Almacenar nueva información, cuando se tiene buena memoria, es algo de lo que todo el mundo es capaz. Pero decidir qué es lo que vale la pena recordar y qué no, es un arte sutil. Esa es la diferencia entre los que han cursado estudios regularmente (aunque sea mal) y los autodidactas (aunque sean geniales). El profesor debe enseñar el arte de la selección, si no es así, las tres «I» de «Internet, Inglés e Instrucción» seguirán siendo solamente la primera parte de un rebuzno de asno que no asciende al cielo1.
Umberto Eco
Parece que los perfiles de egreso trazados para los diseñadores gráficos por las instituciones formadoras han creado falsas expectativas, indistintamente para los que deciden ingresar, los que van de salida y los potenciales clientes que contratarán sus servicios. Existe una preocupante desarticulación entre los discursos oficiales y su contraparte, la realidad de los servicios prestados por los diseñadores que ostentan la licencia para el ejercicio profesional. Los primeros sostienen que los diseñadores (licenciados) son individuos formados integralmente, conocedores de su realidad y su contexto, y que han demostrado ser capaces —en el terreno del diseño y la comunicación visual— de lograr soluciones puntuales, creativas e innovadoras acordes con las necesidades del cliente o en función de un público determinado. La contraparte va demostrando que el portador de la credencial no tiene la estatura para cubrir las exigencias de un sector productivo cada vez más demandante y agresivo.
Si bien los programas formadores de diseñadores —y de otras profesiones— regularmente van muy atrás de lo que plantea una sociedad compleja y cambiante, hay una serie de conocimientos, competencias, experiencias, intuiciones y apreciaciones que las instituciones están pasando por alto en virtud de incrementar sus indicadores de eficiencia terminal.
En la persecución de éste indicador y otros más que los sistemas educativos han impuesto, sobre todo en América Latina, se han ampliado las modalidades para la obtención del documento que avala una formación integral. Ahora es posible titularse en una carrera de diseño, aunque no se haya hecho diseño. El título es la meta.
Parafraseando a Gui Bonsiepe:
Hay ejemplos lamentables de cursos avalados por un sello universitario que parecen estar orientados específicamente a la clientela en países como el nuestro; con paciencia y una inversión de algunos miles de pesos, prácticamente se compra un título o se nutre la ilusión de que éstos cursos trasmiten una formación competente. En realidad, se insertan en la tradición del credencialismo, tan difundido en América Latina, no aportando nada a los saberes socialmente productivos.2
El «know-how» artesanal pertenece a los saberes socialmente productivos informales. Por lo tanto, los procesos de fabricación son trasmitidos en base de la práctica, sin credenciales oficiales, pues ésta enseñanza basada en la práctica y la herencia cultural se encuentra fuera del sistema oficial. Éstos saberes son generalmente desvalorizados en el ámbito de la enseñanza formal y a veces por los artesanos mismos.3
¿Cómo lograr que quienes portan la credencial se desempeñen conforme a los pronunciamientos del título? Todos los institutos y las universidades, pero sobre todo las universidades públicas, deben desarrollar —antes de expedir la licencia—mecanismos e instrumentos que eviten el solapamiento y dejen bien parada a la institución otorgante.
Aunque parezca que los programas educativos ya los contemplan, es conocido el nivel de incompetencia de los egresados ciclo tras ciclo. En una primera instancia se debe determinar cuáles de estos conocimientos, competencias, experiencias, intuiciones y apreciaciones son opcionales y cuáles son obligatorios. Después habrá que precisar el nivel del rasero. Puede ser único, o multinivel según sea el caso: principiante, básico, intermedio, avanzado o especializado.
Por último será importante establecer un filtro o un sistema de medición, que impida avanzar a aquellos que no han acumulado las suficientes horas de experiencia. Los filtros actuales se han quedado cortos, sólo atienden algunos aspectos teórico-prácticos. Se han despreciado o ignorado los conocimientos, la acumulación de experiencia y el desarrollo de habilidades propias del diseñador gráfico.
Si nuestra tarea profesional consiste en reparar afecciones de diseño gráfico y comunicación visual, ¿qué debe contener el maletín de primeros auxilios en diseñador gráfico? El desafío ahora es proponer opciones.
Publicado el 20/07/2009

Indiscutible, por un lado tenemos claro que las funciones de algunos profesores hoy en dia no son las de formar alumnos competentes para un ambito y sociedad que cada dia es mas exigente y por otro lado tenemos a los alumnos, al confundir el papel real del formador y al limitarse a la informacion recibida por este mismo, fruto de no construir su propio conocimiento aprendiendo a ser mas autodidactas.
Yo como opcion propondria crear un gremio, asi los alumnos y docentes aprenderian los criterios basicos para evaluar y hacer un mejor trabajo en el area de diseño y comunicacion grafica.

me gustaría preguntarte que opinas sobre la creatividad limitada por miedo al fracaso en el diseño grafico?

