Hace 35 años comencé a ganarme la vida diseñando páginas impresas. Ni siquiera por aquella época perdí mi tiempo pensando si me había convertido en un “creativo”. Y siempre me rehusé a aceptar los beneficios que implica ese estatus, porque suele suceder que los clientes no le dan mucho crédito al trabajo “creativo” cuando quieren soluciones a problemas reales.
El diseño es una actividad intelectual que implica la aplicación de habilidades manuales y técnicas. En nuestro trabajo usamos medios artísticos, como hacer bocetos, dibujar e incluso pintar. Sin embargo no visualizamos nuestras propias ideas sino que ponemos nuestras cabezas y mentes al servicio de nuestros clientes. Es ese asunto existencial el que nos distingue de los artistas; no tanto el proceso “creativo”. La palabra “creatividad” se ha usado tanto que hoy sirve para caracterizar a cualquier actividad que no pueda ser descripta con palabras razonables.
Todos quieren ser creativos —tener el cuello desabotonado significa creatividad para mucha gente. Por eso evito usar la palabra “creatividad” cuando me refiero a nuestro trabajo. Nosotros no creamos; más bien hablamos, investigamos, escribimos, aplicamos, programamos, documentamos; en definitiva, hacemos cosas.
Hoy muchos colegas le escapan a la palabra “creatividad”. Un gran estudio de diseño probablemente no está en condiciones de crear, pues ese tipo de búsqueda no es compatible con los costos de jornada profesional de sus empleados. Ahora las “soluciones creativas” están siendo “desarrolladas”: se desarrolla un logotipo, un proceso, un diseño corporativo. La palabra “desarrollo” suena más ajustada al trabajo científico. Evoca imágenes de días interminables en cuartos mal ventilados, en donde surgen grandes soluciones a partir de briefs muy simples.
Los elementos básicos de un sistema de identidad visual se “desarrollan”, luego se “desarrollan” las aplicaciones, luego se documenta y se elaboran las plantillas necesarias; habitualmente en forma pasiva, para evita tomar partido, y comprometer los resultados del trabajo. No se le puede echar la culpa a nadie, porque la palabra “desarrollo” implica un proceso que no puede detenerse, cuyo resultado es inevitable. Debo admitir que la lenta y dolorosa evolución de una propuesta de diseño, atravesando todos los niveles de decisión en una gran empresa sólo puede describirse con la palabra “desarrollo”. ¿Pero qué puedo decir de una frase como esta (vista recientemente en un concurso de diseño): “Desarrollo de etiqueta a una tinta”?
Publicado el 16/10/2006
Este artículo fue publicado previamente el la revista alemana «Form». Traducción: Florencia Rodríguez Daniel.
Es verdad que se considera «diseñador = creatividad», se necesita tener imaginación, tener varias alternativas para realizar algún trabajo de diseño, pero casi siempre se trabajan diseños de algo que ya existe, por lo que para «crear» algo nuevo está muy complicado, pues sería como inventar el hilo negro. Es necesario revalidar la definición de ser diseñador y no un creativo.

Me gusta pensar también que nuestro trabajo tiene más que ver con «desarrollo» que con creatividad. Lo que en algún momento relacionamos con 'creatividad' no es más que el resultado del trabajo y la experiencia acumulada, algo que en cualquier otra profesión podría llamarse 'oficio'. No somos más creativos que un doctor haciendo una entrevista a un paciente. Pienso que la creatividad debe aplicarse a cualquier área del conocimiento. ¿No es creativo un matemático? ¿No requiere arduas horas de trabajo 'encontrar' el logotipo que concuerde con lo que queremos comunicar?

Me ha alegrado leerle. Me alegró su sensatez en la experiencia para no perderse en los beneficios que promete el status, que por contraste deben tener sus males. Me alegra que «no se le pueda echar la culpa a nadie», que nos anime a asumir que nuestro crecimiento aunque «lento y doloroso» esté en camino de atravezar esos «niveles de decisión». Hay que trabajar con el mismo ánimo que trabajan otras personas que no se preocupan de ser lo suficientemente creativas y en cambio, se ocupan con entendimiento y razón de lo suyo, nosotros, al papel. Gracias y enhorabuena!

Muchos empresarios ignoran lo que los diseñadores pueden aportarle a sus negocios.
Cuando se habla del nivel de los honorarios, de la desvalorización de la profesión o de la competencia de los «choferes de mouse» aparece el tema de la colegiación del diseño. ¿Es esa la solución?
Es necesario un instrumento contractual que permita al arquitecto o al diseñador obtener remuneración por el trabajo intelectual que involucra el desarrollo del proyecto, sea este implementado o no.
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¿Será posible, alguna vez, que los diseñadores y los clientes se relacionen sobre bases éticas?
El diseño es capaz de proporcionar toda clase de productos, aunque no todas las características específicas de cada proyecto puedan siempre ser pensadas y desarrolladas por un único profesional. Hay una variable simple para explicarlo: el tiempo.
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