Hammer Tapias

¿Qué es la cultura material?

La cultura material nace de la interacción del hombre con artefactos derivados de la técnica y con el análisis de los mismos. ¿Tienen las sociedades esta cultura? ¿Por qué analizarla?

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Estamos rodeados de significados. La verdad humana —concibiendo como verdad aquello que de antemano aceptamos como cierto y cuyas raíces se engarzan en toda nuestra percepción del mundo—, se ha ido creando y modificando a través del tiempo y los acontecimientos. Si pudiéramos hablar de una verdad absoluta sería una utopía para el hombre, pues su propia materialidad y existencia le impediría acceder a ella. Hemos construido nuestro ambiente a partir de los conocimientos que hemos ido adquiriendo a lo largo de la historia, con la influencia paralela de nuestras necesidades como especie, y limitados por nuestro horizonte de mundo, que se amplia y profundiza cuanto más aprendemos. A partir de esto podemos considerar que las verdades o creencias que moldean el mundo artificial —el intervenido por el hombre—, dependen del momento histórico de la humanidad y están sometidas a la fuerza de nuestra naturaleza animal.

Configuramos nuestro mundo a partir de lo que creemos y vivimos en un entorno que depende de las verdades que descansan en nuestra conciencia. Pero no podemos suponer que la conciencia de un solo individuo aislado puede configurar todo un entorno —algo discutible desde el modelo capitalista—. Se necesita un conjunto de individuos que alineen su voluntad y que tengan creencias —o mejor, verdades— similares frente al mundo, para así poder modificarlo conforme esa visión. Al factor común de creencias en las conciencias de individuos la llamamos «convención cultural», y al conjunto de conciencias comunicándose entre sí, compartiendo todo un conjunto de percepciones y creencias, lo llamamos «conciencia colectiva». Todo artilugio comunicativo y todo sistema de creencias se derivan de una conciencia colectiva que establece una convención cultural.

Ahora bien, para nadie es un misterio que una de las fuerzas más poderosas para modificar el entorno es la voluntad. Sin embargo, esa voluntad unida a una corporeidad que la manifiesta, no es suficiente para modificar en gran medida un mundo inmenso, agreste y extraño como el nuestro. Y es a través de aquellas convenciones culturales explicadas anteriormente, que el hombre generaliza sus observaciones del mundo y encuentra en él patrones de comportamiento que son susceptibles de ser observados y repetidos.

Para registrar estos patrones y transmitirlos a otros individuos, se perfila el lenguaje escrito con intervención del lenguaje matemático, cuyo objetivo principal es registrar estos patrones de comportamiento y tratar de, mediante un modelo, predecir su actuar. Vale la pena aclarar que el cerebro humano es una máquina excepcional para crear modelos y predecir acontecimientos —de hecho, para eso ha evolucionado según la neurobiología moderna—, y por eso al hombre se le hizo una tarea «fácil» crear gran cantidad de modelos. Nacen entonces los principios de la ciencia, y estos modelos principalmente empíricos son usados para amplificar y canalizar la voluntad del hombre. Es así como surgen los artefactos, principio de la técnica.

Podemos entonces definir las técnicas como la aplicación material de los patrones creados por la ciencia y la experiencia a la amplificación de la voluntad del hombre. Si los modelos científicos y empíricos son conocimiento que el hombre construye y usa, deben alojarse en su conciencia, se convierten automáticamente en creencias. Eso significa que, en alguna parte del conglomerado de convenciones se encuentra la técnica modificando la percepción del mundo. Sin embargo, hemos indicado el papel de la técnica en la amplificación de la voluntad humana para la transformación del entorno, y es por esto que dichas convenciones no son solo una sección de todas las convenciones generales; podríamos pensar incluso que son fundamentales a la hora de convertir al hombre en un ente transformador. Sin la técnica, poco habríamos cambiado nuestro mundo y mucho menos aún habríamos sobrevivido.

