Cuando la calificación no importa

Estrategias para incentivar a los estudiantes para lograr mejores resultados, en lugar de limitarse a conseguir la mera aprobación.

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En la universidad —sea pública o privada— hay todo tipo de maestros. Todos hemos tenido alguno con poca experiencia en su materia, algún flojo que nunca leía los largos ensayos que nos daba para redactar y algún otro que daba clase porque no era lo suficientemente bueno para ejercer. También hemos tenido maestros que se apasionaban con su materia y que incluso iban más allá del salón de clases, que lograban transmitir a sus alumnos su pasión por el diseño, y para quienes el sueldo no resultaba el factor primordial para ejercer la docencia. Todos estos maestros excelentes, buenos, regulares y malos confluyen en los mismos salones y se cruzan por los pasillos comentando una misma preocupación: ¿cómo calificar adecuadamente a los alumnos?

Muchos sistemas de enseñanza —como el de México— se basan en una escala donde a cualquier trabajo, entrega, prueba o proyecto, corresponde una calificación. Resulta un sistema lógico, porque permite medir el esfuerzo, conocimiento, dedicación, técnica y cualquier otro componente, que mantiene un status quo y un ritmo para medir el crecimiento del alumno.

Para ser totalmente sincero, siempre me ha causado un poco de incomodidad poner calificaciones. Conforme voy llenando las listas pienso en mis alumnos: quién realizó un mayor esfuerzo, otro que dio un gran brinco, el más avanzado que no entregó revisiones y siguen las confusiones: alumnos brillantes cuyos trabajos mediocres resultan mejores que otros que hicieron un gran esfuerzo por alcanzar el nivel. Mientras unos alumnos reniegan de tener que compartir el mismo título con otros no tan capaces como ellos, al enfrentarse a sus primeros trabajos muchos recién egresados dicen: «eso no me lo enseñaron en la escuela», y se quejan en los foros sobre la falta que hace una docencia ejecutiva, que te prepare para el mundo real.

¿Es posible enseñar para el mundo real adentro de las aulas?

Normalmente los maestros que ejercemos el diseño pensamos siempre en técnicas y métodos novedosos para reducir esta brecha entre el mundo académico y el profesional. El símil más frecuente es que el maestro actúe como cliente y el alumno como proveedor de un servicio de diseño, que recibirá como pago la moneda corriente institucional: una calificación. Se le exige al proveedor una vestimenta y lenguaje propios, una presentación profesional y en los más osados, proyecciones de ventas y planes financieros para la ejecución del diseño. Hay quienes, deseando llevar la experiencia al máximo, le exigen al alumno una facturación mínima durante el curso, junto con toda la carga administrativa que conlleva cómo darse de alta ante Hacienda y generar un sistema de facturación. En otros casos, se invita a profesionales del medio o colegas ajenos a la clase para fundamentar una calificación sin desviaciones de tipo personal.

Todas estas experiencias definitivamente dejan ver un poco de la realidad profesional en el ejercicio del diseño, aunque también muchas veces solemos pasar por alto algunos aspectos implícitos en los que estos dos mundos convergen, que no son explotados en su debida dimensión. Veamos algunos ejemplos:

  • Existen buenos y malos maestros, clientes buenos y malos, jefes buenos y malos. En los tres casos habrá con quienes se logre congeniar desde el primer momento, a quienes se odie, a quienes haya que ganarse buscando estrategias de acercamiento, a quienes nunca se logre darle el gusto. Con algunos será posible llevar una buena relación profesional y otros podrán ser muy injustos.
  • Quizá en la universidad un error no producirá pérdidas de dinero importantes —como cuando se envía a producción una revista para un tiraje de cien mil ejemplares—, pero no ser específico y puntual en las indicaciones al operador de la imprenta digital podría acarrear reimpresiones que representen representen para el estudiante una pérdida igual de dolorosa.
  • Una entrega fuera de tiempo puede tener como consecuencia la pérdida de un proyecto o de toda la cuenta. En el aula puede suceder lo mismo: se le puede negar al estudiante la recepción del trabajo con la respectiva calificación nula.
  • Cuando se trata de trabajar en equipo siempre puede haber un alumno que acapare, uno que prefiera seguir órdenes, otro que se lleve todo el crédito y otro que se escude en los otros para hacerse el loco y trabajar lo menos posible. Igual puede suceder en el mundo profesional.
  • En un salón hay estudiantes que se levantan tarde, desayunan y comen lo que mamá les prepara, van al gimnasio o a pasear a su perro y luego hacen la tarea para entregarla. Estos conviven con otros que tienen que trabajar duro por la mañana para pagar sus estudios, van a la escuela por las tardes y en las noches se desvelan para hacer las tareas. En un trabajo real también hay de los que, tras 8 horas de trabajo, hacen la misma rutina del gimnasio y el perro y de los que se acaban todo el sueldo en mantener a la familia, médicos o gastos de la casa.

