Existen varias tareas pendientes en relación a la educación en Diseño que requieren ser resueltas en varios países de nuestra América. Es necesario encararlas de una buena vez, sobre la base de que el diseño como actividad resulta indispensable (en el contexto de la sociedad y la oferta mercantil globalizada contemporánea) si se desea elevar la competitividad y la economía nacional.
Si partimos de la idea de que resulta necesario innovar en diseño (de productos, estrategias, campañas, servicios, etc.) para poder aspirar a ser países comercialmente competitivos y socialmente sustentables debemos entonces también innovar en nuestros planes de estudios y modelos educativos, y reflexionar en el nivel superior al punto de ser capaces de proponer una clara y actualizada definición de qué cosa es, qué no es, y qué cosa debería ser el diseño contemporáneo y cómo enseñar a diseñarlo.
Resulta una realidad evidente, por ejemplo, que en la actualidad el mismo producto comercial sufre una suerte diferente en el mercado en función de la cantidad y la calidad de diseño involucrado tanto en su producción como en su comercialización. En casi todas las universidades y escuelas que imparten las licenciaturas en Diseño, (con sus distintos apellidos: Industrial, Textil, Gráfico, de Modas, etc.) existe la necesidad urgente de replantear varios de sus enfoques, comenzando por sus mecanismos de selección para el ingreso y permanencia, hasta los mecanismos que tienen —o no tienen— para fomentar con éxito la inserción del egresado en el campo laboral y las áreas productivas. Esta, sin duda es una de las tareas pendientes.
Dentro de la realidad a la que se enfrenta el egresado de una escuela de enseñanza de Diseño Gráfico en México, existen al menos entre 40 y 50 instituciones1 de nivel licenciatura (escuelas o universidades) dedicadas a la enseñanza del diseño, sin considerar las filiales, sucursales, o campus de una misma universidad; a éstas se deben añadir las instituciones no registradas y las escuelas técnicas «instantáneas», que prometen la capacitación en seis meses o menos y que según cálculos de la asociación ENCUADRE 2 alcanzarían la cifra de 185 escuelas.
Cada una de las 50 instituciones educativas superiores envía como egresados al campo profesional (titulados o no) aproximadamente a 80 personas por año es decir, cerca de 4000 diseñadores que anualmente deben de competir por un mínimo de plazas disponibles de nivel principiante y menos aún plazas estratégicas de nivel medio y alto ya sea en empresas, despachos independientes, estudios o agencias.
El análisis de la realidad contemporánea obliga a que las autoridades académicas de cada escuela reflexionen sobre la necesidad y urgencia del replanteamiento tanto de su perfil de egreso como de la estructura y objetivos de sus planes de estudios; pero sobre todo, les obliga a que realicen la adecuación de su modelo educativo: ¿está diseñado acorde a las características actuales del estudiante? ¿Acorde a los posibles escenarios futuros del campo laboral? ¿De los proyectos de verdadero desarrollo para su país? Es decir, aquellos que se alejen de la idea de que el subdesarrollo es un estado previo al desarrollo y que lo entienden en su verdadera magnitud: el subdesarrollo ¡es un estado negado de desarrollo!
La realización de este tipo de reflexiones y replanteamientos resulta fundamental para que antes de pretender lograr innovar y ser competitivos, resolvamos toda una serie de fenómenos que diariamente se observan en muchas de las instituciones educativas; las que continúan consumando la enseñanza del diseño con un modelo asincrónico que perpetúa una serie de mitos y costumbres negativas en torno a la enseñanza del diseño y a la actividad de diseñar. Baste mencionar el mal copiar otros modelos educativos (nacionales o extranjeros) sin detenerse antes a reflexionar por sí mismos, como institución, acerca de su situación contemporánea específica, social, geográfica y cultural.
Mitos y costumbres como el de múltiples autoridades académicas y profesores que toman ya por hecho constitutivo de la vida universitaria, el dar por aceptado que de un grupo de 30 o 40 alumnos se espere sean brillantes si acaso uno o dos y medianamente sobresalientes, si acaso, cuatro o cinco más, y al resto simplemente no se les considere un gran futuro como diseñadores.