Hemos visto entonces que el hombre convive, se comunica con otros, y construye convenciones. Estas convenciones se labran en la conciencia colectiva de un grupo, y a través de la técnica, ese conglomerado de personas modifica el mundo y lo adapta a sus necesidades y naturaleza. Si a eso le sumamos todas las convenciones culturales relacionadas con las construcciones sociales de interacción y convivencia, tenemos algo similar a una cultura. ¿Estamos entonces en lo correcto al hablar de una cultura técnica, objetual, o social? ¿A qué se refiere la expresión «cultura técnica»?

Debemos considerar a la cultura técnica como una «subcultura» o un «tramo cultural» de una cultura macro, compuesta por todas las convenciones culturales humanas. Es similar a un trozo o conjunto de ideas que tienen como factor común todas las manifestaciones de la técnica y las percepciones que un colectivo ha interiorizado, y que vive a partir de esas percepciones interiorizadas. La cultura técnica es entonces todas las creencias, ideas, proyecciones, sistemas y convenciones que un colectivo tiene frente a la técnica. Y los aparatos, como representaciones fehacientes de la técnica, hacen parte de esa cultura.

Ahora bien, la ciencia avanza a pasos agigantados frente a la capacidad de asimilación de las sociedades. Es por eso que, en algunas comunidades, la cultura técnica está desfasada en el tiempo frente a los avances científicos. Pero hay más aún en esta cultura que la simple percepción y proyección de un artefacto. Como todo artefacto nace de la técnica, su funcionamiento es entendido a partir de las construcciones teóricas derivadas de la ciencia. Entendemos el funcionamiento y no el uso—funcionamiento y uso son 2 palabras radicalmente distintas—, de un artefacto, porque tenemos conocimientos científicos que nos permiten analizar dichos artilugios. Y según Leonardo Da Vinci, «entre más conocemos el objeto amado, más amamos al objeto amado». El conocimiento del funcionamiento de un artefacto no es un mero saber enciclopédico, sino que perfila la forma en que reaccionamos emotivamente a él, nuestro aprecio, y sobre todo nuestra asimilación mental de él. Este conocimiento y esta interconexión emocional entre objetos y hombre a partir del conocimiento, perfilan y mejoran —o más bien, dan forma— a la cultura técnica. El desfase entre avance científico y asimilación cultural puede radicar principalmente en el conocimiento científico que tiene una cultura. Es vital entonces el conocimiento científico en una cultura macro para que se desarrolle una cultura técnica.

Es curioso cómo el sistema capitalista puede llevar artefactos técnicos de última generación a prácticamente cualquier parte del mundo y aún así las culturas no alcanzan a asimilar el artefacto. ¿Qué hace una comunidad cuando adquiere un artefacto del que no tiene idea de su funcionamiento? Sencillamente lo asimila a través de otra construcción cultural, como lo son la icónica y la comunicacional. Se convierte entonces el objeto, no en una representación del saber científico, sino en una muestra de poder, de clase, en un ente que comunica a los otros un status o posición. Se convierte en una forma funcional —en vez de un aparato funcional—, y se crea toda una cantidad de convenciones a través de la forma del artefacto —hemos estado usando deliberadamente el término «artefacto» como una manifestación de la técnica—, que poco o nada tienen que ver con su uso, apelando a las emociones como algo natural, intrínseco, del hombre como interventor de esas nuevas construcciones culturales basadas en la ignorancia científica.

Siempre habrá cultura técnica mientras el hombre pueda crear convenciones culturales alrededor de la técnica y sus artefactos, pero la asimilación de dichos artefactos dependerá mucho, no solo de su existencia en la esfera humana, sino del conocimiento científico de una cultura. Cuando esa cultura no lo tiene y asimila los artefactos como una representación icónica de poder, status, o modo económico, decimos que carece o tiene muy poca cultura técnica. La forma de medir la «cantidad» de cultura técnica de una sociedad se realiza a partir del sondeo del desfase existente entre la representación de los artefactos en esa cultura —ya que la representación muestra lo que está dentro de las convenciones— y los artefactos usados en la actualidad. Se crea así un método cuantitativo para medir el grado de cultura material de una comunidad a través de la investigación de sus representaciones de la técnica. ¿Hay cultura material en una comunidad? Basta ver cómo pintan los artefactos.

Author
Hammer Tapias Medellín

Published on 11/02/2012

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