Con éste ensayo me gustaría ayudar a los diseñadores a comprender que el funcionalismo en el diseño no es una simple valoración positiva de lo práctico, sino que es en realidad una categoría estética.
Como veremos se trata de una teoría muy antigua, cuya evolución Edward Robert de Zurko analizó muy bien en su obra Origins of Functionalist Theory1 (1957). Este autor emprendió la exploración de las teorías funcionalistas a través de las obras literarias de arquitectos, artistas, filósofos y moralistas. Aunque las teorías de Zurko se dirigen a los arquitectos son lo suficientemente abstractas como para poder ser aplicadas al diseño de cualquier objeto que, como los edificios, tenga que compaginar funciones de tipo práctico con funciones de tipo simbólico.
De acuerdo con el texto de De Zurko el funcionalismo es una gran tradición que ha interesado a los mejores filósofos de Europa y América. Se trata de una línea de pensamiento que implica un modo de ver las cosas y una percepción de la belleza que no es universalmente compartida. Si hablamos de un modo de ver y de pensar, de algo que se explora mejor en los textos de los filósofos que en los edificios de los arquitectos, luego entonces podemos concluir que el funcionalismo más que un estilo o un repertorio de formas es una predisposición mental. O mejor aún, un modo de ver.
El antropólogo, el historiador o el diseñador contemporáneo que descubre atributos de belleza en el diseño de los objetos de la cultura vernácula o proto-industrial y se empeñan en salvaguardarla, lo hacen porque han adquirido esta mirada. Para el campesino o el artesano rural, que no han sido educados en los principios del funcionalismo, la estricta adecuación de las formas al uso, la sinceridad constructiva y la restricción ornamental son el resultado de la necesidad y cuando la vida útil de un objeto ha concluido éste se deshecha sin mayores problemas. En cambio para las personas que han adquirido la mirada funcionalista, se trata de objetos cuya calidad estética es tal que las acerca al arte y las hace merecedoras de ser inmortalizadas en un museo.
El libro 300 Years of Industrial Design escrito por Adrian Heath, Ditte Heath y Aage Lund Jensen2 es una narración histórica que se aparta considerablemente de los relatos realizados por el stablishment de la historia del diseño cuyos autores son, en su mayor parte, historiadores o académicos formados en el ámbito de las humanidades y su mayor empeño ha sido explorar el fenómeno del diseño desde un punto de vista social, profesional, estético, técnico y económico.
En cambio en 300 Years of Industrial Design nos encontramos con tres profesores de arquitectura y diseño daneses que viajaron por toda Europa, en busca de utensilios e instrumentos fabricados en los últimos trescientos años, ejemplares por su relación forma-función-construcción y despojados de cualquier elemento ornamental. Cada obra seleccionada en este libro cuenta con una completa ficha que incluye una serie de datos históricos, un par de fotografías y un plano técnico. Más que una narración se trata de un libro-catálogo o de una especie de museo imaginario estructurado de acuerdo con los materiales constructivos tradicionales: metal, madera, cerámica y vidrio. Podríamos decir que esta historia no hace concesiones a la estética en la medida que los objetos no se han seleccionado por su vinculación con corrientes artísticas canonizadas, pero en realidad es una obra que responde a una teoría estética muy determinada: el funcionalismo. La mirada funcionalista no es universal, más bien lo contrario. En muchas épocas y culturas, que un objeto o un edificio estuviera óptimamente adaptado a su uso es decir, que fura práctico o funcional, no implicaba necesariamente que fuera bello.
En determinadas épocas y contextos la belleza se alcanzaba por otras vías, generalmente ornamentales y simbólicas.
Publicado el 04/08/2008

lo funcional como categoria estetica es una de las razones por la cual los medios masivos de comunicación absorve la percepcion visual del consumismo .

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