Las convenciones, aunque desestimadas por su ligazón con lo normativo, con lo que aprisiona a veces la creatividad, con lo llamado a ser superado, se nos hacen sin embargo necesarias si queremos abordar el terreno de lo conceptual; sería infructuoso discurrir a través del arte y del diseño sin fijar un marco desde el cual comparar, proponer o experimentar. De ahí que convenir en aceptar una definición para ambos conceptos será nuestro primer escalón.
Arte: "El arte es una actividad humana consciente capaz de reproducir cosas, construir formas o expresar una experiencia, si el producto de esta reproducción, construcción, o expresión puede deleitar, emocionar o producir un choque", escribe de manera limpia y perfecta el esteta Tatarkiewicz.
Diseño: Aquel proceso de creación, desarrollo y producción de un objeto que intenta dar respuesta a una necesidad y que lo hace en el contexto de una compleja amalgama de condicionamientos técnicos, sociales y políticos; de características históricas y psicológicas.
Con esto ya tenemos una referencia desde la que apoyarnos. La decisión de tomar éstas y no otras definiciones descarta planteamientos diferentes, quizás tan o más interesantes, pero hay que decantarse por un sendero si se quiere llegar a un destino (equivocado o no, siempre será un destino, contrario a un vagabundeo conceptual, circular).
Dado este planteamiento, lo común es construir entonces el cajón “arte” y el cajón “diseño”, desparramar por la moqueta todos los objetos creados conscientemente por el hombre a través de su historia e ir clasificando: bodegón metafísico de Morandi, está claro, al arte; máquina de escribir Olivetti, diseño; Peine del viento, Chillida, otro para el cajón de arte; tipografía Futura, Paul Renner, diseño;… y así hasta clasificar todo o casi todo lo creado. Surgirían dudas con respecto a ciertas obras encontradas en el arte (la escultura románica, ¿arte o un sistema altamente normalizado de comunicación visual de divulgación religiosa?); con obras de diseño (los títulos de crédito de Saul Bass ¿no podrían exponerse en el MoMA?). Se intentaría, por fin, encajar alguno de los cajones en el otro y, seguramente, estos cederían para desparramar su contenido otra vez por la sufrida moqueta. Tarde o temprano alguien nos regañaría por el desorden.
El problema reside en que no podemos disponer esos dos contenedores de tal manera que todo quede clasificado y en su sitio. Junto al contenedor de arte, es decir, de aquellos objetos construidos, aquellas formas reproducidas o experiencias expresadas conscientemente para deleitarnos, emocionarnos o conmocionarnos sólo podemos colocar el cajón de aquellos objetos, formas o expresiones que no fueron creados para ese fin o únicamente para ese fin. Allí estarían los creados con el fin de vestirnos, de sujetarnos, de ayudarnos a comer, de superar enfermedades y deficiencias físicas, pensados para otorgarme identidad de grupo, para informarme, para dormir y descansar, para transportarme, para amar, para matar… en sí ya es paradójico (y muy occidental) tener separados en distintas categorías fines que se encuentran real y profundamente integrados, indivisibles en nuestra experiencia de vida cotidiana.
Pero entonces, ¿dónde está el cajón preparado para el diseño? Otras preguntas nos darán la clave: qué procesos se desarrollan desde que el artista concibe mentalmente su obra hasta que es materializada, cuáles son las diferencias proyectuales que hacen que el proceso de análisis, creación y producción de un moderno secador de pelo sea distinto al de una obra de arte (una instalación de arte electrónico, una escultura, una pintura, una performance, etc.).
Es fácil entender el porqué del anfibio que resulta ser aquel que reside y trabaja en el campo de la ideación y la creatividad; sus recursos de anticipación, intuición y análisis de la realidad podrían ponerse al servicio de cualquier instrumental y cualquier función. Un modelo de objeto industrial, un texto literario, esta nueva receta que hoy cocino, el mural que preside el museo, realizados con distintas herramientas, con distintos condicionantes y recursos (pigmentos, pimienta, letras, información) y respondiendo a distintas necesidades pero participando todos ellos de un mismo aliento: el proceso de creación, desarrollo y producción que hemos convenido en llamar Diseño.
Solución al problema de los cajones: el cajón dedicado al diseño es la habitación enmoquetada en la que se encontraba el cajón que albergaba el arte; esto es, la obra de arte como objeto diseñado.
Publicado el 26/05/2006

Al momento de leer este articulo me sorprendió la inmensa complejidad de separar el proceso creativo previo a una obra de un diseñador y un artista, mas dentro de ella solo encontré una respuesta de odiosa simplicidad que comparto: al arte como forma de expresión le es totalmente indiferente si la emoción o pensamiento mismo que plasma un artista es percibida en plenitud de forma directa, indirecta o inocua por el espectador, mientras que si el diseñador no lo logra fracaso. Hay cabe preguntarse: lo que conocemos como arte realmente lo es?

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