Trabajar y mantener la independencia

Existe un desencuentro entre la realidad de los procesos culturales y t√©cnicos en desarrollo, y el papel de arquitectos y dise√Īadores ante la necesidad de definir una √©tica individual en relaci√≥n a la √©tica social.

Retrato de Rubén Cherny Rubén Cherny Buenos Aires

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En acuerdo con las reflexiones de Ra√ļl Belluccia, e inspirado en ellas, anoto algunos comentarios. Es importante identificar las condiciones de trabajo en las que estamos metidos y describir el desencuentro que existe entre la realidad de los procesos culturales y t√©cnicos en desarrollo y el papel que tradicionalmente hemos tenido los arquitectos y dise√Īadores, el proceso interno de nuestras disciplinas como pr√°cticas sociales, las situaciones externas a la labor profesional, etc. Es necesario reflexionar acerca de la distancia que hay entre la realidad y las ilusiones y poner a una y otras en crisis. Quiz√°s para sucumbir ante la inexcusabilidad de lo real, o quiz√°s para devolver su fuerza y su sentido radical a la ilusi√≥n, tantas veces rebajada a nivel de una quimera que nos aleja de lo verdadero, es decir, de aquello de que se disfrazan las cosas para ocultar lo que son.

Distintas respuestas provendr√°n de que evaluemos los diversos estratos de la profesi√≥n como sistemas de mercado, o que lo hagamos a partir del an√°lisis del proceso de transformaci√≥n ideol√≥gica que se ha producido en la arquitectura y el dise√Īo desde los a√Īos 60. Lo que, en todo caso, resulta indudable es la necesidad de repensar, redefinir y poner al d√≠a una postura √©tica profesional y preguntarnos si nuestra √©tica individual puede convivir (y de qu√© modo) con la √©tica social.

Somos parte de un proceso productivo

La arquitectura y el dise√Īo no se sit√ļan en el lugar donde se adoptan las decisiones. Las transformaciones de fondo de la sociedad, los procesos sociales, los rumbos culturales, los caminos est√©ticos, los procesos ecol√≥gicos, se deciden en otro lado. Hoy resulta ingenuo suponer que desde la disciplina o desde la profesi√≥n puedan definirse estrategias culturales y sociales. La arquitectura y el dise√Īo forman parte de procesos productivos complejos y s√≥lo en casos excepcionales tienen incidencia sobre cuestiones tan graves. Como lo explica muy bien Belluccia, carecen de autonom√≠a program√°tica y no tienen capacidad de decisi√≥n sobre el sentido y finalidad de sus productos.

Una trampa perversa

Trabajamos sobre causalidad secundaria y, por lo tanto, desde nuestra especificidad profesional no intervenimos sobre las estrategias generales de desarrollo de la sociedad. En tanto integrantes de una de las corporaciones del saber que integran el abanico intelectual de la sociedad, los arquitectos sólo podemos dar nuestra opinión acerca de productos arquitectónicos o urbanos que, en el específico sentido de la disciplina, favorecen o conspiran contra la integración social y la producción de niveles de identidad y formación individual indispensables para la obtención de grados aceptables de convivencialidad. Adjudicarle a la disciplina una responsabilidad mayor que la que le corresponde en la regresión de formas de conciencia cultural en un marco de deculturación generalizado y profundo no sólo es injusto sino que significa desviar de la mira los auténticos centros de conflicto.

Otra moral... funcional, un tren en marcha

El funcionalismo pudo existir porque hab√≠a un esp√≠ritu en la comunidad que posibilitaba el rechazo a toda cosa superflua. Proclamaba la honestidad y una s√≠ntesis de la forma al servicio de las necesidades m√°s irreprochables. La frase de Mies, "menos es m√°s", resuena hoy como una √©tica que excede el marco en que fue dicha. Son precisamente los conceptos como "funci√≥n", "utilidad", "necesidad", los que han cambiado. El mercado los ha puesto en crisis y le ha asignado interesadamente al dise√Īo (y a los dise√Īadores) un excesivo prestigio por una raz√≥n sencilla: el dise√Īo constituye la herramienta m√°s eficaz y econ√≥mica de competir. Como en el cuento de Bradbury, alguien viaj√≥ al pasado y pis√≥ una mariposa. El Estado Mundial ha ido ocupando espacios urbanos y cabezas humanas. Apoyado esencialmente en el poder econ√≥mico y en el desarrollo de los medios tecnol√≥gicos, ha optado por el culto a la competencia, a los resultados, al consumo, a las estad√≠sticas. El proceso de masificaci√≥n de los comportamientos sociales se ha extendido a todos los √°mbitos. El consumo pas√≥ a ser modelo o paradigma de todas las formas de intercambio social. La √©tica y la est√©tica que corresponden a este marco cultural y social est√°n legitimadas por una sola ley: responder acabadamente a las "necesidades" del mercado, l√©ase sociedad, dada la inexcusable identificaci√≥n entre sociedad y mercado, seg√ļn la cual quien est√© afuera del mercado est√° afuera de la sociedad. Este es un tren en marcha del que parece imposible apearse como no sea para perderlo. Un salto adelante que no admite volver la vista atr√°s para ver todo lo que dejamos. Somos plenamente concientes de esto y, aun m√°s, lo hemos aceptado.

