
En un libro bien hecho, donde el diseñador, el cajista y el impresor hicieron su trabajo, no importa cuántos miles de líneas y páginas tengan que ocupar, las letras están vivas. Bailan en sus asientos. A veces, hasta se levantan y bailan en los márgenes y entre las columnas.
Robert Bringhurst
Una serie de hojas prendidas en el pizarrón de corcho presentaban el primer avance de los proyectos que los alumnos tendrían que terminar dos semanas después como trabajo final, que consistía en el diseño de los interiores de un libro. En esta sesión, el avance mostrado correspondía a la elección de la familia tipográfica y de la composición o diseño de la página.
A un mes de que el curso concluyera, ésta era apenas la segunda clase que le daba al grupo como profesora suplente, así que yo no sabía qué esperar del grupo y, claro, el grupo no sabía qué esperar de mí.
Miré sin mucho detenimiento cada una de las hojas expuestas, me dirigí a una alumna y, señalándole un trabajo al azar, le pregunté:
—¿Tú cómo ves esta propuesta?
La chica se encogió de hombros y respondió: —Yo la veo bien.
—¿Bien? —acoté.
—Bueno, la tipografía tal vez es pequeña…
—Pequeña…, ¿de quién es el trabajo? —dije, dirigiéndome al grupo. Una mano se alzó en una esquina, era de una alumna, que al momento comenzó a explicar su propuesta de trabajo, según ella la tipografía no era pequeña pues el libro estaba pensado para «altos lectores»; aunque ya viendo todo el conjunto consideraba que los márgenes estaban muy reducidos, que la mancha de texto se veía pesada y entonces calcularía el promedio de caracteres por línea óptimo para el grupo de altos lectores. Haría los ajustes según los resultados del cálculo.
Los alumnos, después de la explicación de su propuesta, era evidente que esperaban mi aprobación para seguir adelante o cualquier señalamiento claro de lo que debían hacer según mi criterio, es decir, estaban dispuestos a hacer lo que yo indicara, lo cuál me causó preocupación. La dinámica era así y los alumnos no se cuestionaban acerca de sus decisiones ni exploraban más de lo indispensable.
En mi experiencia, la actividad del diseño se aprende a través de tres formas: la teoría, la observación y el análisis, y, por supuesto, la ejecución. Pero ¿cómo enseñarles a los alumnos qué observar o, más aún, lo que pueden hacer? Además, está la parte que corresponde al oficio, hay que entender las reglas que rigen el juego, lo cual se logra con la experiencia. El diseñador editorial tiene que estar al servicio del texto y conocer los cánones propios de ese quehacer, pues no basta con conceptualizar, hay que saber hacer un uso correcto de las herramientas que se tienen al alcance y con esto lograr un buen diseño de página, que parezca tan natural que el lector no se percate de ello. Éstas son las palabras de Jorge de Buen (2000) al respecto:
«Equilibrar y armonizar el texto significa un reto emocionante; lograrlo, pasando inadvertido, es un arte sublime».
Por mi corta experiencia como docente, tenía temor de «vacunar» a los alumnos contra el diseño editorial, así que me preguntaba cómo podría invitarlos a que ellos mismos fueran los que se cuestionaran acerca del acierto o desacierto de sus decisiones. ¿Cómo inducirlos a que, aparte de jueces se forzaran a ver más allá y le sacaran «punta al ojo»? ¿Cómo explicarles un método para abordar un problema, y a la vez precisarles que no existen recetas que garanticen un resultado?
¿Cómo empezar? Bien, pues mezclando las tres formas de aprendizaje. Por ejemplo, exponer la parte teórica del tema, observar y analizar lo que otros han hecho o dicho sobre él, para después aplicar eso mismo y aun hacer propuestas innovadoras pero fundamentadas, para luego volver a observar y analizar. El paso siguiente sería confrontar los resultados. De manera que sabía que debía enseñar a mis alumnos cómo empezar a sustentar sus descubrimientos, y no con simples intuiciones, sus aciertos y sus áreas de oportunidad. De esta forma, con el continuo ejercicio, les ayudaría a sentar las bases para que en un futuro pudieran no sólo hacer, sino también proyectar, refiriéndoles que, como dice Otl Aicher (1994) «un pensador es algo mejor que un hacedor, quien organiza es más que quien produce».
Así pues, volví a ver las hojas apuntaladas con tachuelas, aprovechando que tenía la atención del auditorio, y con mi libreta de apuntes en la mano cité a Le Comte (2004):
«Una página de texto bien compuesta o diseñada depende más del conocimiento del uso tipográfico que de la inspiración o del talento».
Hay entonces mucho en qué trabajar, sin duda. La atención bien puesta de mi auditorio no logró otra cosa sino emocionarme, pensando en cómo crecerían las propuestas que estaban ahí expuestas y en lo que podrían convertirse.
Proyectar, pensar, organizar, comunicar, hacer, usar, comprobar son, a final de cuentas, las palabras que se quedan en mi mente, se combinan entre sí divertidas y arriesgadas.
El reto es entonces, hasta donde logro vislumbrar, hacerlas nuestras y aplicarlas en nuestros proyectos actuales y futuros de trabajo, y creo que también de vida.
Publicado el 31/08/2010


