Pensando sobre la formación que tuve cuando asistí a la universidad y la forma en que oriento el diseño a mis estudiantes (en ese ejercicio continuo de autocrítica y reflexión que hacemos cuando enseñamos), me di cuenta de que el hecho de haberme convertido en un diseñador ortodoxo y seguidor de las ideas del modernismo partió de mis propias vivencias universitarias. Para cuando me titulé pensaba que era libre de todo pecado; recuerdo que no me preocupaba mucho por el uso de la Helvética o de la Garamond en ese entonces, o de las rejillas como el elemento apoteósico de la escuela suiza del diseño. Pensaba que todo lo que hacía tenía «mí estilo». No tomaba muy en cuenta las bases sentadas por Glaser o por Vignelli, o qué era lo había hablado Paul Rand o Bierut sobre el tema; y como latinoamericano, veía a Ronald Shakespear o a Dicken Castro como los abuelos de mi profesión.
En esa época, mi forma de diseñar era la combinación de mis pasiones, de mis gustos y de un alto conocimiento técnico en el uso de los programas de diseño digital, partía entonces de la necesidad de crear algo despampanante, maravilloso; de ser conceptual y de romper los límites; fue definitivamente la faceta más creativa y de más color en mi ejercicio como diseñador. Y aunque en la escuela había tenido profesores que me habían inculcado el hecho de no usar más de dos tipografías en un diseño, y jamás me obligaron a usar simplemente la Helvética, la Century, la Times, la Futura o la Bodoni en mis creaciones; confieso que muchos de mis proyectos académicos fueron construidos con tipografías gratuitas descargadas de bancos de fuentes en la web. Tampoco me inculcaron el hecho de usar rejillas modulares y confieso también que muchas de mis piezas académicas partieron simplemente de la acomodación de los elementos buscando simplemente un equilibrio visual; entonces, debo ser totalmente honesto al decir que algo de mi trabajo actual no está construido alrededor de una rejilla modular completamente inalterable e inmaculada, pero sí está elaborado con tipografías clásicas y bien estructuradas.
Hoy, como neófito de la filosofía Vignellistica, seguidor acérrimo del modernismo y del racionalismo, discípulo de la Bauhaus, idólatra de la arquitectura de Le Corbusier y de Lloyd Wight, amante del diseño de Glaser y de Paul Rand; entro en conflicto conmigo mismo cuando ejerzo todos los días como diseñador y como profesor, así como también con mi propia formación y con el discurso que imparto en el día a día; veo entonces en mis estudiantes reflejada esa faceta creativa que marcó mi portafolio ecléctico; y a su vez me doy cuenta que fui un rebelde en contra de las ideas completamente esteticistas de mi época como estudiante. Fue entonces cuando voluntariamente me sometí a la rigurosidad del diseño pensado, del diseño marcado por los cánones del racionalismo, me sumergí en una serie de reglas que no están escritas y explicadas (a no ser por el Cánon Vignelli) y me convencí de que Bierut tenía la razón al afirmar que usar la Comic Sans era como el canibalismo o como tener sexo con tu hermana, simplemente no se debe usar. Para muchos de los diseñadores jóvenes como yo, este tipo de reglas son impensables, son desmedidas, son castrantes a la hora de diseñar y de ser «creativos». Yo he optado por permanecer, por quedarme, por ir más allá del estilo fácilmente imitable de la Helvética en retícula; por aprender las virtudes del modernismo y del diseño sumergido en el pensamiento.
He entendido que darle atención a cada detalle es lo que hace al buen diseño y que al limitar los elementos a usar no hay lugar a la confusión; que con la reducción de estos lo que queda debe ser perfecto; y al final, lo que se resalta es el contenido de la obra más que al diseñador mismo. He aprendido a que el buen diseño no debe hacer alarde del diseñador sino que debe hablar por sí solo.
No hay nada más hermoso que ver la obra de diseñadores como Massimo Vignelli, sin engaños y sin pretensiones, obras cristalinas de imágenes y textos perfectamente bien puestos y cuidadosamente secuenciados; en donde los elementos de verdad cuentan una historia, cobran un aire dramático pero sencillo, sin errores, sin confusiones ni manchas. Aprendí entonces a hacer un diseño humilde pero inteligente; a negar la impulsividad y a darle paso a la objetividad y a la claridad.
Publicado el 26/01/2012

Es una verdadera lástima que hayas negado «eso» que nos hace humanos, en otras palabras, tu intuición. Misma que yo procuro siempre utilizar en mis diseños. Porque resulta que disfruto muchísimo cuando el cliente me exige ese «toque» artístico en mi trabajo.

