«Cerrad los museos. El arte está en la calle», escribió mi amigo Abraham Moles a propósito de los grandes carteles del XIX. Hoy cabría decir, «Cerrad los museos. El diseño está en la calle».
El Museo del Louvre, palacio real, primer museo que abrió al público las colecciones reales, hoy mayor museo del mundo, tenía un lunar: el Museo de Artes Decorativas, cerrado durante diez años. Gracias al trabajo de cuatro equipos de arquitectos (entre ellos el español Óscar Tusquets), a 21,2 millones de euros del Estado y a otros 14 millones de euros provenientes del mecenazgo, «las artes decorativas, el Museo de la Moda, el Textil y el de la Publicidad comparten por fin un mismo espacio y podemos mostrar 5.991 de las 150.000 obras de la colección», manifestó feliz la directora del museo, Béatrice Salmon en el acto de inauguración del Museo remozado. Así lo cuenta el periodista Óscar Caballero en La Vanguardia (Barcelona 17/09/06).
«El Estado proporciona edificios y mantenimiento. Y paga los sueldos. La asociación privada -heredera del grupo de coleccionistas que en 1864 creó la Unión Central de Bellas Artes Aplicadas a la Industria- dirige sin interferencias la política cultural —exposiciones y edición— y patrimonial —compras, restauraciones—, financiadas sobre todo por el mecenazgo». De esta explicación quiero señalar dos cosas:
Ya en 1905, los fundadores del Museo del Louvre proclamaron «la necesidad de impulsar el cultivo de las artes que intentan dar belleza a la eficacia. El arte en lo cotidiano». Estas declaraciones no tenían conciencia todavía (no había nacido la Bauhaus) de que la eficacia tiene su propia belleza, la cual «se da por añadidura». Y si el objeto industrial no tiene su propia belleza funcional es porque falla el diseñador.
Cuando el arte se utiliza para decorar, es decir, para embellecer objetos que no son arte sino lo que tienen que ser y para eso se crearon, entonces el arte y el objeto pierden juntos su identidad y su legitimidad.
Esta colección permanente del Museo de las Artes Decorativas, ahora con el entorno y el espacio remozado magníficamente, considera el diseño industrial y gráfico no como lo que son, sino como objetos de «arte decorativo». Es decir que el diseño, según la mala fama que ya padece y aquí se confirma, sirve para decorar, adornar, embellecer, reforzando la vieja fórmula que definía el diseño industrial como «estética industrial» -lo que antaño mereció las airadas protestas del ramo en el mismo París-. Los diseñadores seríamos, pues, decoradores, ornamentadores, adornistas o estilistas cuya misión debería ser «que el mundo sea bonito».
Cuando el diseño quiere ser arte decorativo, no es diseño
Es muy loable que se haya dedicado al cartel un célebre museo, por cierto excelente: el Musée de l’Affiche, que aprovecho para recomendártelo; y está bien que se dediquen otros a la Moda, a la Publicidad y a lo que se quiera. Pero que las cosas se presenten como lo que son. No como «arte decorativo». Porque su esencia no es el arte, ni su función la decoración.
«En las salas -continúa la noticia- se rinde homenaje a través de su obra, a célebres ebanistas, orfebres, ceramistas, artistas del vidrio, como Boulle, Sevres, Ambusson, Guinard, Perriand, Le Corbusier y Philippe Stark». ¡Por favor! Le Corbusier era un artista (basta ver sus dibujos y pinturas) y un gran arquitecto, no un decorador de objetos. Stark, diseñador industrial tan aficionado a la autopublicidad, puede que se sienta feliz de estar ahí —a lo que por supuesto no hay nada que objetar—.
«La nueva propuesta —informa el periodista— cuenta con una prodigiosa biblioteca, organizada en torno a la colección Maciet de grabados y fotografías, con más de 160.000 obras sobre moda, grafismo, diseño, historia del arte y jardinería». ¿Por qué no, puestos en este plan, las fallas valencianas, las fiestas de San Fermín, Disneylandia y las procesiones de Semana Santa? Puro kitsch.
En serio. Los conceptos de «arte decorativo» y «arte aplicado» son en sí mismos aberrantes. El arte no tiene por objeto decorar, embellecer ni producir estéticas de consumo (habría que releer la Introducción a la estética, de Hegel). Y el hecho de que diseñadores, grafistas, ceramistas o jardineros copien sus formas, no es un acto mágico que convierte las cosas que no son arte en arte. Ni siquiera les otorga el estatuto de «artísticos». Lo artístico sólo pertenece al Arte: las artes del espacio y las artes del tiempo.
Algunos, sin duda, se pondrían contentos al ver su obra en el Museo parisino, «dignificada» por el aura del arte (aunque sea sólo «decorativo»): fabricantes de tejidos, de alfombras, cocineros o agencias de publicidad. Personalmente, no me gustaría que mis trabajos de diseño gráfico merecieran este honor (¿?) de ser tratados como objetos «artístico-decorativos». Sencillamente, porque no lo son. Sí me gustaría que estuvieran en un Espacio de la Cultura Gráfica, si algún día existiera.
Si eres profesional del diseño, prueba de ofrecer tus servicios a los clientes explicándoles que tus trabajos tienen un gran valor «artístico-decorativo» como para estar en un Museo de Artes Decorativas. Los más probable es que te diga: «No gracias, lo que necesito es diseño».
Publicado el 04/12/2006

