—¿Diseño…qué?— me dijo el verdulero, mientras me pesaba dos kilos de batatas.
—Diseño Gráfico— le dije —a eso me dedico.
Me miró con la misma cara que pongo cuando me enfrento a un problema de trigonometría avanzada, con la diferencia que él se rascó la barbilla y no la nuca, como yo lo haría.
—Ahhhhh... ¿no me diga?— y allí mismo, se produjo un silencio situado a cinco segundos de la comodidad.
Se lo iba a preguntar, juro que lo iba a hacer, otra vez, como tantas otras: "¿Sabe qué es eso?”, pero me contuve. No quise ponerme catedrático con Don Gómez, no tengo autoridad para ello. Por una fracción de segundo, observé sus arrugas, su mirada amistosa y la foto sepia colgada en la pared que mostraba a Gómez en sus años mozos, allí, al ladito de la foto de Gardel. Pensé: este tipo debe tener tanto que contar, tanto para enseñar…
—¿Sabe…?— lo miré — ¿por qué no me dice usted de qué se trata el diseño gráfico? Me interesa mucho su opinión.
Gómez me miró, no lo esperaba, pero lo entendió todo enseguida: yo quería saber porqué la gente no termina de comprender la identidad de mi profesión, comenzando por conocer qué se sabe de ella.
—Bueno, reflexionó, usted hace… dibujitos, eso… ¿no?
Debo decir que su respuesta no me sorprendió, no obstante, seguí con mi tarea. —para usted mi carrera sería como la del artista, como un pintor...
—No, no m’hijo… usted le dice cosas a la gente con esos dibujos y la gente usa esos dibujos para algo. Les sirven para algo. Y supongo que es mejor eso, porque no puedo andar a los gritos por la calle para que la gente me compre manzanas ¡Me llevaría el loquero!1
Sonreí. Por supuesto, Don Gómez no citó a Jorge Frascara, ni a Joan Costa, ni a ningún autor clásico del diseño, pero sabía la diferencia entre el arte y el diseño (algo imprecisa para muchos diseñadores). Sabía que las formas deben estar directamente ligadas a (y ser consecuencia de) la función para la cual se proyectan. Y además sabía que el diseño soluciona problemas de comunicación a las personas. Comunica, hace llegar significados de forma mucho más efectiva a un público mayor, y todo esto, sin que nos lleve el loquero.
Animado, Don Gómez prosiguió: —Pero eso es para otra gente… Yo tengo este negocito nomás, ¿Me entiende? Eso debe ser caro… Para empresas grandes. Mire: yo ando en una Renoleta,2 me gustaría un BMW, pero no me alcanza ni pa’ la primera cuota…
Antonio Francisco Gómez me mostró la razón por la cual la gente no comprende la verdadera especificidad de mi carrera: muchos piensan que el diseño en general (y el gráfico en particular) es elitista y segmenta por estatus social.
Entonces el problema no es que no sepan de qué se trata, sino que perciben que no es para ellos, se sienten intimidados, no creen ser parte del selecto grupo de “elegidos” que acceden al diseño. Y, naturalmente, la culpa es de los diseñadores. Es nuestra. Nuestro objetivo muchas veces, parece ser el de realizar grandes piezas para grandes multinacionales, ganar premios internacionales de diseño, salir en revistas, ser reconocidos, famosos: design stars.
Y nos olvidamos de lo esencial: nos olvidamos de Don Gómez. Nos olvidamos de la gente, del pueblo, de nuestro público. Y sino, pensemos: ¿Quién diseñó el boleto del colectivo de nuestra cuidad? ¿Quién diseñó esa revista barrial? ¿Quién diseñó el volante de la pizzería de acá a la vuelta, que ofrece 2 muzzas3 por seis pesos? ¿Quién le va a decir a la gente que Don Gómez es una persona de bien, que elige personalmente (y una por una) las verduras que llevo a mi mesa? Claro, muy probablemente esa acción de comunicación jamás llegará a un libro de diseño, ni recibirá premios en Madrid, ni siquiera disertaremos en un congreso exponiéndola. Pero hará que Don Gómez venda más verduras, y contrate a su amigo Antonio y a su hijo con quienes la vida no fue generosa. Y quién sabe, quizás un día Don Gómez abra otras sucursales y emplee a más gente…Y quizás, quizás un día ya no haya más desocupados en su barrio. ¡Qué feliz sería Gómez! ¿Imaginan su sonrisa?
Porque de eso se trata el diseño: de la sonrisa de Don Gómez.
Publicado el 04/01/2006

