Bessie Pacheco

Qué significa para mi ser docente

Cuál es el sentido de ser docente en un contexto permanentemente cambiante.

Mientras voy de camino a la universidad pienso: «¿Qué es lo que hace que alguien se tome el trabajo de ser maestro?, ¿por qué me gusta tanto ser docente universitario? He trasladado esta pregunta a muchos de mis colegas en la universidad en la que trabajo. En la mayoría de los casos no obtengo una respuesta profunda, la mayoría ve a la actividad docente como una forma de ganarse la vida, de tener una estabilidad económica. No percibo un gran compromiso.

Por otro lado veo a jóvenes entusiastas incursionar en la docencia, con las ganas de sentirse importantes. Me recuerdan a mí misma, cuando tenia 25 años y empecé a dar clases. Nunca olvidaré mi primer día como docente, con muchos nervios, con ansiedad, pero sobre todo con mucho miedo a fallarles a quienes estaban frente a mi, esperando aprender lo bueno de mi bella profesión. Hoy a mis 40 años puedo decir que la docencia no es una tarea fácil. Sigo sintiendo aquellos nervios del primer día y ese compromiso de enseñar lo correcto con la misma pasión.

En el transcurso de mi trayectoria docente el sistema educativo ha ido cambiando. Ahora el docente vive inmerso en constantes desafíos. Ante la pregunta: «¿cómo están afectando estos cambios a la identidad docente?», defino la identidad como «un proceso evolutivo de interpretación y reinterpretación de experiencias». Es la respuesta a la pregunta: ¿qué quiero llegar a ser?, e implica tanto a la persona como al contexto, porque la identidad profesional no es única y tiene que ver con los diferentes contextos en los que los profesores se desempeñan. La identidad docente contribuye a la percepción de autoeficacia, motivación, compromiso y satisfacción en el trabajo, y es un factor importante para convertirse en un buen profesor.

Esta identidad está sujeta a constantes desafíos que exigen un cambio sustancial de la cultura profesional del profesor, para pasar: del individualismo a la colaboración; de la enseñanza al aprendizaje; del trabajo técnico a la independencia responsable; del conocimiento fragmentado y aislado a la gestión del conocimiento; del divorcio al diálogo entre formación inicial y continua; del control externo a la responsabilidad profesional; de la formación suficiente al compromiso con el aprendizaje a lo largo de la vida; y desde la clase a la escuela y a la Red.

Cuando yo era estudiante, el sistema no cuestionaba al docente. Él tenia la verdad absoluta. Ahora, siguiendo las premisas anteriormente expuestas, nos convertimos en moderadores, y tenemos la responsabilidad de movernos en esa constante evolución que el mundo experimenta. Muchas de las teorías y sistemas de educación han evolucionado, lo cual nos exige evolucionar, sin perder la esencia que tiene un maestro: no sólo transmitimos conocimiento sino también valores y principios que harán del estudiante una persona de bien para la sociedad.

Muchos habrán escuchado el dicho: «En la vida hay que hacer tres cosas: escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo», pero muy pocos conocen su origen. Resulta que este dicho tan popular, se basa en la adaptación de un relato poético de Mahoma, el mensajero del Islam. «Escribir un libro» hace referencia a dejar registro de nuestro saber, de nuestros conocimientos, para que sea beneficioso y provechoso para la gente. «Plantar un árbol» o poner una semilla para que crezca, y con eso otros se beneficien. «Tener un hijo» tiene el sentido de que, cuando seamos mayores, él nos cuide y, luego de nuestra muerte se convierta en nuestro legado, nuestra descendencia.

Por el hecho de ser decente, este poema del islam marca mi vida profesional. Libro, árbol e hijo son las tres cosas que ya he hecho en mi vida dentro del aula. He dejado conocimiento, he plantado una semilla y tengo descendencia. En estos años de trabajo, he entregado sin ningún egoísmo mis conocimientos, mi tiempo y el ejemplo del amor que siento por mi profesión.

Author
Bessie Pacheco Cochabamba

Published on 19/04/2016

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