Estimado Joan Costa, gracias por su aporte.
«la eficacia tiene su propia belleza, la cual «se da por añadidura»«
Cuando el arte se utiliza para decorar, es decir, para embellecer objetos que no son arte sino lo que tienen que ser y para eso se crearon, entonces el arte y el objeto pierden juntos su identidad y su legitimidad. ¿seran ahora objetos de consumo? díganos que?
Pues segun su primer argumento, si se da por añadidura podemos suponer lo contario que la belleza adquiere su funcion a su vez, pues no podemos separar al signo de sus componentes escenciales forma y funcion.

No me digas, los museos están llenos de arte utilitario, las pinturas de Miguel Ángel, de Rubens, de Rembrandt, de Leonardo DaVinci, de Goya, de tantos que no cabrían aquí, se hicieron con fines utilitarios. Principalmente para la causa religiosa, o para vanagloria de algún rey o emperador, de todo aquél que quería contar su gloriosa historia, o dejar su imagen idealizada para la posteridad o para su propia necesidad de expresión. Es falso, de toda falsedad, que el arte utilitario no sea arte. La arquitectura también es arte y la fotografía también. En museos se exhiben hasta helicópteros.
El signo tiene dos componentes esenciales indivisibles, forma y función, ademas debemos sumarle que la perspectiva sobre el mismo variara del emisor al receptor, a través del tiempo. me parece que valdria la pena una articulo sobre como los aspectos culturales, emocionales, espirituales, subconcientes del emisor afectan en la producción del diseño y en la valoracion del arte. a proposito de arte y arquitectura no nos olvidemos de gaudi.

Cuándo terminará esa visión de la palabra arte como un valor superior? el arte es una cosa específica, y el diseño es otra cosa, no sería mejor el diseño si lo llamamos arte, no es lo mismo, como no sería mejor una silla si la llamáramos sillón. Existen objetos de diseño en museos por motivos históricos e incluso estéticos, pero siguen siendo diseño, como una momia no es arte por estar en el Louvre, es lo mismo, aunke alguien pueda decir «pero hacer momias era un arte» es una expresión, nada más, no es un objeto realizado con fines artísticos. Grande Costa, ke es diseñador y no artista.
Me parece correcto tu razonamiento, lo que no me prece correcto es hacer aseveraciones tan generalizadas, zapatero a sus zapatos, podemos suponer los fines de cualquier objeto, pero nada como que te lo explique quien lo hizo. en todo caso dime tu que se entendia como arte en el antiguo egipto? y como lo entendian las personas que realizaban los embalsamamientos? hablemos del signo y sus posibilidades potencialmente comunicativas, gracias.

El diseño tambien puede ser arte si esta bien hecho, y esta bien hecho si cumple con una función u objetivo. Ahora, el arte «expresivo» o puro, solo se presta a la contemplación, es inutil cualquier juicio, se contempla, se siente, se identifica, se aprecia o se desprecia. Y tambien ambos se puden fundir en una sola obra.

cuando se convierte en un elemento diferenciador del diseño, el lemento estético que proyecta el objeto.

Cuando algo está bien hecho nunca deja de ser arte, ya sea una cuchillería o la Torre Eiffel...¿O acaso los puentes de Calatrava te parecen lamentables??

Sobre el caos del diseño y la falta de organización y regularización en todos los aspectos de la materia.
Un error común, es el entender al acto de diseñar, y al oficio del diseñador como una entidad única, cuando en realidad el oficio del diseño solo es otro producto del diseño.
Desde una perspectiva estética, cualquier declaración visual es susceptible a ser catalogada como artística más allá de la mal llamada estética utilitaria.
Que se entienda al diseño exclusivamente como un asunto principalmente estético es probablemente uno de los mayores problemas de la disciplina.
Desconocer la índole de la diferencia entre lo verdadero y lo verosímil explica, pero no disculpa, la baja conciencia sobre lo que es puesto en juego en el acto de diseñar.
Diseño estratégico de competencias.
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