
Ees frecuente, en este y otros medios, escuchar lo que un muy buen profesor en la universidad llama «El muro de los lamentos» de los diseñadores. Lo que se respira en el ambiente, o por lo menos lo que se percibe, es que los profesionales de diseño no ven con claridad unas óptimas condiciones de trabajo tanto para el desarrollo personal, profesional y comercial del oficio, que se asocia a varios factores en conjunto, pero primordialmente a una carencia de auto-valoración de sí mismos y una no valoración del diseño en sí.
Desde la academia aprendimos la mala práctica del lamento. Era común escuchar en las entregas de diseño, «¡qué pesar de nosotros que nos toca trasnochar!», cuando profesionales de otras carreras incluso tienen igual o mayor carga representativa y no andan por ahí quejándose que no los quieren o no los valoran. Esto continúa en el ambiente laboral, porque a muchos simplemente les aborrece u ofende que los vean como los «artistas» dentro de las organizaciones, cosa que no es necesariamente cierta ni necesariamente inconveniente.1 La no valoración es también percibida en el arte mismo. Se escucha de muchos artistas la queja de una no valoración de su oficio, aunque conozco artistas que ganan bastante bien.
Es común la queja en los diseñadores que no ven valorada su labor por clientes y organizaciones, y la pregunta también es ¿cómo ven los diseñadores su papel dentro de estas organizaciones? Es cierto, nadie le paga bien a alguien sin talento, pero las organizaciones no se pueden dar el lujo de depender de personas supertalentosas que soporten el peso de la organización y que luego si éstas ya no se encuentran la organización se caiga. Ese es un lujo que las organizaciones no se pueden dar, pero que lamentablemente es muy común. Una organización debe cuidar de las buenas prácticas de sus procesos, incluidos los de diseño.
En muchas profesiones —no solo en diseño— se ve claramente el problema de la oferta y la demanda, y la circunstancia de que, al existir una mayor oferta de profesionales, muchos aceptan trabajar a precio de miseria, sea por conseguir experiencia, por ganar «unos pesos» o incluso por desconocimiento de cómo cotizar un trabajo. A esto se suma el «cortoplacismo» y la falta de visión en algunos empresarios, que pretenden hacer rendir sus recursos de una manera tan extrema, que muchas veces va en contra de sus propios intereses; como bien dice Drucker en alguno de sus textos.
Pero, ¿cuál es nuestra responsabilidad en esta situación?, ¿cómo poder darle vuelta a la hoja? Es increíble que profesionales cuya especificidad sea precisamente la de dar solución a problemas y traducir necesidades en alternativas, se encuentren enfrascados o sentados lamentándose entre tantas oportunidades que hay hoy en día. Es importante que en un principio se de una relación de confianza entre el cliente y el diseñador, comprendiendo que él espera de nosotros los conocimientos necesarios para el desarrollo de la actividad y nosotros esperamos de él que pueda aportarnos toda la información suficiente para el desarrollo del proyecto.
Igualmente, si uno espera que su trabajo sea valorado debe comenzar valorándolo uno mismo. Cobrar lo justo por éste y saber venderlo al empresario. Como se dice en mercadeo, hay una percepción de las personas entre la calidad del producto —en este caso el servicio de diseño— y el valor que se cobra por el mismo. El diseño no es un commodity, por eso el diseñador debe considerar qué valor está agregaando mediante la prestación del servicio de diseño, y de qué forma y con qué dedicación gestiona el proyecto.
Cuando prestamos un servicio de diseño tenemos que tener presente una buena administración de tiempos y recursos, que estén claros tanto para nosotros como para el cliente, así como un fiel seguimiento del mismo de forma planificada. No es solamente lo que se le vende al cliente sino cómo el diseñador se vende a sí mismo. Primero debe diseñarse la oferta de servicios y luego sí presentarla ante el cliente. Esto tiene mucha relevancia al momento de ofrecer un servicio ya que influye en que, a los ojos del cliente, éste se vea más o menos costoso. Es clave tener en cuenta que:
Muchas veces por ganarse un contrato se puede estar cobrando muy por debajo de lo que el cliente hubiera estado realmente dispuesto a pagar. En esos casos el diseñador debe saber que está recibiendo una retribución inadecuada, y el único responsable de esto es él mismo. Si su servicio de diseño y las soluciones son adecuadas a los problema de su cliente, el precio no debe ser una limitante. La valoración del servicio de diseño debe empezar por casa.
Publicado el 23/11/2011

si queremos que el diseño sea algo mas q un valor agregado al producto y que los demás le den la importancia que merece tenemos que empezar nosotros mismos los diseñadores a valorarlo y a cobrar lo justo por nuestros diseños dejando aun lado si es para la familia el amigo o el primo de n amigo, desde la universidad tendrían que enseñar a los alumnos a vender sus diseños

No se porque creo haber leido esto antes :/ de todas formas, me sirvió. Gracias :)

Si en el arte el valor es subjetivo en el diseño debe ser objetivo (¿comunica o no?) ¿va mas allá de lo que comunica? (valor creativo que diferencia un diseño bueno de otro formidable). Ese valor también es reflejado en su precio, si resolviste un problema bajo un nuevo y mejor esquema debe reflejarse en la facturación, el dilema es ¿cómo valorar lo no tangible? «la idea», no hay diseño por kilos, ni centimetraje, ni tampoco por horas porque no es lo que dures sino el resultado, lo que determine el comportamiento del usuario, lo que venda, lo que genere reacción y no apatía.

