¿«Twen»?... ¡Eso caca, nene!

Una revista de anticipación en una sociedad que atrasaba. Apuntes provisorios para una protohistoria —parcialmente épica, parcialmente infame— del diseño en la Argentina.

Victor Garcia Martínez
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En una época como la actual, en que hasta nuestros tiernos niñitos asisten impasibles a la generosa exhibición de abundantes pechugas —no precisamente maternales— y contundentes traseros femeninos de todo calibre —cuando no, desinhibidos pubis pronobis, al decir de Les Luthiers— en los programas de TV abierta de cualquier horario, cuesta comprender que hubo otras épocas no tan pretéritas en que esas visiones, estaban exclusivamente reservadas a un puñado de Santos Hombres Iluminados Custodios de la Moral Pública.

Hace de esto poco más de cuatro décadas —fines de los sesenta, principio de los setenta—, en esos tiempos, no existía ninguna carrera de estudio formal de diseño en Buenos Aires, como la entendemos ahora. Se enseñaba en cambio algo parecido y lejanamente emparentado, en algunas escuelas de artes y oficios de nivel secundario: dibujo publicitario, artes decorativas y una serie de variantes similares.

De esa precaria y modesta cantera y de las academias de Bellas Artes, se nutrían los departamentos de arte de las agencias de publicidad y los comitentes que requerían trabajos de diseño. Esos aleatoria protodiseñadores, si tenían inquietudes de superación profesional o habían «comprado» el ingenuo estereotipo promocionado por alguna escuela privada de dibujo, por el cuál, esa actividad le aseguraba el camino del éxito con el dinero y con las chicas, completaban su formación, comprándole a la señora Grünblatt —una institución en la materia, con su venta ambulante de libros en cuotas— una serie de publicaciones internacionales. Entre ellas, los anuarios «Modern Publicity», de Gran Bretaña; «Publicitá in Italia» y las revistas «Idea», de Japón; «Gebrauchsgraphic» —la actual «Novum», de Alemania— y una inspiradora y excitante revista mensual de vanguardia, editada en Munich: «Twen».

Bendita tú eres

De todas estas publicaciones, «Twen» era algo así como la Biblia, el alfa y el omega de la más vital, alocada y fascinante contemporaneidad. Curiosamente, no era una revista de diseño, sino una revista con excelente diseño. La estética de «Twen» representaba cabalmente la aspiración de una generación que empezaba a descubrir lo racional y lo sensorial, y a buscarle sus propias explicaciones. Pero su influencia no se ejercía solo en los jóvenes, sino que se trasfería de manera horizontal a otras generaciones de profesionales en Buenos Aires, que se apresuraban a consumir y poner en práctica, las últimas novedades gráficas que «Twen» demostraba posibles. Lo realmente asombroso es que lo único aprovechable de «Twen» para todo aquél que no fuera germano parlante —esto es: para el 99,9 % de los profesionales de Buenos Aires— era lo estético, pues estaba totalmente impresa en alemán, de modo que solo cabía sospechar de qué trataba el asunto con cada artículo o sección. Para todo contenido literal era el equivalente a un texto simulado, algo que en nuestra jerga de aquél entonces, se llamaba «ioio». ¿Qué había entonces en «Twen» capaz de romper la barrera idiomática y despertar esa gran corriente de empatía con gentes tan alejadas de la sensibilidad germana, social, cultural y formativamente?

Twen

¿Qué tiene «ésa» que yo no tenga?

En primer lugar, «Twen» tenía una gran calidad gráfica. El artífice de esa extraordinaria publicación fue Willy Fleckhaus1, su director de arte, que trazó los lineamientos estéticos y conceptuales para que la publicación deviniera en leyenda y estaba a la cabeza de cada número, bullente de ideas , ávido por interpretar al joven de 20 a 30 años de su tiempo —«twen» es una abreviación de «twenty»—, para anticiparse a la evolución de sus pensamientos, ideas e intereses; en suma, para marcar tendencias.

La tapa negra, hoy un recurso usual, fue una novedad de su tiempo. Cada número de «Twen» tenía un diseño interior diferente, con gran énfasis en una refinada y vibrante paleta tipográfica, que cambiaba en los titulares de cada artículo y de cada número. Su manejo tipográfico era exuberante y simplemente sublime para la época, anticipándose en más de 20 años al estilo que luego desarrollaría «Rolling Stone» en ese aspecto. Había un uso muy dinámico de la fotografía; close ups y fotos gigantes al corte de manera inusual y cautivante, era otro de sus méritos. Sin olvidar que afamados fotógrafos como Art Kane, Pete Turner, Will McBride, Irving Penn, Richard Avedon, Tomi Ungerer, Hans Hillmann y David Hamilton colaboraban con la publicación.

