Román Perona

Román Perona

Diseñador «navaja suiza»

Los «diseñadores golondrina» no son causa del deterioro del sector gráfico, sino un efecto.

Motivado por el artículo publicado por Adrián Pierini «Diseñadores Golondrina», este texto rompe una lanza por los nuevos diseñadores y amplía el análisis del estado actual del mundo profesional del diseño. Pierini expone su visión sobre las nuevas generaciones de diseñadores gráficos y afirma que éstas son un factor determinante en el deterioro del diseño como disciplina. En parte Pierini tiene razón, pero es obligado buscar otros puntos de enfoque que demuestren que los «diseñadores golondrina» no son causa del problema, sino un efecto. Este malentendido puede producirse debido a la no valoración, como factor, de la estructura empresarial vertical y obsesa lucrativa en la que estos nuevos trabajadores deben poner en práctica sus valores profesionales personales y éticos.

Son muchos los factores que condicionan y posibilitan la aparición de un verdadero profesional o que por el contrario añaden un pseudo diseñador más al panorama laboral. Uno de estos factores, como bien refleja Pierini, son las escuelas Express. Estas escuelas dan un sentido de facilidad e inmediatez al concepto de ser un profesional del diseño. Es realmente evidente dentro del sector gráfico, debido al bajo coste que supone formar a un diseñador utilizando apenas un ordenador. Pero añadiré, que dentro de los planes de estudio de las enseñanzas normalizadas e institucionales del diseño en España, la gran mayoría no incluye contenidos más allá de lo puramente estético y superficial; es decir, de lo visual. Los estudios se centran en la ergonomía del color, semiología, tipografía y comunicación pero apenas se invierte tiempo en la antropometría, biónica, foto-diseño, rendering, percepción, creatividad, sociología, psicología, filosofía, y lo que es más grave, en la historia del diseño.

El sector está infestado de empresas —y mal llamados estudios de diseño— dirigidas por especuladores que bien han constituido su agencia como si se tratase de una tienda de ultramarinos. Producir es la prioridad, sin atender con cuidado a qué se produce. La verticalidad radical de estas empresas, genera sistemas de producción lineal donde el dueño de la empresa es a la vez y en última instancia director de arte y director comercial, dando lugar a una imposición de intereses comerciales en vez de resultados profesionales. Estos personajes, que poco aportan al mundo del diseño, en la mayoría de los casos no son diseñadores. Provienen de una relación superficial o colateral con el medio y tras quedar fascinados por la fuerte demanda de elementos gráficos necesarios e innecesarios, compiten por un pedazo del pastel.

Se busca diseñador «navaja suiza»

Estos mismos personajes, precisan de «genios» o diseñadores estrella a bajo coste. El objetivo es invertir lo mínimo para obtener el mayor rendimiento. Es la ley del capital. Como quien adquiere una maquinaria nueva para su negocio, se desea que esa «máquina» abarque un amplio espectro de funciones. Sólo hay que observar las ofertas de trabajo para que soltemos una carcajada al leer que:

Se precisa de: diseñador gráfico, ilustrador, maquetador, programador Action-Script, Html y Mysql, con conocimientos en 3D, edición y postproducción de video, dominio absoluto de la amplia gama de software del mercado, dedicación absoluta y compromiso.

La carcajada sale de verdad cuando nos damos cuenta que apenas pagan 800 euros por una jornada de 8 horas. Lo realmente grave aparece al leer ofertas donde añaden: «Abstenerse candidatos con pretensiones».

¿Qué quiere decir esto? ¿Acaso los diseñadores no deben tener pretensiones? Las pretensiones son necesarias para aportar lo mejor, para crecer, para ser cada vez más y mejor profesional. Y sigo preguntando, ¿cómo puede una persona comprometerse con algo que no depende de ella y en la que no puede aportar lo mejor de si misma? Es obvio que la posición de los jóvenes diseñadores termine siendo la de estar con un pie dentro y otro fuera.

Los jóvenes diseñadores sueñan con formar parte de alguna «agencia utópica» de esas que existen una entre un millón, y para ello necesitan experiencia. La experiencia ya nunca más será una forma de conocimiento o habilidad derivados de la observación, de la vivencia de un evento. Se ha convertido en líneas de un currículum y no importa lo que digan sino que sean numerosas. Ya que se busca al diseñador «navaja suiza» que sea un crack, un genio, un nuevo talento dispuesto a vender su alma por un salario, ¿de qué vale estudiar color, semiótica, tipografía, creatividad y comunicación, si nuestro director de arte no es diseñador y no va a comprender nada de lo que estamos haciendo? Surgen más preguntas: ¿Es el orgullo del diseñador lo que se resiente o es el mismo diseño el que se deteriora cada vez que se discute con neófitos encargados de tomar la última decisión? Cada vez se producen peores objetos de diseño contaminantes y que intoxican el sistema de comunicación, desorientando al consumidor.

Otro factor decisivo es la capacidad por parte de los jóvenes diseñadores de saber copiar bien. Las fuentes de inspiración gráfica a la hora de buscar soluciones son: revistas del medio, Internet, fotos de stock, canales de televisión, magazines de tendencias, y sobre todo libros y libros que aglutinan miles de logotipos, layouts, fotos, packaging, arte finales y diseños preestablecidos para ser modificados a la carta. Para echar más tierra por encima, cuando el cliente trae de la mano un objeto de diseño y dice: «¡Quiero algo como esto!», se produce un estancamiento en la búsqueda de soluciones realmente creativas y efectivas. Es por esto que el diseño se encuentra en una espiral estética, superficial y efímera, poco efectiva y aburrida.

