2

Álvaro Magaña Tabilo

Diseño y dinero

Santiago | ¿Para qué se estudia la carrera de diseño? ¿Por lucro o altruismo? Lo que nos pasa con el dinero subyace a la respuesta de estas preguntas.

Álvaro Magaña Tabilo
Seminario de Sistemas de Identidad - 17 de Septiembre - Buenos Aires

A raíz de la publicación de mi artículo «Todas esas cosas que no son diseño» en FOROALFA, sostuve un breve intercambio de opiniones por correo con una diseñadora industrial colombiana, para quien lo que escribí en el texto me posicionaba como promotor del «diseño cortesano», concepto que usa Ramiro Espinoza para referirse a quienes, habiendo abandonado el altruismo, diseñan «como si fueran técnicos» vehiculizando «expectativas ajenas, renunciando a toda sublimación, cercenando su Eros creativo […] un sujeto alienado, que no tendrá conciencia de su rol en la sociedad y que, por lo tanto, será incapaz de reformularlo».

No puedo estar más de acuerdo con el proceso descrito en el artículo de Espinosa respecto a las evoluciones y finalidades del diseño, pero naturalmente discrepo por completo de las consecuencias y las definiciones derivadas de dicha visión, las que por cierto traen consigo no sólo las palabras —que describen una situación que para Espinoza y para la diseñadora que opinó sobre mi texto no podía ser más indeseable (diseñadores sólo diseñando por dinero)—, si no además una creencia acerca de lo que es la técnica, la dependencia, la creatividad y el rol económico del diseño.

Me decía la diseñadora que en el fondo le causaba tristeza que hubiese diseñadores que sólo trabajaran su profesión por el dinero, y esta apreciación que no puedo eludir ni devaluar, creo que es un ejemplo muy claro de la profunda crisis de las vocaciones profesionales y en paralelo de las promesas sociales relacionadas con la educación, dilema que no es privativo del diseño.

Para muchos la vocación, o el llamado a ejercer una determinada disciplina, está disociada de la recompensa económica como patrón de medida del éxito. Idea similar uno suele hallarla en los discursos algo místicos y voluntaristas de gente que ha tenido considerable éxito (todos hemos oído el discurso de Steve Jobs en Stanford, o en una escala más modesta y local el puteo del alma que hace Federico Luppi en la película de Aristaráin, «Lugares Comunes»1 encarnando a Fernando, quien le dice a su propio hijo que lo ha traicionado por no haber seguido su vocación: «lo que le gusta», lo que lo «conmueve» y el hijo le responde que su trabajo «le entretiene y lo hace bien» que le está dando «un futuro» a los hijos y a su mujer —hay que verla—) y también de gente que muy posiblemente ama su trabajo sin haber tenido el mismo éxito de Jobs.

Concuerdo que los mayores aportes que una persona puede hacer a su profesión son independientes de la recompensa económica. De hecho la autorrealización, en su más amplia acepción, permite involucrar toda clase de recompensas: reconocimiento de los pares (que no siempre redunda en riqueza material), comodidad existencial (sentirse a gusto en la situación cualquiera esta sea), sentido del deber cumplido, etc. Pero al mismo tiempo, el sentirse bien con uno mismo implica dosis de libertad que —en la sociedad de mercado que vio nacer al diseño y de la que éste se nutre permanentemente— están relacionadas con el poder adquisitivo, la gestión del dinero y la habilidad financiera en todo nivel: desde hacer maravillas con un bajo presupuesto, hasta saber invertir los excedentes de una exitosa operación comercial.

Todo lo que se ha dicho está muy bien, además no se ha hablado de formar comunidades autoabastecidas basadas en el trueque, o de volar el sistema económico para «liberar» a nadie, como postula Fight Club2.

Pero debemos reconocer que estamos hablando de una sociedad en que el aprendizaje de una profesión deriva de una necesidad social o de una falla de mercado que requiere personas capacitadas y con las competencias adecuadas para resolver dichas necesidades o fallas.

Además debemos considerar que en este mismo escenario impartir la educación es también un legítimo negocio, y como todo negocio se sustenta sobre promesas de satisfacción del consumidor a cambio de dinero.

Por cierto las escuelas de diseño explotan ambos argumentos para atraer matrícula (ojo que no hablo de alumnos, ni estudiantes): por un lado cumplir sueños, seguir la vocación, explotar los talentos y luego ser útil al país, a la empresa, al futuro, etc. Así, si bien en las promociones de educación profesional nunca se habla de asegurar trabajo, campo ocupacional ni opciones de desarrollo que no sean académicas (salvo contadas excepciones), creo que es justo que la educación del diseño se haga cargo de la complejidad involucrada en compatibilizar vocaciones, talentos reales, desarrollo de habilidades técnicas y sociales con demandas reales; ya sean explícitas de la industria y el comercio, o de necesidades concretas de la población sin acceso al apoyo del estado.

Una opción no desestima la otra. Pero así como creo que la enseñanza humanista en su definición más genérica es necesaria para cualquier tipo de educación, el foco desmedido que ésta ha recibido en la enseñanza de nuestra disciplina ha generado un doble problema a quienes ejercemos la profesión: la necesidad de una conversión (que es casi una apostasía a los credos académicos de antigua raigambre) del mundo ideal de la academia al crudo mundo del trabajo, y la imagen instalada de que el perfil del diseñador se aproxima más a un anarquista bohemio (por lo general mal preparado para enfrentar al mercado, a los clientes o a cualquier tipo de institución no educativa) que a un asesor estratégico al servicio de las empresas y su país.

