Notas incómodas sobre la enseñanza del diseño

La difusa conceptualización del diseño y la actividad docente permite que, en perjuicio del gremio del diseño, se retrase indefinidamente un examen exhaustivo de las propias deficiencias.

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Durante mucho tiempo al diseño gráfico se le ha considerado como un fin en sí mismo, resultado de un dominio formal e instrumental; y se olvida que, en tanto vehículo sígnico, es un medio que alude a otra cosa, ya sea por analogía o convencionalismo. Es decir, que la importancia del diseño gráfico radica en su facultad de referencialidad y no en sus cualidades formales. El diseño gráfico se encuentra inmerso en la producción de sentido; por lo tanto es una práctica significante, una acción referencial de síntesis extrema de los discursos comunicativos.

En amplias capas de la actividad diseñística, tal como señala Norberto Chaves en uno de sus textos (1997:97), el diseño gráfico suele ser asumido con poca claridad. Con frecuencia se consideran los “a priori” por sobre las condiciones objetivas del problema a resolver; es decir existe una tendencia a priorizar los objetos gráficos y de estos sus características formales. Este prejuicio visualista, como lo llama Chaves, es un fenómeno que se muestra de manera constante en conferencias, cursos, talleres, seminarios y congresos, donde los profesionales y estudiosos (?) del diseño concentran su exposición en descripciones formales y experiencias anecdóticas, apenas superando el discurso puramente formal.

El diseño gráfico no es un simple artificio estético, resultado de una operación técnica o de la inspiración divina del diseñador. Lejos de la esta visión romántica y poco profesional, el diseño gráfico se inscribe en el ámbito de la programación estratégica de la comunicación. “Por eso, identificar al diseño sólo con algunas de sus manifestaciones formales o confundirlo sin más con malabarismos estéticos —seguramente necesarios, pero en otro orden de cosas— es, pues, un prejuicio o una frivolidad. El diseño no es un valor superficial y aleatorio, sino una disciplina inserta en los procesos productivos y de intercambio” (Pibernat, 1986:1).

Por otro lado en nuestros planes de estudio, los llamados talleres de diseño, todavía siguen siendo en muchas ocasiones copias fieles de la actividad profesional. Seguimos atrapados en géneros obvios que poco sirven para preparar a alumnos para cambios constantes y para la producción de nuevas posibilidades de aplicación del diseño. De este modo, la educación del diseño gráfico, sigue dividida en especializaciones de dudosa relación con el trabajo que realizarán los futuros diseñadores dentro de diez años.

Los profesores

La difusa conceptualización de la actividad docente permite que algunas personas e instituciones retrasen indefinidamente un examen exhaustivo de las propias deficiencias, y de las funciones sustantivas del ser y el quehacer universitario.

Algunos de los docentes responsables de los talleres de diseño buscan en ésta actividad su propia expresión, en los logros de su estudiantes y los de su escuela; es su forma de seguir con su sistema de vida, es su propia opción, afirma Norman Potter (1999:30). El trabajo académico (?) de quién se desempeña cómo docente en las instituciones educativas es agradable, aparentemente fácil y bien visto socialmente. Además, es posible dar clases y después ir a trabajar —como si la labor docente fuera una especie de pasatiempo y no un trabajo.

Los profesores que son a la vez profesionales del diseño en reiteradas ocasiones pueden perder de vista los objetivos de la enseñanza: el aprendizaje. En su afán de evidenciar, mostrar y demostrar las capacidades y conocimientos que usan para diseñar, olvidan que sus estudiantes están aprendiendo, y pasan por alto una serie de pasos necesarios para diseñar. Por el otro lado, los profesores que dedican la mayor parte de su actividad profesional a la docencia, suelen sentirse infelices por no diseñar y olvidan que en su propia actividad se puede diseñar diseñadores.

Del salón de clase al misterioso santuario

Las clases de diseño se han convertido en verdaderos “confesionarios”; lugares sagrados dónde pasivamente los estudiantes (?) escuchan confidencialmente, una serie de invaluables tips —consejos y artificios, trucos y triquiñuelas, mañas y artimañas— que el profesor confiesa y dicta, con la buena intención de transmitirles el conocimiento a sus discípulos, para que a través de este artilugio los estudiantes puedan aprender, casi por contagio u ósmosis.