No puede dejarse de lado algunos aspectos que hacen muy difícil lograr que esta experiencia sea comprensible para el alumno:

  • La gran mayoría de los universitarios han sido alumnos toda su vida, no tienen la película completa sobre cómo es realmente el mundo profesional. Lamentablemente cualquier emulación del mundo real sigue siendo para ellos una experiencia escolar. En tanto transcurra dentro del salón del clases, sigue siendo escuela.
  • Por lo mismo, una calificación será siempre una calificación y no un equivalente a moneda de cambio. Con la calificación no se puede hacer nada más que intercambiarla por un título, una satisfacción que llegará en algún momento pero que es imposible adelantar.
  • La presión escolar es casi siempre equiparable a la que vive un profesionista, aunque el segundo ya pasó por la escuela, y una vez allí logra ver las diferencias en una perspectiva. A quien no trabaja le será imposible compararlas.

La experiencia de un ejercicio donde la calificación no importa

Con todo esto en mente, he cambiado algunas de las maneras en las que imparto mis clases. Se trata de clases sobre diseño editorial principalmente, donde las entregas consisten en productos editoriales completos, tales como folletería, libros o revistas.

Un poco harto de recibir trabajos mediocres de alumnos que se conforman con una calificación meramente aprobatoria o suficiente para mantener el promedio, decidí cambiar la dinámica y planificar ejercicios en los que el alumno entregue un producto final de excelencia, sin errores, tal como sucede en el mundo profesional. Para lograrlo, la calificación tuvo que quedar fuera de la ecuación, de modo tal que todo dependa de la voluntad de cada estudiante.

Apliqué por primera vez esta fórmula en un proyecto final: un folleto para promocionar un punto turístico o la gastronomía de un lugar. Cada alumno debía escoger un lugar o platillo, sin saber que se trataba de un proyecto final —la fecha de entrega era justo a la mitad del tiempo, como si se tratara de una entrega parcial—. El cronograma del ejercicio fue el siguiente:

  • Primera entrega. Tuvo un resultado mediocre, en parte porque la presión fue baja y en parte porque los alumnos no sabían que se trataba solo el primer paso para llegar a un producto final. Al devolverles las calificaciones en forma individual, lo que recibieron fue una retroalimentación muy puntual sobre cada proyecto, las cosas que pudieron haber hecho mejor y precisiones de tipo técnico y aplicativo. Se fijó una segunda fecha para la entrega. De un total aproximado de 45 folletos, solamente uno no necesitó reformularse y fue considerado como entrega final.
  • El segundo intento. Pensando que era una segunda oportunidad para mejorar calificaciones, todos rediseñaron sus folletos. A algunos les bastó con hacer modificaciones menores, otros más bien tuvieron más cuidado en el armado del boceto y los menos debieron replantear el diseño y la comunicación en general. El resultado implicó que poco menos de una cuarta parte de los folletos alcanzaran la calidad suficiente para ser considerados como finales. Todos los demás recibieron la encomienda de volver a diseñarlos, corregirlos y arreglarlos para una tercera entrega.
  • Los trabajos finales. La tercera entrega fue la más exitosa de todas. Algunos alumnos comenzaron ya a quejarse sobre los costos que cada reimpresión les acarreaba, pero fue notorio el cambio de actitud, dada la posibilidad de entregar un producto final con mayor calidad. En esta ocasión fue menos de una cuarta parte de los folletos los que requirieron de una cuarta entrega, ya en el entendido que se trataba del proyecto final. Finalmente, contra mi costumbre de no topar con dieces las notas finales, el promedio de calificaciones fue bastante alto, pero con un producto final que lo justificaba.

