Diferenciación versus estandarización

El consumo de los objetos que diseñamos está atentando contra la vida en nuestro planeta.

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La lógica de Henry Ford al crear su cadena de producción automotriz que da el puntapié inicial a la industria y al mercado tal y como lo conocemos, era la de entregar a los consumidores un producto de calidad que democratizara el acceso a la tecnología dado su bajo precio. Esa fue, entre otras, su genialidad empresarial: aumentar las ventas optimizando y estandarizando la producción «en serie» para bajar costos, producir más unidades y así, vender sus productos a nivel masivo. Sin embargo, según diversas encuestas realizadas en la época, momentos en que la venta de sus famosos Ford T en E.E.U.U. había crecido de manera sin precedentes (en los años veinte había uno cada once habitantes), un gran porcentaje de los núcleos familiares que adquirían estos vehículos, gente de clase obrera, no contaban en sus casas con artículos de primera necesidad. De hecho un gran porcentaje vivía en casas muy modestas. Curiosamente este fenómeno tiende a repetirse hoy en día en algunos estratos sociales, donde los consumidores se endeudan para adquirir, por ejemplo, grandes televisores de última generación u otros aparatos estético-tecnológicos y carecen en cambio, de dinero para solventar sus necesidades más acuciantes.

Pero volvamos a Ford. Luego de algunos años la venta de sus automóviles comenzó a bajar dado que su competencia instauró la política de ofrecer —aunque a mayor precio— un modelo nuevo de automóvil cada dos años. Después de un tiempo, y obligado por la creciente competencia, Henry Ford decide incorporar esta política a su empresa y crea modelos de automóvil que, aún siendo exitosos, no llegan a igualar el fenómeno de sus iniciales Ford T.

Se preguntarán a estas alturas por qué repito esta, supongo, archiconocida historia para la mayoría de ustedes. Pues bien, si intentamos analizar la situación actual, nos percatamos de que nuestro entorno objetual funcional, casi en su totalidad, surge como consecuencia de procesos industriales. Y no sólo eso, estos procesos se han depurado y optimizado a tal grado que llegamos a tener varios tipos de objetos que cumplen una misma función pero cuyo diseño difiere en algunos aspectos, ya sea agregando componentes estéticos o incorporando nuevas funcionalidades. Es decir, la estandarización se mantiene a nivel de producción, pero a nivel del consumidor la oferta de productos se incrementa exponencialmente (a diferencia de la industria Fordiana criticada en su momento por su sesgo monopólico, al vender exitosamente y durante varios años un solo modelo de automóvil). Este es hoy por hoy el escenario de mercado que enfrenta el consumidor y en el que los diseñadores industriales nos insertamos: la libre competencia basada en la diversidad.

¿Qué sucede entonces cuando existe una cantidad de opciones desmedida para adquirir objetos que cumplen, muchas veces, las mismas funciones? Lo vemos en la industria tecnológica, en la industria de la moda, en la industria automotriz. En general donde quiera que pongamos nuestra mirada encontramos objetos que son análogos a otros en función y cuyas diferencias radican esencialmente en su estética (su carcaza) y —reconozcámoslo— raramente en sus prestaciones. Esto que pudiese parecer exactamente lo que hoy en día hace prosperar a la industria y sostener la economía (la diversificación de la oferta para aumentar la demanda), es justamente el origen del desequilibrio natural de nuestro ecosistema, nuestro sistema económico y aparentemente, nuestro sistema de valores. La cultura de lo desechable, mejor conocida dentro del ámbito del comercio como «obsolescencia programada».

