«No me siento ofendido, podéis estar tranquilos».
Eso es lo que tuve que decirle a un cliente que creyó que mi negativa a seguir trabajando con ellos obedecía a algún tipo de ofensa personal. Nada más lejos de lo que debe ser una relación comercial-profesional sana. Las discrepancias con el cliente son algo habitual y previsible, dado que, lo que los profesionales de la comunicación esperamos del «cliente perfecto» es prácticamente un acto de fe.
Comprendo que es muy duro asumir por parte del cliente el hecho de que los argumentos a su alcance —del tipo «me gusta-no me gusta», «bonito-feo» o «lo entiendo-no lo entiendo»—, son en la mayoría de los casos irrelevantes a efectos de eficacia y éxito de la pieza de comunicación gráfica. Sé que puede sonar muy soberbio, pero así es. Tal es el origen de la eterna dialéctica entre cliente y profesional del diseño.
¿Imagináis a un paciente haciéndole sugerencias al cirujano que tiene que operarle? Sin embargo, todos nos creemos capacitados para juzgar una pieza visual, por el simple hecho de que podemos verla. Verla, no es más que una función fisiológica, como defecar; no significa comprenderla. Y no me refiero sólo a la comunicación visual. En el fondo, reconozcámoslo, todos nos hemos sentido tentados en alguna ocasión a pensar que «podríamos haber escrito una letra mejor para esa canción», «yo hubiera escrito un guión más ingenioso para tal capítulo», «ese edificio tiene demasiadas plantas y pocas ventanas».
Afortunadamente, una buena marca gráfica será un comunicador eficaz independientemente del grado de conformidad del cliente, de la misma manera que una cebolla te alimentará, a ti y a cualquier otro «usuario», aunque tú detestes la cebolla; ésta hace su función y no importa si es bonita, fea, sabrosa o desagradable, porque forma parte de un fin último superior: alimentar el cuerpo. Un signo marcario no es un fin en sí mismo ni tampoco la guinda (como afirma Enric Satué1) que corona el pastel; es tan solo parte de un plan (ni siquiera la parte más importante), de un sistema, de un objetivo superior que, en el caso particular que me afectaba, era vender un producto.
Por más pedagógicos y transparentes que los diseñadores seamos durante el proceso creativo, no podremos superar la barrera de aquellos clientes que confían en su propio, respetable e insuficiente criterio. Ese cliente obtiene la marca gráfica que quería —y está muy satisfecho, especialmente por que ha participado en su creación— pero no es óptima. Como mencionaba al principio, el «cliente perfecto», capaz de realizar el acto de fe, es aquel que forma parte de una consolidada cultura del diseño. Ese cliente es raro de encontrar.
«Las antiguas leyendas hablan de ellos, seres sobrenaturales que suelen reunirse en noches de luna llena, en magníficos templos diseñados por Norman Foster, templos cuyo presupuesto de edificación fue respetado hasta el último céntimo. Realizan ritos secretos de culto a al eficiencia, celebran orgías con vino español, sacrifican algún que otro unicornio pero no hay noticia de que jamas hayan sacrificado a un diseñador experimentado».
Esto último es ficción, claro, me he dejado llevar por la imaginación. Admito que en determinados momentos, la minuciosidad y exigencia del cliente pueden ser claves para avanzar en el proyecto. El peligro reside en pasarse de frenada, en no saber parar a tiempo.
Por lo tanto, y para sosegar a aquel cliente, estas fueron mis palabras: «Tranquilos, nuestra dinámica de trabajo ha sido la habitual, vuestra marca gráfica será efectiva (aunque yo no esté muy satisfecho del resultado final) y vuestra obligación ahora será, como en los matrimonios, honrarla, amarla y respetarla».
Publicado el 30/04/2012

Respeto y humildad son palabras claves en este asunto... Definitivamente el cliente en cai todos los aspectos siente que l ser quien paga tiene derecho a hacer sus caprichos, por otro lado, los diseñadores pretendemos ser artistas vanidosos y poco tolerantes ( recuerden que no somos artistas, somos comunicadores gráficos)
Mediar y convencer con ideas es basici

Acabo de Leer un extraordinario artículo (traducido) de Milton Glaser en este mismo foro. (Enlace) Entre otras muchas cosas, dice:
»...nuestro trabajo consiste en lograr ponerse de acuerdo...«
Me parecería una conclusión excelente para este debate. Va en la línea de lo que muchos de vosotros habéis apuntado.
Sí, ese artículo de Milton Glaser es uno de los mejores artículos que leí en el foro. Plasma toda su experiencia en pocas líneas.

