Ana Azuela

Diseño: entre la práctica y la teoría

La praxis y la teoría, dentro del ejercicio del Diseño, no son herramientas excluyentes. Al contrario, ambas conforman al profesional.

La complejidad de la sociedad moderna ha hecho que diversos pensadores tomen metáforas que les permiten acercarse a tan enredada construcción humana. Todo individuo que habita en una comunidad es parte de una máquina que funciona o no de una manera particular. Cada pieza tiene una importancia para el desempeño de esta, y cuando algo falla es necesario hacer ajustes que la haga seguir marchando. Esta visión puede resultar útil para el tema que se tratará a continuación.

El tema de práctica contra la teoría es uno de los debates que toda profesión tiene que afrontar. Comúnmente, se escucha decir a alumnos frases como «es pura teoría» en modo despectivo, manifestando la falta de interés que les genera una clase en particular. Whilhelm Dilthey expone en su introducción al tema de las ciencias del espiritu que:

«quien se halle provisto tan sólo de la técnica de su profesión se encontrará, por muy bien que la posea, en la situación de un trabajador que durante toda su vida se ocupa en un sólo punto de esa gran máquina, desconociendo las fuerzas que la ponen en movimiento y sin tener idea de las otras partes del ingenio y de su cooperación en el fin total, será un servicial instrumento de la sociedad pero no un órgano que la plasme conscientemente».1

Esta idea es central para comprender el por qué de un diseñador debe de estar preocupado por el estudio al igual que por el conocimiento de las herramientas técnicas de su disciplina. En este, como en otros campos de la actividad humana, se contemplan dos grupos de conjuntos de teorías: los primeros que versan sobre la producción formal de las piezas del diseño; por ejemplo: teoría del color, de la composición, Leyes Gestalt, etc. Y las segundas que hablan sobre la circulación social de la producción de un diseñador; como la semiótica, la estética, etc.

Otro punto que se debe mencionar dentro de este tema es que toda práctica está cargada de ideas. Como Acha apunta: «todo teorizar es también praxis (entendida esta como producción».2 Con esto en mente el diseñador debe de iniciar su trabajo, antes de tomar el lápiz, debe de tomar el texto. Y al igual que realiza bocetos de la forma, el color, etc., es necesario que realice bocetos conceptuales que le permitan acercarse al mensaje deseado.

Un aspecto más sobre la primacía de la práctica es su debilidad argumental. Ante cualquier persona u organización por la cual un diseñador sea contratado debe de tener la facultad de explicar sus decisiones en base a la intención de la pieza. Razones como «está de moda» deben ser desacreditadas desde el inicio. Además de esto, el no poder sustentar las medidas tomadas no sólo contribuye a la idea de que el diseño es «fácil», sino que afecta al gremio dado que lo desacredita como expertos calificados en la solución de problemas.

Por el otro lado, la teoría por sí sola no hace a un mejor diseñador. Posiblemente lo hará más culto, pero no necesariamente mejor. El diseñador debe valerse de ambas herramientas para su producción. Sin una de ellas caerá irremediablemente en el diseño incompleto. Es un hecho que el diseño está condenado a ser perfectible, pero esto no quiere decir que sea inacabado.

El principal argumento que se tiene en contra la teoría es que no se ve su impacto en la realidad inmediata. Sin embargo, el formular ideas acerca de cualquier tema es un imperativo para su posterior transformación. Como apunta Acha, para «transformar primero hay que conocer y luego teorizar». La aproximación que uno tiene sobre un hecho en particular es lo que permite primero su entendimiento y luego su evolución a una forma útil.

Para el diseñador no basta conocer Photoshop, Illustrator, Corel o cada técnica de ilustración manual inventada por el hombre. Es parte de la profesión el manejo del léxico teórico —como comenta Silverman—, ya que al mismo tiempo que demuestra el conocimiento técnico, legitima al diseñador como un profesional. Lo anterior no quiere decir sólo que al decir «tipografía» en lugar de «letra» ya se es un experto. Se trata más bien de emplear el conocimiento teórico para explicar realidades, poder transformarlas y renovarlas.

Author
Ana Azuela Torreón
  1. Dilthey, Wilhem. Introducción a las ciencias del espíritu. Fondo de cultura económica. México (p.11)
  2. Acha, Juan. Arte y Sociedad: Latinoamérica el sistema de producción. Fondo de cultura económica. 1979. México (p. 83)

Published on 10/12/2011

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