La apuesta dice que la diversificación del diseño y la variedad de precios democratiza al mercado, ¿pero es esto realmente así? Se podría decir que lo es dentro de la lógica del mercado, pero ¿y a nivel de usuario? Muchas veces nos encontramos con que hemos adquirido productos pensando en su utilidad o calidad e invertimos nuestro dinero en objetos que pasado un corto tiempo se transforman en desecho. Los mensajes publicitarios asociados a productos visten a estos de funcionalidades que nos son en muchos casos innecesarias al corto plazo y también nos pasa como usuarios que tarde o temprano volvemos a utilizar objetos que dábamos por obsoletos, debido a que son más simples de usar. Esto sin considerar las razones de compra puramente estéticas o de seguimiento de tendencias (modas). Es necesario a mi juicio, hacer una revisión de estas situaciones y plantearse la siguiente pregunta: Â¿Cual es el rol de los diseñadores frente a la proliferación de objetos desechables en pos de la diferenciación basada en foráneos y cuestionables cánones estéticos y tecnológicos? Â¿Será que tal vez a estas alturas de la disciplina, habría que cuestionarse al momento de proyectar no sólo el valor del diseño sino también la validación de éste en el mercado saturado en el que navegamos, entendiendo validación como la justificación de su real necesidad con vectores que no necesariamente tengan relación con la auto-perpetuación del mercado y las necesidades individuales, sino con la real mejora de la calidad de vida de los usuarios a corto, mediano y largo plazo?

El tema aquí es que, en el fondo, gran parte de los consumidores tal como en la época del Ford T compra, más que por necesidad, sencillamente porque puede (endeudarse) sin cuestionar necesariamente los alcances de sus decisiones de compra. Considero que un mercado con conciencia social pasa por el Diseño en tanto este ofrezca soluciones que normalicen más, al contrario de lo que sucede hoy en día. En la lógica de Einstein, que siempre usaba el mismo traje (tenía varios de ellos) y se justificaba diciendo que no quería perder el tiempo pensando en qué ponerse. Es mucho más fácil la gestión de residuos si estos son predecibles. Se podrían generar grandes iniciativas de producción sustentable trabajando con esta lógica. Tal vez el desafío radica más que en conseguir, muchas veces vanamente, la diferenciación, en plantear justamente todo lo contrario: la estandarización. Puede sonar muy categórico e incluso ilusorio, pero más vale planteárselo ahora que tener que hacerlo por obligación el día de mañana, cuando nos estemos ahogando en la basura.

Es importante para cualquier profesional crítico de su área y consciente de sus alcances, el cuestionarse el origen de la diferenciación en los productos y no sencillamente aceptarla como parte del mercado. Los consumidores en general no manejan el concepto del «gusto», más que como una manifestación espontánea de asociaciones mentales que remiten a ideas preconcebidas y muchas veces gatilladas a través de los mecanismos de promoción. Esta instrumentalización de una cualidad de la naturaleza humana con fines comerciales es desde ya cuestionable.

La obsolescencia mueve al mercado. Hoy en día nuestra cultura está supeditada a la poco ética política de la obsolescencia programada. ¿Cuánto tiempo más podremos equilibrar la balanza sin que nos pase la cuenta?

Preguntas

Según Ud. «un mercado con conciencia social pasa por el Diseño», en tanto este ofrezca soluciones contrarias al despilfarro, el derroche, etc. ¿Opina que la conciencia de un solo actor social, el diseñador, puede modificar el actual sistema de consumo?

La conciencia es la que, como factor modificador, actúa como engrane en todos los ámbitos del desarrollo. En este sentido el diseñador debiese jugar un rol fundamental aportando y pensando el diseño no sólo desde dentro de las parcialidades del oficio (tecnológicas y estéticas), sino que también integrando dentro de su propia metodología la idea del objeto como sistema complejo. Esto implica una responsabilidad que nuevamente a través de la conciencia, explora y resuelve las variables cualitativas y cuantitativas que muchísimas veces no están integradas dentro de las metodologías para el diseño, en tanto tendemos a desligarnos de los objetos una vez desarrollados. Es claro que esta tarea no puede recaer íntegra sobre el diseñador, sin embargo la trazabilidad de los objetos sí es posible proyectarla desde el tablero sumando a ello la investigación en el diseño y cómo este impacta en sus múltiples frentes de influencia. Esto tiene que ver con sustentabilidad, racionalidad de los productos y procesos, conciencia social, responsabilidad con el medio y sobre todo con un sentido sutil del tiempo que vivimos, como una especie de alarma de caducidad de nuestra actual forma de vida.