El diseñador, es un maestro de los lenguajes visuales. Como tal, debe «traducir» la «inspiracion» o «idea-concepto» en un tipo de línea, punto, plano, volumen y color. Lo mismo pasa con una página de texto, hay inspiración siempre primero, luego viene el conocimiento, y la experiencia.

Quiero resaltar la importancia de la tipografia en el diseño, yo la considero como base fundamental en el campo en este campo, sobre todo la importancia dentro del diseño editorial. Creo que hace falta una cultura de investigacio sobre el proceso de lecto escritura y buscar un punto de equilibro entre la lejibilidad y la leibilidad que debe poseer un tipo.

Una forma de evitar sólo la aprobación del profesor es sustentar la misma composición tipográfica, y es que los alumnos solemos ignorar completamente al lector. No caemos en cuenta que los elementos básicos de lectura son metáforas complejas del discurso escrito (Los pies de página precisamente abajo, como los pies del orador). Para conocer al lector hace falta investigar su contexto de lectura, comparar lo que sí lee con facilidad y tras una contrastación de errores escolares vendría bien una explicación bien sustentada de porque 14 palabras por renglón son mejor que 16.

Como docente de diseño creo en la importancia de la justificación de un trabajo editorial, hacer que los alumnos busquen el porque de los elementos gráficos y tipográficos es la clave para un buen aprendizaje en el diseño editorial, sin dejar de lado la observación y analisis como dice el tema.

Las circunstancias reltivas al proceso del pensar, observar, organizar, proyectar para representar de forma masiva, especialemnte con los tipos; hacen dialéctica a la disciplina del diseño gráfico. Donde la intuición y la creatividad acertadas para la representación del mensaje final requiere de la intervención de procesos deductivos para poder resumir a través del concepto gráfico los rasgos característicos del producto editorial y de procesos inductivos para verificar por medio de la observación la data estadística del color, tamaño, fuente mas usada en un derterminado proyecto editorial.

No hay como la práctica. Estar en la imprenta, conocer TODO el proceso de la manufactura de un libro. Corrección, marcaje tipográfico...hasta tamaños de pliegos. Y, no menos importante observar.
Respetar al lector.

yo creo que en los chicos hay que estimular la capacidad de observación, que sean capaces de enamorarse de la tipografía, que la entiendan, que la sientan, que la vivan... y para eso es importante que experimenten, que se equivoquen, que prueben...
hay que desarrollar además el sentido común, el equilibrio, la composición, el discurso, y para ello hay que entrenarlos, hacerlos exponer, fundamentar, explicar sus decisiones, tenemos que ayudarlos a ser integrales, propositivos, que construyan su propio discurso.

No puedo estar de acuerdo con el señor Aicher: para ser pensador y organizador, hay que producir y HACER. El bienhacer antecede al bienpensar, y la planeación deriva de conocer a detalle cómo se hacen las cosas. En estos tiempos pululan ejércitos de estudiantes y profesionales «pensantes» que apenas saben agarrar el lápiz o tomar un tipómetro. La mano educa al cerebro, y después –sólo después– el cerebro educa a la mano. Por éso pienso que la práctica antecede a la teoría: hay que hacer que los alumnos ejecuten, manipulen, HAGAN, y después –sólo después– darles las opiniones y las teorías.