También se hacía un uso creativo —diría: deslumbrante— de la ilustración. Para esto, entre otros, en su staff figuraba un maestro genial como Heinz Edelmann. Si alguien ignora de quién se trata, daré una pista: Edelmann es el artista que ilustró la extraordinaria película de dibujos animados «Yellow Submarine», con música y participación —dibujada— de Los Beatles, quizá una de las más logradas películas del género de todos los tiempos. «Twen» rebosaba en suma de creatividad, talento, calidad profesional y presumiblemente —a juzgar por los datos biográficos, que así lo atestiguan expresamente— de riqueza literaria, aunque la gran mayoría, no estuviéramos en condiciones de apreciarlo, aunque nunca nos importó.

El pecado —no tan— original

Había otro aspecto poco disimulable de «Twen»: su frescura y desparpajo. Mostraba en su tapa y en varias páginas interiores, hermosas fotografías de señoritas ídem totalmente desnudas. Un «pequeño detalle» que una oscura caterva de bienintencionados custodios de la moral consideraba inaceptable. Y actuaban en consecuencia, esmerándose en tapar pudorosamente con cinta adhesiva negra o blanca —un detalle estético aún no debidamente apreciado por la historia del diseño— toda turbadora turgencia o parte pudenda impúdicamente exhibida urbi et orbi que caía bajo su atenta mirada ayuna —suponemos— de toda lascivia, antes de que la publicación fuera distribuida en la Argentina. No contento con esa pudibunda vandalización quirúrgica, el funcionario completaba la faena extrayendo —canibalizando sería el término técnico más apropiado— toda página interior de cada número que transgrediera u ofendiera a su sacrosanto pundonor de honestísimos caballeros —¿habrá habido asimismo honestísimas damas a cargo de tan justificada cruzada?—.

De este modo, cada número llegaba a cada profesional, convenientemente expurgado de afrentas visuales, para un mejor y más preclaro ejercicio de la profesión, es decir, con un número variable de páginas menos y la tapa prolijamente censurada. Menos mal que esos mismos cruzados ignoraban el idioma alemán tanto como nosotros, de otro modo, hubieran suprimido alguna que otra página que contuviera la palabra «Scheiße», que es la versión vulgar y popular con que se conoce la palabra «caca» del título, y que podía aparecer en algún artículo por esa honestidad del lenguaje que caracteriza a algunos intelectuales. Aunque, pensándolo bien, es más que probable que estos preclaros caballeros detectaran al punto ese epíteto escatológico y lo consideraran positivamente, habida cuenta que debe haber sido la materia orgánica que, en las afiebradas mentes de esos patéticos Savonarolas de opereta, suplantaría el destinado por la naturaleza a la materia gris. Sin embargo, había de vez en cuando alguno que otro número que, tal vez por azar, tal vez por olvido, tal vez por un capricho de la fortuna, no era marcado con la oprobiosa banda adhesiva. ¿Misterio del destino o venganza poética?

Twen

Como dije, eran otros tiempos y no había posibilidad de reclamo, la tenías así o no la tenías. Luego, así la teníamos e igual era deslumbrante y la seguíamos aprovechando, mes a mes, con alrededor de seis meses de retraso con la fecha de tapa. Nuestra vicaria defensa, era tomarlo a broma y jugar a ver quién era capaz de sustraer la ominosa banda restrictiva, apelando a paciencia, ingenio, solventes y cutters, con mayor o menor fortuna. Normalmente, se hacía pelota la tapa, los funcionarios sabandijas, naturalmente ineptos para casi todo, eran sumamente eficaces con la pegatina, «Il Bragettone» no lo habría hecho mejor, no había nada que hacerle. Así que en términos generales, no lo intentábamos muy a menudo.

Fin de Fiesta

El último número de «Twen» apareció en diciembre de 1970, después de más de diez años ininterrumpidos de gloriosa permanencia, el ciclo se había agotado; en su temerario y vertiginoso desafío, Icaro había llegado al sol. En ese viaje de ida, la pacata tijera del censor era un despreciable subproducto de esa enorme energía creadora liberada, y posiblemente, Fleckhaus y el equipo de «Twen» se habrían divertido mucho si se hubieran enterado de ese disparate latinoamericano en clave de censura «a la carte», ya que estaban acostumbrada a generar escándalo entre «las buenas gentes». En 1961 la revista fue acusada ante la Corte Suprema de Munich de atentar contra la moral y las buenas costumbres de la sociedad. ¿Les suena?