Yo creo que si criticas al cliente, estas fallando tu como diseñador. Así como un doctor te da los suficientes motivos por los cuales no dudas de el, el diseñador debe de tener una variedad de argumentos fuertes por los cuales el cliente no pueda dudar de que tiene enfrente a alguien que sabe y que puede darle lo mejor para su empresa.
Muchas veces nos enfrentamos a clientes necios, testarudos, etc. Pero esta en nosotros poder vernos lo suficientemente fuertes pra que no nos puedan debatir, No podemos defendernos con estetica, pero si en funcionalidad y trabajo efectivo.
Subestimas el nivel de obstinación que pueden alcanzar determinados clientes. Claro que puedo criticarle ¿o se trata de un ente sagrado?. Eso no me convierte en un mal profesional, ni siquiera en un tipo irrespetuoso. Mi crítica es constructiva y las respuestas que he hayado en este foro me han resultado muy útiles para revisar mi postura.
Además... ¡somos diseñadores, no oradores ni psicólogos ni vendedores de seguros! ¡A veces es agotador el esfuerzo que dedicamos a defender una idea, cuando sospechamos que ni siquiera nos estan escuchado! Por favor, no tendría que ser tan dificil...

Me gusta mucho el artículo y he vivido esa realidad en mi vida profesional, es difícil comunicarle a un cliente que es imposible realizarle el trabajo pero a veces es lo mejor, «cortar por lo sano» aunque necesitemos a ese cliente por motivos económicos o puramente profesionales, pero desde hace unos años todos fuera del círculo de verdaderos profesionales se consideran diseñadores, fotógrafos y copys, no puedes hacer que tu opinión como colegiado sea válida, si el don de ser creativo ya es de el dominio público, gracias a las cámaras digitales, las computadoras y los office.

EL ARTICULO ESTA MUY INTERESANTE Y LO QUE PIENSO ACERCA DEL CLIENTE ES QUE DEBEMOS PRIMERO INSTRUIRLE EXPLICARLE COMO ES EL PROCESO DE DISEÑO Y QUE OBJETIVOS CUMPLE UN BUEN DISEÑO, PERO PARA ESTO DEBEMOS TENER EN CUENTA LA PERSUACION AL MOMENTO DE CONVERSAR CON EL CLIENTE Y AYUDARLE A ENTENDER EN VISTA QUE LA MAYOR PARTE DE NUESTROS CLIENTES PIENSAN TENER LA RAZON Y CASI SIEMPRE SIN TENERLA....... ES POR ELLO QUE LOS DISEÑADORES ESTAMOS ENCARGADOS EN LA ARDUA LABOR DE TRANSFORMAR EL PEDIDO DEL CLEINTE Y SU IDEOLOGIA EN EXCELENTES PIEZAS COMUNICACIONALES.

Algunos tienen respeto de la profesión del diseñador considerando que a veces ni idea tiene el cliente de lo que quiere y osa decir sus ideas, a veces tan sencillo como decirle «tu opinión y aportación son válidas yo te diré hasta donde», persuadir al cliente es una labor también de nosotros. El cliente puede opinar sobre gusto lo cual es subjetivo, pero el mercado «no es solo el cliente» los gustos son heterogeneos, y hay que decirle que lo que no le guste a él a otros sí. El cliente puede escoger el piso, el color de su casa, la escalera, pero el diseño? Es otra cosa.
Buena aportación :)

Parte de nuestro trabajo es aprender y lidiar y escuchar al cliente, para sacar provecho de la situación, crear un equilibrio ya que le va a dar vida al proyecto o lo que el cliente nos esta diciendo.
Me parece muy bueno este articulo,

El abogado no es infalible, al medico se le mueren pacientes, los arquitectos realizan sus sueños con el bolsillo de otros, los pilotos de formula 1 se matan por un error y como si todo esto no fuera suficiente el ARTE es subjetivo, el diseño es arte con lo cual hay un porcentaje importante de subjetividad. Como todo en la vida hay que razonar y comprender las opiniones del otro, así y solo así se podrán lograr resultados efectivos y que satisfagan a las partes.
Considero que finalmente el cliente puede, tambien, retroalimentar en el proceso de diseño.
Por lo que, pienso, nos sirve como diseñadores a complementar tanto la informacion como estilistica que el clente necesite o le guste