Conclusión

La calificación jugó un papel secundario en el proyecto, una vez que los alumnos se dieron cuenta del propósito de la entrega. A partir de la primer repetición del trabajo la presión de una calificación aprobatoria fue cambiando hacia el tedio de repetir el mismo trabajo, que a su vez mutó a la presión de entregar productos finales con mayor calidad, con tal de no tener que gastar más y terminar lo antes posible.

Este mismo modelo lo he aplicado en otras materias y los resultados han sido más que buenos. Los alumnos se sienten más orgullosos y seguros de sus trabajos, y al retroalimentar públicamente los productos, se tiende a crear un ámbito más competitivo, subiendo el promedio de creatividad, técnica y ejecución del grupo.

Tal como expuse en el planteamiento inicial, es sumamente difícil emular la realidad profesional en el salón de clases, pero se pueden extraer elementos independientes y hacerlos conscientes en los alumnos con la finalidad de que en el futuro puedan sentirse orgullosos de sus avances.

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Antonio Tostado
Jul 2016

Excelente artículo Mario. Das en el clavo en muchos aspectos.

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Gabriel Meave
Jul 2016

Muy buen artículo. Y comparto la dificultad de hacer ver al alumno la realidad fuera del aula. Buen procedimiento.

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Marcela Natalia Arango Pinzon
Ago 2015

Buen día, primero quisiera agradecer por tan buen aporte al diseño y segundo solicitar muy cordialmente la posibilidad de divulgar este u otro articulo en nuestra revista "LOGOS" revista de índole académica. Comparto con usted los links con mayor informacion esperando una pronta respuesta.

Muchas Gracias

http://www.uniboyaca.edu.co/in... :logos-recepcion-de-articulos-edicion-21&catid=55:ultimas-noticias&Itemid=190

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Bere Molina
May 2014

En el CuCosta nos piden que trabajemos a partir del 4to semestre con un cliente real, por lo que la presión de entregar algo bueno aumenta porque además de la calificación (que en efecto pasa a ser secundaria) están los costos de impresión y el compromiso que se ha hecho con alguien que puede decidir si contratarnos o no y con quien no hemos convivido tanto como con un maestro (y por ende no nos dará el mismo trato y no conocemos que le puede gustar y que no), esto creo que ha sido muy buena práctica y que ha servido como filtro para muchos que solo buscan como pasar el tiempo.

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Karen Vargas Ramírez
Dic 2013

Creo que la calificación ocupa un lugar secundario, aprender es lo primordial ya que estos conocimientos son los que serán útiles en la vida profesional.

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Ana Beatriz Requena
Ago 2013

Me costaba trabajo su clase pero si apendí y a la fecha me funciona todo lo que aprendimos con usted.

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Marina Golybina
Jun 2013

Hola Mario, no es que trabajas sin que importe la calificación, sino que la excelencia que pretendes alcanzar tiene su precio: el tiempo invertido. Y es proporcional al interés de los alumnos en aprender como se hace. No hay mejor premio que ver realidad una creación propia, ni mayor satisfacción que el trabajo bien hecho. Al fin y al cabo estamos hechos a la imagen y semejanza del Creador, simplemente algunos tardan en descubrirlo... En estos casos creo justo que repiten el curso, el grado de interés por alcanzar la meta crece considerablemente.

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Lila Magg
Jun 2013

parece una alternativa buena para decirles a todos los que estudiamos que la calificación no importa como nos lo han dicho, debemos de entregar más trabajos de calidad y digno de pertenecer a un portafolio que a futuro te pueda ayudar a conseguir un empleo o nuevos clientes.

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Fernando Rodríguez Álvarez
Jun 2013

Las aulas siempre forman parte del mundo real. Emular el campo laboral en la escuela es un simulacro, pues los estudiantes reciben calificaciones, no un pago o salario. El aprendizaje basado en problemas, casos y proyectos sólo permite aproximarse a una experiencia relativa con muchas variables que son suposiciones: el perfil de los usuarios; la cantidad de productos; los costos de producción industrial o de comercialización; entre otros requerimientos determinantes. Hay que ofrecer a los estudiantes proyectos interesantes, para que apliquen lo aprendido en otros casos y los superen.