“Súbele”, “bájale”, “quítale” y “ponle” son algunas máximas de este modelo pedagógico a las que se suman “le falta más diseño”, “métele más diseño” y “juega más con el diseño”. De este modo, un estudiante preocupado e insatisfecho por su calificación, más que en la profundización de sus propias investigaciones y conclusiones, bailará al son de los profesores. La enseñanza del diseño en general, es una profesión que carece de reflexión sobre sí misma. Constituye un hacer carente de teoría, una práctica sin conocimientos: se enseña, pero no se sabe a ciencia cierta qué se enseña y mucho menos qué aprenden los demás.

La concursitis una nueva enfermedad

En reiteradas ocasiones se induce a los estudiantes a participar en concursos, cosa que “aparentemente” les permitiría poner en práctica lo “aparentemente” aprendido y medirse con sus congéneres. Los convocantes de estos concursos arguyen que, a partir de la participación, se contribuye al desarrollo ético y profesional de los estudiantes, ayudándolos a desarrollar y compartir sus cualidades y habilidades. Por su parte las instituciones que impulsan y participan en estos concursos recibirán un diploma y/o un reconocimiento en especie.

Concurso para el diseño de la cajita de pañuelos, para el timbre postal, para el cartel, para la identidad gráfica, de la etiqueta, para la foto o la ilustración. Concursos para todo y para todos. Sin embargo todavía a nadie se le ha ocurrido convocar a un concurso para el “aprender a diseñar”. Sólo basta que un empresario o una organización, pública o privada, convoque a un concurso; para que se desencadene una rara enfermedad, la concursitis: mal que afecta a cientos de jóvenes estudiantes y una decena de universidades, y que paraliza o modifica sus procesos de enseñanza-aprendizaje en aras de obtener los premios.

La búsqueda frenética por obtener el reconocimiento del gremio y satisfacer el ego mediante la autocomplacencia, se agrava cuando el concurso es convocado por “prestigiadas“ asociaciones de diseñadores profesionales que, con la intención de vincular la educación del diseño con la práctica profesional, abren sus categorías a los estudiantes. Lo que llama nuestra atención, es que los trabajos seleccionados, los que obtienen mención y por supuesto los ganadores, en su mayoría son realizados para la ocasión: trabajos que no tienen ningún objetivo pedagógico más que el de agradar a los jurados.

Es fácil encontrar dentro de estos proyectos escolares identidades gráficas que no identifican a nadie, tarjetas de presentación que no presentan a nadie, etiquetas y envases de productos que no existen, señales que no indican ningún sitio, ilustraciones que no ilustran nada, etc. La presencia y aspecto físico de los proyectos realizados por los estudiantes, no reflejan en ningún momento la complejidad de los conocimientos adquiridos, ni tampoco evidencian las habilidades y destrezas necesarias para diseñar. Por lo que estos concursos para estudiantes no dejan de ser simples “concursos de belleza”, tal como los llama Yves Zimmermann.

Una propuesta pedagógica

La educación en nuestras instituciones tiene que preocuparse por desarrollar en sus estudiantes estrategias de autoaprendizaje y autoformación, que seguramente no serán perceptibles a corto plazo, sino en el contexto de la práctica profesional, años después de su estancia universitaria. “Por el contrario, una educación que se concentra en los resultados a corto plazo podría dar lugar a una sensación engañosa de logros que fallaría a la hora de proporcionar una base adecuada para su posterior aplicación. Es un problema espinoso, porque bajo las condiciones de presión y necesidad de éxito en las que vivimos, los alumnos están deseosos de ponerse a prueba lo antes posible (ante ellos mismos, sus compañeros y profesores). Algo tan intangible como el desarrollo de la capacidad de comprensión, puede parecer un pobre sustituto ante los logros casi mensurables de una gran producción de proyectos de diseño, a pesar de lo engañosos o insustanciales que puedan ser” (Potter, 1999:32).

El proceso de enseñanza-aprendizaje debe promover las condiciones favorables para la experimentación, sin la coacción de concepciones recibidas, y ayudar a los estudiantes a construir su propio repertorio de competencias y habilidades. El énfasis de este modelo pedagógico se sitúa en el aprender haciendo y no en el enseñar haciendo. Se parte de la premisa de que no se puede enseñar al estudiante lo que necesita saber, pero sí puede guiársele. Ocasionalmente los docentes podemos enseñar, en sentido convencional, sin embargo nuestra principal actividad debe ser sembrar dudas razonables, plantear problemas, criticar, preguntar, demostrar y aconsejar. El estudiante tiene por su parte que ver y aprender por sí mismo, nadie puede y debe ver por él, y no puede verlo simplemente porque alguien se lo diga.

