Un ejercicio que es siempre beneficioso, para toda disciplina que se preocupa de su rol y objetivo frente a la sociedad que la define, es cuantificar su capacidad de influencia en el entorno y comenzar a dirigir algunos de sus esfuerzos prácticos, teóricos e investigativos desde ahí.1
No estoy diciendo con esto que debamos renunciar a practicar una cantidad periódica de experimentación y búsqueda en nuestro ejercicio profesional, o que el criterio científico de búsqueda pura del conocimiento deba condicionarse a objetivos prácticos inmediatos.2 Me refiero más bien a que hace falta incorporar datos concretos, estudios de magnitud y alcance acerca de la manera en que productos, espacios, servicios, marcas y las comunicaciones humanas en general sufren o se benefician de la implicación del diseño en la consecución de sus objetivos.
Desgraciadamente es poco frecuente que las empresas destinen un porcentaje de sus ganancias a la investigación, por lo que resulta aun más infrecuente que las empresas de diseño incorporen la investigación (ni siquiera en la variable sencilla de la evaluación de resultados) a la gama de productos que conforman su oferta; pese a que solemos insistir, majaderamente, en que vivimos en la era de la información y el conocimiento.3
Una cosa es lo que declaramos y cuya certeza no discutimos —como, por ejemplo, cuando decimos que las marcas tienen un valor simbólico que influencia la conducta y el pensamiento de la gente—, y otra cosa distinta es que un estudio como el que realizara la Universidad Ludwig-Maximilians4 demuestre que cuando consumimos marcas de nuestro agrado, el cerebro realiza conexiones con emociones y valores positivos que provocan sensaciones de recompensa y satisfacción. O bien que el Design Council proclame con propiedad, el porcentaje que el diseño le aporta al PIB en el Reino Unido —que según se ha manifestado bordea el 2%—, o que empresas chilenas como Ilko-Virutex o Ducasse declaren públicamente que su facturación ha crecido por el valor agregado que brinda el diseño a la comercialización de sus productos (como lo hicieron en la reunión de ICSID5 en el año 2005).
Hay mucho de lo que escribimos y discutimos en torno al diseño que no alcanza jamás a ser relacionado abiertamente con la vida común de las personas, como si la reflexión de la disciplina no tuviese mayor interés en medirse con la «mezquina y cochina» realidad de las necesidades de consumo, y con la trinchera comercial y productiva del diseño; eso no sería demasiado importante si las cosas básicas, los saberes fundamentales de la disciplina, sus conocimientos, sus métodos y teorías, tuviesen entre los diseñadores mismos un reconocimiento explícito debido a su aporte, o a su capacidad de explicar o de ayudar a entender las herramientas, las habilidades, procesos, técnicas, los escenarios, los agentes involucrados en las diversas acciones del diseñar. Pero los diseñadores rara vez recurren a estos conocimientos y muchas veces son desechados por estar descontextualizados del ejercicio profesional.
En un pequeño muestreo realizado con mis alumnos del curso de Teoría de Diseño de la UTEM, tomando como base el enfrentamiento que según Bonsiepe se da entre teoría y práctica, nos fue posible vislumbrar como la totalidad de los diseñadores consultados respecto al valor que le asignaban al conocimiento teórico en su práctica profesional tendían a supeditarlo a las exigencias formales de sus clientes y a relativizar o a ignorar la aplicación sistemática de cualquier reflexión sobre su quehacer; arrinconando la teoría y la reflexión como instrumentos en desuso para las prácticas cotidianas.
Las preguntas a realizarse puede leerse desde varias perspectivas:
En la actualidad los diseñadores podemos echar mano a diversas herramientas de comprobación y verificación del impacto del diseño en varios campos productivos. Las ofertas de especialización académica han incorporado la gestión estratégica, el Design Management a sus ofertas de seminarios, magíster y doctorado, el acercamiento que ha venido sucediendo entre el mundo de los negocios y la economía hacia el diseño ha creado la necesidad de desarrollar conocimiento y habilidades relacionadas con comparar, cuantificar y medir los casos en que el diseño ha roto los paradigmas del pasado, al punto que desarrollar modelos a partir del análisis de estos casos ya no es algo tan innovador como solía ser.
El gran desafío está en trascender los ejemplos paradigmáticos —o derechamente trillados de Apple, el IPod, de Jonathan Ive (Ideo), Zara, Nokia, Citröen6, etc.—, identificando nuevos ejemplos significativos, idealmente surgidos de las culturas económicas y empresariales específicas de cada entorno, como lo esboza desde el ámbito académico el Proteinlab7, liderado por Héctor Torres en la UTEM.
Falta que las empresas de diseño y las asociaciones gremiales aprendan a destinar parte de sus ingresos a la investigación, el estudio del impacto y el tamaño relativo de la disciplina en el mercado, no solamente para saber el «peso específico» del diseño en la economía y la cultura sino, además, para transferirle a las empresas y a los clientes las potencialidades sobre las que el diseño puede crear valor para todo el producto ampliado8 —cómo ya lo ha hecho en casos específicos— y cómo eso afecta a nuestros clientes y al mercado.
Es estimulante hacer eco de la sugerencia de Victor Margolin acerca de construir un modelo holístico de investigación para el diseño en sociedad, «uno que pueda ayudarnos a entender cómo las distintas actividades de diseño encajan conjuntamente dentro del ambiente humano»9, aunque su enfoque es eminentemente académico, reafirma el rol irremplazable de la investigación, pues ésta «puede contribuir al debate sobre lo que debe diseñarse en el futuro».
La investigación, la conciencia del alcance y el impacto del diseño, puede abrir nuevas posibilidades disciplinarias. Mediante la productivización del conocimiento y la experiencia acumulada con clientes, procesos, productos y mercados, la prospección de necesidades no articuladas, de tendencias, y el aislamiento de problemáticas con potenciales de oportunidad para el diseño, podemos empezar a dar nuevas respuestas a la pregunta crucial:
¿Cuál es hoy la importancia del diseño?
Publicado el 18/06/2007

