Pasión por el diseño

¿Quién no quiere sentir pasión por lo que le gusta, por aquello que ama?

Fernando Del Vecchio, autor Fernando Del Vecchio Seguidores: 814

Fernando Rodríguez Álvarez, editor EdiciónFernando Rodríguez Álvarez Seguidores: 218

Te gusta diseñar, estudiaste formalmente (o no) diseño, disfrutas plenamente de los momentos en los que desarrollas tu arte (como te gusta llamarlo). Sin embargo, esa sensación de «pasión por el diseño» nunca fue algo verdaderamente presente en tu sentir. Piensas que quizás esa pasión es algo que los demás sí sienten y a ti no te sucede. A ti te gusta mucho lo que haces, pero ¿pasión?, en el sentido de la emoción que debería recorrer todo tu ser cuando diseñas, eso… no te sucede.

Encuentro que las frases del tipo «pasión por el diseño» (o «pasión por emprender») intentan ser motivadoras, pero no lo son. En algún punto pueden convertirse en una limitación, si quien debe sentir esa pasión por lo que hace no la siente y siente otra cosa —culpa por ejemplo— o se obliga a decir que sí lo siente.

¿Qué es lo que sucede? Deberías sentir pasión por el diseño:

  • Pero cada vez que tratas de transmitir esa energía a cualquier proyecto, encuentras una barrera en el cliente;

  • Pero no sabes cómo canalizar esa energía porque necesitas que alguien encienda la mecha de esa pasión con un pedido. Y ese pedido no llega, ni sabes cómo hacer para que llegue. 

Porque así son las cosas. Lo has escuchado y leído tantas veces, que ya ni siquiera piensas si es algo que sabes íntimamente o que te han implantado. Y entonces, como cada vez que recibes un pedido para llevar adelante la pasión te encuentras con límites, barreras, impedimentos y negativas, evidentemente quien encarna esa barrera se convierte en tu enemigo natural: el cliente.

Es muy fácil pensar que el culpable de la falta de desarrollo de la pasión en ti es tu cliente. Es un sentir casi automático. Así como en una época de tu vida eran los padres quienes no permitían desarrollar las actividades que querías emprender —y por ello durante un tiempo, que quizás todavía no termine, los convertiste en tus «enemigos íntimos»—, hoy aquella figura que te limita es el cliente.

Así, construyes muchas ideas alrededor de los problemas que vas percibiendo e intentas resolver. De esa forma edificas una fortaleza. Cada ladrillo que conforma la fortaleza se convierte en un dogma. Necesitas certidumbre y cada idea se transforma en una certeza. Terminas de construir tu castillo y te mudas a vivir en él.

Habitas en tu zona de confort. No tienes forma de salir —y tampoco quieres—, porque cada situación experimentada, cada resultado obtenido, es filtrado y juzgado a través de esas creencias. Y como no puedes interpretar los resultados a través de otra mirada, las refuerzas. ¡Es tan cómodo, tan simple, vivir dentro de la zona de confort!

Pero necesitas explicar lo que sucede y surgen otras ideas que se convierten en dogmas nuevos. Algunos de ellos se plantean como funciones que el diseñador debe cumplir, como parte de una doctrina profesional. Por ejemplo: «educar a los clientes».

¿Educar a los clientes?

Tienes la intención de que acepten tus propuestas, para que te dejen trabajar tranquilo, porque tu eres el que sabe, eres el profesional en la materia, el que sabe de diseño, que es lo que finalmente el cliente quiere.

«Vendes diseño y el cliente compra diseño». Ese es tu dogma. Sin embargo, la evidencia apunta exactamente en la dirección contraria. Los clientes conocen su negocio y sus clientes. No saben de diseño y por eso hablan contigo, pero no necesitan que modifiques su pedido utilizando «creatividad». Necesitan que traduzcas su pedido verbal en un mensaje gráfico, orientado a su público. Su público, no el tuyo.

La diferencia radica en que, a veces, diseñas para un público —para quienes evalúan tu trabajo— que es tu propio gremio: tus colegas. Trabajas pensando en otros diseñadores, no en tu cliente. El proyecto del cliente se convierte en «tu proyecto» para «tu público». Sin embargo, quien paga por ese servicio es el cliente, no tus colegas. Ciertamente, parte de tu problema radica en no entender que el diseño es un servicio. Sientes la necesidad de no ser cuestionado. porque consideras que eso es una debilidad. 

Tu fortaleza como diseñador podría ser la versatilidad con la que trabajas para clientes diferentes, con públicos muy distintos, que construyen un vínculo de confianza con quien y para quien trabajas: el cliente.

En ese sentido, la supuesta «pasión por el diseño» se convierte en un ancla que debilita tu proyecto profesional en lugar de potenciarlo. ¿Quiénes y dónde se promueven ese tipo de mensajes motivadores como el de sentir «pasión por el diseño»? Lo sabes, porque participas de esos ámbitos y cuestionarlo es peligroso, por la presión de un supuesto gremio «apasionado».

No quieres ser señalado por tu falta de «pasión». Está muy bien. No hace falta que confrontes. Quizás debas prestar atención a quienes tienen más experiencia de trabajo, quienes saben de qué se trata la profesión, aunque sus mensajes «desapasionados» entren en contradicción con lo que habitualmente has escuchado y creído.

