Diseño Ficción

Breve análisis sobre el diseño ilusorio y el creciente uso del artificio, más allá de los límites del mensaje. ¿Existe el riesgo de una «sobre estetización» del diseño?

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A nadie escapa que el perfeccionamiento progresivo de las herramientas en diseño ha ido multiplicando el efecto de nuestra labor, dando lugar a fenómenos —cosas extraordinarias y sorprendentes— en cada uno de sus pasos y resultados. Así, por ejemplo, hemos evolucionado en minuciosidad, en complejidad, en agilidad y sobre todo en vistosidad. Además de superar problemas que hasta hace relativamente poco tiempo suponían una criba natural para poder posicionarse como diseñador, los resultados son cada vez más lucidos.

El aumento de la relevancia del producto de diseño —de público reconocimiento—, tiene su instante decisivo con la expansión digital. Momento en el que no sólo se multiplica su difusión, sino también su localización. Ahora los diseñadores disponemos de un escaparate permanente y de alcance total, al tiempo que todos nos convertimos en competencia de todos, en un espacio indefinido, donde los clientes de otros —da igual donde habiten— también pueden ser los míos.

Un fenómeno que es producto de esta disipación del lugar y su consecuente aumento de la competencia, es la ficción en el diseño. Según algunas definiciones formales, se entiende ficción como el efecto de fingir, la cosa fingida o la invención. Usamos también ficción como adjetivo de una clase de obras en la literatura y el cine. Ficción proviene de «fingir», del latín fictio, -onis, sustantivo derivado de fictum, participio del verbo fingere, que significaba «amasar», además de «modelar», «representar» (en escena) o «inventar».

En diseño encontramos ficción en el espacio que abarca el discurso; esto es, en el mensaje y en su transmisión. Usamos formas inventadas y a menudo hablamos de cosas irreales.

Aristóteles en su «Poética» considera a las artes como imitación, la realidad es fingida para ser apreciada. Convendremos que el discurso del diseño utiliza lo inventado para hacer de la digestión del mensaje, una realidad apetecible. En este sentido, la imitación de la realidad que utilizamos en el discurso no es una duplicación sino que supone una recomposición y elevación, donde se apela, al mismo tiempo, a lo real (lo cercano, lo conocido) y a lo inventado (lo distante, lo desconocido). El interés del espectador/usuario se dirige en esta doble vía. Necesitamos ubicar lo que se nos dice —saber de qué se nos habla— y al mismo tiempo, sacarlo de ese espacio ya conocido, sabido, para acercarnos —movernos— a ello.

Pero no es esta ficción del discurso la única que encontramos en diseño, hay una ficción en los límites del mensaje sobre la cual me interesaría reflexionar. Un fenómeno que se propaga sin miramientos ni cuestionamientos por la profesión, que denomino «Diseño Ficción». El Diseño Ficción se sitúa fuera del mensaje, en los aledaños del discurso, en la parte del proceso que atañe a la emisión y a la recepción. El mensaje surge de una necesidad que alguien, comúnmente denominado cliente, tiene; a la que queremos dar solución a través del discurso emitido. Lo habitual es que esas necesidades sean reales; esto es, que partan de una demanda verdadera. Pero hay una reciente tendencia en aumento: la de inventarse al cliente, para dar lugar al objeto diseñado. Ante la falta de encargos reales, o por simple apetencia, a veces el diseñador opta por fabular y generar un proyecto basado en la irrealidad.

El Diseño Ficción aparece cuando el encargo es inventado, da única respuesta a la imaginación del diseñador y la preocupación subyacente no es tanto solucionar un problema como el lucimiento de su destreza. Generar un producto interesante visualmente, al que se aplican las reglas de juego en función del objetivo que se desea alcanzar y cuya máxima aspiración es atraer, llamar la atención.

Esta práctica favorece el desenvolvimiento del diseñador en el terreno del grafismo y permite disponer de material para mostrar y aumentar el portafolio. No sólo a aquellos que empiezan a abrirse camino, sino a estudios o profesionales de renombre que también con frecuencia sucumben a la tentación de esta ficción, sobre todo cuando escasean los clientes. En el Diseño Ficción es la distancia, lo inventado, lo que soporta a lo real y no al revés. La realidad es la excusa que necesita el artificio para existir.


No es ésta la única práctica creciente de fingimiento entre los diseñadores. Hay otra moda basada en la ilusión que se desentiende de la verdad para conseguir resultados fuera de lo real, consistente en maquillar y disfrazar el diseño. Se trata de multiplicar el impacto visual del mensaje utilizando técnicas de simulación o generando elementos y escenarios edulcorados.

Ya no basta diseñar, hay que mostrar lo diseñado. El cartel, la portada, la revista, la identidad visual diseñada ha de superar su espacio de aplicación natural, su contexto original, para habitar otros espacios donde se libran batallas por la atención. Resulta casi obligado —por las circunstancias— aportar un valor más allá del propio, del intrínseco, a los trabajos de diseño. Es el diseño del diseño.

