Diego Otero

Apuntes sobre el origen de la forma

La naturaleza propone diversas cuestiones que se escapan de explicaciones científicas. Aparece la morfología entonces, para apaciguar esos demonios y darle sentido a la realidad...

Numerosos intentos ha hecho el hombre por explicar su existencia. Ser, estar o pertenecer a este mundo lleva consigo una serie de cuestionamientos. Quiénes somos, de dónde venimos, por qué estamos acá, de qué estamos hechos, etc. Todas estas preguntas de gran trascendencia que seguramente han ocupado nuestras mentes alguna vez, y se han convertido en tratados científicos, teorías, filosofía pura; pasando también por aquellos escritos que despiertan al hombre de la nada, en un mundo idealizado de perfección y abundancia que sucumbe ante la tentación del pecado. Y si existe Dios, ¿qué forma tendría? o ¿porqué decidió hacernos de esta manera? ¿Por qué tenemos extremidades y caminamos todos los días al trabajo, tenemos que nacer, crecer y sufrir en este mundo de discordia para luego terminar convertidos en cenizas? Olvidaba la parte del pecado original.

No pretendo entrar en discusiones religiosas pues no es la intención de este escrito, pero sí establecer distancia de aquella idea facilista del creacionismo como origen y fundamento de toda la existencia. O la versión contemporánea del diseño inteligente, que no es más que otro intento —pero más adornado— de darle explicación a lo desconocido o lo que se sale de nuestro entendimiento. Si algo se puede destacar de aquellas concepciones religiosas, es la capacidad del hombre para llegar a construir esos mundos. Son esas ocasiones en las que la imaginación supera la razón. Y es en ese campo de la imaginación que podemos ubicar a la forma como creación humana. Pero ¿qué hay del resto de las formas?, ¿cuál es el ser de la forma si puede entenderse en un sentido ontológico?, ¿puede realmente apartarse el hombre de la forma y viceversa? Probablemente no me aproxime a una respuesta, en lo más mínimo, pero sí se dejará por lo menos una sensación de lo poco que sabemos y entendemos de nuestro mundo. Pues, como decía Einstein:

«Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y no estoy tan seguro de la primera».

¿Cuál es el ser de la forma?

«Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz».1 Es difícil pensar nuestro mundo sin un origen. Durante mucho tiempo no se pudo separar las ideas de existencia de la religión, o la concepción de un creador divino. Fue por Grecia y la libertad de sus pensadores que se abrieron las puertas a la ciencia, donde ya existían al momento algunas explicaciones para los fenómenos naturales a partir de leyes. Nacieron las ciencias y con ellas la posibilidad de estudiar y entender el mundo desde una concepción más racional. Más tarde grandes revoluciones científicas le dieron forma a la teoría del big bang, como explicación del origen del universo. Entonces, la materia surge para darle sustancia y contenido a la existencia. Aunque en este punto exista consenso entre los científicos, que avalan esta teoría como la más adecuada para explicar el surgimiento del universo, ya se están viendo nuevas interpretaciones y teorías. Hoy en día ya se está hablando del multiverso, la teoría de cuerdas, universos paralelos e incluso los más intrépidos se han atrevido a darle forma al universo. Y si el universo tiene forma pues ha de tener un límite; luego, ¿qué hay más allá de ese límite?

Ahora bien, para que la forma en su esencia más básica exista, tiene que haber materia. No se puede separar la materia de la forma y viceversa. Pero, ¿qué hace que esa materia mantenga su configuración y propiedades para hacerse reconocible por el hombre? La ciencia ha fracasado en sus intentos por explicarlo, pues hasta el momento no se ha encontrado una teoría que unifique lo macro con lo micro. Para la mecánica cuántica no hay diferencia entre onda y partícula, mientras que para la mecánica clásica sí la hay; pues las partículas a diferencia de las ondas poseen masa. En este punto es donde hace aparición la teoría, subsanando el espacio que la experimentación no ha podido suplir.

Garrett Lisi, ha estado trabajando en una concepción diferente que podría revolucionar la manera en que se entiende la materia.2 Y experimentando con los grupos de lie —una forma matemática compuesta de una colección de círculos que se superponen en un patrón específico, y que al girar unos con otros conforman un torus o dona—, encontró que sus trayectorias se correspondían con el comportamiento de aquellas partículas elementales; e incluso, este modelo teórico llega a predecir el comportamiento de partículas aún no descubiertas. Cabe subrayar que otros científicos le han otorgado la forma de dona a nuestro universo. Representa un plano que se dobla para construir un tubo y que a su vez se retuerce a sí mismo para cerrarse en sus extremos, en una forma que en apariencia no nos presenta límites, pero que tal vez nos oculta su espacialidad.

¿Cuál es entonces el ser o esencia de la forma, cuál es su origen y que hay de su naturaleza? Ya los filósofos en la antigüedad nos plantearon que la materia y la forma son los modos fundamentales de la existencia. Platón y Aristóteles ubican a la existencia en el plano de las ideas y estas últimas como formas de materia en relación con su mundo. Heráclito plantea de otro modo que no hay esencias, hay movimiento, cambio, devenir. Podría decirse entonces que la esencia de la forma estaría en la relación existente entre la materia y las ideas. Pero, ¿qué hay del movimiento? Es interesante como puede relacionarse el pensamiento antiguo con el moderno, y encontrar ahora en la contemporaneidad, que la materia no puede separarse del movimiento, pues la materia sin movimiento físicamente no podría existir. Así mismo no hay forma sin movimiento ni movimiento sin forma, entonces la forma es también movimiento en su esencia.

Punto, línea y plano como principio y origen de toda forma que sin la acción del movimiento no podría concretarse. Pero existen formas que parecen inmortalizarse en la existencia, aquellas que como fotogramas congelados en el tiempo persisten en nuestras mentes para recordarnos lo que somos. Como también existen otras que se transforman en el tiempo para adaptarse a nuevas realidades. Y es allí donde las ideas aparecen también como fundamento de la forma, para mostrarnos que forma y hombre son inseparables.

El origen de toda idea de forma reside en el hombre que en su movimiento y devenir, transforma su realidad en la espacialidad para hacerla habitable, partiendo de su experiencia del mundo. Hay algo fascinante en la naturaleza, el universo y sus formas; es como si tuviesen algún tipo de conciencia de su belleza y creación.

Puede que el origen de toda forma esté en la naturaleza misma y sus leyes, capaces por sí solas de cohesionar materia y realidad. Así que tal vez, si algún día llegamos a entender realmente a la naturaleza, nuestra naturaleza, encontraremos las verdaderas huellas del creador.

Author
Diego Otero Buenos Aires
Edition
Erika Valenzuela Ciudad Juárez
  1. Génesis capítulo primero
  2. Grandes misterios del Universo, Cap 8 «¿Existe un creador?».

Published on 23/12/2013

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