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Armando Chicangana
Jun 2013

Como experiencia didáctica es interesante, hay varios postulados que vale la pena poner en tensión. Es posible hablar de maestros buenos y malos? La cultura escolar cambió del «enseñar» al «aprender», por lo tanto, seguimos pensando en «enseñar»? La calificación no es significativa de los procesos basados en adquisición de «competencias» o capacidad apropiar «un algo» teórico, conceptual e incluso instrumental, por lo que no puede ser que la calificación, sea un «sistema lógico, porque permite medir el esfuerzo, conocimiento, dedicación, técnica y cualquier otro componente».

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Marco Antonio Bonilla Pérez
Jun 2013

La educación en el diseño siempre ha sido un paradigma, el planteamiento que haces, me parece muy interesante, y es una forma de incursionar a los estudiantes al mundo laboral, nunca será igual. Pero los alumnos no son conscientes de esta realidad, y muchos van por cumplir, u obtener una calificación, y no por querer hacer bien las cosas, y de acuerdo a la competitividad actual del mundo laboral, no obtienes una calificación, o pierdes el cliente, la cuenta o simplemente no te contratan, eso es una realidad, y que tenemos que hacerla ver en los estudiantes.

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Andrés Mario Ramírez Cuevas
Jun 2013

¿Con que criterios evalúas? ¿qué evalúas? ¿Te parece bien tres entregas finales de un mismo proyecto, eso hace viable al diseño en términos económicos? ¿en el mundo real hay tanto gasto por falta de planeación y proceso en el diseño?

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Mario Balcázar
Jun 2013

Cuando mis alumnos entregan folletos (que no es gasto tan oneroso como un libro) les pregunto antes de verlo: ¿Cómo te quedó? Muchos reconocen que les pudo haber quedado mejor y lo peor es que se dan cuenta de los errores que cometieron sin que yo se los diga. Lamentablemente ahí termina el esfuerzo y se llevan su calificación; lo que hago en este ejercicio —que ojo, es solo un ejercicio, no la forma integral de llevar el curso— es que descubran la importancia de un segundo esfuerzo. Si sacan 7 pudiendo sacar 9, ¿por qué no guiarlos e incentivarlos de vez en cuando a que puedan alcanzar el 9?

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Jorge Luis García Fabela
Jun 2013

O calificar hasta el final de todo el proceso y que puedan alcanzar el 10.

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Juan Morales
Jun 2013

La pregunta anterior me recuerda (y no me refiero a ella específicamente) la concepción muy instalada de que los profesores debemos ʼmedirʼ, debemos encontrar a los «malos» a los «buenos» y a los «regulares», cuando en realidad lo que debemos hacer es formar, educa, preparar, hasta que todos (o la mayoría) alcance el 10 (así nos lleve repetir el ejercicio hasta cansarnos).

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Jorge Luis García Fabela
Jun 2013

Completamente de acuerdo Juan Morales. Así es, somos formadores. A la Universidad los jóvenes van a aprender y el aprendizaje requiere de desarrollo, vivencias, experiencias entre otras tantas cosas.

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Ramon Bureau
Jun 2013

Este método me parece muy viable por que existe una retroalimentación durante el proceso de diseño y el alumno puede ir corrigiendo errores y aprendiendo de ellos. Es muy valido ya que es una propuesta de como poder evaluar, y no tanto descubrir el hilo negro sobre como se debe evaluar al alumno, hay a quien le pueda servir y viceversa. Saludos!

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Jorge Luis García Fabela
Jun 2013

Si Ramon, pero parece que cada quien tiene sus propios métodos, y siempre pensamos que lo hacemos bien. Yo creo que lo importante es ver buenos resultados, que los profesores y alumnos queden lo más satisfechos posible, que no exista tensión en los alumnos. He escuchado en mas de una ocasión decir que los mejores maestros son los mas duros y los que reprueban más, o que es difícil pasar con ellos. A mi eso me parece que es inseguridad, deseos de tener el control y temor de perderlo. Este tema amerita escribirlo, prepararé algo aunque me parece que tardan en publicar. Saludos.

0
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Ramon Bureau
Jun 2013

Totalmente de acuerdo Jorge luís, es un tema amplio y hasta un cierto punto complejo por las discrepancias que se dan; entiendo que ¿publicarás algo mas sobre el tema? si es así espero poder leerlo. Gracias!