Me Parece que nosotros los Diseñadores Gráficos no debemos rebajarnos ante el Cliente, al contrario, ser firmes.
En Realidad se supone que el Cliente debe dar su acto de fe, confiar en el Profesional.
Nuestros Productos de Diseño Gráfico no tienen que ser Juzgados. Son Así o Son Así.
En el trabajo del Abogado o Médico no son juzgados. Tenemos que aprender de esas Profesiones. Así es como debería funcionar nuestra Profesión.
Nosotros los Diseñadores Gráficos somos la causa de la crisis en nuestra profesión.
Tendríamos que cooperar todos desde cada puesto de trabajo. Ponernos Firmes.
Ufffff... Creo que eres demasiado taxativo Esteban. No es tan sencillo. El cliente, si es inteligente, confiará en el profesional, pero no olvides que él posee una información valiosísima sobre su producto que nosotros debemos saber sacarle. Por otro lado, el diseñador no siempre da en el clavo a la primera o bien pierde perspectiva o bien se obceca en un determinado enfoque. Si, los diseñadores a veces nos equivocamos... Y sí, el cliente muchas veces puede mostrarnos el camino, desde su intuición.

Tema hablado mucho... , y en realidad no hablamos de «vs» ya que como han dicho muchos debe haber un equilibrio entre ambos. Siempre digo a mis clientes que miren, corrijan, opinen, muchas cosas no las vemos nosotros por estar en contacto continuo con el trabajo que el lciente en una mirada lo percibe. Este ve el trabajo como lo verian sus futuros clientes en la calle. NO LES PARCECE IMPORTANTISIMO a la hora de definir un trabajo?. Conceptual como formal, acepto opinion q no significa hacer lo que quieren ya q soy el profesional y analizare si es correcto o no lo es lo que dice el msimo.

Genial, habitualmente cuando dejo el diseño en manos del cliente, el resultado es muy regular. Sin embargo escuchar al cliente es un gran acierto sin perder la autonomía y el enfoque. Y claro, todo está en argumentar correctamente y hacerle ver al cliente aquello que aún no entra en su perspectiva

Debemos encontrar el equilibrio entre diseñador y cliente y sobre todo como dicen, hacer que el cliente confíe en nosotros, ya que fuimos preparados para satisfacer las necesidades del mismo o tratar de encontrar la mejor solución para sus necesidades; ser siempre pacientes y tolerantes a las opiniones e ideas del cliente ya que siempre habrá uno en desacuerdo con nuestro trabajo.«Gajes del Oficio«

«El cliente no siempre tiene la razón pero si sabe muy bien que es lo que quiere» es nuestra tarea encontrar esos medios para conectar sus ideas con las nuestras y generar el contexto que permita que «su» idea sea concebida, obviamente sin dejar de lado que somos los diseñadores quienes nos preparamos profesionalmente para este momento, y esa confianza la que el cliente debería sentir que le transmitimos y nosotros ser capaces de hacerlo, sin amargo será una lucha enteran entre dos mundos.

Desde mi punto de vista José Joaquín, si el cliente cree tener la razón y se manifiesta en tal sentido, es porque percibe que algo no está bien, o que algo debe mejorar. Esto significa requiere de una mayor preparacion para ser aceptado para darle plena satisfacción al cliente, que no me he adelantado a las posibles objeciones y quejas, que los canales de comunicación y asesoría han sido deficientes, que no he estudiado y trabajado a fondo en las debilidades de mi oferta. El cliente tiene las últimas palabras. He escuchado, si le llegas al corazón, te quedas en la mente de los clientes.
Nunca habrá una relación perfecta entre diseñador y cliente, al contrario pienso que para poder llegar a un buen resultado debe haber discusión, confrontar ideas y refutar para quitar o poner lo que uno considera como diseñador y lo que el cliente quiere.