Ahora que el escaparate es el mundo, como comentaba al principio, y la competencia se multiplica, nos vemos forzados a realizar un producto espectacular que invite a detenerse en él y por tanto en el diseñador. Para ello se recurre al atrezo,1 a colocar la pieza diseñada en escenarios imposibles, prefabricados y utópicos, donde no existe el polvo ni el pliegue fortuito, o a inventar soportes en los que el diseño luzca mejor. La técnica permite crear situaciones ideales que luego no se ajustan a lo que el usuario se encontrará. Es como la foto de la hamburguesa que nada tiene que ver con la que consumimos. Hasta el mínimo detalle está colocado a conciencia, todo está supeditado a la forma y no importa cuanto nos ajustemos a la realidad.

No es raro ver presentaciones de logotipos para marcas personales o de empresas pequeñas con imágenes de sobres, carpetas, hojas, varios tipos de tarjeta, sellos de caucho, bolsas, lápices, camisetas, etc., cuando es muy probable que ese material jamás se utilice. Este tipo de diseño ficción parece olvidar la administración de los recursos y que el buen diseño ha de cuidar la economía y el impacto ambiental, cuestiones inseparables de la realidad en la que nos movemos. La candidez del «todo vale» es un exponente de la ficción.

Conclusión

Estas dos prácticas de Diseño Ficción son recurrentes y progresivas, siendo por ello preceptiva una reflexión sobre el tema. Cabe preguntarse por la conveniencia de los proyectos ficticios como recursos de promoción o aprendizaje. Al obedecer únicamente a pautas auto-impuestas el diseñador decide qué es un problema y qué no, funcionando todo a medida, con una lógica particular.

¿Favorece este hábito al desarrollo del diseño como disciplina y a su percepción como tal? ¿Desvirtúan los encargos inventados el sentido del diseño de dar respuesta a problemas, o es un recurso útil y necesario para incrementar la destreza o perfeccionar la práctica?

Siendo conscientes de que la competencia obliga a mejorar nuestro desempeño, a realizar un esfuerzo por ofrecer productos atractivos —en fondo y forma—, y que en ese intento podemos asumir el uso de la ficción para la captación del interés, ¿estamos aplicando esa ficción en el lugar debido? ¿Supeditamos el artificio a lo real, o al revés? ¿Existe el riesgo de una «sobre estetización» del diseño a partir de esta práctica, convirtiendo el diseño en simulacro, como diría Baudrillard? ¿Cabe la posibilidad de prescindir de la ficción y aproximarnos a lo real lo más que podamos, evitando esta clase de subterfugios?

Editor: Sergio Carlos Spinelli José León Suárez

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  1. Atrezo: (voz it.) m. Conjunto de elementos necesarios para una puesta de escena teatral o para el decorado de una escena televisiva o cinematográfica.
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Romualdo Faura

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Néstor Damián Ortega
Hace 9 meses

Excelente articulo.

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Iliana Rodríguez
Jul 2015

Creo que habría que tener cuidado con el uso del término "Diseño Ficción", ya que existen en la actualidad trabajos entorno a dicho término que no tienen nada que ver con lo que aquí se presenta. El " Diseño Ficción" es un término acuñado en 2008 por Julian Bleecker, investigador para Nokia. Alude al uso de elementos narrativos para vislumbrar y explicar posibles futuros para el diseño.

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Akra Saiko
Nov 2013

Estaría bien que citaras algunos ejemplos de esa "ficción" por principio de cuentas, segundo eso es un problema de ética que no solo pasa en el diseño es muy similar a las enfermedades que venden hoy los doctores con tal de vender sus medicinas, tercero el "diseñador" que practica esto no es un diseñador pues lo primero que aprende es a ver y resolver problemas, cuarto no va allegar muy lejos pues el cliente acaba por darse cuenta de sus teatros y quinto, en efecto la competencia es una realidad pero no creo que eso sea motivo para caer en estas faltas y por tanto no debe ser preocupante.

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Stephannie Braghiroli
Nov 2013

Yo veo ejemplos de diseño ficción mayormente en toda la publicidad de comida rápida: hamburguesas, pizza, tacos, etc. No me dejarás mentir que todos, absolutamente todos, muestran en su publicidad productos sumamente grandes, jugosos, apetecibles, etc, cuando en la vida real, ordenas algo de eso y es pequeño, no tan apetecible, no tan jugoso como se muestra en la publicidad. Siento que el diseñador detrás de ese tipo de publicidad, a veces, no lo hace porque quiera hacerlo así, sino que el cliente lo exige así, y si el diseñador no lo hace, el cliente busca otro diseñador lo haga. Competencia.

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Thekorner Ex
Oct 2013

Buenísimo articulo, trata un tema de fondo que pocas veces es parte de la enseñanza en las escuelas de diseño gráfico y creo, en mi opinión, que ahí comienza el problema, en las escuelas se nos enseña el "Diseño Ficción", como estudiante me doy cuenta de que no todos tenemos el mismo sistema de trabajo, hay quienes se preocupan por el fondo y otros por la forma.