Esto demuestra en mi opinión un conflicto muy extraño entre las creencias acerca de lo que representan los conocimientos «humanistas» y artísticos para el diseñador, y lo que en realidad son «el arte y las humanidades», si es que tales cosas son factibles de ser definidas con un objetivo claro para el diseño (si es que a su vez éste es factible de ser definido para el bienestar de quienes lo ejercemos).

¿No será más bien que tenemos que definir la relación de las profesiones (la nuestra en particular) con el dinero?

  1. Película de 2002, de Alfredo Aristaráin. Escena:
  2. Película de 1999, de David Fincher, sobre la novela de Chuck Palahniuk. Parlamento de la escena citada: «En el mundo que veo, estás al acecho de alces a través de los húmedos bosques que hay alrededor de las ruinas del Rockefeller Center. Estás vestido con ropajes de cuero que te durarán por el resto de tu vida, Te trepas por las gruesas enredaderas que envuelven la torre Sears. Y cuando miras hacia abajo, ves pequeñas figuras machacando maíz y colocando tiras de carne de venado sobre el carril vacío de una autopista abandonada». Escena:

1 opinión

Seminario Santa Fe 2010 - 9 de Septiembre - Santa Fe

IMPORTANTE: Los contenidos publicados no expresan la opinión de los editores y responsables de FOROALFA, quienes no asumen responsabilidad alguna por su autoría y naturaleza. Para la reproducción de contenidos, salvo en los casos expresamente indicados, es necesaria la autorización expresa del autor. Dada la gratuidad de este sitio y la condición hiper-textual del medio, agradeceremos evitar la reproducción total en otros sitios Web. En cambio, sugerimos y valoraremos la reproducción parcial de contenidos, en tanto se incluya, además del nombre del autor, el título y la fuente (FOROALFA), un enlace a esta página (http://foroalfa.org/es/articulo/155/Diseno_y_dinero) en un lugar claro y visible, que invite a completar la lectura en FOROALFA.

Del Vecchio Design Management
Noticia
Autor:
Virginia Ramirez Moreno

Virginia Ramirez Moreno

Título:

La letra en el aula

Sinopsis:

GUADALAJARA | ¿Cómo hacer que el estudiante diseñe al servicio del texto y, a la vez, desarrolle un pensamiento crítico propio?

Noticia
Autor:
Noticia

Noticia

Título:

Gran encuentro anual de diseño

Sinopsis:

BUENOS AIRES | La Conferencia FOROALFA 2010 propone dos jornadas intensas para actualizarse y compartir reflexiones con profesionales del mayor nivel en sus especialidades.

Caso
Autor:
Casa Rex

Casa Rex

Título:

Sopas Knorr: imagen y tentaciones

Sinopsis:

SAN PABLO | El rediseño de los envases de las sopas Knorr obedece a un cambio en la percepción del público acerca de los productos naturales.

Votos: 64
Debate (Destacado)
Autor:
169 opiniones

169 opiniones

Título:

¿Quién es el mejor diseñador?

Sinopsis:

Cada uno de nosotros tiene su preferido dentro de la profesión. Es ese diseñador que por la calidad de sus trabajos nos provoca admiración y lo tomamos como ejemplo a seguir. ¿Quién es su diseñador favorito? ¿Por qué?

Votos: 172
Artículo
Autor:
Alejandro Rodríguez Musso

Alejandro Rodríguez Musso

Título:

Diseño, territorio y emociones

Sinopsis:

VALPARAíSO | La aplicación del diseño sistémico para potenciar el valor e imagen de regiones y territorios.

Votos: 41
Artículo
Autor:
Fernando Martínez Agustoni

Fernando Martínez Agustoni

Título:

El diseño: la más práctica de las teorías

Sinopsis:

MONTEVIDEO | Es por su naturaleza teórica que el diseño se diferencia de los tradicionales procesos productivos, pero debe encararse aún la formulación de su teoría en un corpus integral.

Votos: 34
Noticia
Autor:
 Dg Gonzalo Tellez Liendo

Dg Gonzalo Tellez Liendo

Título:

Formar autómatas o diseñadores

Sinopsis:

COCHABAMBA | Cuando la docencia es ejercida por quienes no conocen el diseño y su práctica, se pone en riesgo el futuro de la profesión.

Votos: 45
Caso
Autor:
Designo Patagonia

Designo Patagonia

Título:

Una silla con patas y pies

Sinopsis:

BARILOCHE | Una curiosa silla de madera maciza con tres patas propias y dos más que aporta la persona que se sienta.

Votos: 73
Noticia
Autor:
Noticia

Noticia

Título:

Marcas, color y tipografía en los sistemas de identidad

Sinopsis:

BUENOS AIRES | Un Seminario FOROALFA a cargo de Rubén Fontana y Zalma Jalluf sobre su extensa experiencia en el diseño de identidad e imagen corporativa.

Votos: 33
Artículo (Destacado)
Autor:
André Ricard

André Ricard

Título:

El plagio en el diseño y sus matices

Sinopsis:

BARCELONA | Todo diseño reconoce antecedentes, todo lo nuevo se basa en experiencias anteriores, y en ese proceso, inevitable y legítimo, también hay lugar para la mala fe.

Votos: 84