Oscar Ramirez Franco

¿Que se aprende en la Universidad?

Los recien egresados se quejan de que entran a la vida laboral apenas a aprender lo necesario para desempeñar sus funciones. ¿De qué sirven entonces los años de estudios?

Lo que se sabe

En mis años de experiencia profesional he aprendido que la diferencia entre un operario o un técnico y un «licenciado» (egresado de la universidad) no es el talento ni los conocimientos sobre un tema; no es la información (educación) con la que se cuenta, ni la cultura que se tiene.

El talento es innato a la persona: conocí operarios que dibujaban de manera natural mucho mejor que yo después de las «clases de dibujo» de la escuela. También conozco personas que han decorado su casa con un gusto exquisito y con ideas que a mí no se me hubieran ocurrido, aun cuando sean contadores o administradores. Mi padre diseñó un hospital y propuso un mobiliario para mejorar el flujo del personal y ayudar a mantener las áreas estériles... y no es arquitecto ni diseñador, es médico.

Tampoco es el conocimiento, porque cuando uno es recién graduado y empieza apenas en una empresa, los operarios y técnicos veteranos saben mucho más que uno sobre el tema... uno aprende de ellos. No es la información ni la educación, porque la información que uno adquiere es muy superficial, muy general, sabe uno muy poco de muchas cosas. Además, la información ahora está disponible para todo el mundo: en un momento, un operario puede obtener cualquier dato que necesite de muchas fuentes.

Un compañero de la Universidad trabajó en una empresa cartonera, ahí aprendió muchas cosas que yo nunca aprendí. En cambio, yo fui empleado de una fábrica vidriera y aprendí —más de los operarios que de mi jefe— muchos procesos que mi colega nunca conoció. Lo que se aprende en la vida profesional es mucho más que lo que se adquiere en la escuela.

En cuanto a la cultura, todos conocemos personas de escasos recursos cuyos padres no tuvieron mucha suerte y no evidencian una cultura refinada y sin embargo llegan a ser grandes empresarios o profesionistas. También abundan los estudiantes y licenciados cuya cultura deja mucho que desear... Entonces, ¿cuál es la diferencia?

En mi experiencia profesional la diferencia está en la manera de pensar. Y no me refiero solamente a tener opiniones o ideas propias, sino a los procesos de pensamiento; a la manera de razonar o racionalizar; a la capacidad de observación, de hacer un análisis crítico y de entender un problema; a la creatividad para enfrentar una situación (resolver un problema) desde distintas perspectivas.

También incluyo la apertura para recibir información, la disposición para aprender cosas nuevas y de aceptar nuevos puntos de vista. Así mismo, la capacidad de asombro que viene del conocimiento de que siempre hay una larga historia detrás de cada cosa; de saber o imaginar el desarrollo que hay en un teléfono celular, por ejemplo. De saber que si uno ignora algo, puede estudiarlo, entenderlo y mejorarlo.

En la universidad uno aprende a aprender. Así de simple y con eso, es más que suficiente.

Aprender a aprender

La teoría sobre la calidad que aprendí en la escuela era obsoleta para cuando me gradué y conocí una nueva teoría cuando entré a trabajar. Pero, ¿de nada  sirvió haber aprendido esa teoría que me dio el maestro? En mi trabajo, esa calidad la pude entender completamente porque en la escuela había aprendido cómo estudiar el tema; había aprendido a «hablar el idioma» y eso fue más importante que saber la definición del libro, que memoricé literalmente.

Yo no sabía nada de vidrio, pero pude aprender más porque sabía qué era exactamente lo que necesitaba saber del tema para desarrollar mi trabajo. Y pude obtener la información precisa de los operarios, de mis jefes y compañeros; como de otros libros y de la experiencia propia (no tenía internet en esa época), porque en la escuela había aprendido cómo obtener esa información; porque sabía cómo descartar datos inútiles y creencias falsas; porque durante la carrera había adquirido una manera de pensar diferente, una manera de procesar la información mucho más compleja y útil.

En la escuela aprendí a observar y sobre todo a saber qué y con qué perspectiva observar. También aprendí que no existe una sola forma de hacer las cosas, pero que generalmente existe un procedimiento más adecuado según el objetivo a lograr. Y supe valorar y calificar datos y variables para encontrar esa forma óptima de hacerlo.

Aprendí a usar las fórmulas, a encontrar valores y considerar variables u opciones y relacionarlas adecuadamente para encontrar las respuestas. No importa si ahora no recuerdo la fórmula para calcular la fuerza (Fuerza = masa por aceleración) lo que importa es cómo cambió mi mentalidad y cómo aprendí a usar esa fórmula. También entendí los procesos (biológicos, químicos y físicos según la clase) que luego me ayudaron a entender los industriales. Supe leer de verdad. Aprendí a disfrutar la lectura recreativa, a imaginar los objetos, a transportarme a otros lugares y épocas. También aproveché la lectura informativa para entender mejor las cosas, para involucrarme con lo que pasaba a mi alrededor.

Conocí nuevas culturas, sobre todo aquellas diferentes a la propia, porque ellas se desarrollaron con otras variables para entender su mundo y lo hicieron de manera incomparable. O dicho desde otra perspectiva, conocí un mundo diferente al suyo; y esto lo aprendí de la Historia, en la Literatura y hasta en la Biología.

En Filosofía comprendí que el ser humano siempre busca el bien mayor, pero que ese «bien mayor» significa algo diferente para cada quien, según se conozca del mundo. Con eso pude valorar la visión de un operario sobre su herramienta y su relación con ella.

Nuestra visión, por otra parte, abarca el proceso productivo general y después incorpora la misión de la empresa y su influencia sobre la comunidad. Por eso nuestra toma de decisiones es diferente. Eso no lo vi en una clase en particular, lo viví en toda la carrera universitaria. Lo aprendí porque pienso diferente. Supe cómo apreciar el conocimiento y tener entusiasmo al obtener un resultado. En suma: aprendí a aprender.

La diferencia

Ésa es la única diferencia, los universitarios estamos en el canal del entendimiento, en un aprendizaje constante y con una visión amplia, porque utilizamos cada vez más datos o los aplicamos correctamente, cada vez que es necesario. Toda experiencia es una fuente de aprendizaje, así sea ir al cine o dar una clase (en verdad aprendo mucho cada vez que preparo una clase y más aún cuando es un alumno quien la imparte).

Pero revise lo que he escrito arriba e imagine en cuántos ejemplos mencionados usted podría aplicar el «saber indagar», «saber preguntar», «saber buscar», «saber concluir» o cuando menos... entender que existen diversas formas de investigar y es necesario saber encontrarlas cuando nos hacen falta...

Esto es tener un pensamiento científico. Usar el cerebro metódicamente, para obtener un mejor provecho y aprender de todo lo que nos rodea. Si se hace esto de participar en las clases, si en la universidad se aprende a aprender... no se tendrá ningún problema para lograr lo que se quiera en el futuro.

Author
Oscar Ramirez Franco Monterrey
Edition
Fernando Rodríguez Álvarez Ciudad de México

Published on 07/01/2014

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