Los cambios vertiginosos en materia tecnológica demandan a los diseñadores una gran capacidad de adaptabilidad, y un estado constante de aprendizaje, el trabajo interdisciplinario ha sido un factor determinante para la evolución y desarrollo del diseño. Vivimos días en donde el acceso a una gran cantidad de información, la transmisión y discusión de la misma, han puesto en jaque la simple ejecución de fórmulas o recetas establecidas y poco cuestionadas por mucho tiempo.

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Referencias

  • Norberto Chaves (2001). "Enseñar a diseñar o aprender a comunicar" en El oficio de diseñar. Propuesta a la conciencia crítica de los que comienzan. Gustavo Gili, Barcelona.
  • Norberto Chaves (1997). "Arte aplicada o técnica de la comunicación: dos vertientes en la práctica del Diseño Gráfico" en Arfuch, Leonor, Chaves, Norberto y Ledesma, María.Diseño y comunicación, Teorías y enfoques críticos. Paidós, Buenos Aires.
  • Oriol Pibernat (1986). El Diseño en la Empresa. INFE, Madrid.
  • Norman Potter (1999). "Enseñanza del diseño: principios" en Qué es un diseñador: objetos. lugares. mensajes. Paidós, Barcelona.
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Rodrigo Alvarez de Mattos
Hace 8 meses

Gracias Paco Calles por compartir este artículo y además de transmitirlo coherentemente en tus cursos! Tu punto de vista, del cual estoy muy de acuerdo, me ayuda mucho en mi proyecto de investigación.

Fuerte abrazo!

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Paco Calles
Hace 8 meses

Gracias.

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Pau De Riba
Hace un año

Excelente artículo, y totalmente vigente a pesar de estar escrito años atrás.

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560
Joaquín Eduardo Sánchez Mercado
Oct 2017

Difiero, si el diseño se aprende haciendo diseño, entonces no tendría caso ir a la universidad. Bastaría con lo que se aprenda por sí mismo. Es una postura equivoca suponer que los maestros no pueden enseñar sino que el alumno aprenda por sí mismo. Eso está de moda hoy en día. El diseño gráfico si tiene principios, bases y hay mucho que el maestro puede transmitir al alumno. Una parte de ello es enseñar qué y cómo aplicar los principios, técnicas y ser una guía para el aprendizaje, la creatividad y la práctica profesional. Es fácil suponer que la enseñanza del diseño no sirva para nada y que sea el alumno el que aprenda por sí mismo. Esta es una idea "moderna" que no tiene real sustento. Si el maestro no sirve para nada, tampoco sirve la universidad. Si el alumno debe aprender por sí mismo, no le sirve de nada la universidad. El diseño tiene historia, tiene principios, técnicas, no se puede partir del hoy sin que importe el ayer. Hay cosas que no cambian por el ayer, el hoy o el mañana

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Nacho Ortiz
Oct 2017

Totalmente de acuerdo, Joaquín. Si la formación no sirviera, lo mismo daría titularse de una academia patito que de una universidad con reconocimiento internacional; y es muy evidente cuando llega un recién egresado de un plantel u otro. Obvio la escuela no te da todo, pero la formación es fundamental, ya que por lo menos te garantiza saber cómo y dónde buscar tus propias soluciones

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0
Juan Manuel Portilla Cardozo
Oct 2017

No considero que el autor haga un planteamiento de la academia como algo totalmente inútil, sino que mas bien lo plantea como algo mal enfocado, o tal vez desactualizado.

Sin duda la academia es indispensable para cualquier futuro profesional respetable; Son esenciales lo conocimientos prácticos básicos pero sobre todo teóricos para el ejercicio optimo de la profesión. Pero estoy totalmente de acuerdo en que la enseñanza que se imparte en las escuelas, desde la mas prestigiosa hasta la mas paupérrima esta obsoleta; debido al vertiginoso cambio que vive el diseño dia tras dia. Tal vez una visión demasiado romántica del diseño y muy enfocada hacia el arte y no hacia la practica real ha hecho que esta visión se convierte en un abismo que pude vivenciar en carne propia cuando entre al ámbito laboral en una agencia, y me di cuenta que la realidad te plantea un sin fin de desafíos para los que no estas ni cerca de estar preparado, a pesar de haber salido de la mejor universidad de mi país.