Creo que la pregunta hacia un diseñador no es ¿qué opinas? si no ¿funciona? Buscar las respuestas en los alumnos es igual a pedirle a alguien que se de un disparo en el pie, más aun cuando su opinión depende de una nota. Debemos dejar que los alumnos experimenten y luego encuentren su propio método y retórica, también, sería bueno, que las escuelas se preocuparan por que los aspirantes tuvieran las capacidades necesarias para el aprendizaje del diseño.

Con más de 15 años como docente y 10 especializado en producción editorial, siempre han surgido diferentes inquietudes y problemas, sobre como hacer que los alumnos logren entender que el diseño editorial abarca, el manejo del espacio, la jerarquización de la tipografía la ortografía, el color, los recursos de la forma y el buen uso de un diseño conceptual y funcional, sirven para que el lector solo se preocupe de disfrutar una lectura fácil y cómoda y no de ciertas variables que el diseñador no logra aplicar. Por que una obra impresa que no pueda leerse es un producto sin sentido.

Como alumnos, muchas veces nos guiamos por lo que dice el profesor, pero a veces no pasa de un ESTA BIEN, o ESA TIPOGRAFIA NO SE LEE BIEN...Y de practica solo tenemos las tareas escolares de 50 puntos para la calificacion global, que a veces solo entregamos, para pasar el curso, y que muchos profesores, no se preocupan por el contenido, y es que no en cualquier lugar, podemos obtener esa experiencia necesaria.
Qué va a pasar cuando tenga una oportunidad para obtener esa «EXPERIENCIA FUERA DEL AULA», y que yo estoy acostrumbrado a que me digan ESTA BIEN??

Retomando ... la actividad de diseño se aprende a través de tres formas: la teoría, la observación, el análisis y la ejecución...
Compartiendo así también mi experiencia en el aula, estoy de acuerdo contigo, la teória, metodología y praxis, son fundamentales cuando se enseña, tamtién el enseñarles a los alumnos a desarrollar el pensamiento creativo en cada uno de los problemas que tienen que solucionar. El exponer ante el grupo su propia solución es propio de la retroalimentación, siendo lo trascendental el que, al alumno, se le guié en el como debe argumentar su trabajo desde los fundamentos del diseño.

Que difícil reto el de como docentes hacer entender a los alumnos de hoy el quehacer tan grande que tienen, no solo al diseñar si no al observar todo aquello que tienen en sus manos para hacerlo vida y comunicación, definitivamente la era de la informática esta dañando la parte creativa y viva del diseño, puesto que no piensan en otra cosa que no sea eso, hay que volver a los inicios en los cuales los educandos tengan que ser mas manuales y menos cibernéticos, de tal manera que manejen herramientas que ayuden a que esa observación y análisis vuelva a ser tan agudo como lo fueran en sus inicios

Cada vez los alumnos leen, observan, hojean, revisan, piensan, analizan menos; a veces les pregunto ¿cuál es su pasión? qué les gusta del diseño gráfico, que les gusta en esta vida y ni ellos saben. Es preocupante que en el Diseño Editorial se vaya perdiendo el uso de la «sangría» que no es lo mismo que el «sangrado». Los periódicos nacionales ya empiezan a omitirla. No sería raro encontrar en un futuro un libro sin sangrías.

Alguna vez como docente me pregunte lo mismo como hacer que mis alumnos entiendan que la tipografía podía usarse para dar un concepto, y que además con ella se podía jugar, rasgar, jalar, tachar dandole muchos tratamientos para crear sonidos, formas y dar sensaciones sin olvidar el mensaje.
Entonces al pedir que con el ordenador jugaran a hacer tipografías aguadas, ligeras, audaces y de muchas formas.... eso les parecía extraño o porque no tonto, sin embargo mi pensamiento siempre era observa, juega,proyecta y comunica.... pero yo no entendí si habían perdido el gusto por inventar o era yo.

El diseño gráfico es un quehacer retórico porque afronta problemas que requieren el hallazgo de argumentos persuasivos dispuestos y expresados a través de tropos o figuras retóricas.
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