Me hace ruido el título, no creo en el «Vs.» entre diseñadores y clientes. Es muy lógico y esperable que el cliente quiera intervenir, opinar y cuestionar sobre nuestra propuesta ya que es parte de su identidad. Detrás del «no me gusta» siempre hay un problema de comunicación que atender, es parte de nuestro trabajo señalar el camino y guiarlo para solucionar el problema en cuestión y que quede satisfecho. Una vez tuve un cliente que a todo me decía que «sí», todo le parecía «genial»... Núnca me sentí tan desorientado.
Concuerdo con Alejandro que no es una rivalidad entre cliente y diseñador, debe ser una compatibilidad entre los dos, lo que se debe hacer es tener una buena relación y empatia con el cliente para poder llegar a acuerdos con el, para a la hora de entrar en discusión y llegar a un acuerdo de lo que el quiere el cliente y lo que a uno como diseñador hace.
Así es, es indispensable tener una buena relación y diálogo con el cliente, sino es muy difícil llegar a buen puerto. Saber escuchar (de ambas partes) es fundamental.
El título solo pretende condensar la idea de dialéctica entre dos partes. Sé que no se trata de un enfrentamiento, sino de una colaboración. Es sólo que el caso que me llevó a escribirlo es un ejemplo de cómo esa aparente «buena comunicación» no resultó en un logo satisfactorio para mí. Ellos encantados.

Me parece que esto aplica no sólo a los diseñadores sino también a los publicistas. Tal vez por eso decimos que los clientes tienen la publicidad que se merecen. Creo que éste es un negocio de trabajo en equipo y que es necesario tomar en cuenta a los clientes. Es inevitable. Me parece que para ello una buena alternativa es contar con un documento previo a la labor creativa con objetivos, estrategia, público meta, tono, manera y esas cosas. Así se minimiza el impacto de las opiniones subjetivas y se abre la posibilidad de argumentar y dar dirección a las decisiones con una base objetiva.
¡Qué razón tienes! Suelo pensar cuando veo, por ejemplo, una campaña publicitaria que me deslumbra (especialmente aquellas que son un poco «gamberras»), que el 80% del mérito es para el cliente, que creyó, tuvo visión y tuvo el valor para lanzarla. Supongo que es el cliente soñado para muchos estudios creativos.
Bueno, claro. en publicidad decimos que cada cliente tiene la publicidad que se merece porque ellos son parte esencial de la campaña. Y creo que eso es así en todos los casos. Incluso cuando un cliente tiene un gran logotipo, como el de CBS, por ejemplo, tiene tanto mérito el diseñador como el cliente que le dejó trabajar, le dio una buena dirección o, simplemente, escuchó.

Éste suele ser el típico caso vivido a diario por todos los que trabajamos en muchas ocasiones para clientes con « necesidades y expectativas especificas» y señalo esto porque en la mayoría de veces el cliente pretende que el diseñador plasme en el papel lo que ellos visualizan pero no son capaces de expresarlo, y es allí donde aparece el gran conflicto.
Estoy de acuerdo contigo José cuando dices que hay que poner limites entre lo que desarrolla el creativo y lo que sugiere (y muchas veces quiere imponer) el cliente ya que si no se hace quedará en el limbo el preciado saber del creativo.
Me parece interesante eso que comentas sobre el cliente que llega con «necesidades y espectativas específicas». No lo había pensado, pero efectivamente, cuando el cliente trae una idea preconcebida y muy concreta... puede suponer un problema. Puede que él crea que, al darnos referencias muy concretas, nos está ayudando. Y puede que así sea, siempre que esas espectavitas (pre-juicios) y referencias sean las apropiadas.

Muy buen articulo, personalmente creo que tanto el diseñador como el cliente deben estar satisfechos con el producto final, difícil? Si, Imposible...No. El cliente no debe creerse diseñador, pero tampoco debemos restarle importancia a su opinión y a su gusto, finalmente, se dará un diseño que refleja a la persona que lo desarrollo y a su cliente. Repito, muy buen articulo.
Victor estoy muy de acuerdo con lo que dices difícil si es precisamente porque no todos pensamos igual y de eso es que se trata de tener diferentes puntos de vista y así poder hacer que un proyecto crezca y sea mucho más productivo, lo importante es saber hasta qué punto cada uno puede dar ese punto de vista dependiendo de la experiencia y así realizar unos puentes de comunicación los cuales hagan un trabajo en grupo satisfactorio.