Estoy muy de acuerdo con tu punto de vista. El trabajo del diseñador no se puede limitar a cumplir encargos ya que va mucho mas alla de un oficio . Hoy por hoy ni siquiera los artesanos hacen esto. Muchos artesanos, dedican largos periodos a investigación no solo estética sino de usabilidad, rentabilidad y popularidad de ciertos materiales, tecnicas e inclusive motivos visuales.
El rol del diseñador actual va mucho mas allá del quehacer.
Gracias por compartir este punto de vista.

En mi humilde opinion una «solución diseño» que en su proceso no alla tenido en cuenta una eficaz aplicacion las bases teoricas y tenga una pobre o ninguna investigacion, solo puede llevar a soluciones de gran pobreza conceptual, y de hecho de ser una respuesta de dudable eficacia en la mayoria de las ocaciones e indigna de ser llamada diseño.. y mas una muestra osada e irresponsable, demostrativa de una gran falta de profesionalismo, de hecho un irrespeto por la profesion misma...

Lograr la productivización de la investigación sobre lo diseñado, es llevar dicha investigación a la metodología como proceso y herramienta, que otorgue certidumbre, tanto al diseñador, como al cliente, de que el producto garantiza el logro de los objetivos de comunicación, bajo las condiciones previstas.
Estoy en la búsqueda de avances en esta tecnología.
Gracias.
dgricardoaguilar@yahoo.com.mx

El diseño en mi ciudad, es aún mas pequeño de lo que es en otras ciudades del mundo, apenas formo parte de la primera genración de LDG de la Universidad mas importante, sin embargo, por la formación que nos han compartido los inicadores de nuestra carrera, tenemos una inclinación muy preponderante hacia la investigación en el y del diseño, pero por cambios burocráticos, la universidad(pública) los ha perdido; ayudame a conseguir mejor información en este sentido o bien recomiendame autores con los que pueda enriquecer esta inquietud por favor.

Gracias por hacernos participes de tus bien argumentadas ideas. Estoy de hecho reflexionando ultimamente sobre el aporte social de la profesión y sobre un posible enfoque superfluo de la profesión que a base de «nada de esfuerzo» hemos logrado: El diseño Gráfico como actividad «snob» que otorga a quien lo entiende un estatus social «merecido» y mercadologicamente correcto. Me hace recordar en lo que convirtieron a la artesanía cuando se academizó y guardo en palacios: Arte. La conceptualización rebuscada semioticamente y banal e inventada que enaltece el ego de quien la emite y quien la lee.

Estimado Álvaro,
es un artículo y un tema muy interesante, de larga data que sigue sin ser tomado en serio. Yo estoy haciéndo mis estudios sobre investigación en otras áreas, pero estoy muy interesado en desarrollar la investigación en el Diseño como disciplina. A mi manera de ver, la investigación debe ganarse la simpatía de los diseñadores y diseñadoras, contribuyendo al quehacer práctico, como todas las disciplinas. Tengo algunas teorías de qué tendría que pasar para que esto ocurra, pero podremos conversarlas en otro momento si te apetece.

El diseño favorece la atención al ofrecer detalles a la percepción haciendo la existencia más florida; pero por esa vía el diseñador puede convertirse en un personaje inocentemente siniestro al prestarse a manipulaciones oscuras.
Muchos empresarios ignoran lo que los diseñadores pueden aportarle a sus negocios.
La capacidad de los diseñadores para resolver problemas mediante la creatividad es cada vez más aplicable a la gestión de las empresas.
América Latina, a los ojos del mercado global, no está realmente integrada. La Interactividad podría generar nuevas formas de participación con la consiguiente posibilidad de mayor integración regional. ¿Depende de nosotros?
Breve historia del sentarse escrita por un testigo presencial.
El diseño es más que un «conocimiento mercadotécnico» al servicio del capitalismo.
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El rol del diseñador en la sociedad, según la mirada de otros profesionales.
Relato del proceso de creación y mutación de la «silla W», del arquitecto y diseñador César Jannello (Buenos Aires, 1918-1985).
Luego de recorrer las principales ferias internacionales del vino, comparto algunas impresiones sobre la imagen que hoy muestra esta bebida en el mundo.
Un libro de análisis tipológico sobre la situación de este particular signo marcario en la región y en el mundo.
Una tipografía que marcó el estilo editorial alemán hasta el siglo XX. Del emperador Maximiliano I, a la historia del caballero Theuerdank y el desarrollo de una tipografía que dominaría en Alemania por más de 400 años.
El oficio recae en problemas por el escaso interés teórico en relación con la praxis del diseño y por una ausencia de argumentación crítica que sustente y revalore la profesión.
Un proceso necesario para dignificar. La basura como máxima expresion de arte.
Reconocidos diseñadores gráficos como Oscar Mariné, Jordi Labanda, Álvaro Sobrino, Josep M.ª Mir, reflejan su malestar con la forma en que se ha gestionado la marca de la candidatura olímpica Madrid 2020.
El concurso dirigido a estudiantes de diseño sobre la creación de la imagen de marca de Madrid 2020, pide en el briefing «ideas, no logotipos».
La incapacidad de la investigación tradicional para arrojar datos realmente relevantes, parte de que está basada en un sistema de preguntas y respuestas racionales.