A mi entender, para que el proceso de diseño funcione, debe existir una comunicación triangular entre cliente, diseñador y director de arte. El sistema debe ser horizontal y los tres agentes en cuestión deben mirar en la misma dirección. Esto no ocurre en la actualidad y por mucho que nos garanticen los directores de arte que sí sucede, al final es que no.

¿Han visto alguna vez a un diseñador coger un papel y un lápiz con libertad para hacer bocetos e invertir tiempo desenvolviendo un proceso creativo profesional? Es usual que algunos superiores piensen que al hacer esto, su «maquina» está perdiendo el tiempo por no trastear con el software oportuno nada más recibir esa hoja manuscrita llamada «briefing». El diseñador está tan condicionado por la tecnología, que se llega a pensar que las herramientas, mejor si son de Apple, hacen al diseñador. Esto es como decir que los pinceles hacen al artista y a su arte.

Otro factor determinante es el miedo al avance, ya que es irracional sospechar que jóvenes profesionales suponen una amenaza para los más veteranos y conservadores. La consecuencia lógica provocada por el miedo y el conservadurismo, es que un joven diseñador lleno de carácter y valentía, de sed de aprender y de ofrecer, sea castrado, anulado, y ninguneado por compañeros y superiores. En definitiva, un diseñador con estas características es la prueba que demuestra y expone las miserias del sector y de sus participantes.

Golondrina que no emigra, no es golondrina

Es obvio que con este panorama, un joven diseñador se integre en una plantilla de trabajo desamparado y con el sentimiento de ser brutalmente instrumentalizado. Para contrarrestar este deterioro, es imperativo asimilar que cuando un diseñador joven es bueno, un día se marchará. Es lógico y natural que cuando un diseñador consigue hacer las cosas mejor que sus superiores está preparado para abrir su propia agencia. La responsabilidad de los directores de arte y diseñadores más veteranos y con criterio, es formar a los jóvenes diseñadores y aprender de ellos también. Sólo de esta manera el sector está preparado para desarrollarse. Con desarrollo y evolución, la salida de la mediocridad creativa, visual, funcional y ética por la cual el sector gráfico atraviesa estos días, está garantizada.

Preguntas

Foroalfa¿Consideras que las principales causas de que existan estos «diseñadores golondrina» son las malas prácticas y la falta de consideración de los titulares de los estudios de diseño?

Román PeronaNo es nada creativo ver las cosas desde un solo punto de vista, ya que esto provoca un bloqueo perceptual que obliga a estancarse en el problema y no trabajar en la solución. Además, confundir realidad con ficción es algo muy común en nuestro días. Con esto me refiero a que intentar determinar quien es el bueno o el malo de una historia hace olvidar numerosos factores externos que condicionan la aparición de un problema.

El sector del diseño es como cualquier otro sector, se desarrolla dentro de un contexto histórico y social. El inmediatismo social y las leyes de mercado han obligado al sector a tener un carácter cada vez más industrializado. Una fábrica de tuercas no difiere mucho en su estructura empresarial y proceso de trabajo de muchos de los estudios de diseño más relevantes en la actualidad. Un estudio que posee numerosas cuentas de un mismo sector, pongamos como ejemplo «inmobiliarias», corre el riesgo de producir el mismo tipo de objetos de diseño para todos sus clientes. Un diseñador puede darse cuenta que después de tres meses de trabajo ha estado produciendo el mismo elemento repetidamente. Cualquier diseñador con suficiente salud mental y profesional se siente profundamente frustrado si llega a la conclusión de que su único cometido es cambiar el logotipo, los colores corporativos y la imagen de fondo al mismo tríptico una y otra vez. Producir diseño o producir tuercas puede ser lo mismo. Crear, ya es otra cosa.

Por su parte, los titulares de los estudios se ven forzados a buscar alta productividad a bajo coste y en poco tiempo. No se puede arriesgar. Lo que vale para uno, vale para todos. Es por esto que las inmobiliarias que trabajan con la misma agencia tienen los mismo trípticos, papelería, página Web, etc. Productividad: 1, Creatividad: 0.

Los «diseñadores golondrina» son en realidad «diseñadores aburridos». ¿Quién no ha soñado alguna vez en dejar su aburrido trabajo para hacer algo más creativo, constructivo y divertido? Los diseñadores son personas y tienen las misma inquietudes que el panadero, el camarero, el funcionario, el administrativo y el operario de una fábrica de tuercas. Tres meses es tiempo suficiente para sentirse colapsado en un estudio estancado, con planteamientos obsoletos y con trabajos repetitivos y aburridos. En conclusión, los titulares de los estudios deben esforzarse en crear un ambiente adecuado para la creatividad y alimentar a sus diseñadores con propuestas sugerentes a modo de retos que propicien la implicación de los diseñadores con su trabajo y su entorno laboral.

Los estudios deben «desbloquearse» y crear nuevas soluciones para sus clientes. Los diseñadores, por su parte, deben exigir mejores trabajos a los estudios porque crear objetos de diseño no es lo mismo que producir tuercas.

Recomiendo encarecidamente dos libros imprescindibles:

  1. «El Pensamiento Lateral Práctico», Edward de Bono, Ediciones Paidós, ISBN: 978-84-493-2130-6.
  2. «Como ser diseñador gráfico sin perder el alma», Adrian Shaughnessy, Index Book, ISBN: 978-84-96309-44-9.

Publicado el 12/06/2009

5 opiniones

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