Temas, como la sustentabilidad, la contaminación, el impacto ambiental, social y económico, no son relevantes en algunas universidades, por eso caemos en las modas, tendencias, lo estético, lo bonito, lo absurdo, lo irreal...

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Rubén Velásquez Bórquez
Oct 2013

Bien Romualdo.

Estoy de acuerdo en general. Creo importante el realizar una disección conceptual en relación a lo que fuese un "ejercicio Creativo de Ficción" para desarrollar o mantener activa la capacidad Creativa, y, por otro lado, lo que es un "encargo o caso real» de aplicación clientelar.

En todo caso este asunto es extremadamente delicado y difícil de resolver, por cuanto cada vez mas el «efectismo estético» es un recurso utilizado en un sin-sentido comunicacional que no resuelve la solución o necesidad del Cliente.

Con toda seguridad hay que seguir tratando el tema.

¡Saludos!.

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Juanjo Mora
Oct 2013

Yeah, buen aporte y excelente artículo. Comparto

Gracias y un abrazo

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Andres Troncos
Oct 2013

Considero que la invención de trabajos irreales es una buena práctica para momentos de ocio, en donde desarrollamos nuestra imaginación cuando carecemos de creatividad, un estado donde jugamos entre lo que es posible (realidad) y ficticio, al fin y al cabo estas exploraciones nos darán una mejor percepción en casos concretos, que es donde las cosas (nuestro trabajo) funcionan.

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Juan Carlos Rangel
Oct 2013

Muy interesante reflexión, yo lo he pensado y creo que incluir proyectos personales en nuestro portafolio vale la pena, si el trabajo vale la pena. La finalidad ulterior de elaborar una estructura, una construcción visual de lo que podemos y sabemos hacer. Mentira y verdad, lo que se ve no se pregunta.

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Miguel Ángel Mayoral Bielsa
Oct 2013

¡Todo es mentira!, la vida desnuda es una carga pesada; demasiada realidad produce desasosiego, desagrado y sopor. La gente necesita rodearse de belleza, los seres humanos que piensan, necesitan mentir y mentirse todos los días para poder seguir caminando.

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Raúl Redondo
Oct 2013

Los diseñadores tenemos un problema y es que no nos gusta "que la realidad nos estropee un buen diseño", por eso en gran parte si «Supeditamos el artificio a lo real» y lo premiamos y a veces hasta se lo vendemos a algún cliente (cuando esto sucede le felicitamos por su valor al aceptarlo). Por lo demás buena definición de #postureo, enhorabuena!

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Fernando Bolós
Oct 2013

Una reflexión muy interesante, necesaria... Romualdo, gracias por el artículo y sobretodo por "dar qué pensar". En cierto modo creo que el segundo significado que le das al concepto Diseño Ficción tiene que ver con el mundo digital que nos invade y rodea; parece que vayamos progresivamente olvidando lo físico, supeditando todos los sentidos al visual. Aún así, creo que no sólo es un mal de nuestra profesión, más bien diría que es algo de lo que adolece la sociedad actual, varada entre dos mundos: el físico y el virtual. Aunque eso ya es otro tema...

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Gerard Encabo
Oct 2013

Excelente y oportuna reflexión, Romualdo. El fenómeno de la sobre-estetización del diseño hace tiempo que se respira.

Es una cuestión de enfoque. El diseño para solucionar necesidades comunicativas y resolverlas de forma eficaz y honesta –con el diseñador y la marca– o bien el diseño como herramienta "embellezedora", con la finalidad de vender(se).

Existe, también, un tema subyacente que late en tu artículo: el de las tendencias. El diseño contemporaneo y globalizado va estrechamente vinculado a ellas y el presentar los productos en un entorno aséptico, neutro, es algo recurrente.

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Víctor Palau Torres
Oct 2013

Muy interesante Romualdo... aunque me preguntaría. ¿Esto mismo no lo hacen casi todas las profesiones? ¿No era hora que sucediera en la nuestra? ¿Es malo hacerlo? Buen artículo. Enhorabuena.

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41
Mariano Sarmiento
Oct 2013

Hola Romualdo, añado un hito más a tu lista de diseño de ficción: Atribuir al diseño atributos que el cliente no tiene y que el diseñador tiene que inventar... ¿Qué te parece?

Afortunadamente esto sucede poco, en mi trayectoria es más común encontrar buenos valores en los clientes que no están comunicando.

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Martin Fernandez
Oct 2013

Pues yo creo que esto desgraciadamente es más común de lo que apuntas...

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Joaquín Eduardo Sánchez Mercado
Oct 2013

Vivimos en un mundo de percepciones, el diseño gráfico en gran parte es diseño ficción. La publicidad requiere, necesita la mentira. La propaganda política también. Hay productos que no tienen diferencia alguna con los de su competencia, son exactamente iguales o incluso peores, pero necesitan parecer o presentarse como lo que no son, como lo que no hacen. Dicen que sirven, que no contaminan, que ayudan, que dan estatus. Cremas de belleza que prometen que te verás diez años más jóven, productos disque ecológicos que salvarán al planeta. Que mintamos sobre nosotros mismos, no es muy extraño.

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