hace 5 meses

Saludos, el artículo nos parece muy interesante y de gran ayuda para nuestra carrera, ya que nos hace pensar más allá de crear en serie, nos invita a humanizarnos ante nuestros proyectos. Mis compañeros de clase y yo creemos que los objetos son la herramienta para crear experiencias, construyen nuestra conciencia y el valor que les damos es por debido al impacto que crea en nuestras vidas. Nosotros, al ser Diseñadores Industriales, tenemos la responsabilidad de que los objetos que desarrollemos creen un vínculo más allá de lo físico con la persona que lo va a adquirir.

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Ulises. Chávez
Hace 5 meses

De igual manera, consideramos que un objeto no solamente es una herramienta o una extensión del ser humano que lo ayuda a realizar de manera más eficaz sus actividades y necesidades, sino que también evoca emociones, aprendemos de ellos y forman parte de nuestra conciencia, nuestras creencias, nuestros hábitos, y por lo tanto de nuestra cultura de una manera tan peculiar que ni siquiera nos percatamos de ello en el momento, hasta que comenzamos a realizar este tipo de análisis.

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Fernando Cervantes Vázquez
Hace 5 meses

Los objetos logran generar un impacto en cada persona ya sea por su función, el vinculo sentimental creado o su estética, esto depende completamente de cada persona, incluso puede ser la forma en la que la persona consiguió su objeto. estos objetos pueden pasar de ser simplemente un objeto a un momento importante, creando recuerdos y así pasando a ser primordiales a lo largo de nuestra vida.

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Anahí Máximo
Hace 5 meses

Esta influencia cultural tiene que ver con el gran impacto y vinculo emocional que desarrollamos con los objetos en nuestra vida cotidiana. Pues más allá de verlos como solo objetos desarrollamos un valor de acuerdo las emociones, sentimientos y experiencias que nos hacen sentir y se vuelven parte de nosotros. Los objetos son primordiales en la vida de las personas ya que interactuamos con ellos toda la vida y gracias a ellos nos ayudan a crear diferentes experiencias , forman la identidad de cada uno de nosotros en el día a día.

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Retrato de Mariana Zúñiga
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Mariana Zúñiga
Hace 5 meses

Saludos. Mis compañeros de clase y yo llegamos a la conclusión después de leer este artículo que estamos de acuerdo con lo que escribe. A veces no le damos importancia o le restamos valor cultural a los objetos, con el paso del tiempo los consideramos obsoletos y los volvemos desechables. Hoy en día se atrae al consumidor a través de las experiencias y emociones que el producto genera al interactuar con él, en esto coincidimos en opinión, la cultura realmente está en los objetos. Sin embargo, hay que tener cuidado, si nuestra sociedad sigue así continuaremos cayendo en el consumismo y contribuyendo a un problema tanto ambiental como al no generar satisfacción personal teniendo constantemente un sentimiento de vacío.

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