Dime quién eres y te diré cuánto cuesta el diseño

Cotizar según la cara del cliente, como proponen algunos tarifarios, contradice los criterios de cualquier profesión que pretenda ser tomada en serio.

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​En todas las profesiones liberales, los costos de consulta, asesoramiento, proyectación, producción o ejecución, dependen de factores elementales:

  • La experiencia del profesional
    No puede cobrar lo mismo un arquitecto recién recibido, que otro con varios edificios construidos en distintos países.

  • La envergadura del proyecto
    No cuesta lo mismo tratar una pequeña que realizar una operación a corazón abierto.

  • La infraestructura de la empresa
    Es muy diferente contratar a un abogado freelance que a un estudio de abogados con oficinas en varios estados. El soporte y probabilidades de éxito son muy diferentes.

  • El caché profesional
    Cualquier profesional puede tener un «piso» o fijar sus precios según un propio criterio establecido según la propia percepción de su trabajo o reputación reconocida. «Yo cobro esto y punto».

Estas son condiciones coherentes aplicables a cualquier profesión. Sin embargo, el diseñador pretende, además, variar su precio en función de la envergadura de la empresa o cliente que lo contrata. ¿Por qué?

Ahondando en el tema con colegas diseñadores, es curioso que todos coincidan con que «hay que cobrar más mientras más grande sea la empresa que te contrata», pero a la hora de fundamentar la afirmación, la explicación más generalizada es: «porque mi trabajo va a ser muy masivo y tendrá mucha exposición», lo cual parece un argumento válido para una agencia publicitaria que va cursar una acción en muchos medios, y en ese caso el cliente paga más en función de la cantidad de medios en los que aparece; o sea, el cliente paga según la cantidad de contactos que hace con el público. Pero en el caso del diseño eso no sucede.

De una vez por todas, el diseñador debe entender que en un proyecto de diseño, él es quien «ejecuta» (aquí entra todo el proceso proyectual e ingredientes que el lector desee agregar) y «vende» su trabajo al cliente. No se lo alquila ni se lo presta. El resultado de ese trabajo, una vez hecha la transacción o intercambio económico, es propiedad del cliente y no del diseñador.

La íntima relación entre el diseño y el arte, hace que el diseñador implore alguna clase de reconocimiento cuando «su» trabajo es expuesto a un público más masivo, como si estuviera exponiendo una obra de arte y la gente tuviera que pagar para apreciarla. El profesional de diseño debe poner siempre todo su esfuerzo, sapiencia y experiencia en cada proyecto que ejecute, sin importar cuan abultada sea la billetera del cliente.

Hasta que los diseñadores no nos apartemos del muro de los lamentos (parafraseando a Guillermo Brea en su artículo publicado en FOROALFA) y nos pongamos firmes e invariables en establecer un precio serio para nuestro trabajo, basado en argumentos reales, la percepción del cliente siempre va a ser difusa y falta de fundamentos. Por lo tanto, seguirá siendo él quien fije el precio de nuestro trabajo.

Quizás el camino de establecer un precio basado en un sinceramiento profesional no es el camino que deseamos en nuestro profundo interior, y queremos quedarnos cobijados y calentitos al costado del camino, quejándonos de que esos ignorantes, los clientes, no van a entender nunca por qué el diseño cuesta lo que cuesta.

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Camila Mendoza
Hace 3 meses

Pienso que el tiempo, dedicación y esfuerzo que utilizamos en la creación de cualquier tipo trabajo o proyecto son factores fundamentales para poner un precio determinado a lo que estamos ofreciendo a los clientes. Pese a que como se dijo en el artículo, mientras más grande es la empresa mayor serán los recursos y por ende mientras más difícil sea la elaboración (dependiendo del trabajo que se pida), el precio así mismo aumentará. Cabe recalcar que no estoy de acuerdo con cambiar el precio de acuerdo a la «persona», ya que si bien es cierto esto da apertura a que se minimice el sentido del diseño en sí.

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Ornella Avila
Hace 4 meses

Poner el precio a nuestro trabajo debería ser en base a lo que nos cuesta a nosotros realizarlo. El tiempo y todo lo que conlleva este proceso. No coincido en esas variaciones de precio de acuerdo a quien lo esta pidiendo porque no me parece lo más justo, sin embargo si considero que el propósito del diseño tiene que ver he tenido casos en que las empresas más grandes tienen actividades en las que el trabajo es mayor y por ende ha sido un valor más alto. Por otro lado, si considero que los precios no debería ponerlos el cliente. He escuchado muchas personas decir "lo que me quiera pagar" y siento que eso le quita el valor al trabajo de un diseñador y da una imagen errónea de la actividad que desarrollamos.

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Rosa Huarca
Hace un año

Cuando vi el título dije: !Que málito!!!