Realmente comprendo la dinámica que planteas dentro del artículo. Yo tengo casi un año desde que obtuve mi licencia y muchas veces observe que habia personas que no tenian la motivación necesaria para poder formarse dentro de la carrera a nivel universitario y solo realizaban los proyectos por lograr ingresar a otro período académico. Es importante que alguien que sienta curiosidad por el diseño lo sienta dentro de si mismo y se esfuerce cuanto pueda pero aquellas personas que solo tienen como meta «graduarse por tener un título académico o estudiar algo» (por asi decirlo) no llegaran lejos.

En este artículo se enuncian meras opiniones como si fuesen verdades absolutas. Se presenta a un «legitimador» de esas opiniones que no es nombrado nunca (el «se dice/parece que...» abunda).
En mi opinión, cualquier carrera universitaria (incluso las que otorgan títulos habilitantes) tiene como objetivo INTRODUCIR al estudiante en la disciplina en la cual ha decidido formarse.
Son múltiples los factores, conocimientos y prácticas que contribuyen a la formación de un profesional. ¿Por qué pretender que todos esos elementos sean provistos por la enseñanza académica?, ¿es deseable; es posible?

Cual es el nivel de incompetencia del que hablamos? cuales son «esos» mecanismos que dejan la institución bien parada??? Y aunque ideen contenidos universitarios ultra completos.... cuantos docentes son los que realmente se comprometen con su labor? En mi opinión, el conocimiento de un DG se logra «ad honorem»: decicación, inversión y mucho interés propio.

este no es un problema sólamente del diseño sino un problema general de la pedagogía en el nivel universitario. de hecho es un gran problema.

Muy buena tu introducción, y totalmente de acuerdo, lo que la sociedad actual necesita son persona autónomas, que gestionen su propio aprendizaje, así, independientemente si están dentro o fuera de la escuela, aprenderán en el transcurso de su vida.

CREO QUE ESTE ES UN TEMA IMPORTANTE A TOMAR EN CUENTA. YO FUI PROFESOR DE DISEÑO A NIVEL UNIVERSITARIO Y ESTOY EN TOTAL ACUERDO CON EDGARDO EN LO PUBLICADO EN ESTE ARTICULO.

Propongo una reflexión sobre cierto tipo de argumentos que muchos diseñadores gráficos utilizan para justificar sus trabajos.
El desafío de agregar valor para lograr el éxito profesional.
¿Cuáles son las principales dudas de los recién graduados? ¿Qué consejos les pueden dar los que ya pasaron por eso?
La sobreargumentación y exuberancia dialéctica para fundamentar diseño, en ocasiones es un inconsistente subproducto de la profesión e incluso un fin en sí mismo.
Una de las cuestiones fundamentales de la enseñanza en el taller de diseño es definir las características de los ejercicios que se le proponen a los estudiantes.
¿Es posible fijarle un precio mínimo al diseño? ¿Cuánto vale en dólares un proyecto de diseño de marca para una micro empresa, para una pyme, para una grande y para una muy grande?
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El rol del diseñador en la sociedad, según la mirada de otros profesionales.
Relato del proceso de creación y mutación de la «silla W», del arquitecto y diseñador César Jannello (Buenos Aires, 1918-1985).
Luego de recorrer las principales ferias internacionales del vino, comparto algunas impresiones sobre la imagen que hoy muestra esta bebida en el mundo.
Un libro de análisis tipológico sobre la situación de este particular signo marcario en la región y en el mundo.
Una tipografía que marcó el estilo editorial alemán hasta el siglo XX. Del emperador Maximiliano I, a la historia del caballero Theuerdank y el desarrollo de una tipografía que dominaría en Alemania por más de 400 años.
El oficio recae en problemas por el escaso interés teórico en relación con la praxis del diseño y por una ausencia de argumentación crítica que sustente y revalore la profesión.
Un proceso necesario para dignificar. La basura como máxima expresion de arte.
Reconocidos diseñadores gráficos como Oscar Mariné, Jordi Labanda, Álvaro Sobrino, Josep M.ª Mir, reflejan su malestar con la forma en que se ha gestionado la marca de la candidatura olímpica Madrid 2020.
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La incapacidad de la investigación tradicional para arrojar datos realmente relevantes, parte de que está basada en un sistema de preguntas y respuestas racionales.