Jose en mi recorrido como estudiante de Diseño Industrial he aprendido cuales son los deberes y derechos del diseñador y del cliente en el momento de entregar una propuesta, sé que es muy incomodo que el cliente crea que es el diseñador y no uno, pero me parece que de igual forma el cliente es una parte indispensable a la hora de diseñar ya que este es el que le va a dar vida ya sea al proyecto, al sistema o al producto. Por eso creo que es fundamental ver los puntos de vista y la opinión que el cliente quiera dar, claro está sin pasar los límites del diseñador y sin hacer el trabajo de este.
Estoy de acuerdo contigo Laura. No se puede diseñar sin una estrecha colaboración y una comunicación fluida con el cliente. En ese sentido, el cliente está participando de la tarea de diseño dándonos la mejor información posible. Al fin y al cabo, nadie mejor que él conoce su negocio. Puede parecer que el artículo menosprecia al cliente... Si es así, lo lamento. Quizá se deba al momento en el que está escrito.
Me gustaría que me hablaras sobre eso que apuntas: «los deberes y derechos del diseñador y cliente en el momento de entregar un proyecto». Anímate a escribir un artículo.

Una de las diferencias entre un diseñador y un cirujano, es que se nominan diseñadores los que estudiaron 5 o 6 años en una Universidad, los que hacen cursos técnicos de 3 años o de 2 meses; los que se han hecho con la práctica.
Esto, más allá del manejo técnico que pueda implicar, sí sugiere distintos espacios de reflexión sobre el objeto de estudio para las decisiones de diseño.
Para un cliente somos todos diseñadores: no sabe desde donde se estudiará el problema que le está entregando como trabajo.
Hay que incluir en la lista a los arquitectos, diseñadores industriales, licenciados en ciencias de la comunicación y otros, que incursionan en la gráfica de vez en vez o de cuando en cuando y que elaboraron la ya tan repetida frase de que «yo soy diseñador y no dibujante» el pretexto de los que no tenían el oficio, que si teníamos los verdaderos diseñadores gráficos. Porque siempre hay una parte teórica, pero la parte práctica es también necesaria. Parece que en diseño gráfico todo mundo puede incursionar con la mayor facilidad.

En diseño no se muere el paciente, como podría ser en la práctica médica. Y por más que nos quieran decir que el diseño gráfico es una ciencia, es claro que no lo es. No hay una sola solución para un mismo problema y cada diseñador dará una distinta. La tecnología ha provocado que la confusión sea mayor, porque se promueve la parte lúdica del diseño. Basta manejar un programa para supuestamente encontrar soluciones «profesionales». Nuestros diseños a veces parecen muy simples, como en el caso del logo de Windows 8 y el cliente puede decir: para que pagar tanto si hasta yo lo puedo hacer.
Discrepo, «tocayo». El diseño sí puede ser en parte una ciencia si realizamos nuestro trabajo con seriedad y desde una formación mínimamente sólida. Todos hemos estudiado (deberíamos, al menos)las teorías y las bases sobre las que sea asienta nuestro oficio (Gestalt, Palo Alto...). Quizá no fuese la parte mas «cool» de lo que aprendimos, pero sí nos sirvió para tener algunas certezas, alguna seguridad de que determinada solución que proponemos es eficaz. Creatividad aparte. Sin esa «ciencia», cualquier indocumentado nos dirá... ¿En qué te basas?. ¿Que respoderemos?.

como dices no me imagino a un paciente diciéndole al médico que es mejor para él y asi como nosotros respetamos el trabajo del cliente ellos nos deben respetar.

José Joaquín, como dices, las discrepancias son algo habitual y previsible, creo que «el cliente perfecto» busca «un diseñador perfecto» que logre explicarle fácilmente por qué determinada pieza debería ser de tal modo, que no minimice su opinión, que haga su trabajo rápido, excelente y asequible a su bolsillo... Cada parte de este vs tiene sus motivos y posturas para pensar como lo hace, cuando seamos diseñadores perfectos, habrán clientes perfectos que estén dispuestos a hacer actos de fe. Creo en el trabajo conjunto, sin descartar sugerencias de clientes ni éstos solamente haciéndonos caso.
Imposible resumirlo mejor. «
[...]cuando seamos diseñadores perfectos, habrán clientes perfectos que estén dispuestos a hacer actos de fe». Recordaré esa frase.
Mil gracias Jenny.