¡Un saludo César! Gracias por compartir esta reflexión. Creo que este tipo de reflexiones deben dar paso a una evolución dentro del área del Diseño y el Arte. Ojalá no siga siendo un tema «añejo» -como menciona Fernando Osorio- y «recurrente», sino que dentro de poco tiempo podamos estar diciendo: este tema pasó a la historia. El Diseño y el Arte están cobrando la fuerza, admiración y respeto que siempre han merecido por parte de la sociedad. La parte de la interdisciplinariedad es perfectamente válida en este caso, pues nos demuestra justamente que el mundo no es sólo números, finanzas, ...

Diseñar es un acto de creación que involucra passión y entrega la calidad de las cuales trae como resultante la recompensa. Es un circulo virtuoso que uno debe construir y el cliente debe comprender. Es la única manera que los desarrollos posteriores cobren el valor agregado que promete el diseño.
Como dice Fabien Barral el buen diseño resulta de un buen cliente, buen tiempo y buen dinero. Las veces que lo he logrado mis trabajos han sido publicados en los libros alemanes.

No hay de otra que, matar a los rotulistas jajaja (risas) na pues simplemente culturizar a nuestros clientes, enseñandoles a diferenciar el trabajo de diseño de nosotros, ante el copie y pegue de los rotulistas...

Agradable reflexión; apunto además que se hace necesario analizar métodos de valorar algo tan abstracto como el talento, es sabido que un diseñador talentoso puede desarrollar algo verdaderamente admirable en digamos n horas, mientras que su colega mediocre no hará lo mismo en nx2 horas. Allí el tiempo no es determinante para un reconocimiento justo.

El reconocimiento de la Sociedad y el valorar los esfuerzos de los de mas es hoy día desconocido para muchos que no aprecian el esfuerzo conque personas se entregan a una prefesion tan ingrata y mal remunerada por los inconscientes
que no valoran un excelente diseño que llevo esfuerzo y trasnocho, sigamos luchando y pasando por alto estos desagradables momentos Diseñemos que para eso nacimos.

Planteamiento triste a un tema añejo. Solo me queda decir «¡Sigamos en la lucha compañeros diseñadores!«

Excelente tema. Realmente estoy pasando por esta situación. Los clientes no quieren pagar lo que valen nuestros servicios de diseñador y hasta algunos quieren el trabajo GRATIS ó le ponen precio a mi trabajo. No entienden que los estudios en diseño gráfico me costó mucho dinero y sacrificios. Pero eso no lo enseñan en la universidad, sino durante la marcha.

Esto es algo que poco a poco va ganando tiempo de enseñanza en las universidades; pongo como ejemplo el curso impartido por Gerardo Closs en la UAM-Xochimilco. Efectivamente existe una subvaloración por parte de los propios diseñadores. Por ejemplo la poca asistencia registrada para ese curso por parte de alumnos inscritos al mismo.

Excelente punto el que has tocado... en las universidades nos enseñan a diseñar pero en cuestiones de venta, apenas tocan el tema. Sin embargo estas son cuestiones de cultura, si uno no esta acostumbrado a vender, se le hará difícil ponerle un precio real al diseño.
Si un diseñador no valora su trabajo, su tiempo gastado en el proyecto, sus conocimientos y a eso súmenle la falta de cultura de vender... difícilmente los clientes valorarán su trabajo

excelente reflexión! felicidades... el tiempo es el recurso más valioso que tenemos, al final si queremos que se reconozca nuestra carrera debemos aprender a fijar un valor justo a nuestro trabajo en base a nuestro tiempo y por supuesto saberlo administrar (en todos los aspectos), pero sobre todo tener una visión en la que comprendamos nuestra responsabilidad como una función social y como un oficio que sirve al hombre.

Bastante interesante el artículo para un caso muy común en los diseñadores. Mientras cursaba Diseño, no poseía seguridad sobre mí ante el mercado y pasa principalmente por «no creerse el cuento». Actualmente, y a traves de experiencias, me he dado cuenta que «creerse el cuento» por lo que uno realmente es capaz de hacer y valorarse es lo fundamental para obtener el respaldo empresarial correspondiente.
En las empresas, como entes multidiciplinarios, debemos ser estrategas e intentar introducirnos en el esquema de trabajo aportando no solo en diseño si no tambien como visionarios del mercado.

Hay formas y formas de ejercer la profesión del diseño. Algunas juegan en contra.
El diseño es capaz de proporcionar toda clase de productos, aunque no todas las características específicas de cada proyecto puedan siempre ser pensadas y desarrolladas por un único profesional. Hay una variable simple para explicarlo: el tiempo.
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El hecho de que las marcas logren apoderarse de valores que suponíamos universales, representa un verdadero riesgo para la cultura y la sociedad.
Versión sintetizada, a modo de decálogo.
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