Quiero un gato de fondo

Sobre solicitudes de diseño extravagantes, limitaciones del cliente o límites autoimpuestos.

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Atiendo el teléfono en mi estudio y una voz masculina con tono nervioso pregunta directamente por mí. —Si, él habla—, digo yo, como si tratarme en tercera persona lograse evadirme de una conversación que intuyo no llegará a buen puerto. —Ando necesitando una página web sencillita, con un gato de fondo. 

Tengo un claro problema cuando estas cosas me suceden, siéndome prácticamente imposible esgrimir una excusa, como que no realizo determinados trabajos o que tengo la muñeca luxada y no puedo usar el mouse.

—Ajá—, digo, y estúpidamente lo primero que me me viene en mente es: —Y... ¿qué tipo de gato?

—Sí. Te cuento un poquito... yo quiero hacer una página de esoterismo, presentándome y ofreciendo mis servicios—, y así me explica un poco. —¿Cuánto me sale?

—Muy bien—, digo, —Le comento... yo no paso presupuestos telefónicamente. Siempre me tomo un tiempo para evaluar las necesidades del cliente, la magnitud del trabajo...

—Si, pero más o menos ¿cuánto me podría salir?—. Tomo aire.

—No, mire, los presupuestos siempre los paso bien detallados por email.

—Pareciera que usted no quiere realizar el trabajo.

Espero unos segundos y respondo: —No sé que decirle.

Como era de esperarse el trabajo no se me encomendó y hasta, quizás desconociéndolo, haya sido víctima de algún gualicho, embrujo o mal de ojos, pero una sensación amarga me queda flotando y comienzo a googlear en busca de sitios de esoterismo e imágenes de gatos. Finalmente me llegan las preguntas: ¿y si era correcta la utilización del gato como símbolo? Sólo porque la intuición, el deseo o el capricho del cliente se anteponga ante la elaboración de un concepto, ¿es esto algo para desacreditar o rechazar un trabajo? Más aún siendo que éstas situaciones suceden a menudo. ¿No amerita acaso otorgarle a este tipo de solicitudes la misma atención que a aquellas que valoran nuestro trabajo y confían en que lo que se necesita saldrá de nuestro estudio y elaboración conceptual?

Creo que no hay respuestas inmediatas a todo esto, y dependerán del momento y la manera en que uno se encuentre plantado frente a su propio trabajo. Siempre está el camino de la discusión y persuasión, pero en innumerables casos la tozudez o el capricho de quien demanda el trabajo, hace que nuestros discursos se tornen fútiles ante miradas degradantes de nuestra profesión. Si esto sucede y cedemos en lo primordial pensando en que resignar no es más que optar por otro camino, considero que abrimos un rico abanico de posibilidades creativas, en donde en lugar de discutir, directamente podemos operar. Sin embargo, si malogradas, extravagantes o bien ridículas imposiciones de un cliente, o que en primera instancia intuimos como tales implican por otro lado coartar nuestra creatividad, no haremos más que trabajar en la superficie del problema, a disgusto y a sabiendas de que el trabajo se desarrollará en un camino que consideramos incorrecto a nivel comunicacional, realizando solo un planteo formal de las ideas del cliente. Quizá sea una buena opción aceptar estas limitaciones iniciales, pero sin permitirnos la búsqueda y el juego en el interior de las mismas o bien, rechazando este desafío, las trabas no terminan siendo del cliente, son solo límites autoimpuestos.

Bien, el gran tema es el «cómo» trabajo dentro de estos límites; de qué manera puedo jugar y hasta dónde se puede llegar. Me viene a la mente el juego de video «Arkanoid», en el cual utilizamos una barra para hacer rebotar una pequeña pelota contra las paredes en un espacio determinado y asfixiante con la finalidad de derribar bloques de ladrillos y superar niveles sin que la bola se nos escape por debajo. Así puedo encontrarme como diseñador intentando resolver lo propuesto. ¿Y si como jugador adopto una estrategia diferente? ¿Y si en lugar del lado del jugador me ubico del lado del programador del juego? ¿Qué se me ocurriría para agregarle variantes dentro de ese espacio y con esas reglas? ¿Qué rol vengo a ocupar? Puedo hacerme preguntas infinitas hasta dentro de un límite muy concreto, y las respuestas quizá generen nuevas ideas, que aún surgiendo dentro de ese marco encerrado, puedan reformular criterios y hasta trasvasar los limites desde el adentro.

Bueno, no hay manera, si el gato debe estar... ¿puede ser que mi primer pregunta al rechazado cliente no haya sido tan estúpida como pensé y sea la que debía haberme hecho a mi mismo?

—Quiero un gato de fondo

—Y ...¿que tipo de gato?
 

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Liliana Rodríguez
Jun 2013

la mala practica del diseño puede acarrear este tipo de situaciones, pues el cliente que no conoce los beneficios de un diseño funcional respaldado de una buena conceptualización va a buscar todo el tiempo lo más barato, y los seudodieñadores estarán presentes ofreciendo sus servicios aun menor costo, a ello estarán presentes este tipo de personas que creen tener la mejor solución visual gráfica para su empresa, en busca de la implementación de imágenes de internet, adaptadas a su empresa.