Un caso particular es con ingenieros que nada les parece o cualquier diseño lo menosprecian diciendo «por que pagaría por un logo si hasta yo lo puedo hacer» un ejemplo de que los clientes creen saber... a parte de que pasa que el cliente al ver el Diseño terminado siempre tiene la maña de decir «algo le falta pero no se que sea»
es un problema lidiar con este tipo de personas

José, resulta muy cierto y más común de lo que parece esa actitud del cliente de querer asumir el liderazgo de la propuesta, sin embargo no estoy de acuerdo cuando afirmas que «aquellos clientes que confían en su propio, respetable e insuficiente criterio[...]obtiene la marca gráfica que quería[...]pero no es óptima», pienso que no puedes asegurar que por no ser diseñadores no tienen criterios válidos para aportar o que la intervención del cliente desmejora el producto, los diseñadores podemos aprender de los clientes, debemos hacer diseño colectivo y no aislado de los otros.
Juliana me gusta tu punto de vista. Yo pienso que en el campo del diseño, si el cliente no sabe expresar lo que necesita, o el diseñador no puede interpretar las necesidades de su cliente entonces el el trabajo o el resultado final, no va a ser como se había pensado.
Claro que existen clientes con un excelente criterio; de hecho, la mayoría. Yo tan sólo me estaba refiriendo a aquellos que confían más en su propio criterio, sin ser especialistas en este campo, que en el del diseñador. Si ha parecido que estaba haciendo una generalización, lo lamento. Gracias por tu aportación, en cualquier caso.

La influencia que tiene un diseñador en lugares como Mexico sobre el cliente es la mayoria de veces muy poca o nula. La falta de una educacion sobre el diseño y personas que abusan de esta han devaluado la importancia del diseñador.
España tampoco anda muy sobrada de cultura del diseño. Creo que tan solo las empresas más competitivas y más solventes creen en el diseño como una forma de añadir valor a sus productos o comunicar eficazmente su mensaje. Pero en las PyME's (pequeñas y medianas empresas) el diseño profesional sigue sin penetrar... y especifico lo de profesional porque, en ese ámbito, han sobreabundancia de diseñadores amateur. «Yo te lo diseño gratis; para mí es un hobby».

Siempre he creído en que el diseño no se evalúa si te gusta o no. Se evalúa por qué tan funcional y efectivo es. Y aveces hay que hacer entender eso al cliente. Tanto asi, que se llega al «Diseñador vs Cliente», cada uno defendiendo sus ideales. Saludos, buen artículo.

Jose Joaquin, me hizo gracia, ha sido casi casi como leerme hace 20 años, solo que nunca escribí tu articulo. Los medios eran menos y las lineas ADSL no estaban disponibles.Ahora bien la tipologia de clientes si, ¿creer o no creer? un cliente cree en ti cuando hizo negocio con tus ideas, cuando le hablaron de las bondades de su producto; que tu creaste.Y mas todavia cuando lo consumieron casi con voracidad. Cuando ese cliente satisfecho vuelva a ti, no le digas nada que te lo diga el solicitandote el mejor proyecto: El fruto de tus ideas,que te ocurra muchas veces. Con mis mejores deseos.

es una lucha sin fin con clientes que creen saber mas sobre el diseño que el mismo diseñador, al final de cunatas se contrata al diseñador para cubrir la necesidad que presenta el cliente y no para seguir instrucciones de diseño , campo que no domina el cliente.
El cliente tiene que ser especifico con lo que quiere, para que el diseñador pueda resolver todas sus inquietudes, luego plantear y comunicar propuestas para tener soluciones y así mismo poder satisfacer al cliente.

Lo que todo diseñador quisiera decirle a sus clientes pero no lo hace por temor a perder la cuenta.
Uma metáfora para que escritórios e empresários possam entender melhor o que está envolvido nos processos de concorrência.
Antes de pensar en competir, todos los profesionales creativos debemos pensar en colaborar.
Si desde la formación diseñamos los incentivos adecuados, el diseño como factor competitivo podrá dejar de ser una declaración de deseos y convertirse en una realidad.
El cliente no tiene la culpa de no entender qué es el diseño y, por lo tanto, no valorarlo.
La imagen que proyectan los diseñadores y creativos atenta contra su propio desarrollo profesional.
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