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Marco Antonio Morales
Jun 2013

Pareciera entonces que es mejor no ir asistir a un centro académico sino convertirse en un aprendiz dentro de la realidad, al estilo de la Edad Media. Conducir y evaluar un proceso formal de aprendizaje nunca será igual a trabajar dentro de una empresa, aunque los procesos de aprendizaje nunca deben alejarse de la realidad que se espera transformen. Considero que hay que acabar con el absolutismo de la calificación, pero tampoco podemos ignorarla, porque nuestros sistemas están basados en la promoción a través de la calificación. Hay que seguir buscando alternativas como tú bien lo has hecho.

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Jorge Luis García Fabela
Jun 2013

Hay que promover la autoevaluacion razonada y honesta. Promover que el alumno pueda ver sus aciertos y tropiezos y que así pueda ubicar el nivel y desarrollo de su trabajo. En el ultimo de los casos, si el alumno no puede hacerlo (o no le conviene) el profesor, se lo hará saber y el profesor emite la nota. Autoevaluarse no quiere decir pasarle al alumno la boleta. El tiempo enseña estas cosas. Que el trabajo motive al alumno, que le guste hacerlo y no imponer, castigar, reprobar, desmotivar. La docencia no es ser dar clase y pensar que lo hacemos muy bien, es mucho más que eso.

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Carmen Salazar
Jun 2013

Cierto, un número no dice cuánto sabe un alumno, al momento de un examen el alumno puede pasar por situaciones ( se pone nervioso, no se alimentó, viene desvelado...) que le impiden una mejor calificación, es por lo que a la memoria no se le ha de evaluar, sino tenerlo en evaluación continua bajo una rúbrica, si es posible acercar a los alumnos al «mundo real» al trabajar con casos reales, por esto es importante que los docentes tengan experiencia laboral en la materia que imparten al alumno. Muy interesante su artículo. Saludos

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Cátedra Fridman Dg
Jun 2013

Continúa mi respuesta a Byron Dot. Tal como decía que las soluciones prefabricadas de Internet hoy sean el puntito de partida nos obliga a arrancar de más atrás para explicarle a un alumno que diseño no es igual photoshop + illustrator... Es preocupante que un alumno d diseño se maraville ante la cómic sans o la brush script...

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Mario Balcázar
Jun 2013

Como profesores también a veces contribuimos inconscientemente a estos problemas, refiriéndonos a sus trabajos como «me gusta» o «no me gusta». Es imprescindible un lenguaje claro y profesional que marque línea e inhiba las percepciones personales. Si se usa Cómic Sans debe haber un argumento bien fundamentado para decidir si funciona o no, no si me gusta o no.

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Alvaro Enrique Tobón Hincapié
Jun 2013

Qué bueno ver reflexiones sobre la realidad docente comparada con la ficción laboral. La nota siempre ha sido preocupación del buen profesor pues sabe qué y para qué mostró. Como conocedor de las personas ha percibido a cada uno de sus estudiantes y ha entendido su papel y respuesta.

De ahí que la evaluación sea un conflicto real.

Finalmente, lo que hay que darles es una bandeja de hábitos que les sean útiles y, ya es de ellos, entender que su responsabilidad ante la materia es la misma que ante su propia vida.

Muchas gracias por el buen ejemplo y los comentarios que en buena hora ha generado.

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Andres Correa
Jun 2013

Es necesario vencer el tedio y el facilismo de nuestros estudiantes, para que superen la mediocridad en los trabajos, cuyo resultado exitoso es nuestra verdadera paga. Repetir y repetir una entrega es agotador, aunque también injusto para quién entregó a tiempo y a nivel adecuado la primera vez, de modo que prefiero promediar la primera nota con la segunda, y, si es necesario una tercera entrega, el resultado del promedio con la tercera nota obtenida. De modo que el avance se logra, pero nunca va a alcanzar el máximo puntaje si es que partió trabajando con la Ley del Mínimo Esfuerzo»»

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Mario Balcázar
Jun 2013

Este caso se trata de un ejercicio único, en el cual el que más tuvo que repetir el trabajo cuatro veces, la mayoría quedó a la segunda, quien lo hizo bien desde el principio no tuvo que hacer más. Es muy interesante detectar la actitud con la que enfrenta cada quien este reto, a algunos sí les gana el tedio, pero la gran mayoría reaccionó positivamente, creo que la ganancia está a nivel personal, donde cada quien se queda con su mejor esfuerzo, ya tienen una línea marcada. Saludos.

