¿“Investigar” o, simplemente, “estudiar”?

Equívocos y paradojas del uso coloquial de la palabra «investigación».

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La palabra “investigar” tiene una infinidad de usos: se investiga a un político, se investiga dónde se consigue el tóner más barato, se investigan las andanzas de un marido infiel, se investigan los nombres de las mujeres de Enrique VIII…Todo es susceptible de investigación. Sin ir más lejos, los usuarios intensivos de Google son todos “investigadores”. En cada contexto, la bendita palabra adquiere distintas significaciones, todas válidas, aunque seguramente cuentan, en cada caso, con un sinónimo más modesto: buscar, indagar, revisar, consultar, explorar, relevar…

En el ámbito académico, en cambio, la investigación pierde esa polisemia y adopta un significado preciso: es un trabajo técnico cuyo objetivo es producir nuevos conocimientos, previamente inexistentes. Una tarea a cargo de investigadores que han estudiado específicamente para ser tales; y han adquirido una formación epistemológica y metodológica en algún campo particular. Un investigador en Historia no está habilitado para investigar en Medicina ni en Tecnología. Los investigadores en Virología, por ejemplo, trabajan para detectar la vacuna contra el Covid-19; en cambio, para conocer las aplicaciones de la penicilina no se investiga, se estudia: se consulta el vademécum y la correspondiente bibliografía clínica.

La discusión en torno a la “investigación en diseño” no tiene salida si no se supera aquel uso meramente coloquial, abierto, metafórico, del término, accediendo a una acepción académicamente rigurosa.

Todos estamos de acuerdo (o deberíamos estarlo) en que todo diseñador debería dominar la bibliografía existente sobre el diseño, y empaparse de la obra histórica y actual de la disciplina a través de revistas, libros, catálogos y exposiciones; tarea que debería ser permanente a lo largo de toda su actividad profesional. Ahora bien, recopilar información y hacer  relevamientos o estudios de campo no es investigar; a menos que llamemos “investigación” a cualquier trabajo documental o formulación de hipótesis interpretativas.

Yendo más allá (y aunque hoy día sonará a delirio), el diseñador también debería adquirir nociones de sociología, psicología, semiología, teoría de la comunicación, economía e historia social. Al menos dominar sus categorías básicas. Y, además, desarrollar una formación, ya no tan básica, en historia del diseño, la arquitectura y el arte. Y para ello no tendrá que investigar sino, sencillamente “estudiar” parte de la enorme bibliografía disponible en esos campos. ¡Ojalá lo hiciera!

De todos modos, aunque lo hiciera, ello no bastaría para estar habilitado para realizar auténticas investigaciones en sociología, historia o, incluso en diseño. Lo que sí podrá hacer es algún estudio de campo para extraer algunas conclusiones teóricas.

Ahora pongamos los pies en la tierra. Resulta como mínimo paradójico que, con una formación teórica tan débil como la brindada por las carreras normales de diseño, los alumnos se salten todos aquellos estudios y pretendan “investigar”. ¿Con qué instrumentos lo harán? Antes de investigar hay que conocer lo que ya se sabe. Y, además, realizar estudios específicos de investigación; estudios que no caben en los planes de estudios de diseño, ni hacen falta para ser un excelente diseñador.

Por si ello fuera poco, los déficits en la curricula teórica de las carreras de diseño, predominantemente pragmáticas, se ven agravados por el hecho indiscutible de que un sector importante del estudiantado padece de una auténtica fobia a la lectura. Conseguir que esos estudiantes se formen teóricamente mediante el estudio concienzudo de la bibliografía es ya un milagro. Y pretender, además, que investiguen, una auténtica utopía.

Por otra parte, dejando de lado a los desinteresados por la lectura, ya el propio perfil psico-técnico del diseñador tipo excluye, como rasgo distintivo, la vocación de investigador en sentido estricto. Por lo cual, resulta ocioso y disfuncional agobiar a los estudiantes imponiéndoles una práctica para la cual no están capacitados, superflua y que, legítimamente, no se inscribe en el campo de sus intereses. Una práctica que, además, realizará defectuosamente, como mero simulacro o parodia de investigación, con el mero objetivo de sacarse de encima esa asignatura.

Ello no quita que se den casos, minoritarios, de estudiantes que durante el cursado de la carrera descubran su vocación por la investigación, lo que implica una estructura mental predominantemente analítica, radicalmente distinta a la del proyectista. A esos alumnos habría que apoyarlos, orientándolos hacia carreras, quizá de posgrado, especializadas en investigación, de existir dentro de las escuelas de diseño. O, preferiblemente, fuera de ellas; pues ¿cuántos profesores de sus cuerpos docentes podrían asumir, real y no aprentemente, esa responsabilidad?

