En los últimos años, los cambios sufridos por el entorno visual han sido, sin duda, extraordinarios. Y casi todos ellos han surgido como consecuencia de importantes avances tecnológicos, detonantes indiscutibles de una nueva alfabetidad visual que se ha impuesto progresivamente a nivel mundial. Los tiempos de la Bauhaus, como los del diseño suizo y su influencia en el contexto de la percepción, parecen haberse diluido ante una nueva realidad visual determinada por nuevos enfoques en la aplicación de factores fundamentales como la espacialidad, la dimensionalidad, la temporalidad de los códigos destinados a permitir y optimizar la comunicación —como los tipográficos y los pictográficos—, aplicados ahora bajo la impronta de nuevas condiciones cada vez más cuestionadas al someterlas al escrutinio y análisis de comunicólogos, semiólogos y demás especialistas en el tema.
¿Qué sucede entonces con la aplicación de los códigos propios de la comunicación visual? La juventud actual y los nuevos profesionales se dirigen con la misma vertiginosa velocidad de los avances tecnológicos hacia… ¿dónde? Los procesos, otrora tan importantes para el ejercicio conceptual y funcional del diseño, prácticamente han desaparecido inclusive de los entornos académicos, no ya solo de los profesionales. Herramienta y disciplina son confundidas constantemente hasta el punto de ser aceptadas en el contexto profesional, siendo un axioma válido el confundir las habilidades de un operador de programas para la realización y edición de material gráfico y editorial con los fundamentos mismos del diseño. ¿Dónde queda entonces todo aquel bagaje necesario para ejercer nuestro oficio? Resumido, quizás, en una sola palabra: «cultura». ¿Cómo se puede aplicar con éxito la paleta de colores de los programas de computación desconociendo la teoría básica del color o, desde la perspectiva práctica, saber lo que es mezcla, saturación, tono, pigmento, adicción, entre muchos otros conceptos teóricos-prácticos del color? No mencionemos siquiera los aspectos compositivos y sus posibilidades.
Es una constate observar en todo el mundo la cara de tedio y fastidio del estudiante común de diseño. Lo que se impone es una frenética carrera para «hacer cosas»; no importa si responde este «hacer» a resolver verdaderas necesidades: lo importante es la brevedad, no ya del ser sino del hacer.
Documentarse no es necesario y la historia no es más que un cuento aburrido y sin sentido de un poco de «viejos» que realizaron cosas también viejas y pasadas de moda —como, por ejemplo, libros—. Los videojuegos son la nueva alternativa de conocimiento y entretenimiento, con el consiguiente peligro distorsionante que implican y que no hace más que alimentar la actitud apática de los jóvenes hacia el saber como valor fundamental de cualquier disciplina o profesión. Ellos están acostumbrados a un entorno visual lleno de efectos especiales, efectos que han sido insertados en el entorno gráfico gracias a la mala utilización de programas como Photoshop; esto ha permitido la aparición de una nueva clase de pseudo-diseñadores denominados en el ambiente como «fotochoperos», comunicadores visuales caracterizados por su habilidad para utilizar plug-ins y efectos 3D y, claro está, ser «rápidos y efectivos», según su opinión «profesional». Para realizar un cartel estos neófitos pueden llegar a sobreponer treinta o cuarenta capas.
Ya se había hecho difícil incentivar a la juventud por la lectura, ahora ni siquiera a que escriban con propiedad podemos aspirar. La brevedad se impone nuevamente y como ejemplo de ello tenemos los llamados «mensajes de texto», que constantemente son enviados y recibidos por medio de teléfonos móviles en los que el lenguaje escrito es abreviado hasta pisar los límites de la comprensión. Estamos quizás de acuerdo en que aún así hay comunicación, ¿pero es esta realmente efectiva? El manejo del espacio entre letras o palabras, la búsqueda anteriormente importante de la legibilidad es un principio indispensable en el manejo de las virtudes tipográficas que ha desaparecido en muchos impresos. El libro convive en la actualidad con miles de publicaciones que no están hechas para ser leídas sino vistas y, por supuesto, de manera rápida sin exigir ningún compromiso intelectual para el que no tiene ganas de leer ni tiempo para ello.
Esta nueva e instantánea usabilidad de la tecnología está afectando a la comunicación en un amplio —pero muy amplio— espectro y no solo a la vertiente visual. Hace muy poco, en un largo viaje en tren que realicé en Francia desde la ciudad bretona de Quimper hasta el Santuario de Lourdes —con una duración de más de nueve horas— observé cómo, encontrándonos seis personas en la cabina de un vagón, la comunicación fue nula: fue como si cada uno de nosotros no formara parte de la realidad de los otros. Ya fuese porque nos comunicábamos a distancia con un amigo por medio del teléfono móvil o porque nos encontrábamos sumergidos en unos audífonos escuchando música con un reproductor de MP3, lo cierto es que lo inmediato se ignoraba.
