Gran parte de los problemas de la enseñanza del diseño gráfico en México (y es de suponer que en muchos países latinoamericanos) provienen de una concepción distorsionada de la profesión, en la que predominan dos prejuicios: teoricismo y creativismo.
Dichas distorsiones –claramente originadas en una grave disociación entre enseñanza y práctica del oficio– presentan dos características que las hacen interesantísimas como fenómenos del imaginario colectivo:
La primera distorsión consiste en no reconocerle al diseño gráfico su carácter de oficio, o sea, de trabajo productivo en un campo específico; trabajo que, a través de la experiencia, acumula una serie de habilidades y saberes prácticos, anclados en las condiciones empíricas, particulares y cambiantes de la comunicación concreta y que se transmiten y enriquecen de generación en generación, materializando así su propia evolución como disciplina productiva.
En su lugar se concibe al diseño gráfico –tácita o explícitamente– como una suerte de “teoría aplicada”. Supuestamente, el ejercicio del diseño estaría guiado por una teoría previa y autónoma respecto de la práctica y suficiente para dirigirla con resultados válidos.
Y, más aún, dicha concepción tiende a considerar que el criterio de validación de la práctica es la obediencia a dichos preceptos teóricos y no a la eficacia comunicacional real del producto diseñado: así, el oficio de luthier se confirmaría más por el respeto de un tratado sobre la construcción de guitarras que por el sonido de las mismas.
La comunicación gráfica y su diseño, para esta óptica, constituyen hechos absolutamente aprehensibles y aprendibles por medio de las ideas, resultando superflua toda otra vía de captación del fenómeno gráfico y de la intervención sobre él: la intuición, la memoria, la sensibilidad, la experiencia y la reiteración, la observación, la recopilación de imágenes, etc.
La prueba de lo anterior es la ausencia de todo hábito de observación y análisis del campo gráfico real, la ejercitación de la mirada y el desarrollo de una real cultura visual. No se tiene información sobre el estado actual de la producción gráfica mundial ni sobre su historia. Y hasta se desdeña la posesión de hemerotecas y bibliotecas gráficas bien nutridas. El diseño gráfico no se descubre ni se aprende: se reinventa de la nada.
Esta reinvención permanente confirma la hipótesis del rechazo de la idea de oficio: para esta concepción el diseño gráfico no es el acervo de tipologías, lenguajes, recursos y elementos gráficos acumulados históricamente, sino una “disciplina racional” que permite deducir de una idea un mensaje sin pasar por el conocimiento de los paradigmas gráficos aportados por el oficio propiamente dicho.
Dicha “teoría” suele nutrirse, además, de disciplinas teóricas propiamente dichas, o sea, no vinculadas a otra práctica que la específicamente teórica: semiología, lingüística, psicología, sociología. Se llega a creer - tácita o explícitamente - que disciplinas como la retórica, la estética o la hermenéutica sirven efectivamente como medios de formación del diseñador.Estos discursos teóricos tienen un papel importante en la formación ya no del diseñador sino de cualquier persona interesada en el estudio de la cultura.
Pero estas ciencias básicas, confundidas con una auténtica teoría-de-la-práctica-del diseño, ocupan su espacio y, en tanto ocupan su espacio, postergan su desarrollo. Se trata claramente de un error en la percepción de la pertinencia de estas teorías.
La teoría se subcontrata a científicos cuyo discurso en nada incide sobre la capacitación del diseñador. Resultado: de la disciplina propiamente dicha seguirá sin saberse qué es ni cómo se ejerce.
El hiato entre estos discursos subcontratados y la práctica efectiva del diseño es un auténtico abismo: después de oídas las clases sobre la hermenéutica, el alumno permanece virgen e igualmente subcapacitado para el diseño.
El papel y real eficacia de estas disciplinas (indudablemente útiles en el desarrollo de la capacidad intelectual), sólo se plasma plenamente una vez instalado un discurso específico acerca de los procesos reales de la producción de diseño, que descubra y explique ese modo de producir mensajes. Y ausente el eslabón de una auténtica “teoría-de-la-práctica” la presencia de estas disciplinas no excede la función de pátina lexical o pasatiempo inocuo.
Estas disfunciones se multiplican si miramos de frente y con sinceridad el perfil del estudiante tipo de diseño gráfico que, no sólo está lejos de la Retórica sino que ni siquiera manifiesta interés por la gramática. Hablarle de Hermenéutica a un estudiante de diseño gráfico es desconocer al interlocutor. (Pero eso es harina de otro costal).
Esta desviación teoricista es un fenómeno ideológico cuyas raíces son relativamente fáciles de detectar:
La segunda distorsión, abiertamente opuesta a la anterior, es más universal y la comparten las carreras mexicanas de diseño gráfico con las de todo el mundo: el mito que localiza a la creatividad en el núcleo ontológico del diseño.
Este mito reniega de la teoría, de la racionalidad y hasta de los mismísimos condicionantes del programa: la respuesta creativa hace eclosión como una pura manifestación del talento inmanente del diseñador.
Sobre el carácter distorsionante de este mito y sobre su equívoca relación con el arte, todo se ha dicho y no cabe abundar aquí. Lo que sí importa señalar es que ambas distorsiones coinciden en un franco desprecio por la cultura gráfica real, por el fondo y patrimonio gráfico y por su papel, absolutamente prioritario, en la formación del diseñador.
La cultura gráfica es despreciada por el teórico, que siente fobia hacia todo saber práctico o “verdad empírica”. Y es despreciada por el creativo, pues empaña el protagonismo y la originalidad del “diseño de autor”. El primero sostiene que el mensaje gráfico es una secreción del cerebro izquierdo; el segundo, de otra glándula, aún no localizada. Ninguno quiere aprender un oficio que preexiste a toda carrera académica y que evoluciona, afortunadamente, con autonomía respecto de lo que ocurre en los claustros.
Así como en las escuelas de diseño gráfico europeas (y, ni, qué decir, en las españolas) cabe una preocupación por su escaso desarrollo teórico y por la debilidad de recursos conceptuales para contextualizar la práctica, en las universidades de diseño latinoamericanas cabe preocuparse por su débil inserción en la práctica del oficio e, incluso, por su lejanía respecto de la cultura gráfica concreta.
Publicado el 01/07/2005