El asumir este desafío actualmente es, más que un imperativo ético, un requisito sine qua non para que podamos hablar responsablemente de «buen diseño». Para ello esta cadena organizada de responsabilidades debe ser compartida tanto por diseñador como por mandante, pero también por distribuidores y empleadores, por las manufactureras y plantas de reciclado y finalmente por el usuario.

El desafío final que recae entonces sobre los diseñadores es que sus diseños proyecten en todas sus dimensiones su concepción racional (en el sentido de la sustentabilidad y racionalización de la energía que consumen) y al mismo tiempo faciliten los pasos de cada uno de los ciclos que su vida útil (e inútil) considere.

Si un diseñador industrial propone a su cliente o empleador un proyecto sustentable y se lo rechazan porque necesitan un producto con la obselescencia programada (porque si no no le cierra la ecuación económica), ¿qué actitud debe tomar el diseñador? ¿Debe renunciar a la tarea?

La obsolescencia programada es uno de los vicios del sistema impuesto por el mercado. Por un lado obliga al usuario a tener que asumir la responsabilidad de desechar los objetos cargándolos con una responsabilidad de la cual el productor y el resto de la cadena de desarrollo del producto en cuestión se desligan, en la mayoría de los casos totalmente. Por otro lado dificultan a los usuarios abrazar la tan necesaria cultura de la sustentabilidad ya que sistemáticamente impiden el uso de alternativas sustentables al invadir los mercados haciendo prácticamente imposible la competencia. Este dilema al que se ve enfrentado tarde o temprano el diseñador (diseñar para este sistema) es justamente la piedra angular de la crítica al diseño que surge desde realidades tan complejas como el calentamiento global y el daño al ecosistema en general. Sin embargo considero que el diseñador debe asumir una postura que no lo margine del concierto actual, ya que al hacerlo se resta de las posibles soluciones que podría aportar. En esto es crucial la investigación de nuevas alternativas, por ejemplo de materiales y procesos, que puedan paliar de alguna forma los estragos producidos por los productos que son sistemáticamente lanzados al mercado sin medir las consecuencias. La racionalización del diseño y la gestión de recursos son algunos de los ítems que pueden aportar a, si no eliminar el problema, por lo menos a atenuarlo. Todo esto mientras trabajamos para que el paradigma cambie.

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Marco Cabello
Nov 2011

Concuerdo tambien con Xavier. Se puede reducir el impacto de la obsolencia programada pero casi imposible de anular. En Chile son pocas las empresas dedicadas al reciclaje como también las que se procupan de sus residuos. Hace unos 6 meses atrás la «Bosch», contrato el servicio de RecyclaChile S.A para reciclar los productos desechados por sus consumidores instalando un «sello verde» en los productos. Esto reduce el impacto de la obsolencia programada generando un valor adicional para la empresa que obtiene ganancias y el ser bien vista ante los ojos de consumidores. Por ahí va el camino.

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Germán Hurtado
Mar 2010

De acuerdo con Xavier. El siguiente paso es hacer maquinas desambladoras cuando termine la vida útil de los objetos. Para esto hay que predecir el comportamiento de los materiales desde su salida de fabrica hasta que termine su utilidad, y calificarlos. De hecho lo que se hace en cada hogar, reciclar... no es que este mal, sino que no se les enseña que va pasar con lo que va a comprar cuando lo tire a la basura. Entonces la gente va a tener más nociones en lo que hace. Este es el otro punto, la educación. Separar ʼporqueʼ no sirve de mucho, hay que saber también ʼpara quéʼ.