Incluso se han restringido otros códigos visuales, como los de los gestos faciales y corporales, pues ya no es tan frecuente que las personas se miren entre sí. ¿Será acaso más intensa la comunicación con una pantalla en la que imágenes en movimiento o sonidos capturan nuestra total atención hasta el punto de aislarnos del contexto en que nos encontramos, o se tratará más bien de un problema de contenido?, ¿estaremos a las puertas de una sociedad autista en la que finalmente el hombre sea atrapado y confinado a la percepción, y disfrute sólo de realidades virtuales efímeras e insustanciales, determinadas por la rapidez del movimiento de sus elementos formales?
La apariencia se ha hecho más importante que la función, los nuevos valores estéticos son también afines a esa inmediatez que parece empeñarse en convertir en desechable aún a la sociedad misma, con la consiguiente preocupación que implica el saber que el diseño no deja de hacerse cómplice de dicha situación y que asume posiciones genuflexas ante las exigencias de un libre mercado que tiene más interés en la producción de bienes efímeros, tanto en apariencia como en función, que permite la apresurada inserción de nuevos productos «consumibles» sin que importe demasiado si éstos tienen sustancia o siquiera justificación —al menos en el caso latinoamericano nos vemos inundados literalmente con basura—, lo importante es que puedan ser insertados en el mercado.
En esta loca carrera por lo inmediato, por lo aparente, la alfabetidad visual comienza a verse comprometida. ¿Acaso desaparecerá el diseño como proceso mental, partiendo de las herramientas generadoras o modeladoras de cambios positivos y de valor social en el entorno, o su futuro será la superficialidad y la inmediatez?
No hace mucho, en un evento de comunicación visual en la ciudad de Valencia (Venezuela), uno de los ponentes, un destacado y reconocido publicista que ha hecho vida profesional en el país, luego de mostrar una selección de comerciales coordinados por él para la televisión en la agencia publicitaria en la que trabajaba en el momento, dejó en la pantalla como síntesis de su pensamiento lo siguiente: «Más vale un error rápido que un acierto lento». Saquen ustedes sus conclusiones.
Finalmente, cabe preguntarse: ¿serán más importantes entonces los por qué que los cómo? Esperemos que no: la esperanza es lo último que se pierde.
Publicado el 29/09/2008
Yo quiero apelar a la historia. Los movimientos sociales van de un extremo al otro. El diseño esta fuera de control en mi opinion personal porque no se ha podido definir adecuadamente el quehacer del mismo, y se ha propiciado el mal uso de sus herramientas que terminan creando lo que mencionas en tu artículo, «lo inmediato y lo aparente».
Y ese mismo argumento es el que defiende al diseño el cual no es ni inmediato ni aparente, sino permanente y consistente, aunque las empresas no tengan las herramientas para saber que realmente han contratado a un diseñador y no a un «diseñador aparente».
El tema es bastante complejo porque nos excede su análisis en la distancia, la razón? Lo estamos viviendo en tiempo real. Cualquier descrédito hacia lo que está sucediendo caé irremediablemente en el nicho de: TODO PASADO FUE MEJOR. Coincido con lo expuesto en el artículo, pero como comunicador no puedo ser pesimista. Se me ocurre hacer un paralelo con otra época que aportó a nuestra existencia: LAS VANGUARDIAS DE PRINCIPIO DE SIGLO, no quiero hacer una comparación, pero si existe un hilo que las une es la destrucción de paradigmas. Hoy sucede lo mismo y me parece fascinante vivirlo.
Bastante de acuerdo, en Caracas pupulan institutos de «diseño» que solo enseñan la herramienta, pariendo «diseñadores» mochos, sin dominio verdadero del lápiz (digital o no) y de la razón que se expresa a través de este.
Quizá sea nuestra culpa.
Acabo de leer tu articulo y me parece un poco extremista tu punto de vista, las generaciones cambian y más nuestra carrera, no puedes comparar a el «auge» que tuvo el Diseño en la revolución industrial, o en la segunda guerra mundial con el monstruo que es ahora el internet. Esos «Neófitos» a los que criticas están proponiendo cosas nuevas como en sus tiempos lo hicieron cientos de ilustradores que ahora les podemos llamar diseñadores, no puedes criticar algo que no conoces bien al parecer, no sé que diseñadores frecuentas o en que te basas pero hay un mundo ahí afuera que te puede sorprender.
El tema es muy complejo, poca gente se detiene a preocuparse por el futuro del diseño y de como podemos contribuir a mejorarlo, sin duda que la ética profesional parece extinta, el ritmo en que se mueve el mundo es cada vez mayor y la inmediatez es la hija predilecta del mercado, para los diseñadores que queremos hacer bien nuestro trabajo es muy difícil competir cuando incluso a los clientes les importa mas la forma que la función, en parte el rumbo del diseño se esta perdiendo por complicidad de nosotros mismo quienes tenemos que informar a nuestras sociedades la importancia del DISEÑO.
