
Arquitecto por formación, músico por pasión. Es Neil Damy, titular del grupo de pop rock Muhu pero también uno de los proyectistas urbanos comprometidos con el tema de hacer mejor ciudad. Exitoso en ambos planos, dice que lejos de debatirse entre una u otra disciplina, ambas lo complementan a él como ser humano.
La música invadió la vida del tapatío Neil Damy desde la infancia. «Me la pasaba tocando», recuerda. Y en una primera revisión, todo indicaba que su camino de vida sería por ahí. Pero en la preparatoria, en una clase de arte donde un día le dejaron la tarea de «hacer una casa», se enamoró de la arquitectura.
«Fue por accidente y me empecé a fijar en los espacios, a comprar libros, se me hizo muy interesante. Luego estudié un año de Ingeniería Industrial, no me gustó. Me salí. Viajé un año y decidí estudiar Arquitectura».
Ahí comenzó una trayectoria que hoy cuenta con la participación en varios concursos locales, nacionales e internacionales, un considerable número de casas habitación y el edificio Abedules que le ha traído sustanciosos reconocimientos. Él atribuye esta «suerte intermitente» a la oportunidad de haber cursado parte de su carrera en España, país en el que desde los primeros semestres, a los alumnos se les hace aproximarse al estudio de su oficio desde una perspectiva diferente. «Aprendes primero a manejar la gran escala, a hacer parques, intervenciones urbanas, obras de infraestructura. Entonces la gran diferencia es ver la arquitectura como una pieza de la ciudad», señala.
Por tanto, al preguntarle cómo ha traducido esto en su práctica dentro del ejercicio local, comenta: «Para mí la arquitectura es un acto de responsabilidad porque cada obra que haces es una piececita de la ciudad. No es nada más tu proyecto, tienes que pensar en el entorno, tanto físico como el de tu tiempo, en qué momento estás, cómo tu pieza hará una mejor ciudad para el peatón, para el individuo que lo está viviendo, para todos».
—Neil, pasan los años, entras al circuito de arquitectos activos y participativos en el tema de la ciudad, y de repente sorprendes con tu proyecto musical. ¿Cómo fue eso?
—Fue algo curioso porque a mí siempre me apasionó la música. El único momento en el que dejé de tocar fue cuando estudié arquitectura y fue una decisión consciente porque si hubiera seguido tocando, no hubiera estudiado. Entonces lo dejé, me pareció una decisión sensata porque pensé que la música (aunque era algo que me llenaba) no me llevaría a ningún lugar. Ahora lo veo muy diferente porque realmente es algo que te complementa porque te hace más sensible, te hace desarrollar tu creatividad de diferente manera. Y sucedió como en 2000, poco a poco empecé a tener una serie de composiciones y pensé: de que estén sentadas en el disco duro a hacer un pequeño disco y regalárselo a mis amigos. ¿Por qué no? Saqué un disco que se llamó Lineal, y de ahí una cosa te fue llevando a la otra. Nos invitaron a tocar aquí, nos invitaron a tocar allá.
—Aquí, allá… Modestia aparte ¿le abriste a Miguel Bosé el año pasado?
—Sí. Esa estuvo buena. De repente recibí una llamada para invitarnos a tocar en el festival Jalisco en Vivo, con cien mil gentes y entre grupos consagrados. No me la pensé ni dos veces. Tocamos, conocimos mucha gente, vino un directivo de la empresa Ocesa y me preguntó si aceptaría la oportunidad de abrirle a Miguel Bosé. Yo no le creí, pensé que me estaba cotorreando, pero salió. Nos pidieron tres canciones, se las mandaron a España, las escucharon y nos dijeron: ‘Vas’. Y lo que más me impresionó fue que nos dijeron que también tocaríamos en México, en el Auditorio Nacional, padrísimo. Fue una gran experiencia.
Escalera del Edifico Abedules, autoría de Neil Damy, que le ha ganado reconocimientos y publicaciones en diversas revistas especializadas de arquitectura.
Actualmente Neil trabaja en su nuevo material musical, mientras que estrena el primer video de la canción No es amor. Además maneja una agenda que ve venir más de un par de presentaciones en el Distrito Federal para promocionar a Muhu. Esto sin descuidar la arquitectura que comprendida como arte, para Neil no deja de tener algo en común con todas las demás disciplinas, entre ellas la música:
«Lo que comparten es la pauta, ambas tienen ritmo, contrapunto y el silencio que para mi es clave. Creo que tienen esos grandes puntos en común».
Muhu es el nombre de una isla ubicada en el Mar Báltico.
«Estaba viendo una revista de viajes y el nombre se me hizo bonito por las curvas, tiene cierta apreciación estética y además quiere decir luna».
De este primer disco de Muhu, Neil acaba de lanzar el primer video de la canción No es amor:
Publicado el 31/10/2011


Habría sido interesante que el autor explorara relaciones entre el diseño musical y el diseño arquitectónico. Algo así como analizar la similitud entre el hecho que la música aporta un ritmo sonoro que permea el espíritu con ciertas emociones perdurables en la memoria del corazón, mientras la arquitectura aporta un ritmo de formas que contribuyen a un ambiente psicológico de placidez que incita a permanecer en un sitio o convertirlo en entorno vital.

En sintonía con el artículo «Arquitectura y Música», (y también como un complemento) es muy recomendable la entrevista al músico y diseñador industrial argentino Marco Sanguinetti, quien este año editó un disco. Respuestas muy lúcidas, muy ilustradas, que trazan un paralelo entre su música y su labor como diseñador industrial. Aquí puede leerse la entrevista completa http://elintruso.com/2011/04/22/marco-sanguinetti/

Es necesario un instrumento contractual que permita al arquitecto o al diseñador obtener remuneración por el trabajo intelectual que involucra el desarrollo del proyecto, sea este implementado o no.
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