Respondo al artículo publicado por Josep Maria Montaner titulado «Parque de concentración», por la necesidad de expresar mi perplejidad sobre el análisis que el autor ha hecho de la intervención de Jean Nouvel para el Parc Central del PobleNou.
Por una parte me sorprende muchísimo que la crítica a la obra de Nouvel se base en conceptos de estética normativa y se sitúe negativamente la invocación de recursos plásticos de artistas contemporáneos. «Copia» o «repetición» son conceptos que nada tienen que ver con «bueno» o «malo», a no ser que se establezcan juicios de valor a partir de otros como «autoría de la obra» o por cuestiones de moda, o novedad por puro esnobismo.
Tampoco encuentro acertada la visión de aciertos o fracasos que el autor expone en la urbanización de los parques públicos de Cataluña siendo a mi entender una visión estrictamente personal de la realidad de la obra pública y sin tener en cuenta la verdadera naturaleza de la obra pública no solo en este país, sino en cualquier otra sociedad del mundo. Independientemente de la realidad política de un territorio, sea de la índole que sea, es la clase dirigente la que interviene en la transformación del espacio público. En nuestro caso, esta clase la forman la representación democrática de nuestra propia sociedad y por tanto poner en tela de juicio la validez de dichas intervenciones desde una visión particular cultural, identitaria e ideológica entra dentro de un análisis más político que meramente arquitectónico.
Decir que el Parc del PobleNou es deficitario por no tener servicios públicos, por tener horarios de apertura, asientos individuales y rejas perimetrales, es poco más que sorprendente, ya que cualquiera puede comprobar estas mismas consideraciones en la casi totalidad de parques de Barcelona y de innumerables calles de la ciudad (no los horarios, pero si lo demás).
Me sorprende también el hecho que Josep Maria Montaner establezca analogías de los costes de construcción de la obra con otros igualmente necesarios. La reflexión en estos casos siempre es discutible ya que no estamos hablando de costes de necesidades básicas individuales o colectivas (alimento, agua o sanidad) sino de intervenciones urbanísticas públicas realizadas por motivaciones de interés público.
Por otro lado me gustaría exponer una visión coincidente con Josep Maria Montaner sobre la evocación turbadora de la obra de Nouvel en el Pac del PobleNou. La capacidad de acotar el espacio y poder aislarse de la ciudad que le rodea no es negativo si contextualizamos la superficie que ocupa y en el lugar en que está ubicado. Rodeado de edificio vacíos, sin interés, sin personas, aislado del ruido del tráfico intenso que pasa por todo su perímetro, el Parc del PobleNou acaba siendo un área protectora que alberga reposo, sosiego y bienestar. Del cemento y la geometría pura crece la vegetación caprichosa y da lugar a un espectáculo visual sin igual de definición atemporal que acentuado por el uso de materiales como el vidrio o el aluminio, suscita la vivencia de estar en un espacio sagrado de alguna civilización desaparecida o por aparecer. Esa indefinición conceptual se aplica en el total del espacio pero no de manera uniforme. Al Parc lo constituyen numeroros sub-espacios perfectamente reconocibles y delimitados pero no diseñados para el uso explícito, cosa que los hacen excelentes para juegos infantiles, espacios de lectura, de reunión, etc.
También es cierto que la imagen cenital del espacio que ilustra el texto de Josep Maria Montaner muestra un «campo de concentración» en lugar de un parque. No creo que Jean Nouvel quisiera que el Parc estuviese concebido para ser contemplado únicamente desde una terraza o balcón y a metros de altura por los nuevos propietarios de los inaccesibles pisos colindantes, sino por el conjunto de la ciudadanía y a pie de calle. Por mí, el sacrifício vale pena.
Por último me gustaría animar a todo el mundo a pasear y disfrutar por el Parc del PobleNou huyendo de tópicos y prejuicios con los que solamente se pueden construir discursos fáciles, directos y sobre todo polémicos, muy buenos y efectivos para ser leídos en las secciones de opinión de periódicos (con el café y el croissant) o para tertulias televisivas de máxima audiencia con tertulianos a sueldo.
Publicado el 23/12/2009

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A propósito del artículo de Francisco Yantorno.
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