El diseño es una actividad reconocible y hasta apreciable por la sociedad, que también lo reconoce como un recurso accesible y abundante; aunque falta asegurar su efectiva utilidad como herramienta de comunicación en el imaginario colectivo. La valoración social del diseño es la percepción promedio de nuestros gobernantes del ámbito nacional, provincial y municipal. En este contexto, asistimos a una diversidad de concursos convocados por el Estado, cuyos reglamentos repiten ciertos vicios formales que afectan la calidad de las convocatorias y restringen, en algunos casos de manera abusiva, los derechos de los diseñadores. El común denominador de estas irregularidades es:
Este panorama, con variantes y distintos porcentajes de incidencia, se manifiesta en la mayoría de los concurso oficiales. A priori, uno estaría inclinado a pensar que disposiciones de ese tenor son propias de la actividad privada, presuntamente ávida de sacar provecho en cualquier situación. De ahí la frustración cuando provienen del Estado. Los diseñadores no acostumbran analizar los reglamentos en detalle antes de decidir su participación, pues lo consideran una pérdida de tiempo; aunque lo recomendable es lo contrario. Las bases son equiparables a un contrato, donde se establecen los derechos, deberes y garantías, las modalidades de ejecución y los compromisos de las partes. Solo si no nos perjudican se debería pasar a la etapa de diseño.
Por su significación y trascendencia, este tipo de concursos implica una intensa carga emotiva, por la oportunidad de desarrollar un trabajo que representará al Estado en alguna de sus manifestaciones. Esto suele ser una motivación eficaz para enfrentar el desafío con entusiasmo. Por las mismas razones, el Estado debería ser particularmente respetuoso de los derechos de los participantes. Eso sería lo ideal, pero la realidad tiene su propia dinámica, como se verifica en los siguientes casos:
En esta tendencia generalizada, profesionalmente regresiva y con chances ciertas de legitimarse, el Estado —como metáfora y síntesis de la sociedad a la que representa— al menos reconoce y aprecia el valor de fetiche del diseño, por eso lo requiere. En algunos casos se lo apropia como botín, y en otros destaca el valor de ausencia por vía de la declaración de premio desierto. Quiénes deberíamos replantearnos nuestro rol somos los propios interesados: no podemos razonablemente pretender mucho más si no estamos dispuestos a operar —y cooperar— activamente para cambiar este estado de cosas, indigno y ruinoso para la profesión.
Publicado el 02/10/2009

Amigo mío. En Chile pasan las mismas cosas, incluso con algunas becas que ofrece el gobierno, en donde se pone en duda el criterio de elección del ganador o de la ganadora de dicha beca.
Lo que pasa es que por un lado algunos concursos siempre ponen a los mismos jurados, entonces uno ya sabe por donde va la mano y realiza un trabajo poco creativo pero asegurado, y en otros casos, pensando que van ser competentes, ponen a secretarias, alcaldes, gerentes de jurado. O sea gente que entiende poco o nada de diseño, pero que está ahí porque pertenece a la empresa patrocinadora o auspiciadora.

Es necesario un instrumento contractual que permita al arquitecto o al diseñador obtener remuneración por el trabajo intelectual que involucra el desarrollo del proyecto, sea este implementado o no.
Una profesión gravemente afectada por el incontrolable avance tecnológico.
Una reflexión sobre la existencia de ejemplos de alta calidad en todo tipo de mensaje diseñado, y la dificultad de superarlos.
El diseño como agente de la innovación, nuevo detonante de la economía mundial, se ha vuelto prioritario para todo país que desee acelerar su desarrollo o mantener su liderazgo.
Cuando el concepto de cliente no está claro, surgen dificultades para desarrollar habilidades de gestión que orienten adecuadamente el proyecto profesional.
Los diseñadores debemos cuidar las palabras que utilizamos para para caracterizar nuestro trabajo.
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El cambio de percepción del mundo influye a favor de los conceptos y metodologías de una disciplina transversal como el diseño.
A propósito del artículo de Francisco Yantorno.
Conselhos para obter melhores resultados nas entrevistas para emprego na área do design.
El diseño nos importa a todos, pero no significa lo mismo para todos. ¡Por fortuna!
Hasta qué punto nos dejamos influenciar por el trabajo de otros. Desarrollar el propio estilo puede ser uno de los logros más gratificantes.
No persigas a tu cliente, deja que te encuentre en línea.
Una selección de ideas del reconocido publicista estadounidense para quien la publicidad no es una ciencia, sino un arte sutil.
Empatía, intuición, colaboración y experimentación son las palabras de turno que están transformando el mundo corporativo en la creación de nuevos productos y servicios.
No todos los diseñadores desarrollamos las mismas actividades; ni mucho menos tenemos las mismas habilidades. ¿Te has preguntado cuál es tu perfil?
Em muitas ocasiões, trabalhar de maneira interdisciplinar é a melhor opção para o profissional de design.