En el año 2006, la Intendencia Municipal de Montevideo realiza un llamado a licitación para el rediseño de su isologotipo y el desarrollo de un Programa de Identidad Institucional que normalizara el universo de aplicaciones de la entidad. En el brief proporcionado por el cliente se mencionaba la atomización de la comunicación, y la falta de coherencia en la resolución del vasto universo de aplicaciones de la marca, algunas con graves problemas funcionales, lo que redundaba en una escasa visibilidad e identificación de las mismas ante sus audiencias. Se presentaron nueve proyectos de diferentes estudios y agencias de publicidad, siendo la propuesta de i+D la seleccionada.



La propuesta se centró en dos aspectos claves, el primero, en el ámbito proyectual, consistió en la definición de un estilo visual concreto y propio, basado en la claridad y simpleza del diseño con el fin de lograr una fácil y rápida caracterización, permitiendo que el programa pudiera extenderse y cubrir un espectro muy amplio sin perder su centralidad y grado de integración. El segundo aspecto fue una minuciosa estrategia de implantación que asegurara un óptimo desarrollo de la nueva identidad visual de la Intendencia.
El principal desafío fue desarrollar un sistema de identidad que pudiera incluir las muy diversas necesidades y facetas de comunicación de la Intendencia. La novedad de integrar dentro de la propuesta de identificación un sistema de pictogramas tiene como objetivo expandir estas posibilidades, tendiendo un puente entre ciudadanos e institución a través de un estilo que quiebra tanto con la solemnidad como con la complacencia de muchas de las comunicaciones de las instituciones gubernamentales del país. Los pictogramas, abandonando su neutralidad, plantean representaciones de los aspectos característicos de la ciudad y de la vida de los montevideanos, desde la cultura y la arquitectura, a la geografía y la música, pasando por el deporte y los servicios. Representaciones que apelan a la identificación y a la inclusión, a través de un clima distendido, lúdico y cómplice. La idea fue generar una herramienta para identificar, para situar y señalar, que a la vez fuera una propuesta desestructurada y optimista; una forma directa y original de ver, conocer y comprender la ciudad, de participar en ella.







Información del proyecto:
Publicado el 08/02/2010


tuve el agrado de tener de docente de diseño a Gonzalo Silva en el centro de diseño industrial (comenatrio aparte)
Me parece que la nueva identidad de Montevideo, le da a la ciudad una cara mas fresca, el sistema de pictogramas es muy claro, y muy eficaz.
Fue muy acertado.

Me agrada la síntesis conseguida en la marca, en mi opinión es totalamente pregnante y vocativa, muy buena! sin embargo la identidad gráfica es bastante regular, la idea de representar con pictogramas la diversidad de temas y servicios limita el uso de la misma, acotando su actuación de manera coartante, pienso que el uso de fotografías (landmarks y escenas claves de la cultura uruguaya) habría potencializado la propuesta.

Es interesante la síntesis del diseño, logrando una lectura clara y concreta, en mi concepto falta más identidad regional ya que la propuesta gráfica se acerca mucho a la señalización universal.

Me gustó mucho la creación del sistema de pictogramas y su coherencia visual con la marca. Creo que estos sistemas de identificación al ser bien implementados ayudan a crear un clima positivo, de crecimiento, prosperidad y pertenencia entre los ciudadanos de una ciudad.

La denominación marca «dinámica» podría ser más adecuada que «mutante», ya que menciona el «cambio» que evidencia el símbolo sin apelar a la «diferencia» entre sus instancias.
Conocer las prestaciones, carencias y características de los megatipos marcarios ayuda a definir, en cada caso, cuál o cuales se ajustan mejor.
La degradación gráfica y el uso político del escudo de la ciudad merece una reacción que de una vez por todas recupere el patrimonio visual de todos los porteños.
Un efecto de la globalización que está promoviendo la degradación de la comprensión de la complejidad de las relaciones sociales, y que genera desorientación y confusión en las posibilidades de acción del diseño.
El hecho de que las marcas logren apoderarse de valores que suponíamos universales, representa un verdadero riesgo para la cultura y la sociedad.
La construcción de la imagen es una necesidad que muchas organizaciones no toman muy en serio.
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