El Juicy Salif: ¿producto, arte o diseño?

El diseño de Philippe Starck, un ícono de la década de los 90, bajo la lupa.

Ariana Bekerman, autor AutorAriana Bekerman Seguidores: 20

Sebastián Vivarelli, editor EdiciónSebastián Vivarelli Seguidores: 334

Ilustración principal del artículo El Juicy Salif: ¿producto, arte o diseño?

El Juicy Salif comenzó como un producto/artefacto de cocina, destinado a ser consumido y valorado como tal. Un diseño cuyo concepto podemos cuestionar, ya que incluso Starck planteó su imposibilidad de vislumbrar la idea original, debido a un bloqueo creativo. Si el nacimiento de un objeto —como sostiene Bruno Munari en su libro— es el resultado de una sumatoria de pasos (donde la creatividad representa apenas un pequeño porcentaje), entonces el Juicy Salif no nació como producto, sino como resultado de un proceso creativo-artístico. Esta idea fue comprada por la empresa Alessi (resulta extraño afirmar que las ideas son compradas, como si se les pudiera poner precio, pero así sucedió), lo que agregó valor a este objeto, y una nueva identidad: la de producto de consumo masivo.

Boceto realizado por Stark en una servilleta de una pizzeria.
Boceto realizado por Starck en una servilleta de una pizzería.

Es decir que un objeto que nació como fruto de una idea artística, que podría haber seguido su rumbo natural y devenir obra de arte —según la identidad imaginada por su autor— dejó de ser. El autor «muere» al entregar su producto, y la idea muta en lo que la institución «dice que debe ser». Alessi, como empresa fabricante de artefactos de cocina, establece que el Juicy Salif sea un producto. Modifica así su significado inicial y le brinda uno nuevo. Pero no sólo hace esto, sino que lo transforma en algo masivo (todo aquel que quiera y disponga del dinero, puede adquirir la cantidad deseada). Esto le quita su condición individual de obra de arte, de pieza única de creación manual/artesanal.

Juguera Juicy Salif en su faceta utilitaria.
Juguera Juicy Salif en su faceta utilitaria.

Esta era postmoderna, permite a cada individuo otorgar una identidad y un valor particular (emocional, financiero, artístico, etc) al. objeto adquirido, pudiendo además utilizarlo de acuerdo al fin para que fue creado (como juguera en este caso), o como prefiera: pisapapeles, escultura, palo de golf, etc. Esto se asocia a la idea de «muerte del autor» —una vez que el creador finaliza su obra y pasa al siguiente portador, el significado original muere para ser reemplazado por otro (el que el comprador le de)—. La obra pasa a tener tantos significados como portadores.

A esto se suma el concepto postmoderno de la mezcla. Starck no realizó un producto en un taller, o una obra en un estudio, sino que concretó un boceto en una servilleta de restaurante. La creatividad brota en un lugar ajeno a los «supuestamente establecidos» para ello. Y la servilleta que hasta ese entonces tenía como función ser un trozo de papel destinado a la limpieza personal, se transforma en un lienzo donde el diseñador despliega sus dibujos —que luego darán lugar a la famosa juguera—. Por ende el artista que hace un boceto, se mezcla con el diseñador industrial que pre-figura un objeto, y con el empleado que intenta satisfacer una demanda de su superior.

El último concepto que nombraremos (se podrían encontrar otros), es el del gram, la huella de aquello que estaba y ya no, pero aun se percibe. Una especie de alusión metafórica. Starck observó un calamar, y su anatomía le sugirió la forma del diseño. Si prestamos atención podemos ver los «restos» de calamar. No en forma literal, claro, no vemos al molusco con sus tentáculos en el agua, ni tinta, ni su color. Pero para aquellos que comen calamar con limón, por ejemplo, al exprimir dicho cítrico en la juguera, recordarán a ese animal. Es la huella que Philippe ha dejado.

Todo esto es suficiente si nos referimos solo a dos aspectos, el producto de venta y el arte. Pero debemos agregarle uno nuevo: el diseño.

El Juicy Salif podría entrar en este concepto, ya que fue prefigurado en la mente de Starck a pedido de Alessi. Fue la respuesta a una pregunta, la solución a un planteo. Alessi pidió una bandeja, un objeto con la firma Starck, y este le brindó una juguera. Seguramente no era la respuesta que la empresa esperaba.

