La piratería de tipos es, si cabe, y a juzgar por las experiencias que me cuentan mis amigos tipógrafos, más dolorosa y sangrante que la de los paquetes de software o la de la música, o la del cine, o la de las fotocopias de libros. Porque si programadores, músicos, cineastas o escritores viven o esperan vivir de su talento, el tipógrafo es víctima de su propia obsesión, y no solo renuncia a poder vivir de su trabajo de tipógrafo, sino que además cae en las redes de la distribución, que como suele suceder en estos casos, son peores que el pirata de consumo.
Hay en esto una parte de ética: como en la música o en cualquier otra propiedad intelectual, lo de piratear es un bofetón para el que vive de los derechos devengados. Pero a partir de ahí, y siempre con la ley como rasero último, hay que analizar y no son precisamente las foundries nadie para echar nada en cara a los usuarios: si ahora se rasgan las vestiduras enarbolando como bandera suya la propiedad intelectual del diseñador de tipos, hasta hace bien poco cuando la piratería de usuario no era posible eran ellos quienes se fusilaban a cañón las tipografías, los unos a los otros, los otros a los unos, y lo que es peor, no se denunciaban en un mezquino pacto tácito de no agresión en el que el auténtico perjudicado era siempre el «royaltero». Y habrá quien diga que tan malo es lo uno como lo otro. En absoluto, entre usar una fuente sin pagar (el pirata usuario) y piratear un diseño para enriquecerse vendiendo miles de copias (no doy nombres que con estas cosas no se juega) media un abismo.
Viene esto a cuento por la insistencia de algunos representantes de las distribuidoras de fonts por mantener un discurso apocalíptico y «pseudomoral» en contra de la piratería.
O sea, que argumentación legal, la que quieran. Pero moralinas y sermones, ni uno.
Como con la música, habrá que empezar a pensar en articular fórmulas de uso y disfrute y de comercialización. Y aunque las fundiciones se aferren a su caduco modo de mercadeo, donde ellos siempre ganan y el diseñador sufre en silencio, esto va a precisar de nuevos modos de entender el negocio, en los que la desaparición del coste distribución (bendita internet) dará protagonismo a los autores frente a los mercaderes. Como los músicos —de momento unos pocos y los demás ya vendrán—, que ya están empezando a entender que las discográficas están a su servicio y no al revés. Y habrá que distinguir entre usos y usos, y no les vendría mal a esos fenicios de la letra empezar a mirarnos a los diseñadores y diseñadoras como prescriptores en lugar de vernos como resignados compradores o indeseables delincuentes. No es muy distinto de lo que sucede con los médicos y los laboratorios. Y así lo han entendido ya, por ejemplo, los fabricantes de papeles especiales, y no les va nada, pero que nada mal.
Y en la espera, apoyemos a esos pequeños grupos de tipógrafos que anteponiendo la pasión al business investigan, proponen nuevas maneras de hacer, de entender y de vender el diseño de tipos. En ellos y no en los mercaderes está, sin duda, el futuro de la tipografía.
Tengo un amigo que cada vez que compra un cedé de música en el top manta1, le manda tres euros al autor, a través del club de fans. Es una idea peregrina, pero mola.2
Publicado el 28/01/2008
Los textos de Álvaro Sobrino se publican bajo licencia Creative Commons CC-by.

El facil ser «socialista» cuando las vacas que se comparte son las ajenas.
Hay muchas fuentes de excelente calidad y disponibles en forma legal y gratuita. No seria mejor utilizar ese material disponible en lugar del snobismo de utilizar solamente la ultima tendencia en tipografias y andar desesperado buscando la forma de conseguirla.
Otra opcion posible es diseñar y digitalizar cada uno su propias tipografias, pero pedir eso es una utopia, es demasiado esfuerzo.

Habrá que acostumbrarse a «compartir», teniendo en cuenta que las nuevas generaciones ya crecen con la idea de que todo se consigue en internet fácil y gratis. El desafío, entonces, es moral, ya que -como bien plantea el autor del artículo-, los tipógrafos son trabajadores como cualquiera de nosotros y merecen no sólo reconocimiento por su esfuerzo y por su profesionalismo, sino también el poder vivir de lo que hacen. También coincido en la conclusión: creo que lo interesante está en los pequeños grupos autónomos; a ellos hay que apoyar para que siga habiendo nuevas tipos de calidad.

Los diseñadores gráficos nos encontramos en el umbral de una nueva revolución desde la incorporación de la computadora a nuestra labor.
En diciembre del 2006 se publicó el último número de la revista argentina tipoGráfica. Propongo un repaso del camino recorrido, recordando los hechos relevantes de su trayectoria.
Un texto de caracteres animados que cuestiona la percepción de ciertos usos lingüísticos.
Diseñar en los pueblos es trabajar en tierra virgen, la siembra suele ser muy dura pero la cosecha un tanto fructífera.
Una singular contienda en la que dos países latinoamericanos midieron sus «fuerzas tipográficas».
Los diseñadores ejercemos una práctica que es funcional al consumismo y a la globalización; contribuye con la irracionalidad del mercado y con la pérdida de identidad de nuestras ciudades.
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Apuntes sobre la relación entre el diseño, el papel y lo digital.
Versão sintetizada, em modo de decálogo.
El cambio de percepción del mundo influye a favor de los conceptos y metodologías de una disciplina transversal como el diseño.
A propósito del artículo de Francisco Yantorno.
Conselhos para obter melhores resultados nas entrevistas para emprego na área do design.
El diseño nos importa a todos, pero no significa lo mismo para todos. ¡Por fortuna!
Hasta qué punto nos dejamos influenciar por el trabajo de otros. Desarrollar el propio estilo puede ser uno de los logros más gratificantes.
No persigas a tu cliente, deja que te encuentre en línea.
Una selección de ideas del reconocido publicista estadounidense para quien la publicidad no es una ciencia, sino un arte sutil.
Empatía, intuición, colaboración y experimentación son las palabras de turno que están transformando el mundo corporativo en la creación de nuevos productos y servicios.