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Jorge Luis García Fabela
Jun 2013

Muy bien el artículo. En talleres aplico algo muy parecido. Siempre revisiones grupales. Todos opinan y participan. Todos aprenden de los trabajos de todos. Lo que no esta bien se arregla y regresan con las modificaciones. Nada se imprime hasta que el trabajo quede bien pulido y si ya impreso se va algún detalle se corrige. Así quedan muy buenos trabajos y todos contentos y satisfechos. Esa idea de la calificacion como premio o castigo no aplica y menos el no dar oportunidades de corregir.

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Mario Balcázar
Jun 2013

Efectivamente, la participación colectiva es esencial y la idea parte de la motivación, marca una línea de calidad mínima. En la recta final de la carrera a veces se percibe un poco de tedio y desesperación por comenzar las prácticas y dejar la rutina escolar. Sacar al alumno de su lugar seguro e invitarlo a dar un doble esfuerzo da como resultado una nueva motivación auténtica por mejorar.

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Jorge Luis García Fabela
Jun 2013

Así lo creo. En la formación, en la que participa todo el grupo para las revisiones individuales, ayuda en varios aspectos. El alumno muestra su trabajo delante de todos y recibe críticas sanas, juicios en muchas ocasiones buenos en el sentido que son de ayuda para revelar defectos, equivocaciones, aciertos, bondades, etc. El profesor debe ser moderador. Eso ayuda al alumno a mostrar el trabajo y explicarlo, argumentarlo. Sobre la recta final, es algo difícil para los alumnos salir a la vida laboral, pero así debe ser y sus futuros éxitos si dependen de sus esfuerzos como estudiantes. Saludos.

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Jaime Alberto Jiménez Guzmán
Jun 2013

Totalmente de acuerdo. Aprender diseñando.

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Okcider Martínez
Jun 2013

Desgraciadamente no lo sabrán tal cual, hasta que lo vivan, hasta que les rechacen un proyecto y no les den la cuenta, hasta que paguen de su bolsillo sus errores, el ejercicio me parece muy bueno, pero en mi experiencia de estudiante, solo se están creando copian minis de profesores que según son ellos (estudiantes) son lo máximo, y por otro lado el maestro que no exige que se conforma con que hagan 2 lineas derechas y no exige nada.... por mi parte no me quedo solo con lo que me enseñan procuro leer, investigar, practicar, si diera clases, quisiera mostrar trabajo real y no solo conceptos...

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Elodia Castellanos
Jun 2013

Me parece interesante lo que planteas pese a lo que te han comentado hay que saber leer entre líneas, tu interés es muy noble: que los alumnos reparen en la comunicación y en el diseño efectivo que serán cuestiones con las que se toparán y nadie los cobijará más que ellos mismos. Te comparto que en la universidad donde trabajo también lo hacemos pero en unas sesiones especiales que le sirven al alumno para titularse, entonces la presión es mayor, son con clientes reales y ellos son los que guían sus aprendizajes en el ensayo y el error. Felicidades por ser un maestro único fuera del montón.

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David Alejandro Ramirez Ortega
Jun 2013

Solo hay una manera de ser diseñador. Y esa es diseñando.

No se puede ENSEÑAR.

No se puede COMPRAR.

Un experto en diseño no es lo mismo que un diseñador.

Uno es un estudioso del diseño y el otro es el que lo practica.

Hay muchos académicos que NO diseñan, por lo tanto no son diseñadores... Y pretenden enseñar a diseñar.

Cosa que no se puede aprender.

Qué es lo que se califica entonces?

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Andres Correa
Jun 2013

Hay muy buenos docentes que manejan los contenidos teóricos, saben explicarlos y que los estudiantes los aprendan. Hay docentes brillantes, diseñadores «top model» del ambiente, que son necesarios como modelos del éxito que los estudiantes tanto anhelan. También hay docentes silenciosos fueras de las aulas, que en sus clases dan la vida porque los alumnos comprendan que el diseño no es una fórmula, ni una pauta de cotejo, que ser diseñador es manejar el criterio de diseñar, otorgada por la experiencia del ensayo y el error, los cuales van moldeando al futuro profesional.

