De un lado están las que gritan, del otro las que describen. De un lado se hallan las que compiten por protagonismo, del otro las que se muestran únicas, soberbias. De un lado se ubican las que exclaman «¡Cómprame!», del otro las que se muestran estoicas y dicen simplemente: «aquí estoy, esta empresa soy yo».
Estamos hablando de marcas. Más precisamente de dos grandes grupos de marcas: las creadas para identificar a productos de consumo masivo y las pensadas para corporaciones, instituciones o productos elitistas. Ahora bien, ¿son unas mejores que otras? ¿Acaso la construcción de una identidad para un banco resulta ser mucho más compleja que la desarrollada para un paquete de salchichas? ¿En qué radica la diferencia? ¿En el glamour? ¿En el tipo de público? ¿En la temporalidad?
Entiendo que muchos clientes tienen una percepción equivocada sobre el nivel de complejidad constructiva que una marca de productos masivos implica y sobre cómo estos elementos de comunicación, que pueden llegar a transformarse en auténticos activadores del consumo, en ocasiones son posicionados por debajo de sus reconocidas hermanas, las denominadas «marcas corporativas».
Es importante aclarar que no pretendo menospreciar a estas últimas sino establecer que tanto un grupo como el otro, a pesar de constituir elementos comunicadores diferentes, y de poseer funciones y contextos específicos, deben ser valorados por igual, reconociéndose ambos como piezas fundamentales de la gran maquinaria estratégica denominada «branding».
Las marcas creadas para productos de consumo masivo, desfilan por un escenario en el que solo aquellas identidades gestadas de modo inteligente tienen la posibilidad de destacarse y triunfar. Hallan su razón de ser en el vértigo, en el ruido intenso, en el ejercicio de cruentas batallas en las que los distintos mensajes emitidos por la competencia, ambicionan condicionar a un consumidor fluctuante en sus gustos, comprensiblemente confundido ante la multiplicidad de estímulos visuales en el punto de venta. En la vereda opuesta, y funcionando en un entorno mucho más benigno, se encuentran las formales marcas corporativas. Ellas no gritan, dialogan con su público en un lenguaje mucho más civilizado. Su exposición tiene más posibilidades de ser privilegiada. El tiempo del que disponen para su reconocimiento y motivación es mayor. La competencia pocas veces se interpone en el dialogo con su target y su implementación invita muchas veces al destinatario del estímulo al disfrute y la contemplación. ¿Barbarie vs. civilización?, ¿impulso vs. racionalidad? Se trata de dos realidades bien distintas que inevitablemente influirán en el modo de pensarlas y construirlas.
Algunos podrían opinar que esta categorización es un tanto extremista, y quizá lo sea, pero no puede negarse que los escenarios en los que funcionan unas y otras marcas son muy opuestos. La marca gráfica de un producto masivo que logre moverse con eficacia en tan duras condiciones es merecedora del mayor de los respetos. Basta con saber que el visitante de una góndola solo le destina 1,3 segundos a la elección de un envase, para comprender que se le exige una capacidad de captación mucho mayor que a una marca de corte institucional. Para lograr que la oferta logre obtener el posicionamiento ideal dentro de un supermercado, ya no basta con que las materias primas sean excelentes y con que los procesos de elaboración sean muy cuidados.
Las empresas fabricantes deben comprender que un logotipo bien gestado puede transformarse en uno de los aliados estratégicos más valiosos. Es fundamental incorporar la idea de que para desencadenar en el target el mecanismo de consumo (observación, detección, selección y compra), resulta básico poner especial foco en el disparador del proceso. El fracaso funcional de una marca para productos masivos, puede llegar a destrozar la estrategia comunicacional más osada. Su éxito permite construir en torno a ella un imaginario poderoso capaz de resistir los ataques más sólidos de la competencia.
Es curioso observar que aún existen empresarios o profesionales del marketing de alta jerarquía que minimizan la importancia que los logotipos (o isologotipos) tienen en el éxito de sus lanzamientos. Esta realidad se pone de manifiesto en el malestar que sienten muchos clientes cuando deben aprobar un presupuesto de diseño y en la insistencia por considerar el proyecto como un simple ítem adicional dentro del pedido de desarrollo de un nuevo envase. Es lamentable que un punto de referencia tan esencial para la acción de compra, sea equiparado en complejidad a la simple composición de textos legales o adaptaciones básica de arte. Cuando la composición gráfica obtenida resulta ser exitosa, interpretan ese hecho como la consecuencia directa de una afortunada elección estética. Lo más grave es que, a pesar de su comprobada eficacia, aún sostienen que el rol de la marca gráfica de producto es pasible de ser reducida a lo meramente descriptivo, y suponen, para su propio perjuicio, que el término «marca» solo le cabe a los grandes servicios y a las grandes empresas o corporaciones.