Para ser aún más claro y concreto lo ilustraré con mi caso. Yo tengo una razonable formación teórica (no tan completa como desearía) y ella me ha permitido no sólo ejercer mi profesión de un modo serio y racionalmente respaldado sino también producir bibliografía sobre el diseño, la comunicación y la cultura. Ensayos, que no investigaciones; pues yo no he investigado nunca en mi vida. Carezco de esa vocación; mi componente ansioso me lo impide. Pero con el corpus teórico disponible, producto de verdaderos investigadores (afortunadamente, obsesivos) he tenido más que suficiente. Y sigo apoyándome en ellos para desarrollar mis propias hipótesis.

Yo estudié arquitectura en la Universidad de Buenos Aires; una carrera con un plan de estudios muy superior en contenidos a las carreras de diseño. Aún así, en ninguna de las asignaturas se me proponía que investigara. Para las investigaciones, la facultad contaba con un instituto de investigación, en el cual los docentes y alumnos con vocación para ello desarrollaban investigaciones serias sobre distintos campos relacionados con la arquitectura y el urbanismo, por lo general reforzados por economistas, sociólogos o tecnólogos. Y sus productos podían, en algunos casos, vertirse a través de las materias de la carrera como material de estudio, de grado o de posgrado.

El uso elástico, no riguroso, del concepto de investigación da prueba de que, paradójicamente, quienes lo aplican no han estudiado lo suficiente para dominar el tema. Muy probablemente sólo han estudiado diseño.

Para finalizar, las reflexiones anteriores abren un interrogante: ¿cuál será el origen de esta auténtica compulsión al uso de esta palabreja para referirse a cualquier estudio, en una carrera cuya capacitación es tan distante a la real práctica de la investigación, que es, en sentido estricto, propiedad de las ciencias?

Dar con la respuesta no es difícil: se trata de esa desviación ideológica denominada “academicismo”, verdadera “enfermedad laboral” de ciertos docentes. Sus ingredientes: la desvinculación con la práctica real de la profesión, la falta de modestia intelectual, el gusto por el “upgrading” del léxico, la veleidad de hablar “académicamente” y cierta aspiración a homologarse a las disciplinas científicas, con sus “tesis” y sus “doctorados”. Detrás de esa compulsión, apenas se oculta una imagen desvalorizada de la profesión tal como ésta es.

 

No más poner el punto final de este artículo, me llega un comentario de Mauricio Canales. ¡Por fin alguien llama a las cosas por su nombre y lo pone todo claro sin dejar un aspecto fuera! Tal como la crítica a la inscripción de las enseñanzas del diseño en las universidades (error típicamente latinoamericano), para que se contagien de un vicio ya perjudicial en éstas. Mauricio llama a la realidad y desecha toda vanidad “docta”. Reivindica lo específico de esta humilde y fascinante tarea de decidir la forma de las cosas humanas.

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Norberto Chaves

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Juan Carlos
Hace 8 semanas

Yo sólo sé estudiar y leer/ver las investigaciones de los demás. Por cierto, compis, si queréis empezar con el trading, os recomiendo mucho echarle un vistazo a este sitio roboforex opiniones https://tradersunion.com/es/br... para escoger el mejor bróker.

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Orestes D. Castro Pimienta
Hace 2 meses

El diseño requiere talento, dotes para la creatividad e innovación y para ello de libertad de pensamiento, sin ataduras, tabúes, prejuicios o convenciones, sin embargo, nada parece indicar que una sólida preparación teórica, limite la tan requerida libertad, por el contrario, la libertad de pensamiento, parte en última instancia, del conocimiento de la necesidad (Dialéctica libertad – necesidad), al decir de José Martí, «…ser cultos es el único modo de ser libres…» (Martí Pérez, 1962), de modo que contar con una sólida preparación teórica, y metodológica, redunda en un sistema de conocimientos más amplio y sólido, como soporte de un pensamiento más abarcador y flexible y por tanto más libre, para tomar decisiones, crear e innovar.

Para alcanzar estos conocimientos que no sólo reproduzcan la cultura, sino que potencie su enriquecimiento, es necesaria la investigación científica, que deslinde y precise los alcances en la frontera del conocimiento. No se trata sólo de diseñar objetos, espacios, maquinarias o mensajes visuales, según cánones ya conocidos, sino ir más allá en el camino del conocimiento del diseño, como actividad consustancialmente humana.

No todo diseño requiere de investigación científica, en disímiles situaciones, es el resultado de la intuición, la idea brillante y la sublimación creativa del diseñador, de su oficio y contexto sociocultural, sin embargo, precisamente, lo que va a diferenciar en última instancia, el diseño como oficio, del diseño como profesión, son las competencias del diseñador para investigar la realidad y encontrar las mejores soluciones, desde los fundamentos teóricos y metodológicos de su práctica.