No es de arquitectura o de dise√Īo de lo que estamos hablando sino de tendencias culturales generadas por estrategias pol√≠ticas, econ√≥micas y sociales sobre las que no incidimos. Es decir asuntos previos, anteriores a la problem√°tica de la profesi√≥n, que la condicionan y abarcan. Lo dicho, trabajamos sobre causalidad secundaria. El dise√Īo y la arquitectura, al igual que cualquier disciplina de planificaci√≥n racional de las conductas, pueden concentrarse tanto en desarrollar y perfeccionar lo superfluo, como colaborar en tareas superadoras. Y ello depende de qu√© cosa les encarguen.

La utopía profesional, síntoma tardío de alienación

Hoy el sue√Īo ha terminado. Aquella visi√≥n mesi√°nica de la arquitectura y el dise√Īo qued√≥ sepultada, parad√≥jicamente, por el "progreso". Nuestra profesi√≥n, como las otras, deben responder a dos decisiones √©ticas: La primera es la de aceptar o rechazar el encargo profesional. A partir de la aceptaci√≥n, la segunda, consiste en cumplir, con m√°xima eficacia, con los objetivos por los que el cliente contrata nuestros servicios. El dise√Īo, en tanto cualificador de la producci√≥n, no puede eludir el dictamen del mercado, sin traicionar su propia condici√≥n de prestador de servicios ‚Ķ al mercado. Por otra parte, cabr√≠a preguntarse en aras de qu√© reivindicaci√≥n ser√≠a hecha alguna traici√≥n. Una verdadera trampa. Se trata, entonces, de acceder a visiones de la sociedad m√°s amplias que las que proporciona el propio oficio. Para conseguir respuestas eficaces a la problem√°tica interna de la profesi√≥n, deberemos exceder su marco y producir definiciones precisas del contexto en que se desarrolla. Y s√≥lo entonces, aceptar, rechazar, resistir. Lo dijo hace treinta a√Īos Tafuri: "La arquitectura hace tiempo descubri√≥ que ya no puede buscar sus razones s√≥lo en s√≠ misma". Se hace necesario una suerte de sinergia intelectual que propicie aproximaciones m√°s amplias e integradoras en contra del saber parcializado.

¬ŅQu√© hacer?

Pensar. En esta sociedad devenida planetaria bajo los dictados del mercado y el √©xito, pensar es parte de una guerra contra la manipulaci√≥n, la estandarizaci√≥n, la estupidizaci√≥n. Proyectar sin estereotipos es un acto de resistencia. Es el rechazo a tanto pragmatismo imb√©cil y la repulsa a un proyecto de conformismo inaceptable. Para ello es imprescindible el cuestionamiento intelectual. La ausencia de contestaci√≥n a una arquitectura instaurada como la √ļnica real y posible, exige que desde la disciplina, la profesi√≥n y la universidad, exista la posibilidad de disentir. Esos deber√≠an ser los √°mbitos naturales de cuestionamiento de esa convenci√≥n colectiva que llamamos "la realidad". Hay que volver a mirar con ojos nuevos, irreverentes, corrosivos, el escenario cotidianamente velado. Sabemos que no hay "soluciones". La ruptura ser√° una y otra vez normalizada, pero es, parad√≥jicamente la √ļnica posibilidad de crecimiento.

El desdoblamiento, la b√ļsqueda¬†de un tiempo... y de un lugar

Se requiere un estado de desdoblamiento, una suerte de sana esquizofrenia para responder con profesionalismo a lo que no acordamos y ejecutar hasta con humor algunos esperpentos a los que somos convocados y transformarlos en algo digno. Un perpetuo desajuste entre el acto y el m√≥vil, que nos demanda asumir fingidamente actitudes que el mundo nos impone, para escamotearle el yo profundo. La condici√≥n humana a salvo de la coacci√≥n placentera, a√ļn dejando que el mundo avance sobre nosotros, pero s√≥lo hasta un punto en que no se puede ceder un √°pice. Hay que declarar los derechos inalienables de la subjetividad a su propia subjetividad, en pos de pasiones menos mezquinas, m√°s atractivas, m√°s generosas, m√°s entra√Īables. M√°s interesantes.

