Vícthor Chávez

¿Qué venden las escuelas de diseño?

Una escuela es un orbe de ideas y situaciones hipotéticas que pretenden educar, pero ocupar un lugar o pagar una colegiatura no garantiza el conocimiento.

«Lo dicho, dicho está; lo aprendido y enseñado se verá reflejado en la vida profesional».

Alguna vez escuché esto de un colega que al igual que yo daba clases en la asignatura de diseño. Hoy en día, tal parece que estas escuelas se han quedado cortas o que los alumnos se han formado en una fila larga en alguna sala de espera o estación virtual, aguardando por el tren prometido de la creatividad. Nunca se sabrá a ciencia cierta dónde se fraguó tal «engaño», vendiendo un boleto de ida pero con pocas posibilidades de regreso y por ende, de progreso.

Muchas de las escuelas públicas y privadas que ofrecen la carrera de diseño, venden un paraíso de posibilidades en donde los posibles inquilinos acceden esperando el «all inclusive» de la creatividad. Al final, después de un tiempo, solo unos pocos volverán a la realidad sin la resaca de momentos de asfixiantes entregas y trabajos de incomprensible solución conceptual. Una escuela que vende la enseñanza del diseño como opción y no cuida sus filtros de ingreso, debería estar destinada al fracaso, aún cuando cuente con un profesorado de «alta calidad educativa» y aulas inteligentes con tecnología de punta. Sin embargo, la premisa verdadera es: «todos caben, nadie se queda fuera», y más cuando al estudiante se le ve primero como una colegiatura.

Creo que el diseño no es para todos, que los momentos de lucidez creativa al comprar ropa o elegir un mueble sin olvidar el color de la pared, no determinan que se cuente con la capacidad para lidiar con procesos creativos bajo presión. Ser diseñador tiene que ver con otras miles de cosas que se han escrito y hablado hasta el cansancio en éste y otros foros.

Las escuelas deben dejar de vender al diseño como una solución a las ganas de dibujar, pintar o ir al cine. Se necesita más compromiso que esto; no ver al aspirante como un recibo de colegiatura, o que éste vea la carrera como un lugar de acceso mientras le llega algo mejor qué hacer o a qué dedicarse.

Una escuela de diseño y sus estudiantes deben estar dispuestos a vivir la experiencia, correr riesgos, equivocarse, acertar, crear cambios y por supuesto teoría. Esta es posiblemente la parte sustancial de la enseñanza y el principal problema de las escuelas de diseño: su poca visión para un conocimiento basado en la experiencia y la consecuente incapacidad para generar teoría.

Los folletos de las escuelas de diseño ofrecen un amplio panorama de posibilidades y programas que «cubren» (avalar es otra cosa) los requisitos mínimos de preparación, aunque sus procesos de admisión son muy laxos, y esto hace que las puertas de salida de graduados sean muy grandes y las de entrada al mundo laboral muy pequeñas y escasas.

Se ha perdido el valor de estudiar diseño porque todo mundo lo ofrece, pocos lo hacen y nadie lo entiende. De esta manera tan simple, el oficio se volatiliza poco a poco y se deja en manos de muchos que «terminan» sus estudios ungidos por un título de valor curricular que «cubre» un momento de la vida en que todo son notas para mantener las becas o permisos para intercambios académicos.

Sin embargo y finalmente, son los los alumnos quienes hacen las escuelas, en el valor y compromiso de cada uno; salen sobrando los títulos y diplomas. Los buenos estudiantes pueden volverse marcas de mucho valor en el mercado laboral y no solo estadísticas de graduados para las escuelas. Lo peor de todo es que tal vez esto es lo que les permite a las escuelas de diseño seguir viviendo, engañadas en sus programas y por ende engañando consciente o inconscientemente a los aspirantes.

En la medida que las escuelas revaloricen el producto que venden y la necesidad de hacer una honesta detección de talento en sus posibles clientes, la enseñanza del diseño será una verdadera experiencia de conocimiento y dejará de ser un viaje a la nada o una dolorosa deportación a la realidad.

Author
Vícthor Chávez Guadalajara
Edition
Andrés Gustavo Muglia Berazategui

Published on 21/05/2014

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