Esta visión limitante del branding menoscaba la labor de quienes día a día trabajamos arduamente para transformar las identidades de productos (jugos, antitranspirantes, golosinas, galletitas, etc.) en recursos clave de las estrategias de consumo. Esta acepción pobre reduce a simples dibujantes a los que somos capaces de convertir simples letras, palabras, formas y colores, en conjuntos compositivos sólidos, diferenciadores, seductores, impulsores de consumo, pregnantes, vinculantes con su diferencial emocional o funcional, de alto impacto y, por sobre todo, capaces de convertirse en la síntesis de todos los valores positivos que el fabricante desea transmitir. ¿Acaso se puede pensar que en un escenario como el actual, en el que la oferta ha evolucionado hacia una auténtica ciencia de la acción y reacción, los diseñadores de brandpackaging solo pueden ser gestores de figuras bellas para que «Doña Rosa» disfrute de su experiencia de compra? La hermosura no es un requisito necesariamente obligado a la hora de diseñar una marca para productos masivos, pero sí deben tener la capacidad de convertirse en la primer imagen mental que surja en la mente del target a la hora de satisfacer su deseo de consumo.
Las marcas para productos masivos le hablan a personas comunes y por lo tanto, su lenguaje, generalmente, está muy condicionado. Esta característica suma una complejidad mayor a la labor proyectual, ya que el desafío radica en crear una identidad aceptada y reconocida por el consumidor, pero a la vez necesita personalidad e imponerse frente a la competencia. Aunque suela pensarse que el público siempre está dispuesto al cambio, la realidad es que la gente no duda en expresar malestar cuando la innovación no se manifiesta dentro de códigos fácilmente deducibles. Por ejemplo: el logo para goma de mascar infantil se construirá con tipografías de gran peso, volumétricas, muy dinámicas, etc.; el de una pasta italiana utilizará caracteres romanos, su grosor dependerá de la percepción de valor que se desee transmitir, y difícilmente se prescinda de filetes y sombras que lo despeguen del soporte y transmitan un imaginario artesanal; las marcas para limpiadores transmitirán un mensaje entre impactante y dinámico, sus recursos gráficos explotarán el imaginario tecnológico (letras de palo seco, geometrización de las formas, etc.) y poderosa acción (distribución diagonal del logotipo, aplicación de brillos de alto contraste, etc). Descripciones similares podríamos hacer para yogures, quesos crema, dentífricos, premezclas, etc,.
Lo fundamental de todos estos casos, es comprender que aunque parezca que nuestra labor consiste simplemente en tomar ese catálogo de códigos preexistentes que la cultura ofrece y distribuirlos de modo armónico, se requiere un conocimiento actitudinal (que evalúa las distintas experiencias de consumo), un análisis contextual (que profundiza el conocimiento del entorno comercial), una capacidad conceptual (para aportar un sostén argumental a la creación) y finalmente, idoneidad estética con perfil estratégico (que permite cerrar el proceso constructivo de una marca capaz de cumplir con los requerimientos funcionales y comerciales necesarios).
«Una marca para quesos, un logo de pasta dental, ¡que cosa tan común!». Sin duda es una afirmación totalmente errónea pero que suele estar en boca de algunos clientes. Quienes diseñamos marcas para productos de consumo masivo, nos enfrentamos a desafíos proyectuales que solo pueden resultar exitosos si logramos sortear una gran diversidad de obstáculos como: la diversidad de puntos de venta (supermercados, almacenes, hipermercados), un target amplio (una multiplicidad de edades, niveles sociales, culturales, de educación), una competencia arrolladora, siempre atenta a nuestros errores, un tiempo mínimo para transmitir el mensaje, etc. Sin dudas, lo común no forma parte de nuestros briefs.
Que exista esta errónea idea de que las identidades institucionales o corporativas tienen un nivel de complejidad superior a las de productos de consumo masivo, es consecuencia de que el brandpackaging sea una especialidad relativamente reciente, pero también de que hasta hace no mucho tiempo, el escenario de consumo era mucho menos vertiginoso y la acción de venta se llevaba a cabo de un modo mucho más personal e inocente. Esa realidad ha cambiado mucho y hoy, un «simple logotipo» debe ir más allá de lo estético para poder transformarse en la voz misma del producto. Ese grupo de letras y figuras ha dejado de ser la manifestación artística del creador, para convertirse en la expresión viva de un diferencial. Constituye el principal arma que tiene el fabricante para iniciar un diálogo franco y directo con sus consumidores, y es la causa directa de la acción de venta buscada.
Nuestro esfuerzo radica en lograr la eficacia inmediata de un estímulo visual que a primera vista podría parecer poco trascendente, pero que, indudablemente, define la personalidad del producto. Si consideramos que las marcas de los productos que consumimos nos acompañarán a lo largo de la vida, que estarán allí como testigos, quizá no tan mudos, de nuestra realidad e historia personal, y si tomamos en cuenta todas las veces al día que vendrán a nuestras mentes, queda por demás claro que su valor no debe considerarse poca cosa.
Publicado el 31/08/2012

