Los recortes epistemológicos que necesariamente producen las distintas ciencias en el desarrollo de sus «saberes», o las disciplinas en sus objetos de producción, desdoblan los conceptos sobre formas visuales y sonoras en caminos que se recorren paralelamente y que, por lógica, nunca se encuentran o, más aún, no pretenden encontrarse. Así como la forma aparece como dominio de la arquitectura, el diseño y las artes visuales, la música y la literatura hacen lo propio con lo «sonoro» como condición dinámica y necesaria para su concreción.
El diseño de comunicación visual se encuentra coyunturalmente sobre estos conceptos en sus operaciones perceptivas y comunicativas, donde forma y tiempo aparecen como unidades indisolubles. En esta oportunidad intentaré establecer algunas relaciones analógicas entre las formas visuales, aurales y verbales a partir de sus expresiones plásticas.
Debo destacar que establecer relaciones analógicas entre estos diversos campos disciplinares podría hacerse desde distintos enfoques —desde el semiótico, el fenomenológico, el empírico, el sensorial—, y para el caso resultan indagaciones en el marco de las experiencias, algunas con pretendida sistematización y otras sólo sensitivas. Hecha la salvedad, serán planteadas sobre la base del lenguaje verbal como fenómeno, o más aún, lo que el lenguaje es, nexo fundamental entre el pensamiento y la expresión humana.
En su libro «Matrices del lenguaje y pensamiento: sonora, visual, verbal», Lucía Santaella, plantea la tesis de que hay tan solo tres matrices de signos y pensamientos a partir de los cuales derivan todos los sistemas híbridos de signos que los seres humanos, a través de toda su historia, fueron capaces de producir. Estas son las matrices de la sonoridad, visualidad y de verbalidad. Cada una de esas matrices de lenguaje tiene su dominancia en una de las categorías, de lo que resulta que lo verbal es simbólico, lo visual es indicial y lo sonoro es icónico. Así, la matriz sonora en la sintaxis, la matriz visual en la forma y la matriz verbal tiene su sustentación en el discurso. Eso no quiere decir que cada uno de esos lenguajes no pueda alejarse de su eje de categorización; como sabemos no hay nada más dinámico y mutable que los lenguajes, inclusive el que llamamos «natural».
Cada disciplina artística basa su saber en la dirección que estos ejes marcan y profundizan sobre ello, en este caso solo me permito producir algún deslizamiento en el tránsito de los ejes que determinan la primacía de las disciplinas pertinentes y sobre los lenguajes con los cuales se expresan.
«Nunca he visto un sonido» es el sugestivo y desesperado título de un libro escrito por R. Murray Schafer en el cual plantea una noción del tiempo a través de la producción del sonido y nos dice cosas como: «En el comienzo, Dios creó el cielo y la tierra» —con su boca—. Dios nombró el universo, pensando en voz alta.
En el mundo occidental, y por algún tiempo, la vista ha sido el referente para toda experiencia sensorial. Predominaron las metáforas visuales y los sistemas escalares. Se inventaron ficciones interesantes para pesar o medir sonidos: alfabetos, escrituras musicales, sonogramas. Ningún sonido puede ser repetido de manera exacta. Ni siquiera tu propio nombre. Cada vez que se lo pronuncia es diferente. Y un sonido oído una vez no es lo mismo que un sonido oído dos veces, así como un sonido oído antes no es lo mismo que un sonido oído después. Como toda creación, el sonido no es comparable.
Entonces los fenómenos perceptivos se localizaron con primacía en nuestro sistema visual, donde la experiencia retínica se constituye en protagonista de la aprehensión del mundo. Sobre esto dice Santaella que:
«…La característica primordial del lenguaje visual está en la insistencia con que las imágenes singulares, aquí y ahora, se presentan a la percepción. Ver es confrontar algo, aunque ese algo sea una imagen mental u onírica. Aliada a su carácter perceptivo, el lenguaje visual tiene una vocación referencial, lo que lo categoriza como signo básicamente indicial. Ya que el lenguaje sonoro tiene un poder referencial fragilísimo, aliado a un alto poder de sugestión, lo que lo pone en el universo icónico, de las más puras asociaciones por semejanza…»
El mundo se convierte en figura, contorno, color, imagen, proximidad, semejanza, unidad, diversidad, identidad. La visualidad se constituye en imagen. La imagen así, es el modo de cristalizar el tiempo.
«Si el tiempo fuese como esta calle, sería fácil volver atrás o recorrerlo en todos los sentidos, detenerse donde uno quisiera, como esta calle recta que tiene un principio y un fin».
Con esta frase, Juan José Saer desde sus novelas aproxima una significativa reflexión sobre el tiempo y la forma, en la cual recurre a la figurativa expresión de la forma, «de esa calle recta que tiene un principio y un fin», para poder explicar el sonido. Sonido y forma coexisten simultáneamente en el discurso verbal.
Aunque lo visual hegemonice el espacio perceptivo en estos textos, una aproximación más atenta a los indicios auditivos descubre los rumores, los ecos, las estridencias y los silencios que habitan los pliegues del texto: el sonido emerge así, poco a poco, en el universo callado de la lectura.
Con frecuencia, lo sonoro es un dato ligado a la definición de un espacio acústico. Sintaxis sonora en nuestra propia lectura. Leemos con los ojos y oímos con la imaginación. Acaso cuando pensamos, ellas, las palabras ¿no suenan en nuestro interior?
El carácter bimedia de esta disciplina transita sobre la «imagen» y la «palabra». El diseño de comunicación visual conforma los mensajes a través de formas visuales y verbales (audibles). Produciendo un deslizamiento, desde el eje de las impresiones retínicas hacia otras sensaciones podremos determinar un grado de sonoridad en la expresión «verbal». El texto gráfico mantiene sus atributos visuales donde además de «ver» (confrontar, imaginar), también se lee y se oye (fonación), explorando su poder referencial en ambas fases. La palabra está en el borde de la verbalidad y la visualidad donde más sentidos se ponen en juego.
Tanto la imagen como la palabra contienen las características fono-visuales, la imagen lo produce por su nivel icónico, donde la palabra lo hace desde su nivel referencial, donde el grado de sonoridad tendrá que ver con operaciones dimensionales, espaciales (formales) y naturalmente fónicas (temporales).

