Es racionalmente comprensible que la determinación del tema matriz que desencadena la formulación de un Proyecto de Grado —para consumar así el ascenso hacia la obtención del grado universitario—, sea una potestad y promoción exclusiva del estudiante, puesto que es esta la esencia de su propósito; comprobar ante la sociedad la capacidad correspondiente del ejercicio de su profesión.
Corrían aquellos meses finales del año 2006, cuando inicié el proceso que conllevaría aquellos albores que constituirán mi propio Proyecto de Grado. Como un camino que se esboza con el fulgor del alba en medio de un bosque sombrío, mi proyecto se vió amedrentado por un plantel docente enquistado (como la más celebre «casa real» que se resiste a su quebranto) y anestesiado por un status quo que imperiosamente buscaba resguardarse de las intervenciones del gobierno nacional —que por aquel entonces eran interpretadas como intromisiones a su autonomía—, para recomponer el vetusto esqueleto operativo sobre el que languidece, en la actualidad, el cuerpo de esta institución superior de primer orden nacional.
Desde entonces y con «indignación» he presenciado los continuos agravios de una entidad educativa contaminada —para no convocar a plenitud el adjetivo de corrupta—, que padece periódicamente y por conveniencia una «amnesia selectiva» que es capaz de entorpecer su capacidad reflexiva para poder reconocer sus carencias estructurales, pero que ciertamente se sostiene desahuciada sobre unas «muletas» dalinianas, que provee la reverberación histórica de su prestigio arcaico, en una suerte de composición temporal surrealista. Docentes que después de soportar años de «sedentarismo» curricular han inevitablemente perdido «forma», cargando con el peso de una obesidad intelectual —digna de un pecado capital— que imposibilita la agilidad en sus deliberaciones y la plasticidad en sus metodologías. Han dotado a esta academia de una atmósfera mortecina más propia de una escuela nihilista, que de una que se mueve dinámica y con presteza al estar motivada por la búsqueda de la verdad científica.
Durante la formulación de mi Proyecto de Grado encontré finalmente la compañía de un director, que de manera indecorosa, consideró perfectamente natural exigir ser reconocido por el trabajo intelectual que yo había desarrollado de forma completamente independiente a su enfoque, y aun habiendo sido demeritado inicialmente aquello que me propuse acometer. Una pretensión que es pertinente reseñar como absolutamente incoherente, pues la misma institución debe promover la elaboración de un pensamiento crítico cuya urdimbre pase exclusivamente por la dimensión íntima del estudiante. Es decir, como lo he expuesto en otras ocasiones, aquella institución que pretenda introyectar una «denominación de origen» —como si fuese un vino del que se hablase— o «marca» a sus estudiantes, se contradice por cuanto traiciona su propósito de gestionar el conocimiento para promulgar un pensamiento libertario.
Es desde la perspectiva que ofrecen estos antecedentes que planteo el siguiente desarrollo, rescatando el caso personal de esta experiencia que puede darse al unísono como constatación de una denuncia hecha sobre coyunturas que no deben presentarse.
En medio de una coyuntura presupuestaria difícil que ha promovido su obsolescencia e inexorable decaída, que demuestran recientes realidades como el deterioro raudo de la infraestructura física, la institución ha asumido la decisión de respaldar dichos comportamientos, semejando coyunturas de corrupción política con la intención, supongo, de mantener una «imagen» en concordancia con aquellas estrellas mediáticas que se advierten en los tabloides sensacionalistas. En síntesis, los edificios blancos que forman el campus caen a trozos, en una metáfora de su degradación moral.
El profesor2 que se desempeñó en aquel momento como el director de mi Proyecto de Grado, ha venido desde entonces presentándose —con una ambición mezquina digna de un absolutista— como el gestor y promotor de la iniciativa que desencadenó su formulación, y es sobre este escenario que considero importante plantear estas consideraciones proponiendo un mejor entendimiento de su condición como ejercicio personal e «intransferible» que comprueba la idoneidad profesional.
La designación del «tema matriz» del Proyecto de Grado por parte del director es una pretensión ingenua pues solo demostraría, en tal caso, lo estéril de su formulación y la inoperancia del sistema educativo junto con el fracaso de su misión, que es la de promover un pensamiento crítico personal que permita así desarrollar las capacidades del estudiante. Por tanto, si el estudiante ni siquiera es capaz de promover su propio ejercicio de Proyecto de Grado, todo el sistema educativo carece de sentido, aquel de incentivar en el estudiante la capacidad de generar un conocimiento que le sea suyo. La conducta que la institución ha demostrado en esta situación de menoscabo ético brinda, asimismo, la sensación de que busca presentar la formulación de este proyecto como un ejercicio engendrado desde sus «entrañas». Pero sobre esto es importante que yo haga una advertencia; el proyecto «moderno» solo surge de entrañas que, paradójicamente, le son extrañas o ajenas, y por encima de todo, incómodas. Prueba de ello es que para quien escribe, la arquitectura debe formar parte de las humanidades, mientras que la entidad la circunscribe dentro de las artes.
¿Cuáles son las implicaciones de adjudicarse la «autoría intelectual» de un Proyecto de Grado, en relaciones tan «desreguladas» como aquellas existentes entre estudiantes y representantes de una institución universitaria, cuando esta finalmente no ha sido «proyectada» e imaginada por iniciativa propia? Se compromete la permanencia de los principios éticos elementales que deben constituir el «ideal» educativo y, desvirtuando los verdaderos acontecimientos involucrados en su desarrollo, se desconocen las contribuciones transversales de múltiples e innumerables «co-autores», pero sobre todo, se desacreditan los aportes acumulados de teóricos que pueden respaldar y asistir en la comprensión de los intrincados caminos del «proceso creativo» y su dimensión epistemológica. Si alguien dice ser el «autor intelectual» de una obra sin haberse enfrentado nunca al desafío que representa su «formalización», aquellos «procesos cognitivos» habrán de permanecer recónditos e inexpugnables en la imaginación, tipo de autoría de la que mi director finalmente se apropió.
Concerniente a las particularidades que presenta el desarrollo de un Proyecto de Grado, el director puede adjudicarse falsamente su «autoría intelectual» dejando al estudiante tan solo la posibilidad de ejercer un dominio sobre su «autoría material». Es consecuente preguntarse entonces,. ¿qué empuja a un docente a asumir estas posturas apócrifas?, ¿qué «clase» de estímulos son aquellos que predominan en el ámbito docente y que lo llevan a enlodar su función pública?, y finalmente, ¿es una más de aquellas traiciones de la mente arraigadas en aquel inconsciente primitivo que se encuentra mediado por el conflicto? ¿Quién ejecuta un «contrato con el demonio» (desplegar el mal) a expensas de saber que la verdad siempre resplandece aún en la forma del enceguecedor destello de un ocaso?
Con fundamento en estas consideraciones últimas, sólo me resta concluir en que el Alma Mater que me «parió», alberga una «matriz» hostil e inhóspita idónea para aquel autor desobediente de una formulación «moderna», pero que para crecer y evolucionar justamente debe ser abandonada.
Publicado el 12/07/2012