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Emmanuel Acosta
Jun 2013

valga una paradoja del absolutismo del comentario «si un académico no diseña, no es diseñador», pues en obviedad es «ACADEMICO», pero en fin, cierto es que hay prodigios que nacen sabiendo diseñar, otros necesitamos de las aulas.

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Byron Dot
Jun 2013

En lo personal, creo que siempre existirá una brecha entre lo académico y el ejercicio de la profesión. Es inevitable. Lo que sí preocupa y hasta angustia es la poca sed de aprendizaje con la que llegan los estudiantes a las instancias superiores, hecho acentuado por la facilidad que tienen para acceder a soluciones prediseñadas desde internet. Creo que el mayor desafío para el docente, es el concientizar de que los estudiantes están en una instancia que es única en su vida y que es el momento de explorar, experimentar y preguntar. (sigue)

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Cátedra Fridman Dg
Jun 2013

Leo y observo que tu angustia no me hace sentir tan solo en el mundo de la enseñanza del diseño. Por eso me resulta muy lúcido el soporte de Mario, pero las soluciones paradas de Internet

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Byron Dot
Jun 2013

Es hasta dificil sentar bases en lo que hace a la metodología del diseño. Cuesta hacerlos entender que mientras más observen un problema, más posibilidades tienen de arribar a un resultado satisfactorio. Otro gran problema gran que hay entre los estudiantes, es el poco hábito de lectura que cargan. Los medios digitales han aportado a que los tiempos de lectura sean cortos y que la información que se consuma sea breve y generalmente de escasa importancia. Estamos cruzando una época en que se cruzan tecnologías, pero que no se ve que una cosa se sostiene por la existencia de la anterior.

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Mario Balcázar
Jun 2013

Creo que de alguna forma la raíz de buscar alternativas parte del tedio que experimentan algunos alumnos al estar ya en la recta final de la carrera, a que no se queden con la primera propuesta, sino que continuen experimentando, conscientizarlos de la dificultad en trabajos reales, donde la calificación debe ser siempre de 10 y motivarlos para que den ese empujón extra.

1
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4
Byron Dot
Jun 2013

Más allá de eso, está en primer plano la necesidad de hacer entender la responsabilidad como generadores de comunicaciones que los diseñadores tienen ante la sociedad. La pasión por el diseño no se puede enseñar, eso está fuera de discusión, pero el rol sí. Por eso creo fundamental que uno de los primeros pasos, es la concientización del rol del diseñador como integrante de un proceso comunicativo y sobre la calidad que esa comunicación debe alcanzar para funcionar en la sociedad en donde se sitúe.

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Carlos Franco
Jun 2013

Calificar diseño es complicado, al igual que evaluar Cirugia. Que son 80 puntos en la vida real, sera que el cliente sólo nos paga un 80% del precio. Mi apreciación al evaluar diseño, deberia ser Aplica o No aplica, que es lo que al final el cliente decide, partiendo de la necesidad del cliente. Comparto lo expuesto en este artículo, la idea de fomentar la realidad a los alumnos, exponerlos a situaciones reales. La evaluación es la asesoria y critica que les brindamos a nuestros estudiantes, que defiendan sus ideas y valores.

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Jesus Salazar
Jun 2013

A final de cuentas pasa como con la educación familiar: En la escuela les darás las bases (técnicas, conceptuales, éticas, etc.) para salir y abrirse paso en el mundo laboral, tal como nuestros padres hicieron con nosotros mientras vivimos bajo su techo. Esperar que un alumno salga de la universidad con todas las tablas de un profesional es tan ingenuo como esperar que un chavo de 15 años forme una familia exitosa y sólida. La vivencia y la experiencia son indispensables y el símil del maestro-cliente ha resultado, personalmente, en la mejor manera de visualizar y afianzar esos valores.

