Sería difícil no referirnos hoy al proyecto para la ampliación del F.C. Barcelona. En ocasiones como ésta, la arquitectura toma un carácter popular, todos hablan del edificio en cuestión y, por tanto, resulta oportuno realizar algunos comentarios. Para empezar quiero decir que el proyecto ganador ha sido desarrollado por uno de los despachos más competentes en estos momentos, el que ha diseñado y construido, con la colaboración de ingenieros franceses, el viaducto de Millau, una obra que será para el siglo XXI lo que fue el Forth Bridge para el siglo XIX.
Se ha dicho estos días que la ampliación del estadio del Camp Nou se inspira en la arquitectura de Gaudi, y que su «piel» es una evocación del trencadis1 gaudiniano. Hemos oído que llevará los colores del Barça y de Cataluña, y que es como una cazuela. Y alguien más ha añadido que será como una olla a presión… del diseño. Con todo respeto, si continuamos dejando que nos digan estas cosas un día acabaremos haciendo en Barcelona un edificio que se inspirará en el caganer2.
La degradación cultural de una ciudad comienza por cosas así. Si paseáramos por alguna feria de cerámica y barro cocido veremos todo tipo de objetos que imitan el trencadis gaudiniano. Con cada objeto inútil, como es cada replica del dragón del Parque Güell, la cultura de esta ciudad se degrada un poco más. Que una botella de brandy tenga forma de una chimenea de ventilación de La Pedrera es una tontería, pero que un estadio, un mercado o un edificio de oficinas sea una evocación del trencadis, se explica solamente por la facilidad con la que los barceloneses nos dejamos embaucar en materia de arquitectura. ¿Se imaginan el viaducto de Millau con forma de baguette y con los colores de la bandera francesa?

Con el tiempo he aprendido que cuando un edificio se parece a una cazuela, o una olla, u otra ocurrencia cualquiera, no es arquitectura. El Estadio actual del F.C. Barcelona es arquitectura porque, entre otras cosas, parece arquitectura. Está formado por elementos que tienen nombres que pertenecen al vocabulario arquitectónico: pilares, vigas, rampas, escaleras… Este hecho tan simple tiene una ventaja que no se puede pasar por alto: hace que lo podamos describir y referir como un estadio, sin necesidad de recurrir a la iconografía popular diciendo que es una olla a presión. Los elementos estructurales, como los que configuran actualmente el aspecto del Camp Nou, dotan al edificio de una cosa importantísima: escala. El edificio tiene una escala en relación con la ciudad, y de allí surge su reconocida escala urbana, que contribuye a construir la ciudad. La ampliación que se propone no tiene escala porque parece haber sido pensada para un paraje no urbano, como por ejemplo un gran parque. Pero éste no es el caso que nos ocupa.
La referencia sobre la Torre Agbar, realizada el día de la presentación del proyecto, no fue tan fortuita. La Torre, como el proyecto ganador del estadio, tampoco tiene escala y también es un objeto comparado sobradamente con todo tipo de cosas, menos con una torre. También se dijo que los colores y la forma de la torre eran una evocación gaudiniana y barcelonesa. ¿Alguien ha pensado el aspecto que tendrá Barcelona desde el aire, con dos «objetos» como estos que resultan aún más grotescos cuando se los observa juntos? Confío en que los proyectistas se hagan estas preguntas y la obra sea mejor que la maqueta.

El proceso y el resultado final hacen plantearse seriamente la validez de los concursos, que solamente contribuyen a la realización de proyectos espectaculares. Eso es lo que sucede cuando los clientes no entienden de arquitectura de la misma manera que lo hacen de fútbol. De hecho, estoy seguro que el resultado sería mejor si el encargo se hubiera hecho directamente al estudio ganador, y en lugar de hacer concursar otros equipos, se los podría convocar para asesorar al F.C. Barcelona en las preguntas y consultas adecuadas que deben realizar a los proyectistas. Porque, para un buen proyecto no es suficiente un buen proyectista, es necesario también un buen cliente. La ciudad lo habría agradecido.
Publicado el 29/06/2009

Comparto plenamente la idea de que la arquitectura (edificios) deben ante todo ser y lucir como arquitectura (edificios). A mi manera de verlo, el problema no está en que el diseño (y en particular la arquitectura) se inspiren en otras cosas. El problema está en que existen proyectistas incapaces de reinterpretar adecaudamente aquello en lo que se inspiran para terminar haciendo que un edificio, por ejemplo, termine pareciendo ser más un barco que un edificio.

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