Acabó de leer tu artículo, me ha gustado bastante. Definitivamente no hay productos malos, hay diseños muy malos! Pero para ello existe el branding también como un reforzamiento que permite estrechar los lazos afectivos con el consumidor , entender las necesidades emocionales y deseos de la gente, las empresas deben establecer esas conexiones independientemente del tipo de marca que sea.
Gracias por compartir.

Aún soy estudiante y es impresionante la cantidad de alumnos que ves creando marcas para un nivel económico alto, sin tomar en cuenta que los productos de consumo masivo van dirigidos como comenta a una gran variedad de publico y que los alumnos solo aspiran a diseñar para corporativos con diseños minimalistas que aunque no digo sean malos en el marco contextual del consumo masivo se convertirían en invisibles.

Me gusto como lo has resumido en forma clara todos los procesos de la marca, que en resumen somos como una prueba final para una evolución de las propiedades de una marca al definir un estilo gráfico para una identidad corporativa.

Excelente artículo que refleja la «visión» del empresario sobre el branding en los productos comodity; la diferencia no solo radica en el producto si no en todo lo que conlleva la marca empezando por el empaque estando siempre acompañado de la promesa de marca en todos los medios generando experiencias difíciles de romper.

se requiere un conocimiento actitudinal (que evalúa las distintas experiencias de consumo), un análisis contextual (que profundiza el conocimiento del entorno comercial), una capacidad conceptual (para aportar un sostén argumental a la creación) y finalmente, idoneidad estética con perfil estratégico (que permite cerrar el proceso constructivo de una marca capaz de cumplir con los requerimientos funcionales y comerciales necesarios).
No importa lo que se deba diseñar,mientras de cumpla un proceso como el descripto, habra diseño .

Creo que el articulo resalta 2 puntos importantes a la hora de crear un diseño para algún producto o alguna marca: Que un logotipo o diseño se vuelva el comunicador del producto, y que dispare el proceso de selección del comprador (observación, detección, selección y compra). Teniendo en cuenta que el comprador dedica muy poco tiempo en decidirse en un producto en un supermercado, definitivamente el diseño de una marca es crucial para el éxito de éste.

Buen artículo, todas las posturas frente al tema de la marca son aportadoras. Hoy la marca es un valor de «emotion», gestión y mercado. Los diseñadores ya forman parte de los equipos de las empresas (antes solo recibíamos encargos», tienen opinión, leen libros, asisten a congresos y defienden sus proyectos con opiniones como la que expone Luis.

cuando creamos una marca siempre tratamos de que esta entre al mercado pisando fuerte y con el pasar del tiempo dejar una huella en la sociedad. pero esto lo lograremos adaptándonos a las necesidades de la sociedad para poder cumplir con lo que buscan.


Muy buen artículo Adrián. Facilmente has explicado un problema que se presenta a diario en nuetra profesión.
Gracias por compartir.
Saludos.

Luciano. Creo entender que no compartis las posibilidad de comunicar visualmente.
Completando lo de abajo: Yo creo que en la medida de lo que una identidad visual (signo y sistema en sentido amplio) pueden comunicar, es importante que lo hagan en función de la estrategia de identidad de la Institución o producto que re presenta. Así facilitan la puesta en marcha de todo lo necesario para la construcción de la Imagen en el imaginario de las personas. No llego a comprender la restricción que ves en cuanto a la comunicación.

La construcción de «un imaginario poderoso capaz de resistir los ataques más sólidos de la competencia» no le corresponde al logotipo. Esa tarea la resuelven la comunicación (fundamentalmente la publicitaria) y la gestión, a lo largo del tiempo. Los clientes lo saben bien, y es quizás por eso que no le dan suficiente importancia a la marca gráfica (sea de producto o corporativa, no creo que haya diferencia en eso).
Por supuesto que cometen un gran error, porque la marca gráfica sí influye definitivamente en la función que Adrián bien llama «disparar el mecanismo de consumo».
Sí. El intérprete va depositando, proyectando, sobre la Marca los mensajes publicitarios receptados. Al verlo se «disparan» los valores que tiene en su psique sobre la empresa o producto (igual que el rostro de una persona)
Ahora, bien. Entiendo que si la Marca Visual comunica valores propios de la institución que representa (además de pregnancia, potencia, etc) será memorizado más rapidamente, aunque en esto tiene incidencia tambien la mayor o menor difusión.
No estoy de acuerdo en que la marca gráfica comunique valores per se. Los valores que comunica son los valores de la marca conceptual. De lo contrario la marca gráfica de «La Serenísima» transmitiría valores muy diferentes (casi diría opuestos) a los que nos transmite a quienes nos hemos criado viendo una y otra vez sus mensajes publicitarios y comprobando la calidad de sus productos. La marca gráfica apenas evoca los valores de la marca. Ver Enlace
En eso concuerdo. La marca gráfica debe tratar de codificar visualmente los valores de la marca conceptual. Esto dentro de lo poasible dados los limitados recursos visuales posibles de manejar en un signo y su implementación. Creo que recién ahora entiendo algunos de tus comentarios.