Ello provoca, además de enviar al campo profesional a egresados mal preparados (poco innovadores, nada competitivos, inseguros o que llevan lagunas importantes de conocimiento), el que un alto número de alumnos en activo no tengan clara ni convencida su orientación vocacional aún ya avanzados en sus estudios universitarios; lo que no sólo genera un rendimiento escolar pobre, sino un gasto de recursos importante tanto por parte del alumno (en materiales, transporte y tiempo biológico), como por parte de la institución (pago a profesores en horas de clase infructuosas, pago de técnicos, mantenimiento, uso de infraestructura y gasto de recursos —luz, agua—), además de ocupar un lugar que podría haber aprovechado mejor un alumno más dotado, y del desperdicio de las verdaderas habilidades con que cuenta ese estudiante desorientado, que podrían ser quizá mucho más productivas en otras áreas o disciplinas del conocimiento.
No olvidemos que el seguimiento y la supervisión de la orientación vocacional así como de las habilidades y limitaciones de cada uno de sus estudiantes, es una responsabilidad que en las instituciones de educación superior no se debe dar por descontada. Hay que dejar de lado la falacia de que la orientación vocacional es asunto de otro nivel educativo previo, de «otra ventanilla administrativa». No es así, la orientación vocacional es responsabilidad de todo aquel profesor que ejerce el magisterio de una manera responsable.
Otra gran tarea pendiente es que en la mayoría de los planes de estudio la carga de asignaturas llamadas teóricas tiene un mal enfoque, y sobrepasa —a veces por mucho— la capacidad intelectual humana de los estudiantes. Es necesario aceptarlo y corregirlo: la cantidad de información que se espera que un alumno interiorice, valore y digiera resulta ser simplemente no realista. Ya lo advirtió el filósofo Ortega y Gasset a inicios del siglo XX: «es imposible que el buen estudiante medio consiga ni remotamente aprender de verdad lo que la Universidad pretende enseñarle»3, refiriéndose al modelo educativo Español, el cual América copió —o heredó— hace casi cien años para fundar sus universidades.
Si bien es cierto que este problema lo comparten prácticamente todas las áreas académicas, como resultado de la gran cantidad de generación de conocimiento propia del mundo contemporáneo, ello no exime a los responsables del diseño de los programas de estudio, de esforzarse (aún al límite de su capacidad, ya que las condiciones hoy así lo exigen), a plantear nuevas formas de adecuar continuamente los planes de estudio a fin de que siempre ofrezcan la mayor cantidad de información actualizada y necesaria que un alumno puede asimilar, cuidando, además, la justa medida de temas y conceptos transmitidos.
Resulta muy común que ciertas asignaturas como semiótica, medios de comunicación, historia y análisis, capturen la mayor parte del tiempo de estudio, y ello a costa de la práctica de la labor de diseño como tal. Es necesario formar a un diseñador integral consciente de la realidad y el entorno que lo rodea en su momento histórico, pero si la intención de una licenciatura en diseño fuera la de formar teóricos de los medios de comunicación o de la teoría del lenguaje, semejante énfasis tendría todo el sentido. Sin embargo, como ya nos lo advirtió Raúl Belluccia, debemos recordar que «el diseño es una práctica profesional, un hacer, un oficio y no una teoría… ¿Puede concebirse una escuela de fotografía donde los alumnos saquen muy pocas fotos… o una escuela de gastronomía en donde los que aprenden no pasen la mayor parte del tiempo cocinando? Sin embargo, —hoy— hay escuelas de diseño en donde se diseña muy poco».4
En resumen, debemos hacer lo que nadie ha hecho para lograr que nuestros egresados se distingan por sus habilidades, por sus propuestas, por sus actitudes y por sus valores, del resto de los estudiantes formados o deformados en las escuelas nacionales o del resto del mundo. Debemos quizá, por ejemplo, pensar la enseñanza del Diseño en el país de acuerdo a cada sector productivo, analizando la pertinencia de quizá regionalizarlo en función de la ubicación geográfica o de las necesidades de sectores específicos de desarrollo. El tiempo actual lo requiere sin demora; ya que de no realizarse con celeridad, la historia futura de cada país subdesarrollado deberá cargar a la comunidad de profesores y diseñadores contemporáneos con una parte importante de la responsabilidad, por el fracaso económico, de desarrollo y de la calidad de vida de sus pobladores.
Esto implica realizar también una cuidadosa revisión de la función social del diseño, del papel de la teoría en la enseñanza, de los métodos para enseñar y evaluar en lugar de calificar. Todas ellas son, entre otras, urgentes tareas pendientes que se deben afrontar y replantear no solo a nivel individual o institucional, sino a nivel nacional y de gobierno. Esta reflexión deberá llevar también a sopesar si la misión y objetivo original de la educación universitaria no se ha tergiversado.
Publicado el 21/01/2012