La elección de Starck por parte de Alessi no fue casual. El encargo podría haber sido realizado a cualquier diseñador industrial, que hubiera brindado un objeto de calidad material y eficacia de manufactura. Pero no, se lo pidió a un controversial artista/diseñador. Esto se debe a que las nuevas generaciones no solo exigen que los productos, objetos o diseños sean útiles, funcionales y efectivos, sino que además debem ser estéticos. La belleza que solo algo considerado (o cercano al) arte puede alcanzar.

Concepción alterna pseudo-humorística, como relajante muscular.
Concepción alterna pseudo-humorística, como relajante muscular.

El exprimidor Salif responde a una demanda de la época. La generación postmoderna ha colocado a la estética como valor primario en sus elecciones de compra. El público con alto poder adquisitivo solicita productos con valor agregado: el que otorga la marca, la identidad, el saber que al adquirir un Starck el sujeto se sentirá más feliz, más realizado, más famoso o más atractivo. Estas demandas y ofertas se retroalimentan entre empresas y público. Seguramente Alessi desarrolló campañas promocionando productos diseñados por Starck, posicionándolos como superiores a otros, ya que constituían diseño de autor. Este sentimiento de producto imaginario, ficticio, es el que la presión consumista ha logrado como influencia en nuestra sociedad.

Lo gracioso de este objeto es que ha devenido objeto de colección, existiendo versiones en distintos materiales, más allá del aluminio clásico. Las los hay en blanco y negro y bañados en oro. Versiones que recuerdan a Las bananas sintéticas del libro La flauta del afilador,1 que posibilitan diversos usos, llegando inclsuo a excluir el de exprimidor (ya que el ácido de los cítricos carcome el baño de oro). Estas versiones constituyen un guiño del autor para ser utilizadas como objetos de decoración o arte.

Como conclusión, podemos decir que la postmodernidad nos ha brindado un estado confuso que dificulta delimitar las acepciones de las cosas. Cada uno tiene el peso para decir qué valor le otorga a lo que forma parte de su vida y lo rodea, sea este un objeto o persona. En el caso del Juicy Salif, como representante y metáfora de la vida en general, es lo que es, según quien lo posea, y a su vez es un poquito de Starck. Todos podemos tener un pedacito de Starck en nuestra cocina.

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  1. Raúl Fortín, La flauta del afilador, libros del malabarista, ed. Colihue.
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Ilustración principal del artículo De la utopía al apocalipsis
De la utopía al apocalipsis El diseño se adapta a la nueva reconceptualización cultural. La sociedad tiene como expectativa de cambio un nuevo parámetro: el fin.

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Retrato de Federico Butler
0
Oct. 2013

La pregunta que corresponde es la siguiente: "Funciona? alguien alguna vez lo probó? le saca jugo a una naranja o no?, si lo hace, es un hermoso exprimidor de naranjas, si no funciona, si destroza la naranja y el jugo se va para cualquier lado y no cumple su cometido original, es una hermosa escultura/objeto de autor.

Todo lo demas, para mi, es "sanata" o palabrerio.

1
Retrato de Adn Montalvo Estrada
4
Oct. 2013

Funciona Federico. Tengo uno en casa y lo uso como escultura decorativa y como extractor de jugo de narajas, limas y limones grandes. Es un excelente diseño por donde se lo mire.

0
Retrato de Leandro Fernández
0
Oct. 2013

Cientos de veces escuchamos que el diseño es función, y la función de este exprimidor es la polémica, desde mi punto de vista es un éxito y la jugada no le podría haber salido mejor.

0
Retrato de Elías Manríquez Fernández
0
Oct. 2013

concuerdo contigo, hay que utilizarlo para poder emitir un verdadero juicio, pero según varios profesores que lo tienen, de exprimidor no sirve mucho ya que salpica jugo para todos lados así que lo tienen como "escultura" en la cocina

0
Responder
Retrato de Victor Garcia
189
Oct. 2013

Hay en el objeto una evidente dimensión lúdica que puede estimulat empatía en el observador/usuario. Si se declara una intención artística, ésta no anula necesariamente la función específica del artefacto. Tampoco el asignarle un valor comercial es indicio de mengua de valor artístico; de otrtro modo, no habría un «merecado del arte», donde se trafican bienes culturales como quien comercia con commodities y los «artistas qupimicamente puros» no se interesarían por mercar con sus obras. La funcionalidad lisa, llama y despojada también en cierta medida puede ser un feticgte cultural.