Decir que antes no se tomaba en cuenta todos estos aspectos del diseño llamado ahora brandpackaging, la verdad no es cierto, Aunque ahora se haga mejor, por lógica, ya desde mediados del siglo pasado ya se sabía que hacer el diseño de una marca y un empaque no era solamente «hacer dibujitos», sobretodo con el nacimiento de la psicología de la publicidad y las investigaciones de mercado. Hacer «dibujitos» no es idea de las agencias de publicidad, sino de diseñadores que creen puede hacerlo todo, sin participación de otras diciplinas y de clientes que no quieren gastar.

Felicitaciones, muy buen articulo y propicio porque estoy desarrollando en estos momentos mi marca como diseñador gráfico.


La creación de marca, sea esta para un producto, debe ser estratégica, singular para tomar ventaja a la competencia. Si la marca no significa nada para el target habrá problemas.

yo creo que mucha gente no sabe entender hacia donde esta apuntando la funcionalidad de la importancia de la marca de producto y me gustaría compartir una pequeña frase con ustedes para que haya una idea de lo que yo pienso « el diseño no es lo que se ve ni tampoco es lo que se siente, el diseño es como funciona» , pero como dije antes jaja no todos pueden entenderlo de esta forma y es por eso mismo que hoy en día y desde generaciones atrás que el trabajo del diseñador siempre a sido anónimo.

Si en general mucha gente sigue percibiendo a los diseñadores como simples maquiladores de dibujos bonitos, debe ser más difícil para los que se dedican a especialidades más recientes, como el brandpackaging.
Claro está que es deber de uno hacer ver al cliente el valor del diseño por todas las razones correctas, es decir no sólo lo estético, sino lo comunicativo y lo persuasivo, como en cierto modo lo indica este escrito.
Muy buen artículo, aprendí algo nuevo sobre un área del diseño de la que no sé mucho.

Lástima que muchas empresas vean al brandpackaging como un gasto y no como una inversión. Durante más de 10 años tratamos de inculcar a los clientes de nuestro estudio las ventajas de una marca de producto y un packaging bien diseñado. Muy bueno el artículo y los trabajos de tu estudio Adrián.
Saludos

Mónica te propongo ver a través de un buscador el diseño de la cerveza Kamentiza que he realizado para Bulgaria o el de la cerveza boliviana Taquiña o el muchas otras que habiltualmente solemos publicar en la web. En ellas puede observarse el nivel de complejidad a la que uno se enfrenta cuando crea marcas para productos masivos. Con respecto a las marcas corporativas basta observar cualquier recepción de .empresa lider para ver como lucen en ellas y apreciar su contexto es un tanto más benéfico
Ecelente. Creo que has conseguido explicar de manera soberana lo que casi todos vemos pero resulta complicado plasmarlo o trasmitirlo...no cabe duda que en el lineal donde como tu bien dices todo los productos gritan, convencer y ser elegido no es tarea facil..saludos .BAYSSYSCREATIVE

Un LIKE sincero a Adrián por esta curiosa y sincera reflexión. Me identifiqué desde el comienzo.

Gracias por sus comentarios! Asi es Francisco, el articulo apunta al desmerecimiento de clientes y hasta de los mismos estudiantes hacia proyectos que a simple vista no resultan ser grandiosos. Los dificultad de los productos para masivos radica precisamente en su masividad. Cómo hablarle a un gran segmento de público y provocar la acción de consumo en un ambiente tremendamente poluído en lo visual?
Mónica, voy a intentar subir algunos ejemplos para ilustrar este articulo.

Muy cierto. En no pocas ocasiones nos encontramos en situaciones en las cuales el cliente quiere algo «parecido a...» cómo si por el hecho de copiar una imagen, igualmente se copia un proceso, una investigación y un resultado.
Yo considero siempre mostrar ejemplos de la competencia y hacerles ver lo que funciona en cada caso. Debemos aprender y mejorar no solo imitar, seguir o disfrazar.

Me gustó mucho el artículo. Adrian, ¿te es posible compartir algunos ejemplos gráficos?
Desde ya gracias.

Muy buen artículo.
Esclarece algunos puntos muy interesantes, y evidencia el prejuicio (aún existente) del diseñador como hacedor de «dibujitos».
Slds.

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