Gerardo exelente reflexion como estudiante de diseño industrial en colombia estoy totalmente deacuerdo que el pretender solo innovar y ser competitivos en este campo,primero es importante ver mas alla y prestarle atencion a nuestras instituciones educativas y sus modelos de enseñanza,y me agrada la idea llevar a cabo la enseñanza del Diseño en latinoamerica de acuerdo con cada sector productivo,a las necesidades de sectores específicos de desarrollo,y nosotros como estudiantes distinguirnos por nuestras habilidades y propuestas con el fin de desarrollar proyectos a favor de comunidades.


muy bno peor no solo pasa en el diseño, creo q en muchas carreras a nivel latinoamerica

En Ecuador, las escuelas de diseño no han provocado un impacto visible en las tareas de innovar, los egresados de las universidades son actores pasivos, esto se debe a una educación muy teórica.

Hola Paul, le felicito por su reflexión, reciba un saludo. Miguel Angel ENAP UNAM

Muy acertada la reflexión, me encantaría que lo leyeran.... (Que demonios yo si me comprometo con nombres y apellidos) los directivos de la Universidad Jorge Tadeo lozano de Bogota, que están arruinando el mejor programa de Diseño Industrial de Colombia copiando unos modelos inviables que alguien trajo de Italia. Esto no es Italia, es Colombia y necesita una academia adaptada a las necesidades tal como dice el escritor del articulo.

Paul, interesante reflexión. De ahí la necesidad de aprender a desaprender para innovar no solo en planes y programas de estudio, en la cátedra. Es importante para todos los que estamos inmersos en la docencia e investigación de esta importante área, reflexionar sobre nuestra práctica y replantear lo que estamos haciendo para lograr un impacto más inmediato, dado que regularmente los trámites burocráticos para hacer cambios o mejoras en planes y programas de estudio, tardan mucho en llegar al aula. Lo mejor es iniciar por uno mismo.
Saludos y que gusto participar en estos foros.

Recomiendo ver el video de youtube de Alvin Toffler sobre educación. Enlace donde analiza la estructura actual de la educación. Creo que se aplica perfectamente a toda la educación ahora que nos encontramos en la era de la información.

Doctor Cruz. Muy crítico su escrito, diría yo que muy duro. En mi opinión, esa esa la realidad de algunas instituciones que no han dimensionado la verdadera dimensión del diseño y mucho menos de la Universidad como motor de cambio social. Respetando ampliamente su mirada y aceptando que si... hay «instituciones» que instruyen (más que formar) operarios ( más que profesionales) también es cierto quew el sector productivo debe asumir su parte de responsabilidad en esta dinámica al contratar «mano de obra barata» para cargos de profesionales buscando mayor rentabilidad para su negocio.

Es totalmente necesario que una carrera de diseño se rediseñe curricularmente con brechas de tiempo cada vez más cortas. Hoy es básico combinar el cruce entre tecnología y humanidades, tecnología e historia, tecnología y artes. Ese cruce hace posible, que se readapten los métodos, los contenidos y las competencias. Si seguimos haciendo la academia como en el siglo XIX tendremos resultados del siglo XIX. El mercado del diseño está estrechamente marcado en el desarrollo de aplicaciones y la automatización. Alguien ha evaluado ya el iBook Author de Apple? Ahí está una tendencia muy clara.

Un muchos puntos muy de acuerdo, pero tampoco debemos esperar todo de la academia. Debemos considerar que el campo del diseño es tan amplio que el tiempo en las aulas no es suficiente para abarcarlo todo. Considero que el currículo de las carreras de diseño debe revisarse y actualizarse cada 5 años. También deben haber opciones de especialización después de apropiarse de las bases del diseño.

Buen aporte, pero analizando desde la optica visual, creo que muchas universidades crean sus programas de diseño y no se detienen a ver si la calidad de sus programas son buenos, de hecho hay alumnos mediocres pero se matriculan por estar ahi solamente, lo que pasa es que una institución debe tener un punto de equilibrio para poder subsistir de lo contrario le tocaria cerrar sus puertas, en Colombia la educación se volvió más que un negocio.