Muy bella anécdota, Ricardo. El gran desafío del creativo es poder sorprender, precisamente, al que no es experto en la materia y lograr que se sienta seducido por el potencial que su marca o negocio ofrecen. Existen profesionales que encuentran la recompensa a su trabajo en los galardones. Sin embargo, la sensibilidad y sabiduría de la respuesta de Don Gómez rinden un acabado homenaje a este oficio, mucho más notable que cualquier premio o mención. Resta convencerlo de que el diseño también puede ser accesible, además de encontrarse a la vuelta de la esquina, como dicen en el barrio.

Ricardo, yo estudio diseño industrial y me ha pasado exactamente los mismo... claro que para algunas personas mis «dibujitos no comunican, se convierten en cosas», en este momento de mi carrera en encuentro desarrollando mi proyecto de grado que está enfocado hacia crear una experiencia por medio de la alimentacion en restaurantes para involucrar los sentidos, las emociones y diferentes percepciones de las personas frente a los alimentos y diferentes estimulos, y me gustaría saber usted como diseñador grafico que me podría recomendar para lo que quiero desarrollar.

Imagina MI SONRISA pues me has sacado una bien grande... Me encanto tu art. gracias por compartirlo...

Me gustó mucho esta historia, tan común y cercana a todos..., nos invita a reflexionar sobre los cientos quizá miles de Pymes que podríamos atender si tan sólo nos lo propusiéramos con la estrategia adecuada claro está, pensando antes y primero que nada en el cliente y en el usuario.

Esta muy bueno como muestra que no siempre hace falta un libro para construir conocimientos. MUY BUENO



El parlamento australiano ha aprobado una ley basada en una idea brillante de hace quince años, que servirá para golpear a la industria del tabaco mediante la imposición de limitaciones al diseño del packaging.
La famosa frase del Doctor House, «Everybody lies» (todos mienten), se puede aplicar al diseño y la creatividad.
El diseñador debe comprender el problema detrás del pedido del cliente, para poder presentarle una propuesta técnica y económica acorde al nivel profesional que desea proyectar.
Contra lo que algunos dicen, los diseñadores podemos hacer un mundo mejor.
La invitación es a verse a sí mismo como aprendiz de diseño y valorarse como profesional único, importante, generador de realidades.
Gráfica callejera, murales, carteles publicitarios, comunicaciones y señales de todo tipo, ocupan un lugar cada vez más importante en el espacio urbano. ¿Qué opina Usted de este fenómeno?
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A propósito del artículo de Francisco Yantorno.
Conselhos para obter melhores resultados nas entrevistas para emprego na área do design.
El diseño nos importa a todos, pero no significa lo mismo para todos. ¡Por fortuna!
Hasta qué punto nos dejamos influenciar por el trabajo de otros. Desarrollar el propio estilo puede ser uno de los logros más gratificantes.
No persigas a tu cliente, deja que te encuentre en línea.
Una selección de ideas del reconocido publicista estadounidense para quien la publicidad no es una ciencia, sino un arte sutil.
Empatía, intuición, colaboración y experimentación son las palabras de turno que están transformando el mundo corporativo en la creación de nuevos productos y servicios.
No todos los diseñadores desarrollamos las mismas actividades; ni mucho menos tenemos las mismas habilidades. ¿Te has preguntado cuál es tu perfil?
Em muitas ocasiões, trabalhar de maneira interdisciplinar é a melhor opção para o profissional de design.
El nuevo escudo de la Ciudad de Buenos Aires motiva una reflexión respecto a los diseñadores y el respeto por el patrimonio cultural e histórico.