Por cierto, me parece consecuente introducir y presentar en el foro al docente de «intermitente» integridad que finalmente no ha justificado su impúdico proceder . . .
Carlos Alberto Torres Tovar
Enlace:8081/cvlac/visualizador/generarCurriculoCv.do?cod_rh=0000153125

Es para cuestionarse todo el trabajo docente, hace falta diferenciar las labores de «guiatura», «tutoría» y el director de `proyecto.
Te felicito por tu artículo.
Gracias . . . Se hace necesario como tú lo indicas «regular» aún más este tipo de escenarios que hacen parte de la enseñanza. Considero que un docente probo es quien promueve espacios para la toma de decisiones por parte del estudiante, nunca al contrario !!

Adjunto un par de vínculos que dan «sustento» probatorio a aquello que afirmo . . .
Denuncia de los acontecimientos / Enlace
Artículo de EL ESPECTADOR / Enlace

Estupendo ensayo Eduardo. Uno de los mejores que he leído en este sitio. Lo felicito! Espero verlo por aqui otras veces.
Un saludo desde Brasil.

Eduardo,gran estilo, y fuerza comunicativa, conmueve leer ideas expresadas con vigor argumental. Como profesor,tu pasaje «Docentes que después de soportar años de «sedentarismo» curricular han inevitablemente perdido «forma», cargando con el peso de una obesidad intelectual —digna de un pecado capital— que imposibilita la agilidad en sus deliberaciones y la plasticidad en sus metodologías. Han dotado a esta academia de una atmósfera mortecina...» me recuerda la necesidad de hacer ejercicio intelectual continuamente para bajar esos «gorditos intelectuales de más» que acumulamos por la rutina.
Te aseguro Eduardo, que darán para futuros artículos, gracias por pensar y por hacer pensar.

Pensando en la necesidad de darle solidez a las disciplinas, coincido con usted Eduardo, en la importancia de concentrarse en la discusión alrededor de una ética del proyectista, que de manera esencial debe estar reflejada en el comportamiento y el accionar de aquellos que se encuentran en el ámbito docente. Los vicios de la academia son temas complicados de tratar, pero fundamentales; y artículos como el suyo abren espacios para hacerlo.
Felicitaciones.
Saludos.
Es importante que todos reconozcamos aquellos momentos en que nos hemos equivocado & así reparar el daño, pero . . . simplemente existen personas que se rehúsan a hacerlo por simple ORGULLO !!

Buenísimo el artículo Eduardo, además te quiero anotar, al margen, que las cosas no han cambiado nada desde la época en que los de mi generación nos «recibimos». Y claro, en todos las cocinas de hoy se está cocinando la misma sopa.
Gracias . . . es realmente desafortunado que en todos estos años no hayan podido reflexionar como es debido, sobre lo que ha sucedido !!

Convocar temas «espinosos» no siempre es bien recibido . . . Gracias Nestor !! : )

Eduardo, limitado a elogiar por falta de meritos, tu ensayo me parece uno de los mejores textos que he leído últimamente en relación a la enseñanza de las disciplinas proyectuales en este caso la Arquitectura. Coincido con gran parte de tu texto, es interesante como visiones compartidas son a veces poco tratadas por la hostilidad propia que representan pero lo has hecho y te felicito. Espero seguir leyéndote en el Foro y bienvenido.

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La disociación de ambos generaría las dificultades en la enseñanza y en la producción de teoría propia. Este artículo desarrolla una visión funcional para su articulación.
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