Automáticamente me transporto al primer día de trabajo de un recién egresado o para ser más extremo a su primera entrega de Arte Final a una imprenta, con un arte aprobado el arte en pantalla o en una impresión casera, es allí en donde vemos las grandes deficiencias en la enseñanza, colores mal calibrados, imágenes sin sangrados, textos negros reservados o compuestos con todos lo colores, una serie de errores técnicos que dan malos resultados de impresión y acabado; creo que no solo debemos enfocar la enseñanza en la teoría del diseño, sino también en pre y post-prensa

interesante articulo gerardo, desde la perspectiva local es interesante plantearse la «forma» en que sacamos estudiantes a un mercado cada vez más globalizado, personalmente creo que la orientación se debe dar hacia la cantidad de lugares que nuestros nuevos diseñadores podrían emplearse, se hace necesario que los docentes que impartan clases sean parte del mundo laboral y que esa experiencia actualizada llegue de primera fuente al estudiante.
Comparto absolutamente que los docentes tienen parte importante en la motivación y el desarrollo de los nuevos profesionales.
Saludos desde chile!

Totalmente de acuerdo, Gerardo. Tu artículo es uno de los más pertinentes que he leído en un buen rato.
Muchas universidades mexicanas han caído en la tentación de dar cabida a todos los que quieran ingresar y que paguen. En México, hoy, la educación del diseño es mejor negocio que el diseño. Estas instituciones no les interesa unirse a un gremio o a un mercado real de profesionales: les basta el pingüe mercado de estudiantes desorientados, que pagan mucho o poco por una carrera «de moda». Su interés es mantener o agrandar su matrícula, no si preparan profesionales capaces. Triste pero cierto.

En la exposición de diseño mexicano del Museo de arte moderno de Chapultepec hay una línea del tiempo 1932-2000. En 1983 se lee: «Mauro Kunst y Felipe Covarrubias fundan y editan la revista de diseño Magenta». Bien, el # 7, verano '84, lo dedicamos a la educación, hay reportes de 22 países, que contienen idearios, premisas, planes y ejemplos, todos desde el ojo universitario. El editorial puede ayudar a este complejo tema, pues habla de principios. (...)«Los principios nunca están ocultos, de ahí la aventura de su descubrimiento, «(...) En alguna buena biblioteca debe existir el ejemplar. ¡Valor y castellano son necesarios!

Estimado maestro Paul, totalmente de acuerdo contigo, aunque yo agregaría, la redefinición de los planes de estudio en nuestro país, México va más allá de una escuela o plan de studio, está en una política nacional educativa que reformule todo el sistema educativo que está hecho añicos por nuestros gobernantes, corruptos e icompetentes, a su vez están supeditados y dependen de modelos culturales hegemónicos.
Por otra parte la estética, semiótica y hermenéutica deben formar no solo parte de las asignaturas, sino vertebrar una disciplina que pretende ser de comunicación.

Excelente artículo y totalmente de acuerdo. Creo que el diseño en AL debe procurar aportar a las sociedades y economías locales un valor agregado más allá de lo estético, ya que es la forma en la cual se aprecia actualmente por la mayoría. Nadie cuestiona la utilidad a la sociedad que le da un médico, un arquitecto o un contador, por lo mismo, en el tema del diseño el campo está abierto para proponer y plantear una interacción con su entorno que le permita mostrarse como una actividad útil y necesaria en la sociedad contemporánea. Y sí, todo empieza en la Universidad.

El diseño y la sociedad tienen que reajustarse a nuevos valores ecológicos. El papel formativo del diseño en este nuevo siglo.
Todo diseño reconoce antecedentes, todo lo nuevo se basa en experiencias anteriores, y en ese proceso, inevitable y legítimo, también hay lugar para la mala fe.
La innovación se ha convertido en un imperativo social y político. Hace falta un discurso acerca del papel del diseño como agente de esa anhelada innovación.
La expresión de la forma en que piensan los diseñadores, aplicada sistemáticamente en al proceso de innovación y solución de problemas complejos.
La inexacta definición del concepto de sistema, virando riesgosamente hacia el de régimen autocrático, pone un acento excesivo en la consideración de supuestos logros sistémicos. El perjuicio: la desvalorización de la vital capacidad comunicativa y funcional de cada pieza o instancia individual constituyente.
Comprender el aula como un espacio heterogéneo de aprendizaje nos ayudará a formar los diseñadores que nuestra profesión necesita con urgencia.
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