Quizás quienes promueven la pasión por el diseño no trabajan como diseñadores y no lo hacen de mala fe, pero tal vez no comprendan el alcance y las consecuencias de su mensaje. Es posible que tu cliente no sea el enemigo sino el medio para lograr sentir tu pasión por diseñar. Quizás debas encontrar la verdadera pasión utilizando al diseño como medio, no como un fin. Tal vez deberías cuestionar tus dogmas y salir de tu zona de confort.

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Ilustración principal del artículo Ayuda a tu cliente para que te elija
Título:
Ayuda a tu cliente para que te elija
Sinopsis:
Es difícil imaginar a un aficionado realizando un trabajo que exige calidad profesional. Es difícil imaginar un trabajo excelente entregado por alguien con capacidades limitadas.
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Retrato de Milena Costales Pinchevsky
1
May 2020

Este articulo en verdad me dejo muy sorprendida porque siento que habla de temas que tal vez nunca hables con tus colegas diseñadores, que tus profesores no lo mencionen o simplemente nunca lo habías llegado a pensar. Siento que la pasión por el diseño es indispensable en un diseñador porque la pasión es un motor a la creatividad con la que se lleva a cabo un trabajo. El cliente siento que no debería ser un enemigo sino un aliado siempre. El cliente pedirá cosas pero nosotros como diseñadores debemos escuchar y siempre poder reflexionar acerca de lo que el cliente quiere y dar el mejor producto y el que transmita el mensaje de la marca a la que estamos diseñando. Yo lo veo en vez de que el cliente es el padre que nos prohíbe la liberta, en realidad es el diseñador el padre que es sabio sabe de lo que habla y aconseja a su hijo en algún conflicto que tenga. Por lo tanto, no hay que sentirse mal ni oprimido cuando nuestro cliente nos pide algo o que corrijamos algo porque como dice el articulo ellos conocen a su cliente y quieren lo mejor, por este motivo, lo mejor que se puede hacer es intentar llegar a un consenso con el cliente ya que nosotros tenemos el conocimiento del diseño y ellos las de su marca. Gracias por el articulo!

0
Retrato de Arianna Correia
0
Dic 2019

Creo que este es uno de mis artículos favoritos en FOROALFA, resuena bastante con opiniones personales que he tenido a lo largo de mi carrera. Siempre he pensado que el sentir pasión por el diseño pone una presión innecesaria y concuerdo en que muchas veces el cliente es un impedimento para «volarse» y crear cosas cuyos resultados ames con pasión. Encontrar la verdadera pasión usando el diseño como medio y no como fin es -en mi opinión- una práctica enriquecedora, que puede ser practicada en encontrar diseño y o desarrollarlo en proyectos personales.

0
Retrato de Luis Andres L. Paredes
0
Dic 2019

Concuerdo con el articulo, todos al incio en el proceso de estudiar y formarse como diseñador, las ganas y el esfuerzo que ponías era grandes hasta que te topas con un cliente y sientes como todo tu conocimiento en lo que has aplicado para un trabajo se derrumba y por eso hay una delgada linea en saber que lo que haces no es un trabajo propio, es del cliente y aveces hay que aceptarlo y dirigir todo el enfoque hacia su pedido y sentirse que estas cumpliendo y pasando sus expectativas de lo requerido porque para eso estamos para resolver los problemas visuales.

0
Retrato de Miguel Delgado
2
Miguel Delgado
Nov 2018

Como diseñadores aplicamos nuestros conocimientos técnicos al pedido del cliente: Que el diseño sea adaptable a los diferentes soportes, económico de reproducir, etc. Pero también hay un lado subjetivo el cual va más allá del aspecto técnico, este debe ser atractivo para el público al que va dirigido.

Algunos diseñadores sienten que hacer un diseño para una marca de detergente o para una distribuidora de partes automovilísticas es algo poco inspirador. Quieren expresar su forma de pensar o filosofía. Hay tener mente abierta para entender las necesidades de tu cliente. No solo educar al cliente, también a uno mismo.

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Retrato de Michelle Rivadeneira
1
Nov 2018

Mientras leía este artículo, me recordaba cuantas veces me he cuestionado, que si se supone que soy yo el diseñador, el que sabe de la materia, y al cual acuden, ¿por qué me cuestionan? Está bien que me cuestionen quizás, pero que tanto? Quizás no soy tan buena como creí?

Ser diseñador lleva consigo una prepotencia al momento de diseñar, cuando uno entrega a su cliente una propuesta, y este pide cambios, sin embargo es importante recordar que ellos son los que financian el proyecto. El diseño es para ellos, no nuestro, de todas maneras este irá para nuestro portafolio y claro, uno siempre quiere tener un portafolio tan pulcro, tan estético, como si fuera este a ser presentado a otros diseñadores para ser admirado y volverse un ejemplo, cuando en verdad nuestro portafolio es para los clientes. Un punto bastante interesante para mi en este artículo, fue el que nosotros los diseñadores tomamos la petición del cliente y le agregamos creatividad cuando lo que debemos hacer es tomar ese mismo mensaje y comunicarlo visualmente, tomando en cuenta que el público es el que el cliente conoce, debemos empaparnos de ese conocimiento, conocer a ese público, para poder dar un mensaje efectivo. Somos comunicadores, nuestra habilidad y trabajo es comunicar en cualquier «idioma».

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