Publicado el 01/07/2005

Desde sus orígenes, las prácticas y los discursos del diseño han asumido toda clase de «misiones» que serían el objeto de su existencia; casi todas ellas vinculadas al mejoramiento de la calidad de la vida humana.
Si, desde luego, tiene fines propios, no se disuelve puramente en los fines de su comitente. Pero lo más importante es analizar articuladamente esos fines o proyectos: (1) del comitente para con el hacer del consumidor; (2) del diseñador para con el hacer del comitente, en su propio beneficio, (3) del diseñador para con la humanidad (usuarios), como ciudadano; (4) del diseñador, asociado a su comitente, para con el hacer consumidor; (5) del diseñador para con el hacere y el creer de sus colegas y del mundo del diseño.

El diseño y el diseño gráfico tienen fines específicos; previamente deben de cubrir objetivos. El fin de diseño gráfico es la resolución a una problemática cuyo medio es de índole visual y origen lingüístico. Es decir resolver la dificultad expuesta por un cliente; a través del análisis de varias fuentes de información, interpretamos y codificamos a un canal visual con un medio impreso o audiovisual en un lenguaje fácil de interpretar por el receptor a quien irá dirigido.

El diseño (o diseñador) no sólo puede ser un instrumento más de algún proceso, el diseñador, es parte de la gestión creativa, busca, analiza, investiga, compara y responde a un contexto. El diseño va re definiendose y quienes asumimos esta disciplina vamos nutriendonos de manifestaciones multi disciplinarias q nos llevan a ser cabeza y direccionar los fines del diseño.

Evidentemente no tiene fines propios en la actualidad. Respecto a lo que apunta Belluccia, que «Es el cliente quien tiene objetivos propios, y esos fines pueden ser el consumo, la guerra o la huelga general», si bien ractifico que esto es (parcial y hasta simplistamente) cierto, agrego que es además «tristemente» cierto. El diseñador funciona como un mero técnico comunicacional, si se quiere, sin compromiso hacia lo que hace, más allá de lo estrictamente laboral. ¿Es esto a lo que aspiramos como profesionales y seres en sociedad?

«esta disciplina creativa aún no ha asumido el papel que le corresponde en la sociedad industrial. Y no lo digo yo. Lo decía "lo dice" André Ricard en una columna de opinión que certeramente tituló "De lo festivo a lo productivo". Decía el maestro que lo que se le pide tanto a una silla como a un exprimidor es que "únos facilite y simplifique la vida aportándonos comodidad». Y puede que eso sea suficiente para muchos diseñadores. No para mí. Creo firmemente que el diseño tiene que asumir el papel que le corresponde en la sociedad, y ese rol va más allá de su utilidad primaria. El diseño tiene que aportar valores añadidos. Tiene que mejorar lo preexistente. Y eso nos incluye también a nosotros. Es importante educar a la sociedad "educarnos" en la utilización de recursos y materias primas renovables y con un bajo impacto medioambiental. Es necesario fomentar el crecimiento sostenible. Reorientar la filosofía de usar y tirar hacia la de reutilización. Y todo eso lo podemos hacer nosotros: los diseñadores».
Del artículo Los domingos huelen a pollo asado

«La realidad es que al diseñador sólo se le requiere en una fase muy avanzada del proyecto industrial; cuando éste ya ha sido esbozado teóricamente y, entonces, sólo se espera de él que materialice, de la mejor manera posible, una idea que no es suya. Respetando, eso sí, todas las exigencias prefijadas por los estamentos superiores que ya han delimitado así el destino de este objeto. Esta es la situación real del diseño, estas son las condiciones actuales en que se mueve. Ante tal situación, parece difícil que el diseñador pueda tener un papel importante en un movimiento progresista del diseño; ni parece que pueda existir tal movimiento mientras aquellos que tienen efectivamente el poder de decisión en la estructura industrial, no se interesen por una auténtica política progresista de los productos industriales y favorezcan más bien la proliferación incontrolada de los mismos».
Del artículo La función social del diseño 2

«No existe una entidad llamada “El Diseño” que indique a sus miembros cuáles son los fines sociales a los que deben adherir. [...] El diseñador, cuando trabaja, debe obedecer el pedido de su comitente. [...] Aceptar un trabajo de diseño, no obliga al diseñador a coincidir con los fines del comitente».
Del artículo La función social del diseño

«tampoco creo que los Diseñadores Gráficos con capas de “superhombre” salvaremos al planeta del capitalismo salvaje. Mi pregunta es: ¿nuestra disciplina cobra sentido solo bajo estas reglas de juego? Y lo más importante ¿es nuestra única responsabilidad otorgarle personalidad a un teléfono celular?»
Del artículo No a la identidad

«Creo que los diseñadores, antes que ser diseñadores, antes de ser profesionistas, creativos, iconoclastas o cualquier otro extravagante título con que nos queramos auto-etiquetar, somos seres humanos, y el diseño debe ser un objeto que refleje humanidad y acerque a las personas unas a otras, haga más fácil la comprensión entre seres humanos y, por supuesto, arranque sonrisas de quienes lo disfrutan y no, simplemente, “lo usan”».
Del artículo Diseño para las masas

«Obviamente la condición de diseñador no exige ser revolucionario, pero implica la pertenencia a un grupo profesional cuya lógica excede lo individual, aún en el disenso».
Del artículo Más problemas, menos dilemas

«Los fines del trabajo los fija el comitente, que siempre es externo al diseñador (aunque excepcionalmente puedan coincidir en una misma persona, las dos tareas —encargar y diseñar— son esencialmente distintas). Es el cliente quien tiene objetivos propios, y esos fines pueden ser el consumo, la guerra o la huelga general».
Del artículo ¿Qué hacen los diseñadores cuando diseñan?

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