Entretanto, indiferente a esas vicisitudes de pacotilla y mucho más allá de esas mezquindades de la estupidez humana, Willy Fleckhaus ingresó por mérito propio el Olimpo de los Directores de Arte: el Hall of Fame del Art Directors Club de Nueva York.2 Bajo su dirección artística inteligente y visionaria, «Twen» influyó enormemente en el diseño editorial, gráfico y publicitario de su época, de una manera que quizá ningún medio pasado o futuro podrá superar. Esa influencia no se circunscribió exclusivamente al área local, sino —y a estar por las referencias históricas coincidentes— que se verificó ampliamente en el hemisferio Occidental. La mayoría de los abundantísimos recursos novedosos que «twen» desplegaba generosa y creativamente en sus páginas, se fueron convirtiendo con el tiempo en clásicos en todos los campos del diseño. Indudablemente, a eso se le puede llamar con justicia: marcar tendencia.

Twen

¿Qué fue de los Expedientes XXX de «Twen»?

En ocasiones divago que me gustaría saber si esa tarea de limpieza moral se habría realizado en alguna sórdida dependencia institucional. ¿Ministerio, quizás? ¿Monasterio, tal vez? ¿Quién estaría a cargo? ¿Con qué dotación de empleados contaría? ¿Qué criterios se usarían para seleccionar los mejores y más aptos esbirros para tarea tan delicada, específica y confidencial? Y lo más importante: ¿Cuál sería el destino final de la enorme cantidad de páginas mensualmente arrancadas de multitud de revistas, pletóricas de inquietantes y frescos distritos intimísimos y no aceptados para la exhibición pública, de esos núbiles y pecaminosos cuerpos?

Con cierta frecuencia, tengo la fantasía de que, alguno de los celosos y probos funcionarios que sometieron a «twen» al potro de tormentos, para su purificación eterna y la salvación de su alma, en algún momento quizá pudieron haber cedido a la tentación —absolutamente humana— de llevarse subrepticiamente parte de esa Babilonia, para disfrutarlo amorosamente arrobado en la soledad «onanírica»3. Siguiendo el razonamiento de esta peregrina eventualidad, tal vez esas páginas mancilladas de mis queridas «Twen», fueran halladas en polvorientos desvanes por asombrados herederos de tan preclaros ciudadanos. Si así fuera, cabe la posibilidad de que, alguno de esos afortunados poseedores de tan execrable botín —execrable por la tarea del censor, no por la revista—, sea algún colega que leyera estos apuntes. Es una posibilidad muy remota, ya lo sé, pero convengamos en que podría ser. Si así fuera, insto al desdichado a devolverme lo que es mío, sin más demora ni dilación. Llevo cuatro décadas aguardando. Cualquier semejanza con «Cinema Paradiso» no sería ninguna casualidad, sino un acto de Justicia Divina.

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  1. «Willy Fleckhaus was the art director’s art director». Artículo de Klaus Thomas Edelmann / «Eye» magazine
  2. Art Directors Club de New York / Hall of Fame / Willy Fleckhaus.
  3. Palabra irónica de mi cosecha. Un mix entre «onanista» —relativo al onanismo—, y «onírica» —relativo a los sueños.

This article does not express the opinion of the editors and managers of FOROALFA, who assume no responsibility for its authorship and nature. To republish, except as specifically indicated, please request permission to author. Given the gratuity of this site and the hyper textual condition of the Web, we will be grateful if you avoid reproducing this article on other websites. Published on 24/02/2012.

Victor Garcia

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Lucas López
Apr 2012

Para más detalles sobre Twen y este artículo de Víctor García, en el evento Facing Pages http://www.facingpages.org/ se presentará el diseñador Simon Esterson, de Eye, brindando una charla sobre revistas, entre ellas Twen. Este enlace de Eye http://blog.eyemagazine.com/?p=12002 aporta algunas tapas y dobles páginas más. Tuve suerte de ver una presentación de Esterson, y fue realmente muy interesante, aportando una mirada original sobre gran cantidad de revistas de los 60ʼ y 70ʼ.

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Victor Garcia
Apr 2012

Excelente data, Lucas. Muchas gracias.

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Rigoberto Ortega Reyes
Mar 2012

Genial manera de escribir.