Una vez m√°s, estamos hablando del futuro y la utop√≠a, a la que irreverentemente se alude como sin√≥nimo de irrealidad. Es que existe la esperanza de que se puedan juntar. U-topos quiere decir: no hay tal lugar. Es la b√ļsqueda no de un lugar, sino de un tiempo. La utop√≠a s√≥lo puede tener tiempo. El lugar que no es, no puede tener territorio. S√≥lo puede tener historia y cultura, que son las maneras de conjugar el tiempo. El futuro es tambi√©n la b√ļsqueda de un tiempo, pero referido a un lugar. A diferencia de la utop√≠a, no hay noci√≥n de futuro sin noci√≥n de territorio. El futuro tiene que tener lugar. El futuro tiene que tener lugar ,,, aqu√≠.

El sentido de las cosas

M√°s all√° de cada encargo profesional, la "obra" de un arquitecto es la construcci√≥n de un pensamiento y la continuidad de un pensamiento siempre en construcci√≥n. Un modo de ir agregando piezas a una estructura an√≥mala, tramos de una b√ļsqueda en la que los proyectos, m√°s que partes de un mismo cuerpo, son fases aut√≥nomas de una continua elaboraci√≥n. Una experiencia √≠ntima y a la vez social, que no es otra cosa que una indagaci√≥n de los posibles modos de relaci√≥n con lo que llamamos el mundo.

No hay un producto final. No hay un objetivo final. El camino es el objetivo. No hay belleza si el camino no es bello. Un camino no crispado. No hay principio, ni fin, ni centro. Hay un itinerario de ida y vuelta. Elementos, se√Īales, analog√≠as, que proponen un recorrido. El camino: una larga perspectiva hacia un punto impreciso y fijo que ondula en el horizonte como por efecto de los vahos de la atm√≥sfera. La met√°fora del camino: uno podr√≠a llegar hasta aquel punto sin saber qu√© es lo que quiere, o detenerse atra√≠do por una se√Īal lateral cualquiera. Es la pregunta por el sentido de las cosas. Hay otra met√°fora todav√≠a, la met√°fora del r√≠o: somos el r√≠o y el que se mira en el r√≠o. Y otra: la de las agujas de tejer que van comiendo el sentido final de la historia. Su ovillo.

El proyecto entonces, es, ineludiblemente, la consecuencia inevitable de una reflexión. Implica pluralidad, del objeto y del sujeto. Aspira al conocimiento en sentido universal para arribar a lo específico. Cuanto uno más sabe, es más libre. Ese es el sentido amplio de la palabra construcción: el de gente pensándose a sí misma en el acto de proyectar. Una vez tomado el camino de la conciencia ya nada puede quedar afuera. El programa es uno mismo.

Comentario final

Las ventanas de la ciudad titilan en tonos azulvioláceos: la gente atrapada en el tedio del zapping, se diluye horas enteras frente al televisor. En medio de la ignorancia que nos rodea y constituye, la irracionalidad, la mentira, la vulgaridad se defienden solas con sorprendente habilidad. Son lo legítimo, aquello en lo que todos tácitamente acuerdan. Por el contrario, la razón, la verdad, el buen gusto, el amor por las cosas, la conciencia de que la calidad del ambiente en que vivimos interviene efectivamente en nuestras vidas, necesitan de ayuda para, apenas, sobrevivir. Aun los "advertidos" consumimos indistintamente lo escasamente valioso, confundido con cantidades enormes y prolíficas de mediocridad y bajeza.

Hay una utop√≠a del esclarecimiento y la toma de conciencia. Llam√©mosle, una nostalgia ansiosa de futuro. Descubrir, cada vez, el sentido de las cosas. Frente a una realidad rota, el comportamiento l√ļcido de personas no rotas. S√≥lo desdobladas. Ya lo dice Belluccia: se trata de hacer el trabajo y mantener la independencia.

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Rubén Cherny

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Retrato de Franco Boiero
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Franco Boiero
Ago 2010

Muy buen artículo... A diferencia de lo que opina César yo creo que un docente puede transmitir una inmensa pasión a sus alumnos en las horas cátedras. La toma de conciencia no depende solo de la apertura o quiebre que pueda llegar a hacer una persona, sino que deviene de un proceso formativo que desemboca en dicha toma de conciencia, y por esto es fundamental el tipo de socialización que tengamos.

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Retrato de César Rubén Bosco
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César Rubén Bosco
Abr 2010

Muchas veces he le√≠do que se pregunta si este tema se puede aprender en la universidad o durante el tiempo en que se cursa la carrera. Me parece que esto no se puede ense√Īar es pura toma de conciencia y no solo sobre la profesi√≥n o actividad, es sobre la vida misma y de ah√≠ aplicable al resto de las cosas.

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