Actualmente se vive una carrera contra el tiempo, pareciera que quisiéramos acortar cualquier cosa que se «cree» innecesaria para la realización del diseño, la falta de educación, disciplina y tiempo son factores indiscutibles en una cultura, que de un periodo a la fecha se ha deformado para la elaboración del diseño. El futuro depende de que tanta importancia le queramos dar a la educación los diseñadores. Otra problemática que encuentro es que para el cliente «el tiempo es oro» y este es el que genera los fondos para el estudio previo a la construcción del diseño
Creo que estamos regresando a la época en donde el diseño se creía más estético que funcional, tal véz si sea la falta de cultura o más bien tal vez sea como cuando te dicen «es más barato» sí.....pero el resultado es de muy mala calidad, pero creo que los diseñadores no debemos preocuparnos por eso, puesto que sabemos que lo que estamos haciendo es con un propósito basado en un estudio profesional.
Lo publicado refleja la gran crisis que vive el diseño aunque las apariencias digan lo contrario. Hay una gran prepotencia de muchos operadores de programas, profesionales que se venden al dinero fácil haciendo «lo que le gusta al cliente» sin consideraciones éticas y clientes que piensan que diseñar es cosa de «buen gusto e imaginación». He visto diseñadores ignorar la teoría de la comunicación, la semiótica, hacer una buena composición, uso del color y decir: «igualito se ve», «pero al cliente le gustó». Un serio problema de salud pública visual y por ende social. Excelente artículo.
Desde que escribí este artículo a este momento lo enunciado no solo no ha cambiado si no que parece empeorar, proliferan en nuestro entorno las «academias de software» sin ningún tipo de criterio profesional bajo el eslogan publicitario de estar «certificadas» usando de instructores a personas que desconocen el oficio, o son recién egresados de otras escuelas, aprovechándose de la ignorancia de otros, cobrando cursos a precios de «carreras completas» es vergonzoso , los «egos» son parte del problema, a ellos es que se dirigen este tipo de actividad engañosa, es importante despertar!!!!!
Estimado Juan hace unos días veía un video de Santiago Pol para disenio.tv manifiestando su preocupación por que muchos diseñadores miden su calidad basados en la habilidad y cantidad de los software que manejan y le preocupa por que realmente se esta perdiendo el deseo de conocer lo que en función corresponde al diseño; comprender que el programa no es mas que un medio, entonces son diseños visualmente modernos y atractivos pero carentes de contenidos semiológicos, cromáticos y de forma entonces es como usted dice: «La apariencia se ha hecho más importante que la función«
Estamos ante una cultura dada por una generacion que ha crecido bajo la continua influencia de elementos como los videojuegos, la comunicacion por medio de mensajes de texto, redes sociales, entre otros. Esto es aportante de nuevos codigos y formas de llegar a la adaptación, inducción y identificación con este grupo de usuarios. En diseño NO es el usuario el que se tiene que adaptar a la solucion o al diseñador, es el DISEÑADOR el que debe adaptar la solucion al usuario y sus caracteristicas. Sin investigación ni proceso «NO HAY DISEÑO» al no haber ni construcción ni intención.
¡Saludos, Juan Carlos!
Has puesto muchísimos puntos sobre íes de una disciplina elevada al rango de ocupación profesional que, pese a su historia, linaje, procesos educativos, pertinencia social y productiva -junto con otros factores apenas esbozados en este ya indispensable sitio- sigue soñando en llegar a ser una profesión por y para la que dé gusto vivir.
Soy guía de diseñadores gráficos en formación desde hace muchos años y, en efecto, cada día observo que la bola de nieve de requerimientos p-r-o-f-e-s-i-o-n-a-l-e-s que los procesos educativos actuales demandan crece y crece.
La tecnología no remplaza la ignorancia.
La herramienta no determina el oficio.
El mercado condiciona la estupidez rentable.
La nueva edad media construye sus pilares en la virtualidad de las imágenes, son reamplazadas y comunicadas como «la felicidad, en esto tenemos gran parte de culpa los comunicadores otrora «publicitarios», quizás fue muy tarde darnos cuenta que éramos diseñadores y nuestro oficio vendía «modos de vida» foráneos.
Hoy podemos lamentar que fuimos cómplices de la educación del diseño postulando valores que el presente los desecha a cambio de satisfacción vacía e inmediata.
Vuelve a ponerse sobre el tapete la vieja necesidad de construir una teoría del diseño gráfico y del discurso visual, que se demora en aparecer.
El desafío de agregar valor para lograr el éxito profesional.
Sobre la construcción compartida de un diseño sin fronteras geográficas, académicas o profesionales.
El tomar conciencia de la dimensión cultural que tienen los objetos de uso nos obliga a buscar diseños y herramientas de proyecto que mejoren las propiedades de mediación que estos tienen hoy en día.
Para comprender el sentido político del grafiti y el stencil, cabe distinguir la diferencia entre unas señales de apariencia política pero exclusivamente cosméticas, elaboradas desde el ámbito del diseño, y las auténticas expresiones del movimiento social.
El desafío para los diseñadores es mucho más grande de lo que se suele creer.
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