No estudio diseño Gráfico, sino Industrial, pero debo decir que aún así me apasiona. No tengo muchos conocimientos teóricos en realidad, pero he de decir algo que percibo en la actualidad: tanto en D.G. y D.I. muchos partimos de esa pasión constructivista, limpia, modernista, con todas esas grandes figuras como inspiración... pero parece que ya somos demasiados con esa influencia, y mucho actualmente se parece. Estos estilos jamás dejarán de ser buenos, pero creo que hay demasiado talento en el mundo como para remitirnos a seguir sólo imitándolo. Vamos a trabajar en algo nuevo!

Pienso q es importante conocer la metodologia del diseño como lo es el manejo de los colores, fuentes etc,sin embargo, la creatividad es libre y el sabor del diseño esta en no tener limites y atreverse a hacer lo diferente, en vez de lo cotidiano. Veo en la actualidad al diseño como una «moda» ej: ves un cartel o un logo con cierta forma y si demanda, todos siguen esa linea, hasta q llega otro diseñador y hace algo diferente, como un patron. En resumen estoy de acuerdo q los fundamentos sirven (Funcionalidad), pero es bueno salirse de parametros y ver mas alla de lo ordinario, HAY Q SENTIRLO

Excelente

Lo que mencionas es justamente la diferencia que en mi experiencia puedo ver que marca la diferencia entre los egresados de una escuela empapada de una practica y enseñanza del «buen» diseño (a pesar de parecer elitista) y las escuelas patito donde el diseño es sinónimo de saber usar el photoshop. Por otro lado, como menciona Javier Lede, esa percepción de unicamente buscar la exuberancia y el fácil impacto en el auditorio es justamente lo que denigra la práctica del diseño; para romper reglas, es necesario conocerlas y pensarlas (aunque sea un instante) por lo menos para pregonarlo.

Gran aporte. Franco, honesto, claro y verdadero. Sin auto-bombo. Me gustó y sentí fluir, al leerlo, el convencimiento, una vez más, que en los fundamentos está el verdadero éxito. Éxito para el profesional que ama y respeta lo que hace, más el éxito para el que recibe tal producto. Felicito a Jaime Andrés.

El ser racional, como su nombre lo da a entender es capaz de razonar es un ser pensante, así mismo creo yo debería ser el diseño,un diseño meramente puro, estoy en total acuerdo con el autor que el diseño tiene que ser quien hable por si mismo y exprese ese mensaje de manera correcta que en el se encierra y pretende dar a conocer,también concuerdo con Javier que las retículas son solo herramientas, un método mas para llegar a un fin común. El caso es que utilices el método y las herramientas que mas te gusten, tienes que ser coherente y racional no solo como emisor, también como receptor.

Buen artículo Daniel, mi experiencia es similar.
Por otro lado, me resulta soberbio el comentario del compañero Meave. En diseño tenemos que hacer clara la comunicación visual. Las retículas sólo son herramientas que hay que saber aplicarlas cuando corresponde y romperlas cuando no.
Chaves dice que «hay diseñadores que piensan que los clientes son sponsors para promocionarse a sí mismos», esto es lo que más devalúa a nuestra profesión.
Lo felicito como ilustrador Gabriel, pero como diseñador me preocupa.
º_º oye, si sabes quién es Gabriel Martínez Meave??? la comunicación implica el manejo correcto de las reglas y de las emociones, por favor no te olvides de consultar su trabajo

¡Ay!, confieso que no soy fan de Massimo Mínimo Vignelli. Es más, qué lástima que negaste tu pasión por crear algo despampanante y maravilloso, y cambiaste la magia por las retículas.
Yo no. Me pasó justo al revés. Dejé de una vez por todas las retículas racionalistas, las reglas castrantes del modernismo, la idolatría de la Bauhaus y la objetividad a ultranza. Regresé a lo barroco y a lo orgánico, a lo misterioso y a lo mágico. Reconocí que diseñamos para personas, no para robots, y que la ambigüedad, la seducción y la complejidad también son parte de la comunicación y de la vida.

El diseño responde a un mercado, y el mercado, como punta de lanza del sistema capital para el cual dedicamos nuestro esfuerzo, es lo más irracional que existe; en consecuencia, mientras el diseño se pretende racional, el consumo se fomenta irracional. Lo único racional que realmente interesa al sistema capital, es que la utilidad exista y la riqueza para los accionistas se evidencie, de resto, bienvenidos todos los impulsos emocionales vengan de donde vengan!

La enseñanza del diseño obliga a la formación docente, a moldear el pensamiento, estructurar las ideas y consolidar la teoría que la sustenta.
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La praxis y la teoría, dentro del ejercicio del Diseño, no son herramientas excluyentes. Al contrario, ambas conforman al profesional.
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Los diseñadores ejercen una especialidad sin fines propios, pero indispensable para la planificación industrial de artefactos.
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