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Rafael Ricardo Hinestroza Escobar
Ago 2017

Esa es una pregunta recurrente que todos tenemos. Sin embargo, la diseñadora Jessica Hische creó un formato (de email) ajustable a nuestras necesidades e idioma para dar respuesta a 5 tipos de clientes que nos contactan para algún requerimiento: Agencia de publicidad, cliente general, ONG, caridad y amigos. Al hacer click en alguno de los tres primeros tipos de clientes, encontraremos tres categorías de presupuesto: ninguno, muy bajo y bueno. Una vez seleccionadas las opciones, nos aparecerá una respuesta prediseñada que podremos usar tal cual o modificar de acuerdo a nuestros intereses.

Colegas, por favor ojéenlo y decidan si les sirve o no, pues yo lo he utilizado en algunas ocasiones y me ha funcionado, sobre todo al recalcar el tema de las facturas y nuestro valioso tiempo. http://jessicahische.is/helpin...

¡Saludos!

0
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Onça Kiyué
Abr 2017

No coincido. Es muy simple: se cobra a una empresa grande un precio más caro porque dicha empresa va a tener grandes beneficios económicos gracias a nuestro diseño, no por nuestra mayor o menor exposición de nuestro trabajo como si fuera una "obra de arte", el que piense así, debe tener un ego muy grande. Por otro lado, un cliente chico suele tener menos poder adquisitivo y difusión. En mi caso suelo ajustar el presupuesto en base a eso. Y yo creo que la mayoría dedicamos el mismo esfuerzo, ya que eso forma parte de nuestro porfolio y el cliente sabe apreciarlo. No creo que el cliente no entienda de diseño, eso pasaba hace décadas atrás. Hoy en día, suelen tener hasta referencias visuales y saben lo que quieren. No hay que subestimarlo.

En mi caso, el cliente jamás pone el precio, yo envío un presupuesto acorde a mi experiencia y profesionalismo, aquel que no lo aprueba no es el indicado y de esta manera es como me manejo y todos deberían hacerlo. No conozco otra. Saludos!

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Miriam Castillo
Feb 2017

Muy interesante este articulo, porque como estudiante de diseño que apenas empieza a cotizar pequeños proyectos, siempre cuestionas esa duda de cuanto tienes que cobrar y muchas veces se comete ese error de dejar esa parte al cliente y que pague lo que crea que sea necesario, lo cual el no ve todo el proceso que conlleva ese proyecto y muchas veces cedemos a lo que el cliente diga y no debería de ser así, sino que por partes iguales y ser equitativos y sinceros en cuanto al costo y sobretodo darle el valor real a nuestro trabajo.

0
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0
Ohweb
Dic 2016

Depende. Nosotros tenemos distintas tarifas según los tipos de clientes pero no porque a los grandes corresponda cobrarles más, sino por el contrario, porque a los más chicos posiblemente no les sea posible afrontar los costos reales de un desarrollo de diseño como corresponde. Por lo tanto, nos reservamos el precio "real" para empresas que pueden afrontar el costo, y pasamos un precio menor, correspondiente a un desarrollo más ajustado a pymes, comercios e invididuos para que les sea accesible el costo.

Todos los precios se manejan en torno a un costo horario, y está en cada profesional decidir hasta cuánto puede bajar ese costo.

En síntesis: en nuestro caso, y supongo que en muchos otros, no es que se esté cobrando de más cuando el cliente es grande, sino más bien se cobra menos a los clientes más pequeños que no pueden afrontar los costos de un desarrollo de diseño de cierta envergadura.

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Nicole Garzón
Nov 2016

Muy buen artículo. Este es un gran problema sin resolver dentro del campo del diseño, lo que lo vuelve más competitivo aún. El diseñador usualmente no sabe cuanto cobrar y anda cambiando dependiendo del cliente, tal y como lo mencionas, cosa que se debería manejar en base a un tarifario pero es complicado igual.

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Ana Joutteaux Haro
Jul 2016

El diseñador se acostumbra a que el cliente le ponga precio, cosa que no esta bien, nadie me debe de decir cual es el valor de mi trabajo, nadie.

2
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0
Melanie Espinoza Plaza
Mar 2016

El tema es excelente, ya que se presta a diferentes interpretaciones. La parte fundamental de todo esto es sin duda alguna darnos cuenta si estamos cobrando un producto o si estamos cobrando un servicio. Si estamos cobrando un producto como tal, indiferente a que es lo que suceda, el cliente va a pagar un precio fijo en donde se valoran ciertos criterios propios al producto. Si cobramos el servicio, se da una valoración al proceso creativo que sucede dentro de cada proyecto de diseño. Si el cliente es grande o chico no influye dentro de cobrar un producto, pero si influye fuertemente sobre el proceso de ejecución de una pieza creativa afectando así al servicio cobrado. :)

0
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