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Rubén Fontana
Mar 2012

Querido Víctor, debo confesar que la revista era casi tan buena como tu artículo, aunque este desborda del ingenio aplicado al lenguaje, y aquellos textos, como bien citás, para nosotros solo eran forma. Felicidades, gracias.

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Victor Garcia
Mar 2012

¡Muchs gracias, Rubén! Compartir algo tan fortuito, cono las coordenadas espacio/tiempo, es apenas un dato histórico. Celebro y te agradezco tu afectuoso comentario, al coincidir y haber compartido la gratificante experiencia de «twen».

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Miguel Catopodis
Feb 2012

Ignoro el triste derrotero de las páginas censuradas de Twen. Me gustó el artículo y la justa apreciación del trabajo de Willy Fleckhaus como director de arte de la publicación.

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Eduardo Arnau
Feb 2012

Extraordinario tributo a una publicación emblemática de gran estímulo en nuestros comienzos profesionales. Gracias, Víctor!

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Marco Silva
Feb 2012

En una revisión superficial por la web encontré una galería de páginas interiores de la revista que compartiré con ustedes, se encuentra en: Enlace Saludos.

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Josué López
Feb 2012

¡Qué gran historia! Me encantó, un abrazo fraternal desde el México de las mentes pequeñas y las grandes censuras.

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Leandro Hernández
Feb 2012

Lindo debe ser recordar para los que la conocieron, pero para los que no, nos quedamos con las ganas de ver algo de esos interiores vanguardistas tan alagados. saludos

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Victor Garcia
Feb 2012

Posiblemente sea tan lindo como reclamar cómodamente sentados porque no nos dan la comida en la boca.

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Leandro Hernández
Feb 2012

Victor, va con respeto, me gustó mucho la nota y el perfil con que la encaró. Las portadas se ven muy cuidadas y con un estilo que perfectamente podría verse hoy en los kioscos. Simplemente eso, me quedé con ganas de ver algún diagramado interior. Saludos

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Victor Garcia
Feb 2012

Leonardo, «twen no reflejaba la vanguardia: «twen era la vanguardia. La mayor parte de sus recursos gráficos, con el tiempo, pasaron a formar parte del inconciente colectivo del diseño. Mi intención no fue hacer una análisis exhaustivo de sus contenidos formales, sino abrir una ventana para dejar testimonio de la importancia de «twen» como fenómeno cultural colectivo en todos los campos del diseño, en una época y un contexto irrepetibles. En ese sentido, «twen» es una metáfora de su zeitgeist.

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Ana Carolina Mil
Feb 2012

onanista :)

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Victor Garcia
Feb 2012

¿Me has estado espiando?

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Ana Carolina Mil
Feb 2012

ajjajaja, yo quise aludir a ése neologismo «onanírica» que me sonó tan divertido, y puse lo otro, je, y no pude borrarlo... adoré su artículo, y tmb me quedo con ganas de ver adonde me consigo una twen de colección...

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Alfredo Texis Michicol
Feb 2012

Pues no conoci el ejemplar de la revista Twen, pero se ve que tenia una calidad fotografica y un buen diseño, pero en realidad es un buen articulo que nos mensionas esperemos mas de ti y felicidades.

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Alvaro Díaz
Feb 2012

No conocí ejemplares nuevos de la revista Twen. En la agencia donde di mis primeros pasos en publicidad la compraban pero un día dejó de venderse aquí. Igual recuerdo la calidad del material, el diseño y la estupenda fotografía. Luego apareció Creative (creo que así se llamaba, en formato cuadrado) y más tarde Archive, que hasta hoy la espero con ansias.

Muy interesante artículo. Aunque nunca tuve un ejemplar nuevo en mis manos, todavía se ojeaban números viejos en aquellas épocas.

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Victor Garcia
Feb 2012

Estimado Alvaro, hay una diferencia sustancial entre Twen y las publicaciones que mencionas: Twen NO era una revista de diseño; era, en cambio, el mejor diseño en la praxis. Tampoco sería posible que tuvieras ejemplñares nuevos, Twen dejó de aparecer en diciembre de 1970. Ambas cosas están expresadas en el artículo.

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Alvaro Díaz
Feb 2012

Victor, lo entendí claramente. Difícilmente tuviera ejemplares nuevos si yo comencé en publicidad en 1979. Acá se consiguió, según recuerdo, hasta 1969. De esa fecha eran los últimos ejemplares que conocí. Pero eran a pesar de tener 10 años de antiguedad, todavía material de consulta. En general leo los artículos completos y si no puedo hacerlo no opino. Es simplemente un comentario a un material gráfico que recuerdo como excelente.