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Victor Leyva
Hace 4 meses

¡Excelente!

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5
Pancho Martínez
Hace 5 meses

gracias por este artículo profesor, me parece que además de exponer con claridad un tema que afecta a las escuelas e industrias (y por consecuente a las sociedades) es una voz de apoyo al Diseño y al universo proyectista.

Los estudios universitarios de diseño, como comenta, al buscar homologración (acreditación) de las metodologías y formas positivistas, terminan practicando otra cosa, haciendo aún más difícil que las jóvenes personas con vocación puedan desarrollarse y desarrollar sus sociedades en cualquiera que sea el soporte de diseño que elijan, en su lugar, permanece y crece la desmotivadora prosa forzada y la fobia al lápiz.

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0
Ramiro Fernando Davila Sanchez
Hace 5 meses

Excelente artículo, creo que la raíz de la debilidad en toda disciplina es la falta de lectura y de entender, por ejemplo en el Diseño Gráfico Publicitario que, leer ayuda a generar las ideas gráficas de la imaginación para plasmarlas luego en el ordenador. Yo incluiría la Literatura también como método de investigación y materia en la carrera de un Diseñador de cualquier rama.

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Bardo Muñoz Mendoza
Hace 7 meses

Tarea titánica cuando se ejerce en una profesión en donde la mayoría de los colegas pretende ser lo que no es, y hace lo que no debe pues lo principal es quedar bien con el cliente.

Nos enfrentamos en un caso opuesto al de la mayoría de las disciplinas donde quedan pocos temas para investigar o estos son muy específicos. Los diseñadores tenemos un universo frente a nosotros, hay muchos temas para INVESTIGAR por que simplemente hay poca investigación o la existente, proviene de otras áreas de investigación.

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Sandra Rodriguez Pol
Hace 7 meses

Siempre dando aportes enriquecedores y abriendo panoramas!Gracias!

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Nicolás Téllez
Hace 8 meses

Excelente artículo para evidenciar a quienes la realidad de lo que hace el diseñador les parece poco, fácil o demasiado "terrenal" y "mundano", pero al mismo tiempo justamente no diseñan nada y están desconectados de la práctica.

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Laura Poblete
Hace 8 meses

Precioso texto que subraya la infulas académicas de quien todo lo sabe y como dicen por ahí, no saben nada.

La lectura, materia pendiente, ojalá logremos actualizarla y evolucionar.

Solo sé que no sé nada.

Gracias!

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0
Roberto Gutierrez
Hace 8 meses

Sin duda lo expuesto presenta una realidad que aqueja a los procesos formativos de los diseñadores gráficos. De esto, y bajo mi experiencia profesional como diseñador gráfico y docente de arte y fotografía a nivel bachillerato en México me pregunto que es los que se tiene que hacer con los jóvenes bachilleres que pretenden estudiar esta disciplina.

Es necesario incentivar al conocimiento de alguna parte de la bibliografía de la carrera, o compartirles el interés de ver el diseño gráfico como una profesión enfocada a la sociedad de consumo, las redes sociales y el ámbito digital.

Ante esta cambiante realidad del diseño gráfico me identifico plenamente con la visión de Norberto Chaves de dejar el academismo fuera del proceso formativo y considerarlo como una rama de especialización.

2
Retrato de Norberto Chaves
3742
Norberto Chaves
Hace 8 meses

A los estudiantes de bachillerato que demuestren interés por el diseño gráfico hay que explicarles en qué consiste ese oficio o profesión (nunca la "disciplina", pues esta palabra lleva a malentendidos academicistas). Dejarles bien claro que se trata de un servicio a las necesidades de comunicación gráfica de unos CLIENTES, y no a la necesidad de autoexpresión. La palabra "cliente" debe ser asumida desde el inicio, para conjurar toda fantasía de "artista autónomo".

En paralelo, hay que mostrarles la mejor obra del patrimonio gráfico internacional, cuidando de no limitarse a corrientes o estilos determinados (y mucho menos a las modas), sino exhibiendo la riqueza de lenguajes gráficos que debe dominar el diseñador para poder satisfacer la necesidad del cliente con máxima precisión.

Evitaría agobiarlos con bibliografía teórica. Sería preferible pasarles artículos explicativos muy diáfanos y objetivos, párrafos seleccionados de los maestros, o reportajes a grandes diseñadores (como el famoso de Charles Eames), eludiendo a los "divos" y estrellas, siempre tentados a la autoexaltación y a la mitificación de la "disciplina".

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