1
Retrato de Joaquín Eduardo Sánchez Mercado
560
Joaquín Eduardo Sánchez Mercado
Oct 2017

Los principios del diseño son y serán los mismos de hace doscientos años o de mucho más atrás, lo que cambia, lo moderno, no son más que variantes y ajustes al tipo de publicaciones, objetivos y plataformas. En los mismos cursos de tipografía del prestigiado Paco Calles podemos ver que la tipografía de hoy básicamente tiene los mismos principios que en siglos pasados, lo que cambia son las tecnologías y las aplicaciones. Por una parte cambia también el medio en que se publica, página web, plataforma digital, video, 3d, etc. Es difícil que la universidad pueda estar al día cuando todo cambia tan rápidamente, por lo que muchas empresas como facebook, ya dejaron de pedir título universitario porque éste no garantiza el conocimiento y habilidades de los cambios actuales. Lo que se enseña es lo básico sobre tipografía, imagen y mensaje. Hay que hacer notar que en casi cualquier trabajo se requiere, generalmente, experiencia de dos años, eso quiere decir que el título no da la experiencia.

0
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0
Chio Garcia
Oct 2017

Totalmente de acuerdo con tu participación. En lo personal, llevo a cabo el modelo educativo de aprender haciendo. Cuando uno da indicaciones de baja, sube, cambia o gira, uno está haciendo diseño...no enseñando diseño.

Y sí, tal pareciese que el alumno requiere de estímulo externo (premio ajeno),

al entrar a concursos. Como docentes debemos ser conscientes de la labor social que desempeñamos. A mi nadie me enseñó a enseñar, sin embargo creo que el poder compartir con mis alumnos lo que he aprendido a lo largo de más de 29 años, es lo que me ha obligado a aprender como formar diseñadores.

Gracias a personas como tú, cada día se adquieren nuevos conocimientos.

0
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27
Alejandro Valencia
Nov 2014

Me Uno plenamente a lo dicho, solo agregaría que la pieza que falta es la "teoría del diseño". Con la cual sera fácil alcanzar lo aquí desarrollado. Claro se puede avanzar en este sentido aun faltando la teoría o mientras esta se desarrolla.

0
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0
Ana Gabriela Vázquez Carpizo
Ago 2014

Como siempre argumentos brillantes. Incómodos sí...pero reales y que ponen a pensar.

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44
Ivan Abbadie
Jun 2014

no son incómodas, son reales, incluso vigentes, y como diseñadores tenemos la obligación en tomar acción al respecto, colaborar en el replanteamiento de la profesión.

quien no cuestiona su profesión no debería ejercerla, ya que entonces, la desconoce.

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6
Sara Fitta
Feb 2012

Estoy de acuerdo, donde mencionas que «La enseñanza del diseño en general, es una profesión que carece de reflexión sobre sí misma». En realidad hay muchos profesores que pierden el objetivo y el fin del que se esta tratando, eso de «bajale subele»..parece que estoy recordando alguno que otro profesor, y claro uno pierde el objetivo mismo del diseño y de la clase porque hay una guía que simplemente no es guía. Y peor aún casado con prejuicios no te permite crear con libertad. Pienso yo quien tiene la verdad absoluta, en verdad pienso que la inspiración, la reflexión y la esencia es primordial.

0
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Retrato de Cecilia Escobar
9
Cecilia Escobar
Dic 2011

Estoy de acuerdo con que la concursitis, los único beneficiados son las empresas, por que obtienen lo que ellos creen que quieren a un costo muy bajo, y tienen cientos de opciones entre donde escoger, más los alumnos se olviden del la parte funcional y comunicaional y se dedican a embellezer su trabajo, pues quisieran que sus proyectos se vean por encima de los demás, cuando muchas veces eso no es lo que la empresa requiere.

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7
Luis Alberto Lesmes Sáenz
Jun 2011

Me sobresalta este artículo con la lucidez de sus ideas. Sin duda alguna es muy incomodo para la mayoría de profesores de diseño identificarse en este diagnostico. En el diseño industrial las cosas no están mejor, los diseñadores no sabemos lo que somos y lo que hacemos, eso nos permite hacerlo como queremos y podemos. Es importante un pronta delimitación de los saberes y oficios en el ámbito del diseño con un profundo compromiso con los procesos metodológicos conscientes y controlados, que permitan una mejora sustancial en lo que hacemos y sabemos. Eso es algo que debe salir de los académicos

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