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Demian Cruz
Feb 2012

Es un gusto leer un artículo tan interesante y de buena narrativa. Felicidades. Aunque desconosco como la obtenía mi padre, tuve la maravillosa fortuna de apreciar algunos ejemplares, y no sé cómo me hubiera ido si mi padre se enterara que la agarraba a escondidas, pues yo era un púver todavía. Y estoy seguro que y otras revistas francesas e italianas influyeron mi interés por el diseño y la comuncación visual.

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Camilo Reyes Rodríguez
Feb 2012

Aún existe esa revista???

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Diego Eidos
Feb 2012

lea el articulo

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Sebastián Vivarelli
Feb 2012

Muy interesante, sobre todo por cómo habla del contexto histórico, cuando todavía gran parte del Diseño estaba en proceso de gestación, de descubrirse a si mismo como profesión. Una pena que no se hayan mostrado imágenes del interior de la revista. Slds.

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Claudia Serrot
Feb 2012

Muy hermoso el artículo. Cuando era chica a mi viejo le llegaba -por obra y gracia del Club Alemán en Córdoba- la Stern, una revista que tenía el poder de fascinarme. Yo la veía frenéticamente, pidiendo algunas explicaciones (mi padre no me iba a traducir todo, además como la Twen, en algunos casos era media subida de tono). Los colores de la impresión, el uso de algunos naranjas (que nunca ví en publicaciones de acá), la fotografía, todo me fascinaba.

Esa -y otras revistas alemanas que caían en casa- marcaron mi gusto y amor por el diseño para siempre.

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César Rubén Bosco
Feb 2012

Yo soy de esa época. Era fascinante la propuesta creativa de Twen.

Buen recuerdo.

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Jorge Ariel García
Feb 2012

Sinceras felicitaciones a Víctor García por su artículo sobre Twnen, una revista de culto para los diseñadores y fotógrafos de esos años.

Además de proporcionar información sobre creadores imprescindibles, contextualiza muy bien la década 60/70.

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Leonardo Barberan
Feb 2012

hubiera sido muy ilustrativo, ya que influyo en otras revistas, ver tambien algo del contenido interno, aunque mas fuera lo que el pudor deje ver :). Excelente relato y mas que nada excelente artículo de divulgación, realmente a veces estamos lejos de conocer estas cosas los jovenes diseñadores

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Victor Garcia
Feb 2012

Gracias Leonardo. Aunque no influyó sólo en las revistas, sino, y sustantivamente en el Universo Diseño. Respecto a tu inquietud por conocer páginas interiores, fue una decisión deliberada. La vida se nutre de certezas y de misterio. Las certezas no necesitan confirmaciones, queda para tu espíritu inquisitivo, satisfacer tus ansias por explorar los mundos perdidos.

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Juani Siwak
Feb 2012

Gracias, Víctor! achtungsupertetangenten! pro nobis, separado plz. Ja. sory. Me gustaría tener algo de ese material XD.

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Analía Antenucci
Feb 2012

Coincido con Gisela al 100% así que no tengo mucho más que decir además de mis felicitaciones por tan genial artículo!

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Alfonso García
Feb 2012

Muy bien escrito. La verdad que no podía dejar de pensar en la película con la última parte, suerte que la nombraste. Me encantaría ver las revistas, he leído sobre ellas en varios libros de historia de la tipografía y diseño editorial, pero no es lo mismo, como ver una MERZ la vez que estuvo en el MALBA la exhibición de dadaístas y surrealistas. Hitos del diseño.

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Oscar Pintor
Feb 2012

Te diste el gusto,¿eh? Sin caer en la nostalgia demostraste que 40 años no son nada y lo bueno permanece. Excelente el artículo. Un abrazo.

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Victor Garcia
Feb 2012

Gracias Oscar. ¿Se nota demasiado que es un amigo?

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Gisela Giardino
Feb 2012

Víctor, hacía tiempo que no me pasaba leer un artículo excelente, como una pieza narrativa, y por otro lado leer algo sobre lo que desconocía completamente. El caso de encontrarme con ambas cosas en tu publicación aquí, me despierta muchas sensaciones, todas positivas. Y un gran Gracias. Gracias por hacerme conocer algo que desconocía, por hacerme disfrutar de la lectura y por darme esperanzas de que en este Hoy, todavía hay mucho valor, mucha gente de valor compartiéndolo, en el mundo.