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0
Esmeralda Mendoza
Abr 2013

En cuanto a la labor que desempeña el diseñador, el encontrarse con las ideas de un cliente es generalmente complicado, ya que estos en muchas ocasiones tienden a aferrarse a sus propias ideas y gustos, sin dar pie a que el profesional realice de la forma más adecuada su trabajo, en estos casos es importante hacer un esfuerzo por llegar a un equilibrio entre lo que el cliente considera y la experiencia y conocimiento que uno como diseñador posee, para lograr un proyecto eficiente y convincente a la vista del cliente.

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3
Eva De La Torre
Ago 2012

Para mí habría sido un buen reto, «una página web sencilla con un gato» o como decía alguien en un comentario anterior «un logo de una casa de decoración con un elefante». Creo que el problema no fue que se te hiciera rara la petición sino que el cliente a fuerzas quería saber cuánto le iba salir, y es que la gente de pie no tiene idea de como cobra un diseñador, a fuerzas quiere encontrar una lista de precios (como en la imprenta) que diga: «logotipo bonito $X», «cartel chido $Z», «página web sencilla $Y», etc.

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0
Jose Carlos Romero
Jun 2012

creo que a veces es importante tomar en cuenta las ideas del cliente pero como profesionales debemos aterrisarlas para lograr un buen trabajo y además que el cliente quede satisfecho

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212
Gabriel Simón
Ene 2012

Fabrizio: «Ponerse en manos del diseñador» significa confiar en él, pero de ninguna manera significa que el diseñador haga lo que se le dá la gana sin tomar en cuenta a su cliente. Como tampoco lo hace el médico con su paciente. Por otro lado, aunque trabajes para un cliente, el diseño va dirigido hacia un grupo de personas y raras veces hacia una sola persona (así como los medicamentos están dirigidos). Aquí no se trata de que tanta ciencia «exacta» se aplique en el diseño, sino con qué precisión puedes englobar características comunes al grupo objetivo hacia el cuál va dirigido el mensaje.

0
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26
Fabrizio Sotelo
Ene 2012

Gracias por la aclaración, Gabriel Simón. Quizá he malinterpretado esta afirmación tuya «los clientes deben ponerse en manos del diseñador..». escrita en este post. Es interesante ver al diseñador como un investigador...concuerdo plenamente contigo en este punto, aunque no estoy seguro de si existirá un «medicamento genérico» para un grupo de usuarios, es decir, reafirmo el hecho de que no se trata de una ciencia exacta, y por ende tiene resultados disimiles. Sería interesante observar si puede existir un proceso de comunicación gráfica que funcione para un grupo y no para un individuo. abrazo

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Retrato de Gabriel Simón
212
Gabriel Simón
Ene 2012

Estimado Fabrizio:

Concuerdo contigo, cliente y diseñador deben ir de la mano, yo nunca dije lo contrario. Cuando atinadamente sacaste a colación la automedicación consideré que reforzaba la alegoría medicina-diseño. La profesión médica subsiste a pesar de la automedicación y la chamanería. Así también el diseño subsistirá a pesar de aquellos que «quieren un gato de fondo», anticipando así el resultado sin el diagnóstico previo. Ahora, me parece mejor considerar al diseñador como un investigador que trabaja buscando el «medicamento» genérico para un grupo de usuarios con la misma «dolencia».

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Retrato de Fabrizio Sotelo
26
Fabrizio Sotelo
Ene 2012

Estimado gabriel Simon, sigo sin concordar contigo. No creo que el diseñador tenga la capacidad de generar un excelente producto si el cliente lo deja todo en sus manos. Creo mas bien que la profesion genera resultados trascendentes cuando cliente y diseñador van de la mano, generando propuestas, discutiendo posibilidades, cada uno en su campo. Nadie mejor que el cliente para conocer su oficio, nadie mejor que el diseñador para traducirlo... Al trabajar con medicos (mi caso) necesito a un medico a mi lado que me apoya... ese intercambio genera conocimientos. Lo evidente no es evidente siempre.

1
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Retrato de Colors Montoya
0
Colors Montoya
Ene 2012

los diseñadores están a las ordenes del cliente sea su gusto o no, si quieren trabajar en el diseño tienen que acatarse a algunas ordenes de ellos, lo que el diseñador puede hacer es guiar, y resolver el problema de comunicación que se le pida sin perder la dignidad de un diseñador

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Retrato de Fernando Casas
22
Fernando Casas
Ene 2012

Que chistoso... nos quejamos de clientes que tienen pedidos extravagantes, pero es muy común que cuando a un diseñador se le pide que explique por qué escogió una forma, una tipografía, un color, las respuestas sean del tipo «se me ocurrió», «se ve padre (chido, guay, chévere, etc.)», «me ʼparecióʼ que iba bien», y otros razonamientos vagos.

Muchos diseñadores trabajan con base en ocurrencias y luego les extraña que los clientes tengan peticiones puntuales igualmente inexplicables.

1
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