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Paco Calles
Jun 2013

La educación en nuestras instituciones tiene que preocuparse por desarrollar en sus estudiantes estrategias de autoaprendizaje y autoformación, que seguramente no serán perceptibles a corto plazo, sino en el contexto de la práctica profesional, años después de su estancia universitaria. No es lo mismo aprender a diseñar que diseñar. Tenemos muy poco tiempo para ello. Cuidado.

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Mario Balcázar
Jun 2013

Sin embargo, traen el lastre de toda su vida, que es trabajar por evaluaciones. El propósito es romper ese círculo e imponer responsabilidades que pueden controlar con miras a las prácticas profesionales, como en este ejercicio.

0
Retrato de Paco Calles
118
Paco Calles
Jun 2013

Evaluar es distinto a calificar. La evaluación es una certificación del aprendizaje, es una responsabilidad del docente hacerla.

Muchas dudas tengo sobre lo que expones: ¿cuál es el perfil de egreso de la institución? ¿en que nivel aparece la asignatura? ¿cuáles son las materias previas o posteriores a la misma? ¿cuál es el objetivo del curso? ¿cuáles son los contenidos?. Al conocer las respuestas sabríamos la pertinencia o no del ensayo.

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Mario Balcázar
Jun 2013

Paco, para el alumno, la evaluación se traduce en calificación. La idea es apartarlo de esa meta y enfocarla más a la consciencia de un crecimiento personal. Los datos que apuntas no los puse porque no lo consideré pertinente dada la naturaleza del trabajo, del cual el alumno tiene todos los conocimientos necesarios para poder elaborarlo y precisamente sobre ello trata el curso (Taller de diseño y producción editorial @ UVM). Actualmente empleo a más de 12 egresados de dicha escuela en mi despacho y precisamente el punto es cubrir esta parte práctica que no se encuentra bien desarrollada.

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Paco Calles
Jun 2013

Bien, es claro. El curso se define por las necesidades de tu empresa. Vaya.

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Mario Balcázar
Jun 2013

Más bien, las oportunidades que veo en el ejercicio profesional me ayudan a dar un cauce propositivo a este ejercicio, un valor agregado. Está por demás que el diseño y el aprendizaje van por delante; pero en mi caso en especial, los alumnos llegan sin una disciplina tan rigurosa y encuentro en la motivación una forma más productiva de lograrlo (en este caso particular). Te noto muy poco convencido y escéptico de este ejercicio, obvio no es para todos, ni para imponer un estilo. Cuando quieras lo podemos discutir ampliamente.

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Jesus Gaytan
Jun 2013

El salón de clases de diseño debe de simular la realidad del ejercicio... pero al final del día NO es la realidad laboral.

Los objetivos de un ejercicio académico son los que deben de establecer la evaluación de una materia, entre ellas, el producto final de un ejercicio es solo una de tantas variables con las que el docente de diseño cuenta para evaluar a sus alumnos.

No confundamos, en el aula es necesario evaluar tanto el proyecto como el proceso... y en algunas ocasiones tiene más peso el último.

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Mario Balcázar
Jun 2013

De acuerdo, el problema está cuando se venden las prácticas escolares como la realidad del mundo laboral. Este ejercicio es buscar la motivación por caminos alternos al de una evaluación.

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Maria Isabel Castro
Jun 2013

Mario, finalmente los docentes estamos ahí para evaluar la capacidad del alumno y el para llevar a cabo un ejercicio que demuestre sí su aprendizaje cumplió o no, con los objetivos planteados, eso conlleva a una calificacion, no hay de otra. Nuestra labor docente, consiste en elaborar en base a ciertas metodologías, las estrategias que le dejen claro al alumno, que en el diseño como en todas las disciplinas, existen protocolos, que se deben tomar en cuenta para el fracaso o el éxito en el campo profesional. Y ojo, la calificación, es algo que siempre le importará al alumno.

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Luz Alexandra Espino Gradilla
Sep 2015

Creo que la calificación es importante para que el esfuerzo sea reconocido, pero es más importante el mucho o poco conocimiento que se adquiere, que se quede guardado y aprendido, porque de nada sirve sacar un 10 0 100 y que a las semanas o meses no se rescate ningún conocimiento del proyecto.

Para mi es más importante aprender para que cuando salgas al mundo real tus herramientas y conocimientos puedan ser utilizados al máximo y no solo ser una persona con buenas notas y nada con que defenderse.

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