Ingrid Ortéz

Arte, ¿algo bello o la bella representación de algo?

Cuando nos referimos al arte pensamos en las obras o en los grandes artistas, pero hoy hablemos del arte mismo, esa palabra tan común, controversial y difícil de definir.

El gran físico Albert Einstein, dijo:

«El arte es la expresión de los más profundos pensamientos por el camino más sencillo».

Si bien es cierto, cuando pensamos en arte inmediatamente nos referimos a las muchas obras plasmadas a través de la historia, a los grandes artistas que las llevaron a cabo, y en otras ocasiones a sus manifestaciones, pero aquí también encontramos a otro protagonista: me refiero al arte mismo, hablemos de esa pequeña palabra común pero en muchas ocasiones tan controversial y difícil de definir.

Muchas veces al pensar en «arte» lo relacionamos de inmediato con lo «bello», como si ambos conceptos fueran sinónimos. Pero pensamos en lo bello dentro de nuestro propio concepto de belleza. También lo relacionamos a una actividad normal que hace el ser humano, y si buscamos una definición, encontramos que establece que es «una disciplina o actividad, un acto mediante el cual, valiéndose de la materia o de lo visible, imita o expresa el hombre, lo material o lo invisible, y crea copiando o fantaseando». En un sentido más amplio, se puede decir que se le llama arte a toda creación u obra que exprese lo que el hombre desea exteriorizar, obedeciendo a sus propios patrones de belleza y estética, pero aun así la definición se queda algo ambigua y ninguna es totalmente completa por tratarse de algo tan complejo. Lo que sí es claro en el arte es que involucra tanto a las personas que lo practican como a quienes lo observan. Así como las emociones, la experiencia que vivimos a través del arte puede ser del tipo intelectual, emocional, espiritual, estético o bien una mezcla de todos ellos. Y por «estético» nos referimos a una rama de la filosofía que se ocupa del estudio de la esencia y la percepción de la belleza. De una manera formal se le ha definido también como «ciencia que trata de la belleza, de la teoría fundamental y filosófica del arte».

Arte es una palabra que se deriva del griego. Significa sensación, percepción, sensibilidad, por lo que la estética estudia las razones y emociones, así como las diferentes formas del arte. Al definirla se dice que es el dominio de la filosofía que estudia el arte y sus cualidades, tales como la belleza, lo eminente, lo feo o la disonancia, denominada también como «ciencia de lo bello, estudio de la esencia del arte, de las relaciones de esta con la belleza y los demás valores».

En la mayoría de las sociedades se ha combinado la función practica con la estética, pero en definitiva y dejándonos de tantas definiciones, lo más importante en el arte es que involucra las emociones del ser humano. El artista para crear, requiere ante todo estar dotado de imaginación, a través de la cual responde al vasto y multiforme mundo externo, expresando sus sentimientos por medio de palabras, formas, colores, sonidos y movimiento. Es de esta manera que vemos un conjunto plasmado en pinturas, esculturas, letras de canciones, películas, libros, danza, teatro.

Aunque nos resulte difícil creerlo, la definición de arte hace un paralelismo con la ciencia, se asegura que tanto el arte como la ciencia requieren de habilidad técnica. Tanto los artistas como los científicos tratan siempre de impartir un orden, partiendo de sus diversas experiencias vividas, y ambos pretenden comprender el universo en el que habitan y se desarrollan; claro está que con diferencias esenciales entre ambas. Los artistas seleccionan las percepciones cualitativamente y luego las ordenan de manera que manifiesten su propia compresión cultural como personal, mientras que los científicos estudian las percepciones de los sentidos —no de manera cualitativa sino cuantitativa— y así es como descubren leyes que reflejen una verdad universal y única. También los científicos pueden invalidar leyes o teorías a través de investigaciones. Las obras de arte poseen un valor permanente, aunque cambie el punto de vista del artista o el gusto del público.

La historia indica una constante transformación del arte, ya que en sus inicios estuvo ligado a una función ritual y mágico-religiosa, cambiando con el correr del tiempo. En la clasificación utilizada en la antigua Grecia se hablaba de seis disciplinas: la arquitectura, la danza, la escultura, la música, la pintura y la poesía (literatura); con el paso del tiempo comenzó a incluirse el cine como el séptimo arte, hoy en día se nombra a la fotografía y a la historieta.

La definición de arte va a variar de acuerdo a la época y a la cultura, de la misma forma que el concepto de belleza. Pero lo que sí es indiscutible, es que una obra de arte nos lleva a un instante de sublimación, de captación total, ya sea por el rechazo, por la incomprensión de la obra o por ser maravillosamente hermosa como para necesitar entenderla. Grandes civilizaciones han dejado legados impresionantes. De hecho, para poder conocer sobre los grandes misterios de culturas antiguas siempre nos remitimos a su arte, pues en él están plasmados las más grandes y escondidas emociones, intenciones y deseos.

Como mencionaba uno de los más grandes y relevantes pintores y artista gráfico del siglo XX —conocido por su inventiva surrealista—, Marc Chagal, «el arte es sobre todo un estado del alma»; y me atrevo a agregar, un placer para los sentidos.

Muchas libertades requieren soñarse, conquistarse o construirse antes de ser disfrutadas. Para el ser humano, han sido vitales su sensibilidad, la belleza y el arte, que lejos de ser únicamente valores decorativos, constituyen uno de los rasgos más importantes con que se ha creado y el mundo que lo rodea. Al margen de los términos y de la clasificación, el arte es numeroso, prácticamente innumerable, de alguna forma infinito, de la forma exacta en que pueda ser infinita la inteligencia del hombre.

A través de la obra artística, encontramos reflejada no solo la cultura de los pueblos, sino también la personalidad del artista. Hay una correlación entre los perfiles del creador y su obra, las ideas intelectuales de su época, un mundo de pensamientos y sentimientos que le impregnan, circunstancias sociales, valores, conocimientos técnicos, que en la medida de la exigencia de destreza manual, las posibilidades y características del material y técnicas, influirán en la obra.

Desde el inicio del mundo el hombre ha buscado tres cosas: en que creer, conocimiento y la forma de ser eterno. Es aquí donde aparece el arte uniendo estas tres búsquedas, llevándonos a comprender que en el arte lo que sí permanecerá, independientemente de quien la realice —de su técnica, tiempo e intención o medio—, es el hecho de que nos llevará siempre a admirar y a intimar entre nosotros como espectadores y la obra misma, expresando en ella los más profundos pensamientos, permitiéndonos admirar la bella representación de algo. En muchas ocasiones quizás ni sea tan importante el significado mismo de la composición, ya que por ser una obra que va mas allá de nuestro estado normal, el solo hecho de contemplarla: misteriosa, emocional  y llena de una técnica y proceso ajena a nuestra rutina, resulta suficiente para llevarnos a la plena sublimación de la bella representación de algo, de un algo que logra encontrarse justo en el momento en que la obra es contemplada por nosotros los espectadores. Claro está que el nivel de sensibilidad artística que cada espectador tenga, lo llevará más y más a adentrarse en la obra misma, logrando así un nivel de sometimiento a esas emociones y sensaciones que logra transmitirnos, y que nos lleva a sentirnos complacidos y en muchos casos fascinados por el arte. Como decía el filósofo griego Aristóteles:

«La finalidad del arte es dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas, no el copiar su apariencia».

Author
Ingrid Ortéz Tegucigalpa
Edition
Mario Balcázar Ciudad de México

Artículo publicado previamente en la Revista semestral AUPRICA, de reflexión y debate sobre Educación Superior y Desarrollo Sostenible en Centroamérica.

Published on 19/04/2013

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