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Xavier Jiménez
Mar 2010

Es imposible eliminar la obsolecencia programada porque habría que desmotar el sistema de mercado y capital o sea una revolución humana. De igual manera estandarizar el diseño sería como estandarizar el conocimiento trato de imaginarme una tv estandarizada que dure 10 años, muy dificil sobretodo ahora que la tecnología se revoluciona cada día. Sería más lógico pensar en incorporar obligatoriamente al diseño de los objetos la vida útil (reducir, reutilizar, reciclar) así cuando mi laptop ya esté obsoleta la empresa fabricante tendrá la obligacíón de recibirmela y convertira en materia prima nuevamente.

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Alejandro Merones
Mar 2010

A quien a quien hay que concientizar es al PRODUCTOR, o sea a la industria que es quien destruye el medio ambiente y genera más basura de la deseada y que aparte, en la mayoría de los casos se recicla un pequeño porcenteja.

Por otro lado sí se debe educar también al consumidor, que piense primero en el medio que vive, que legado ambiental desea para las generaciones que vengan y luego que opte por comprar aquello que desea.

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Gaspar Adrián Aguirre
Mar 2010

De acuerdo con lo expuesto. Pero considero que para que el cambio se efectúe es necesario el conscientizar al demandante y, más aún, regularizar las normas de producción.

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Alfredo Texis Michicol
Mar 2010

El caso seria que el diseñador debe de trabajar y cobrar para asi poder sobrevivir en la vida y aliemnatrra tener mas imagincacion. Ya que mucho clientes no ven eso o esa necesidad que tiene para el diseñador y el se enteinde que nefrentar y ponerse retos para salir a delante.

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Miguel Soliz
Mar 2010

El problema con esta estandarización es justamente que el diseñador se iría a contracorriente del sistema que le da dinero y sustento para su vida. Este problema no se puede solucionar tan sencillamente, sería necesario quitar a las personas la ideología de que todo vale con tal de conseguir dinero... Y honestamente cambiar ideologías en las personas es un trabajo mucho más complejo y difícil... pero no es imposible.

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Noel González
Mar 2010

Se olvida el rol organizador del estado, como jefe de casa, si no existen prioridades y vision, es muy probable que nuestras economias sigan siendo veletas para donde vaya el viento. Si no existe presion por parte de los gremios de diseño y leyes que apoyen politicas de consumo claras...no pasara nada. Si no se estimula el uso de productos sustentables o responsables, no se genera conciencia de nuevo consumo y asi es la cadena, faltan eslabones que somos los diseñadores en politica y gestion de la profesion.

Saludos

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Jenaro de Silva Peña
Mar 2010

Efectivamente, la «obsolescencia programada» da trabajo a diseñadores y ellos mismos se hacen diferenciar marcando tendencias, modas, estilos, etc. Es el cuento de nunca acabar y en este ciclo aparentemente absurdo se basa gran parte de la economía mundial: vender lo que el consumidor deberá reponer un poco más tarde. Esto no me parece una catástrofe, la catástrofe es no renovar los recursos que la industria necesitó para producir lo que vendió ayer y no ha estado renovando los recursos con los que va a producir la que va a vender mañana. Cuando reciclar es negocio, habrá equilibrio.

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Gabriel Mariaca
Mar 2010

El problema es enormemente más complejo que la simple conciencia sustentable. ¿Y la industria cultural? La revista Fast Company publicó en mayo de 2009 un ranking de las 100 personas más creativas en los negocios. El primer lugar fue para Jonathan Ive, diseñador de Apple. De 44 películas de productoras americanas nro 1 en taquilla del 2009 el 40% de ellas muestran productos Apple sin que a Steve Jobs le cueste un penique ¿Realmente necesito un iPhone? o ¿qué pasaría si se me pierde mi iTouch? La industria cultural impone estandares de consumo más eficazmente que el diseño ¿Qué hacer ante ello?