En el caso de las palabras o textos cortos, —que están mas cerca de lo verbo-visual que de lo literario—, no solo poseen significado linguístico (plano del contenido), sino que además se organizan en el espacio visual (plano de la expresión). La experiencia perceptiva es «fono-visual».
Produciendo un deslizamiento, desde el eje de las impresiones retínicas hacia otras sensaciones podremos determinar un grado de sonoridad en la expresión «verbal». El texto gráfico mantiene sus atributos visuales donde además de «ver» (confrontar, imaginar), también se lee y se oye (fonación), como sucede en las llamadas «poesías visuales», explorando su poder referencial en ambas fases. La palabra está en el borde de la verbalidad y la visualidad donde más sentidos se ponen en juego.
En apelación a un atributo muy sustentado sobre la efectividad del mensaje visual como es la «brevedad», no solo con las imágenes sino también con el texto, es que plantea una simple experiencia ilustrativa, donde explorar las potencialidades del texto gráfico en su triple carácter de forma visual, sonoro y verbal.

Para el mundo del diseño, la sensibilidad de la palabra escrita hay que buscarla en los atributos de la forma, el sonido y el tiempo. La forma abunda, el sonido se esfuma en el aire y el tiempo…, nunca alcanza.
Publicado el 30/10/2011

Muy interesante carlos! fui alumno tuyo en el liceo municipal, saludos! jorge desde bariloche

Wow, al principio me perdí un poco pero en seguida lo entendí y me pareció bastante interesante el articulo, gracias.


Que buen articulo, felicitiaciones Carlos . Tambien Rosa Granados interezante lo que escribís. =)

Me encanta! Es un transcurso impecable sustentado desde el conocimiento pero tambien desde la percepcion y el sentimiento, basta con contener estos elementos en la caja de pandora para entender lo divertido pero también lo riguroso de obtener una composición articulada de la forma.

Brasil muestra cómo el auge del diseño radica en su conexión con la cultura y en la vinculación no prejuiciada entre teoría y práctica.
El discurso dominante del diseño gráfico no asimiló los conceptos de la semiótica y la lingüística, y se obstina en repetir pasivamente los dictados de los "gurús."
El diseño es político desde el momento en que transmite las ideas del cliente, asociadas a los estilos de vida.
La teoría de la argumentación es útil para entender y ejercer el diseño gráfico, debido a que los temas que estudia resultan relevantes en el proceso proyectual de la comunicación.
Cuando el objeto se lee connotativamente, se le despoja «simbólicamente» del poder que le ha otorgado el diseñador al crearlo. Así, se enriquece la realidad y el ego del diseñador queda «vencido».
Todo mensaje exige una interpretación, necesita una respuesta. Pero no muere allí, sobrevive en el diálogo que pueda promover y en el discurso que sea capaz de lograr.
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