El problema es arrastrado, a mi parecer, desde los estudios primarios. En el caso de Argentina tenemos una educación muy atrasada... digo, si a uno se le enseña de chico teorías de hace 50 años atrás o le hacen leer libros de la década del 80 ¿Qué se puede esperar de un estudiante en una facultad? Hay que acordarse que vivimos dentro de una cultura y todo lo que hagamos (como diseñadores o futuros diseñadores) va a influir en esta, entonces si no tenemos un intelecto lo suficientemente capaz como para comprenderla lamentablemente no vamos a estar nunca a la altura de las circunstancias.

Es lamentable la falta de continuidad y el poco interés de exigir información; Ya que se fomenta TECNOCRACIA en la manipulación de programas de edición.
Pienso que no es asunto de teoricismo o creativismo, se trata de saber aplicar las teorías al proceso creativo, estas son herramientas intelectuales que si no se usan debidamente generan el mismo desastre que si no usamos en su debida forma las herramientas físicas.

Hay profesores de la teoría, hay profesores de la creatividad ciega, hay profesores que conjugan ambas cosas (teoría y creación); y hay profesores que, ante un alumno que corrige su trabajo, niegan la teoría y la creatividad aplicadas con un simple «no me gusta». Y eso suele ser una sentencia.
Creo que el «no me gusta» no debería ser repuesta para el estudiante, cuando en realidad el Diseño es cuestión de comunicación y no de gusto, siempre debe haber una argumentación o un proceso de retroalimentación a la hora de corregir un trabajo, y no permitir que el estudiante pierda interés en su proceso de formación.

Bajo el enfoque de este articulo nos damos cuenta que se forman en las universidades y tecnológicos de america latina una cantidad de profesionales sin sentido de profesión, el estudiante viaja en la deriva sin saber si es un comunicador visual o si es un operador automata de programas de diseño digital, y aún más, quien se aprecia de teórico mata completamente al creativo, y el creativo se esconde de la teoria bajo el manto de la improvisación y del empirismo. Es evidente que requerimos de ambas columnas para así definirnos como un profesional completo y con identidad.

HAY GENTE QUE LA VERDAD PIENSA QUE EL DISEÑO O LA COMUNICACION VISUAL ES IGUAL A SABER USAR INDESIGN, COREL, PHOTOSHOP, ETC. APRENDER TEORIA EN UNA UNIVERSIDAD DE DISEÑO ES LO MEJOR QUE PUEDE HABER. NO NOS OLVIDEMOS DE ESTA PALABRA «COMUNICACION».
Escribir en MAYÚSCULA SOSTENIDA es entendido como un grito para llamar la atención. Ésta no ha sido establecida por una persona o por un grupo, sino que se desarrolla del sentido común de los usuarios y del uso mismo del lenguaje. Se que no corresponde y/o no esta correcto pero me pareció la manera mas «lógica» para expresarme con semejante tema de discusión. ;) «maestro«

me parece interesante este articulo, ya que yo estudio en la Univ. Nacional del Litoral, en Sta Fe , Arg y realmente me siento un poco decepcionada, ya que etoy cursando 4 año de mi carrera Lic en Diseño de la Comunicacion Visual, y realmente no es lo que yo esperaba y recien ahora me estoy dando cuenta, vivo renegando porque la carrera consiste en su mayoria en materias teoricas y muy pocas practicas, con lo cual al momento de realizar un trabajo debemos salir a afuera a pagar para aprender a usar los programas lo cual es bastante decepcionanate porque yo pienso como usted el Diseño es un oficio y ese es el que nos va a dar

Las instituciones educativas de diseño han creado falsas expectativas. Existe una desarticulación entre los discursos oficiales y la realidad profesional.
El próximo viernes 6 de mayo la ciudad de Santiago será sede del primer Seminario FOROALFA en Chile.
La excesiva fe que muchos diseñadores y estudiantes de diseño depositan en la creatividad, muchas veces distrae su atención y reduce su efectividad profesional.
Las complejas demandas que hoy enfrenta la profesión, obligan a redefinir el rol de la creatividad en la didáctica y en el ejercicio profesional de los diseñadores.
La imagen que proyectan los diseñadores y creativos atenta contra su propio desarrollo profesional.
El proyecto no sólo es un método de trabajo profesional, también es un método de enseñanza-aprendizaje que representa una interesante alternativa respecto de otros métodos.
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El cambio de percepción del mundo influye a favor de los conceptos y metodologías de una disciplina transversal como el diseño.
A propósito del artículo de Francisco Yantorno.
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Hasta qué punto nos dejamos influenciar por el trabajo de otros. Desarrollar el propio estilo puede ser uno de los logros más gratificantes.
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Em muitas ocasiões, trabalhar de maneira interdisciplinar é a melhor opção para o profissional de design.