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Marcelo Vercillo
Mar 2010

Alejandro, entiendo que la implantación de un modelo de principios del siglo pasado no es lo que su artículo está proponiendo y coincido con algunas de sus opiniones. Creo que algunas de las objeciones que hablan en terminos de desempleo como consecuencia de una política de diseño sustentable, no tienen en cuenta por ejemplo áreas como la investigación y desarrollo. Así como también, como ha influído el consumismo líquido en el mercado laboral (póngamos por ejemplo a los sectores técnicos, services, etc.). En mi opnión, el diseño estratégico va un poco más allá que una gran paleta de colores.

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Ernesto Cortés
Mar 2010

La imagen la funcionalidad y la versatilidad de un producto, no son precisamente una cualidad inherente a la oferta de una empresa; además para subsistir, se producen series y series que sólo se diferencian por el número de producto, pero en esencia es el mismo resultado, con todo lo que esto implica. Miles de errores producidos en masa con diseños ventajosos que permiten una acelerada adquisición por parte del comprador y una in-escrupulosa producción de artículos o imágenes que terminan en manos del consumidor. Compramos lo que se diseña. Después de todo... bonito bonito, pero no me sirve.

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Julio Nieto
Mar 2010

Luchar directamente contra el sistema de consumo actual es inutil y por ahora tiene que ser estadarizable ya que ni la sociedad ni las empresas estan preparadas para admitir un cambio de esta magnitud.La incultura y el poder del dinero mandan y seguiran mandando,pero los diseñadores tenemos armas e imaginacion suficiente para poder hacer esto poco a poco y a largo plazo salvando travas sin que ninguno pierda el trabajo. Seamos legales y luchemos contra la ignorancia del poder capitalista, busquemos soluciones sostenibles a problemas reales,no a problemas creados para generar dinero en empresas

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Cesar Elias Krawczuk
Mar 2010

Esto va mas allá de las políticas del diseño, se debería proyectar para fundar una nueva cultura consumista, tratar de seducir al usuario con nuevas tendencias en tecnologías sustentables y aprender que se pueden proponer nuevos productos que surgan del reciclaje de basura, y que no por esto debe ser malo o de menor calidad! el concepto radica en la imposición que ponen las grandes marcas para convencer de que es necesario tal o cual objeto en nuestras vidas! deberíamos empezar por la comunicación!

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Dante Poggio
Mar 2010

Es un tema complejo para analizar y dar una respuesta exacta. En mi pais(argentina)....nosotros los diseñadores tenemos muy poco trabajo y mas en el interior...los empresarios nisiquiera conocen en rol del diseñador industrial....imaginate que pueden saber de diseño sustentable; tendriamos mas desempleo del que ya hay.

Como diseñadores creo que asumimos nuestra responsabilidad de los productos que generamos...ahora que hace un diseñador si se dedica al diseño sustentable en mi hermoso pais....que tema. Mas que corregirnos a nosotros mismos hay que ayudar a formar empresarios nuevos, para que entre todos podamos mejorar en todos los aspectos..

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Daniel Llach
Mar 2010

Literalmente diseñamos basura, nos cuesta asumirlo aun.

La buena noticia es que teoricamente el tema de la basura ya esta resuelto (http://impactopositivo.bligoo....).

La mala noticia es que esto dara pie a un gran desarrollo de LA INDUSTRIA VERDE DESECHABLE, la cual aumentara el consumo y devastación del tercermundo para abastecer a una INDUSTRIA QUE DIRA SER SUSTENTABLE !

EL PROBLEMA SE LLAMA CONSUMISMO NO BASURA y el rol del diseñador es evidenciar esta realidad directa o indirectamente en el desarrollo de su profesión.