1
Retrato de Yves Zimmermann
654
Oct. 2013

estimulat: estimular

otrtro: otro

merecado: mercado

qupimicamente: quimicamente

mercar: ¿marcar?

feticgte: fetiche

USAR CORRECTOR AUTOMÁTICO, POR FAVOR

1
Retrato de Victor Garcia
189
Oct. 2013

Intentaré, gracias. Agradezco su preocupación y le ofrezco mis disculpas por importunarlo de ese modo. En tren de ofrecer consejos a personas cuya intimidad no conocemos, me permito sugerirle recíprocamente que, por favor, intente usted evitar el empleo de mayúsculas en estas comunicaciones, porque equivalen a gritar en una conversación.

A menos, claro está, que su última frase tenga ese sentido, en cuyo caso, otro sería el tenor de mi respuesta, naturalmente.

Lamento asimismo que la única oportunidad para intercambiar alguna idea, se malogre por un problema involuntario de sintaxis.

2
Responder
Retrato de Juan Carlos Rodolfo Coronel
9
Oct. 2013

Bueno en principio creo que tenemos que precisar, el producto no es arte, el producto no es más que producto y es el resultado de…, el diseño no es arte ni es el producto, es el proceso que conduce a que el producto sea lo que es.

Si dirigimos nuestras energías profesionales a una homologación y precisión de términos, es posible que dentro de un futuro encontremos la razón de ser del diseño, una teoría propia y definición.

Estoy de acuerdo con Fernando Casas, el diseño como proceso no debe llevar firmas o nombres, que se «juzgue» por su funcionalidad y necesidad.

Esa es mi opinión.

1
Retrato de Daniel Guajardo
1
Oct. 2013

Excelente! Gran aporte de luz sobre el tema, Juan Carlos.

0
Responder
Retrato de Freddy Oyuela
4
Oct. 2013

Es bonito, yo tengo uno =)

0
Retrato de Daniel Heredia
0
Oct. 2013

cuanto vale?

0
Responder
Retrato de Armando Agustín Busquets Carballo
52
Oct. 2013

muy bién Ariana...recuerdo a Otl Aicher cuando decía que "en esta nueva época hay que aguantarse algunas incomodidades"...todo por el fashion y la estética.

Yo me quedo con las jugueras tradicionales

0
Retrato de Alejandro Arrojo
74
Oct. 2013

"el útil inútil" lo tituló Aicher en un libro. Inolvidable el dibujo que hizo para demostrar que la tetera de Aldo Rossi era bastante incomoda de vaciar.

1
Responder
Retrato de Alejandro Sancho Royo
1
Alejandro Sancho Royo
Oct. 2013

Un artículo bien escrito, sencillo, fácil de entender y muy acertado. Mi enhorabuena a Ariana. Lo recomiendo a las personas a las que doy clases. La frase: "la postmodernidad nos ha brindado un estado confuso que dificulta delimitar las acepciones de las cosas" señala con precisión la "cara oculta" de la postmodernidad.

1
Retrato de Serge Herbiet
36
Oct. 2013

pufff...

0
Responder
Retrato de Carolina Rosas Ajno
0
Dic. 2018

Una pieza que es un verdadero clásico del diseño industrial moderno y que no deja indiferente. En lo referente a su funcionalidad. no deja de ser un mero exprimidor manual, pero también una pieza increíble en lo estetico, Philippe Starck dijo que en si la forma de esta pieza se baso en un calamar

0
Retrato de Carlos Francisco Villarpando
0
Dic. 2018

En mi opinión el Juicy Salif originalmente fue diseñado y salió a la venta como un alternativa a un exprimidor. El hecho de que tenga una función lo descarta como arte, aunque al principio su valor haya sido en su mayoría estético y el que casi nadie lo use para exprimir.

Muy buen articulo.

0
Retrato de Alejandro Añez
0
Nov. 2018

El diseñador y el artista crean, pero en lo que se diferencian es en que el artista es egoista, crea algo que lo satisface a el, mientras que el diseñador tiene que crear para satisfacer a los demas. El hecho de que le hayan pedido una bandeja y entrego una juguera demuestra en mi opinio mi punto.

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Retrato de Heidy Floria Villca Alarcón
0
Nov. 2018

En mi opinión el juicy salif es la clara imagen de la era posmoderna, es muy interesante el ver cómo surge esta idea, si bien sabemos que la etapa creativa nos lleva a una infinidad de bocetos que cada vez van mejorando y así componen una idea finalistas, pero aún es más interesante ver cómo cada usuario le da un valor o una función.

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