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Victor Garcia
Feb 2012

Gracias Gisela. Valoro tu entusiasmo y aprecio tu generosidad al compartirlo de ese modo.

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Cristian León
Feb 2012

Me ha gustado mucho el artículo, y me ha dejado con ganas de conocer en persona algún día esta publicación (algo realmente poco probable, pero bueno...). Me gustaría también señalar humildemente que no es «Sheisse», sino «Scheisse» o «Scheiße». Importante recalcarlo, siendo una palabra tan importante en el idioma germano.

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Victor Garcia
Feb 2012

¡Oooops! ¡Touché! Tienes tosa la razón, Cristian, acerca de la grafía de la maravillosa palabra «Scheisse», que por otra parte conozco muy bien –si te fijas, la «twen» de la primewra fila al centro, la exhibe en tapa–, pero al mejor cazador... Tal vez, algún alma caritativa de ForoAlfa lo advierta y lo corrija. Si no, el martes se los solicitaré (lunes es feriado en Argentina≠. Gracias por tu cooperración y por tu estimulante opinión.

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Juani Siwak
Feb 2012

tz, ni idea del doische, declinable, articulado, huesudo. Alemán en el pero sentido, decía Borges :P

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FOROALFA
Feb 2012

Ya está corregida la palabra «Scheiße».

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Victor Garcia
Feb 2012

Gracias, ForoAlfa. Aunque… podrían cuidar ese lenguaje, hay damas presentes. ;–)

La grafía «Scheisse» es igualmente correcta, pues el signo «ß» es una «s» fyerte y existe solo en minúsculas. Si tuviéramos que escribirla todo mayúsculas, sería «SCHEISSE». Ver tapa de «twen» de la primera fila al centro, título «Alles über Scheisse», o sea: «Todo acerca de la mier…», irónicamente compuesto en Bookman Medium, como si hablara de delikatessen.

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Juani Siwak
Feb 2012

mirá vos! Yo leo «scheisse» y me imagino a Hegel pronunciándola. Seguro que la dijo en algún momento.

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Cristian León
Feb 2012

Seguro que sí, Hegel y todo alemán la habrá dicho alguna vez. A mí me gusta con «ß» (etset), en minúsculas, porque adoro este caracter, además de ser exclusivo del alemán, si no me equivoco. Como ya lo has dicho, Victor, esta letra es una «s» fuerte, o doble «s», equivalente al sonido de la nuestra en español. En cambio, la «s» sola en alemán suena como la «z» en inglés, con cierto zumbido.

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Victor Garcia
Feb 2012

Independientemente de nuestros gustos personales, es conveniente considerarlo desde el punto de vista de la comunicación. El signo «ß», –que es muy bonito– es exclusivamente germano, sin duda, pero para los lectores de otras lenguas, su pronunciación representa un enigma y es natural confundirlo con una «B». Eso, dificulta innecesariamente la comprensión del fonema. El uso, dado su valor indistinto incluso en medios escritos íntegramente en alemán, como el «twen», debe estar subordinado al contexto. En caso de un texto de divulgación reproducido en nuestro idioma, prefiero la «s» repetida.

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Juani Siwak
Feb 2012

yo tenía entendido que se trataba de un glifo con ligadura de las conzonantes «tz», e imaginé que se pronunciaría así.

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Victor Garcia
Feb 2012

No es «tz». Es una ligatura del gótico, puede ser tanto «ss» como «sz», e incluso una «s larga», que parece una «f» + «s» ó + «z». Su uso correcto es para especialistas en gramática alemana, que es bastante compleja.

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Mario Rodríguez
Feb 2012

Gracias Victor por fijar en palabras esa época inolvidable para muchos de nosotros. ¿La señora Grünblatt tendrá algún día el reconocimiento de su aporte a nuestra cultura profesional?

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Victor Garcia
Feb 2012

Gracias, Mario. La señora Grünblatt deberís ser nuestra Santa Patrona.

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Lucas López
Feb 2012

Un artículo de excelente calidad, no solo bien escrito, sino también original y bien documentado. Conocía vagamente a Twen, que tiene muchos de los elementos propios de esa década: erotismo, cierto aire de candidez y discurso libertino (además de las infames tiras negras de la censura, también para esa época). Sigo muchas revistas alemanas. En la actualidad, una revista que podría considerarse que sigue el legado de Twen es la revista berlinesa 032c Enlace, editada por Joerg Koch, y con fotografías frecuentes de Nick Knight y Juergen Teller.

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