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Diego Roldan
Mar 2010

Es fácil perderse entre estas dos interrogantes, en mi caso, opto por una cultura de prevención y cuidado del medio ambiente, sin embargo estamos luchando contra la «mercadotecnia» que se ha convertido en una bestia la cual no tiene un botón de apagado o de reinicio. Si como diseñadores queremos frenar el impacto negativo que nuestro trabajo tiene en el medio ambiente, tendriamos que dejar de la lado nuestro cómodo papel que sin duda jugamos como gestadores de productos. Aun así existe la necesidad -como seres consientes- de producir, crear, alimentarnos, etc... es un circulo vicioso, no creen

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Martin Nudel
Mar 2010

La cuestion radica en la toma de conciencia, no en cuestiones que lidien entre dos oposiciones...lo blanco y lo negro...estandarizacion o diversidad...creo qlos matices matices...creo que hay muchos «grises» donde habria que analizar cuando y por que es necesario implementar las cuestiones planteadas...en lo que si adhiero es en el hecho de la conciencia sobre el cuidado del planeta, que deberia estar de manera innata en el ser humano (hoy mas vigente que en otros tiempos) y que nosotros como diseñadores de productos, debemos doblegar dicha capacidad de razonar a cerca de ello...

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Vik Arrieta
Mar 2010

Transformar la realidad es parte esencial de lo que nos define como seres humanos. Un mundo estandarizado sería tristemente gris. Y esto no es porque el ʼmarketingʼ nos haya enseñado que ser ʼauténticosʼ es ser distinto al de al lado y eso es ʼcool. Creer que el ʼgustoʼ es una manifestación espontánea de asociaciones sobre ideas preconcebidas es, en primer lugar, asesinar lo más preciado que tenemos, que es la imaginación. Y en segundo lugar, es una idea muy pobre (pobre de posibilidades) para pensarnos como seres creativos.

Claramente, no me gustaría vivir en un mundo estandarizado.

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Miguel Uribe
Mar 2010

Joseph Pine menciona el problema lógico del costo de la personalización masiva: «la complejidad interna que puede surgir cuando la gran diversidad de producto sobrepasa la capacidad de la organización para manejarla eficientemente». Existen muchos límites para la personalización que van desde el deseo del cliente por tener el mismo producto que los demás usuarios, a la confusión que puede causar la cantidad de decisiones posibles, pues al aumentar las posibilidades de elección se crea un nuevo problema para el consumidor.

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Pablo Bertero
Mar 2010

Me parece que proponer una estandarización es cuestionar uno de los pilares principales de la sociedad de consumo. Es también, ignorar que el consumidor busca diferenciarse a través de la adquisición de sus productos, los cuales satisfacen una necesidad de órden psicológico, y no funcional. Es, en esencia, una idea socialista, utópica.

Sin embargo no niego la responsabilidad social de todos los integrantes del sistema, (la toma de conciencia de solo el diseñador no alcanza), de proponer soluciones, pero dentro de las normas del modelo actual. El desafio sería..«responsabilidad sustentable».

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Alberto Rodriguez
Mar 2010

Mi opinión desde hace un tiempo, es que nosotros los diseñadores,... la industria,... y los consumidores,... somos lo mismo. Que podemos hacer nosotros (diseñadores) para que esto sea más racional,... nada,.. quedarnos sin trabajo. Me resulta imposible pensar en una respuesta para la segunda pregunta,.. que no incluya las palabras, «desempleado», «en la calle», «no consigo más un puesto de trabajo»,... en la respuesta.

Pero,... sabiendo lo que somos, podemos intentar hacer el menor daño posible.

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Edgardo López
Mar 2010

Alejandro. Percibo una sobreargumentación con el fin de evadir la segunda pregunta de los editores.

¿Quién tiene la responsabilidad social, el diseño, el diseñador o simplemente la persona? Se puede ser buen diseñador y ser «buena» persona, sin embargo también los hay Malos diseñadores que son muy buenas personas.

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